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27 de julio de 2007
Edmond Cros

Funcionamientos textuales III

Genotexto y fenotextos

VI
FUNCIONAMIENTOS TEXTUALES III
GENOTEXTO Y FENOTEXTOS

Genotexto y fenotextos

Lo que antecede prueba, a mi juicio, que el estudio del problema sólo se puede seriar para comodidad de la exposición, al ser tan evidente que el fenómeno textual es el producto de un haz de elementos que operan de forma simultánea.
Pero ¿cómo opera exactamente este haz de elementos, y a partir de qué lugar del texto?
Utilizaré aquí una metáfora espacial, sugiriendo que se imagine el punto de intersección de dos ejes, un eje vertical y un eje horizontal. Situemos en el primero el interdiscurso, que materializa, repitámoslo, a la vez estructuras mentales y las formaciones ideológicas producidas por una formación social. En este eje se lee el discurso del tiempo sobre el tiempo o, dicho de otro modo, este interdiscurso traduce en operaciones semióticas, a través de múltiples trazados ideológicos, las condiciones sociohistóricas en las que se halla inmerso un locutor. De manera opuesta, situaremos, en el eje horizontal, el intertexto, el preaserto, el preconstruido, la precoerción, es decir, todo el material de lenguaje deastinado a materializar el sentido y a informarlo. En este nuevo eje, como en el primero, están señalados trayectos de sentido preestablecidos que van a ofrecer una mayor o menor resistencia a la modelización textual, en cuyo seno mantendrán islotes semióticos, microespacios de lectura susceptibles de engendrar, bajo el efecto del eventual proyecto monosémico de la instancia narrativa, zonas conflictivas.
En este punto de intersección debemos imaginar el proceso de transformación de la realidad observable bajo el efecto de los códigos de mediación: la complejidad de los elementos que están en juego muestra con claridad a la vez la necesaria polisemia del texto ficcional, la importancia de su distanciamiento con respecto a la realidad referencial, así como la resistencia que presenta a la mirada crítica. En este crisol, sin embargo, surgen lineas directrices, centros de sentido en torno a los cuales se organizan nuevas operaciones semióticas, modelos semánticos, es decir, toda una combinatoria de elementos que contienen en potencia la textualidad; así se sitúa el dispositivo conceptual que asegurará la autonomía del texto / signo con respecto a la conciencia que se supone que l& produce y con respecto a la realidad originariamente instaurada.

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Genotexto

Tomaré aquí un término de Kristeva para describir este lugar de focalización de sentido, convirtiéndolo en un genotexto. El trabajo de la escritura consistirá en desconstruir sin cesar este mixto formando fenotextos destinados a realizar a todos los niveles textuales, en función de la especificidad de cada uno de ellos, la sintaxis de los mensajes programados de antemano.
El empleo de estos términos puede causar problemas, en la medida en que, al utilizarlos, nosotros no los entendemos como propone J. Kristeva , que a su vez los toma de las teorías lingüísticas generativistas del soviético Saumjan-Soboleva . Para que las cosas queden claras, recordaré que Kristeva introduce estas nociones en el marco de una teoría de la significancia, entendida como proceso de germinación perteneciente a un semoanálisis, disciplina distinta de la semiótica, relegada a «reunir (...) la verdad significante». Para J. K., se trata de distinguir un estado de su engendramiento, una estructura significada de la operación de generación de este mismo significado. Si el término de fenotexto es claro en la medida en que remite al texto impreso, concebido como una de las posibles realizaciones de la lengua (el sentido saussuriano de la palabra), el de genotexto designa algo más complejo, por no decir más ambiguo. Se refiere, efectivamente, al mismo tiempo, a un funcionamiento que tendría lugar en la lengua, a un nivel abstracto del funcionamiento lingüístico, y a un estado:

«... el genotexto es el significante infinito que no podría “ser” un “esto”’, porque no es un singular; se designaría mejor como “los significantes” plurales y diferenciados hasta el infinito, con respecto a los cuales el significante presente, el significante de la-fórmula-presente-del sujeto-dicho no es más que un límite, un lugar, una ac-cidencia (es decir, un acercamiento, una aproximación que se añade a los significantes abandonando su posición)» ( Op. cit.pág. 283).

El concepto de genotexto para Kristeva, por consiguiente, sitúa la realización textual en un conjunto amplio e indiferenciado en la medida en que

«el genotexto puede presentarse como el dispositivo de la historia de la lengua y de las prácticas significantes que ésta es susceptible de conocer: las posibilidades de todas las lenguas concretas que existen y que pueden existir se “dan” en él antes de volver a caer, disfrazadas o censuradas, en el fenotexto» (pág. 284).

En cuanto a los textos impresos o fenotextos,

«habrá que considerarlos como fórmulas de la significancia en la lengua natural, como remodelaciones y refundiciones sucesivas de la trama de la lengua. Fórmulas que ocuparían un lugar paralelo y, si no más, al menos tan importante para la constitución y la transformación de la historia monumental como los descubrimientos matemático-lógicos.» (pág. 286).

Comprendemos mejor ahora por qué puede pretenderse que

«el semoanálisis se preserve del tematismo psicológico así como del idealismo estetizante, que se disputan actualmente el monopolio de lo que se ha podido llamar escritura» (Derrida, art. cit., pág. 279).

Todo lo que escribe sobre este punto J. K. es sumamente sugestivo, pero, como hemos visto, no quiero plantear el problema a este nivel. Al utilizar estas nociones, pretendo establecer un paralelismo riguroso entre dos estados de la enunciación peculiar de un texto; el primero opera con categorías conceptuales y corresponde a una enunciación no gramaticalizada, en el sentido de que esta enunciación aún no está incluida en una fórmula. No es una estructura, pero está llamada a serlo al estructurarse en las diferentes realizaciones fenotextuales de un mismo texto. Para nosotros, en efecto, el texto se abre en diferentes niveles (narratividad, conjuntos significantes múltiples constituidos, entre otros, por los personajes y los códigos de simbolización, cadena de significaciones de los significantes...) en que operan a la vez categorías propias de estos niveles y categorías lingüísticas en el marco de un proceso de significancia que tiende a realizar así, de forma aparentemente incoherente y dispersa, las latencias semánticas de un mismo enunciado, que designamos como genotexto. Así pues, este genotexto sólo existe en esas realizaciones múltiples y concretas que son los fenotextos, y corresponde a una abstracción que reconstituye el analista.

Entre estos dos estados del enunciado funcionan los que hemos llamado diversos códigos de transformación, es decir, el proceso de generación del sistema significante que queda englobado en parte, para J. K. (tenemos aquí otro desplazamiento de los términos con respecto a ella), por la noción de genotexto. Esta concepción del funcionamiento textual tampoco debe confundirse con la distinción que introduce la gramática generativa entre estructura profunda y estructura superficial. Chomsky, en efecto, postula la estructura profunda como el reflejo arquetípico de la performance, como observa muy acertadamente Kristeva:

«Los componentes de la profundidad son estructuralmente los mismos que los de la superficie y, en el modelo chomskiano, no es observable ningún paso de un tipo de componentes a otro, ni de un tipo de lógica a otro. Así, la gramática generativa no genera, propiamente hablando, nada en absoluto: sólo establece el principio de la generación postulando una estructura profunda, que no es más que el reflejo arquetípico de la performance.» (pág. 282).

Para ilustrar el tipo de relación que propongo que se establezca entre el genotexto y el fenotexto, sugiero que volvamos a Ciudadano Kane para extraer de la película, en una primera etapa, una serie de fenómenos que consideraremos como formas de referencia. Veamos, por ahora, tres de ellos:
1. El primero corresponde a una frase inscrita en un cartel que aparece en la secuencia del Noticiario dedicada a la muerte de Kane: «La semana pasada en Xanadu tuvieron lugar los funerales más importantes y más extraordinarios del año 1941». Recordemos, para comprender cómo funciona esta inscripción, que el rodaje de la película terminó el 23 de octubre de 1940; su montaje, a principios de febrero de 1941, y la primera presentación pública estaba prevista para mediados de febrero (este estreno se retrasó a causa del escándalo provocado por W. R. Hearts, que pretendía ver en la película una caricatura de su propia biografía, y no tuvo lugar hasta el 9 de abril). El primer público de la película se encuentra, en el marco de un Noticiario, ante la reconstitución del pasado de Kane, proyectada a su vez sobre su propio futuro (el fin del año 1941, implicado en la fórmula elegida: «...más importantes del año...»). Sin duda podríamos observar que la película se nos presenta así como ficción pura, si esta fórmula, en la que el Pasado y el Futuro se confunden en el tiempo Presente del espectáculo, no fuera perceptible en otros aspectos, en otro lugar.
2. En efecto, la secuencia que, en el relato de Bernstein, evoca el paso de un equipo de periodistas del Chronicle al Inquirer de Kane se puede reducir a un esquema similar. Estos periodistas aparecen en un grupo de dos filas en una foto expuesta en el escaparate del Chronicle, ante el que pasan Leland, Kane y Bernstein. Pero, brutalmente, esta foto se descompone, liberándose cada personaje de la pose que tenía. La intervención de Kane nos hace comprender que se trata de una foto hecha en los locales del Inquirer. Entre los dos instantes de la diegesis que se evocan han transcurrido seis años. Pero en realidad, sin duda fugazmente, se ha constituido un efecto de lectura que nos ha trasladado a una zona de anterioridad con respecto a la primera foto. Este efecto de lectura nos hace pasar del instante en que la foto n.° 1 se percibe como ya hecha al momento en que se hace, es decir, de un momento [2] a un momento [1], antes de abolirse en un nuevo efecto que nos hace comprender que esta anterioridad no es sino una falsa anterioridad en la medida en que este momento [1] está, en realidad, unido a la foto n.° 2. Ahora bien, el primer efecto de lectura tiene en común con la foto n.º 1 el hecho de corresponder a una imagen del pasado portadora de un futuro ya transcurrido en el momento en que se percibe dicha imagen. Así, pasado y futuro se funden en cierto modo en un punto que implica el presente de la visión. Inscrito en el pasado, el futuro aparece como un «ya ahí».
3. Esta coincidencia del futuro y del pasado en un solo punto, semánticamente focalizada en su categoría de presente, volveremos a hallarla realizada en el diálogo en repetidas ocasiones. Sólo citaré dos casos: el primero sólo es legible en el contexto de la serie analógica que estamos reconstituyendo: «No soy, no he sido nunca, ni seré más que un simple ciudadano americano». El segundo, por el contrario, apenas necesita ser explicitado; se trata de las palabras pronunciadas por la voz en off del periodista del Noticiario para describir los últimos años que pasó Kane en Xanadu: «Solo en su palacio nunca terminado (futuro) y ya (presente) agrietado (pasado), retirado del mundo, recibiendo sólo raras visitas».
Tres formas de referencia, como decíamos, pero también tres niveles del texto fílmico si aceptamos distinguir el montaje (caso n.° 1) de la utilización in situ de la sintaxis de las imágenes (aquí, el fundido-encadenado del caso n.° 2), que tienen cada uno su propio sistema de significación y sus propias reglas de funcionamiento, y que, en el interior de un mismo texto, no desempeñan el mismo papel. Estas formas de referencia, sin embargo, dicen lo mismo, y esto mismo que dicen corresponde a un enunciado del genotexto. Este enunciado se halla desconstruido y redistribuido por los componentes específicos de cada uno de los tres niveles que estructuran a su manera su modelización fenotextual.
En el caso de Ciudadano Kane, este enunciado, en la forma esquemática que le es propia, nos repite –como acabamos de ver en estos tres casos– que «lo que va a suceder ya está aquí», concepto que, en el plano de otra categoría textual, la narratividad, está realizado por el sistema de prolepsis y el conjunto de signos premonitorios de lo que será, en última instancia, el destino de Kane (sus fracasos sentimentales y políticos, su falta de visión política al predecir que no habrá guerra...). Lo mismo podría decirse a propósito de los códigos de simbolización elegidos (Torre de Babel, Pigmalión...), en los que están inscritas, en el seno de los proyectos emprendidos, en el momento en que Kane los emprende, las marcas de sus fracasos futuros. ¿Acaso no nos dice la intriga misma, por un efecto de vuelta atrás, que la respuesta a nuestro eventual interrogante y, en cualquier caso, a la cuestión que la película pretende resolver (¿Quién o qué es Rosebud?) estaba ya presente en las primeras secuencias?
Sin embargo, donde es más interesante delimitar este punto de coincidencia es en el caso del lenguaje figurativo que interviene en el discurso de las primeras imágenes. Recordemos que la evocación de la muerte de Kane se reconstruye en la perspectiva de un transitus mortis, concretizado por el recurso a una temática del espejo, entendido como el doble lugar poético de la transgresión y de la difracción; esta temática, como explicábamos, constituye el soporte figurativo que informa el texto fílmico generando así una sistemática de la fragmentación. Pero el espejo funciona aquí, contradictoriamente, como símbolo de un umbral que hay que franquear y como superficie reflectora, una especie de tope donde se rompe la linealidad temporal que ya sólo puede desarrollarse hacia atrás y en donde, de esta manera, se confunden pasado y futuro. Así, por vías múltiples, volvemos constantemente a nuestro primer enunciado, que hemos calificado como genotextual.
Este genotexto se considerará, a su vez, como producto ideológico. En el caso de Ciudadano Kane será preciso relacionar este primer estado de enunciación («lo que va a suceder ya está aquí») con las teorías sobre la predestinación («lo que debe suceder ya está aquí») de una sociedad puritana.