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Sociocrítica e interdisciplinariedad

El ejercicio de la interdisciplinariedad exige que sean definidos unos objetos nuevos e instrumentos de análisis adecuados. Este estudio contempla desde esta perspectiva el caso de tres epistemes ( Marx, Saussure, Freud) que han llevado a re-fundaciones epistemológicas. Evocando las nociones de texto semiótico, ideosema y morfogénesis, Edmond Cros estima que su teoría es la heredera de este proceso. Palabras clave : Interdisciplinariedad, Sociocrítica, Episteme, Texto sémiótico, idéosema, morfogénesis.

Sociocrítica e interdisciplinariedad

¿ Qué implica la interdisciplinariedad? ¿ Cómo articular dos ( o más de dos) disciplinas y con qué objetivo ?¿ Qué tipo de relación existe o puede existir entre la sociocrítica y la interdisciplinariedad ? Veamos primero la definición de la voz ‘discipina’. « Disciplina : ‘asignatura’, ‘materia’. Cada una de las ciencias que se enseñan en un centro de enseñanza o que constituyen un plan de estudios. »(María Moliner). Descartemos la relación con la enseñanza, ateniéndonos a lo que se refiere a la ciencia : « Ciencia : conjunto de conocimientos poseidos por la humanidad acerca del mundo físico y del spiritual, d sus leyes y de su aplicación para elmejoramiento de la vida. […] Cada rama de ese conocimiento que se considera por separado. » (Ibid.) La definición que da en francés el diccionario de Larousse (5 tomos) es algo más precisa, o sea Science : « 1. Ensemble cohérent de connaissances relatives à certaines catégories de faits, d’objets ou de phénomènes obéissant à des lois et/ou vérifiés par les méthodes expérimentales – 2. Chacune des branches de la connaissance, du savoir (souvent pl.) Les sciences mathématiques. » Consta en efecto de tres elementos : a) la especificidad de los datos observados ( ciertas clases de datos), b) la existencia objetiva de las leyes que organizan dichos datos, c) la presentación coherente de las observaciones. Me consta por lo mismo la importancia de las dificultades que presenta el ejercicio de la interdisciplinariedad.

  • 1.De interesarse cada una de las disciplinas por una categoría específica de datos que instituyen sus leyes proprias ¿a qué categoría de datos se va a interesarse la nterdisciplinariedad ? Si cada una de ellas tiene definido un objeto proprio, las disciplinas contempladas sólo pueden definir un objeto nuevo.
  • 2. El análisis de cualquier objeto de conocimiento científico pide que se maneje un conjunto de instrumentos ajustados para esta finalidad. El ejercicio de la interdisciplinariedad exige pues (o nos debe llevar a) que sean definidos :
  • unos objetos nuevos, o sean unos objetos que no atañan a ninguna de las disciplinas ‘tradicionales’ - instrumentos de análisis adecuados.

Un fundamental re-planteamiento de las configuraciones disciplinarias. Tres ejemplos

En la historia de las ciencias humanas la interdisciplinariedad ha desempeñado um papel sumamente importante. Veamos brevemente el caso de tres ejemplos mayores. -1.K. Marx K. Marx es a la vez un filósofo (Feuerbach. Concepcpón materialista contra concepción idealista, hacia 1845-1846, La Ideología alemana de Karl Marx y Friedrich Engels, publicada por primera vez en 1932), un historiador (El 18 brumario de Louis Bonaparte, 1852), un sociólogo y un antropólogo (se interesa por la familia en su tesis sobre la división del trabajo) y un economista. En este caso, por ejemplo, sus propuestas representan una ruptura constitutiva de la ciencian económica. Antes que él David Ricardo (Principios de la economía política y del impuesto, 1817) había renovado ya la disciplina interesándose por la producción mientras que sus antecesores sólo estaban interesados por el intercambio pero él no se aparta radicalmente de su disciplina ya que considera el sujeto productor como simple variante del hombre económico. Con arreglo a él, lo nuevo de la aportación de Marx consiste en que él articula esta ciencia económica con la historia social. Es esta articulación de las dos disciplinas la que produce un objet nuevo,la noción de modo de producción en la que las relaciones sociales se analizan juntamente con la actividad productora. La producción, para él, conlleva un proceso de trabajo por el cual el hombre transforma las materias naturales en productos utilizables pero este proceso se efectúa con ayuda de recursos ténicos que difieren según los períodos económicos y estos recursos transcriben no sólo la manera cómo las diferentes sociedades explotan la naturaleza sino también las relaciones sociales que a la vez se desprenden de la producción y la organizan. La producción no puede ser un objeto de análisis si no integra estas relaciones sociales. Con esta tesis pasamos de una disciplina, la Ciencia económica a otra disciplina nueva, o mejor dicho a un objeto nuevo, la Economía política ( tal es además el subtítulo de El Capital). Este objeto nuevo necesita instrumentos de análisis nuevos : nociones de modo de producción, relacions sociales, división del trabajo, enajenación… Cuando aborda el problema fundamental de la esencia del hombre Marx articula también historia y fiolosofía, en la polémica con los filósofos idealistas. Éstos distinguen al hombre del animal por la presencia en el hombre de una conciencia, o de una razón . La ruptura epistemológico marxiano procede de lo siguiente : para Marx, lo que caracteriza al hombre es que éste debe crear las condiciones materiales de su existencia ; esta necesidad exige que establezca relaciones cons sus semejantes, de donde nace el lenguaje y la conciencia como producto del lenguaje. Nos consta que, como en el campo de la economía, son las nociones de modo de producción y de relaciones sociales de producción las que constituyen las bases de la argumentación. En efecto al reproducir las condiciones materiales de su existencia, los hombres reproducen las condiciones sociales de su producción. Las problemáticas de la conciencia, del lenguaje y de la ciencia económica resultan radicalmente renovadas en el contexto de un sistema explicativo coherente. Asi se nota con toda evidencia que cualquier objeto científico nuevo :

  • articula varias disciplinas consideradas hasta la fecha como irreductibles la una a la otra,
  • produce (y se desarrolla gracias a) un conjunto de herramientas específicas de análisis dentro de un sistema coherente.

-2. F. de Saussure Para F. de Sausurre, la linguística sólo puede ser una ciencia si se la considera como « un sistema de signos que expresan ideas y por lo mimo comprable con la escritura, el alfabeto de los sordos-mudos, los ritos simbólicos, las fórmulas de cortesía, las señales miitares etc. » Luego se la debe estudiar en el contexto de un nuevo campo científico autónomo que tendría, como los demás un objeto propio y que sería

« una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social ; formaría parte de la psicología social, y luego de la psicología general ; la llamaremos semiología (del griego semeion, signo). Nos enseñaría en qué consisten los signos, qué leyes los gobiernan. Ya que todavía no existe, no podemos decir lo que será ; pero tiene derecho a existir, su sitio está determinado de antemano. La linguística no es más que una parte de esta ciencia general, las leyes que ha de descubrir la semiología podrán aplicarse a la linguística y ésta resultará relacionada con un campo bien determinado en el conjunto de los hechos humanos […] si, por primera vez hemos podido atribuir a la linguística un sitio entre las ciencias es por haberla relacionado con la semiollogía. » (Sausurre, 1915, in Hollier,1973 : 566-567, esta traducción y todas las siguientes son de mí)

Para dar a entender lo que es el problema semiológico « sería necesario, sigue diciendo, estudiar la lengua de por sí ; pero casi siempre la hemos abordado con arreglo a otras preocupaciones, otros puntos de vista. » En este mismo punto se me aparece otra ruptura epistemológica : Saussure aparta en efecto sucesivamnete « la concepción superficial del vulgo « que sólo ve en la lengua una nomenclatura », el punto de vista del psicólogo « que estudia el mecanismo del signo en el individuo », asi como los análisis que se limitan a los « rasgos de la lengua que se relacionan con las demás instituciones, las que dependen más o menos de nuestra voluntad y de esta forma damos de lado, soslayamos, la finalidad, haciendo caso omiso de los caracteres que sólo atañen a los sistemas semióticos por lo general y particularmente a la lengua. En efecto el signo se escapa siempre de cierto modo de la voluntad individual o colectiva ; es éste su carácter esencial pero es el que menos aparece a primera vista. » Saussure rectifica pues los contornos de la linguística como disciplina

  • insertándola en el objeto nuevo que es la semiología,
  • articulándola con otros campos científicos : la psicología social y la psicología general pero también con la etnología (Véase la mención de los ritos, las costumbres etc.)
  • -3. El psicoanálisis

a) S. Freud es primero un médico y descubre la problemática psíquica en su experiencia clínica. Construye los fundamentos de su teoría del inconsciente a partir de sus observaciones y de las curaciones que logra de sus pacientes histéricas. En adelante esta teoría va a funcionar como verdadera terapia. b) Así como Saussure quiere que la semiología obtenga el estatuto de ciencia. Freud, « apasionado por la racionalidad científica y el materialismo » (Mendel,1998 :19) desea que, con el psicoanálisis, la psicología venga a ser « una rama semejante a las demás de las ciencias naturales » (Freud,1938 : 21, cité par Mendel, Ibid.). Sienta su teoría sobre dos pilares que atañen a la biología : una concepción ampliada de la sexualidad y la herencia de los cararacteres adquiridos. Nota Gérard Mendel que ya en Tres ensayos sobre la teoría sexual, lo psicológico y lo biológico no pueden separarse (Mendel, 1998 :19) la sexualidad se extiende a todo el cuerpo y la pulsión sexual dependería de una sustancia química única secretada en todas las partes del cuerpo. Por su parte, la teoría genética de la muerte del padre permite relacionar la psicología individual y la colectiva. c) La terapia psicoanalítica cura el cuerpo por y con el lenguaje, ya que la terapia demuestra que las palabras te ponen enfermo, y que su análisis te pueden curar. Se nota por lo mismo que el lenguaje actúa de por sí. A partir de estas fundamentales observaciones Lacan crea una teoría del lenguaje organizada en torno a unos conceptos basicos : desaparición del objeto en el signo, significante, metáfora, metonimia etc., una teoría cuyo alcance ha tenido y sigue teniendo un impacto manifiesto en el campo de los estudios sobre el lenguaje. d) La psicología se interesa por el hombre o el individuo, la psicología por el sujeto. Se trata de una ruptura epistemológica fundamental : » « El hombre de la ciencia no existe, escribe Lacan, sólo existe su sujeto. » (« La science et la vérité », in Écrits, Paris, Seuil, p.659) El sujeto, o sea éste que habla, éste a quien no se le puede definir por una esencia pero que resulta cooncebido como escindido entre el inconsciente y lo consciente.

No se trata de comentar críticamente estas tres teorías que han tenido y siguen teniendo tanta influencia en las actividades de investigación y de enseñanza sino de notar que han provocado las tres en sus respectivos campos una reconfiguración radical de varias disciplinas ya constituidas e institucionalizadas y que de esta re-fundación han surgido juntamente nuevos objetos científicos y nuevas herramientas de análisis que han trastrocado bloques importantes de las ciencias humanas. Se han situado y se sitúan por encima o al lado de las diferentes disciplinas que atraviesan a veces de manera oblícua, sin lugar a duda porque su objetivo aspira a proponer la interpretación de una Totalidad y que cualquier punto de vista estrechamente disciplinario haría levantar una serie de obstáculos en contra de esta finalidad. Esta postura y este tipo de funcionamiento, ‘fuera de la ley disciplinaria’ explican por qué el marxismo y el psicoanálisis tienen un estatuto de epistemés , o sea de sistemas que organizan el saber : para el que acepta entrar en uno de estos sistemas de interpretación cualquier fenómeno humano o social remite a un mismo esquema intelectual.

Herencia y continuidad

El proceso epistemológico no se detiene con esto. Estas imponentes reconfiguraciones y re-distribuciónes de conceptos han también instituido interrelaciones entre sí, con la ‘Nueva crítica’, creando en este segundo nivel otros objetos nuevos en el contexto de una nueva ruptura. Esta ruptura, nos explica Roland Barthes, se hace cuando « lo adquirido por la linguística y la semiología quedan expresamente colocados (relativizados, destruidos, reconstruidos) en un nuevo campo de referencia, esencialmente definido por la intercomunicación de dos epistemes diferentes : el materialismo dialéctico y el psicoanálisis […] para que haya una ciencia nueva no s suficiente que se profundice o se extiende la vieja ciencia ( lo que pasa cuando se pasa de la semiótica de la frase a la semiótica dela obra) : es necesario que se produzca el encuentro de epistemes diferentes, y hasta ignorantes la una de la otra (es el caso del marxismo, del freudismo y del estructuralismo) y que tal encuentro produzca un obeto nuevo […] es este objeto nuevo al que llamamos texto. »

Lo que se significa cuando se emplea el término de texto Hasta ahora el texto era un objeto moral « relacionado históricamente con un mundo de instituciones : derecho, iglesia, literatura, enseñanza. » Con este objeto nuevo nace la problemática del sujeto y de su doble articulación con el significante y el contexto social. Desaparece el Yo cartesiano, el sujeto se escinde : sujeto del inconsciente, sujeto transindividual, sujeto ideológico. Ya la conciencia no es un espacio unitario, homogéneo en servicio del individuo, sino un espacio caótico de contradicciones (inconsciente, no-consciente, conciencia real y conciencia posible…) Este objeto nuevo está en el mismo centro del cuestionamiento sociocrítico.

Una refundación epistemológica

La misma intercomunicación ha producido una serie de conceptos decisivos que los autores del prefacio de Théorie d’ensemble ( Tel quel,1968 :7) reseñan de la forma siguiente : «Es sin duda demasiado temprano, aunque ya es posible, para determinar con precisión la eficacia y la fuerza con que una avance teórico general se hará manifestado en torno a ciertos conceptos decisivos, reutilizados, repetidos o construidos en los últimos años. Escritura, texto, inconsciente, historia, trabajo,producción, escena : ninguno de esas palabras-encrucijadas (sic) es de por sí una novedad teórica, ya que no se trata , en la manera cómo intervienen en adelante en regiones determinadas de nuestra investigación, de invenciones destinadas a agregarse al mercado del saber sino de una constelación reflejada que desempeña el papel de delimitación y transformación ». Para precisar la dimensión histórica de lo que ‘ocurre’ sugieren que nos remontemos, más allá de los efectos localizables en los años 1920-1930 (surrealismo, formalismo, extensión de la linguítica estructural) hasta el fin del siglo XIX con Lautréamont, Mallarmé, Marx y Freud. Notemos de esta forma los efectos indirectos de la intercomunicación de las tres epistemes que acabo de evocar : unos conceptos viejos cobran una nueva significación y una nueva eficacia cuando están insertados en un nuevo sistema que contribuyen a organizar o reorganizar. Las refundaciones epistemológicas surgen cuando, en ciertas circunstancias y merced a nuevas nociones, lo adquirido resulta sometido a un proceso de transformación que hace cuajar lo que hasta la fecha no era posible ni siquiera imaginable. * La Sociocrítica es la heredera de todo este capital pero ¿qué sociocrítica? Por mi parte sólo puedo comentar lo que no dejé de proponer desde hace mucho, en tres libros de teoría y en une serie de aplicaciones que a veces completan, matizan o desarrollan algunos puntos teóricos.

A- Texto y sistema semióticos ( que llamé antes sucesivamente, mapa léxico y campos léxico-semánticos). Recuerdo rapidamente los presupuestos. El sistema semiótico no se interesa por la aportación de los signos al enunciado sino por lo que significan sus relaciones con los demás signos del texto. Se trata de sacar a luz lo que transcribe la materia linguística distribuida, lo cual supone que se haya determinado previamente el código implicado con arreglo a las tres coordenadas : espacio, tiempo y estructura social. En un manifiesto publicado en 1976 (Cros, 1976) estudié desde esta perspectiva el incipit del Buscón. Las tres coordenadas eran : España, principios del siglo XVII, sociedad teocrática de ordenes y estados convocada por la expresión cristiana vieja, la cual remite a unos valores sociales determinados (ascendencia, ortodoxia religiosa). Éste tercer ‘punto de anclaje’ orientaba la reducción semántica de ciertos signos del texto como trabajos, caballo, o dama. Este tipo de sociosemiótica (o sociolinguística) no sólo relaciona las dos disciplinas de sociología y semiológía sino que también hace hincapie y pone de realce la Historia, una Historia además analizada en una perspectiva estructural. El sistema semiótico no es sin embargo de por sí una finalidad. Sólo lo contemplo como fenotexto en el contexto del funcionamiento de la morfogénesis. Se supone que transcribe en el nivel de la materia linguística lo que transcriben los demás fenotextos, en los demás niveles del texto. Desde el punto de vista eurístico su significación desaparece si no se contempla en este contexto morfogenético. De manera que no se puede reducir su análisis a un sencillo manejo de sociolinguística.

B – El ideosema Una nota no firmada que sale en Internet (item Sociocrique) dice de mí que con el nombre de sociocrítica sólo manejo la pragmática . Se nota que el autor de esta notita alude a un artículo mío que salió en un número de Littérature, en el que yo proponía el concepto de ideosema. Me deja bastante perplejo el que autor de esta muy breve presentación sólo haya leído, de entre las (más o menos) mil páginas que escribí, sólo las diez correspondientes de Littérature y a partir de esta muy reducida prueba se permita extrapolar de esta forma. Pero vamos al grano ! Cuando propuse la noción de ideosema, trataba de entender el tipo de mediación que interviniera entre las estructuras de sociedad y las estructuras textuales al pasar del nivel de lo no-discursivo al nivel discursivo y textual. Dicho planteamiento implicaba el impacto de la ideología materializada. Por lo mismo, se tenía que hacer un análisis semiótico de estas prácticas y reorganizar las conclusiones según un esquema extructural ; proceso imprescindible para que se pudiera al final articular juntos dos elementos originariamente tan heterogéneos. Los congresistas que me hayan leído se acordarán de que llamo ideosema a la estructura transferida directamente de la práctica social al proceso de la escritura. El texto que estudiaba como ejemplificación era La Vida de Guzmán de Alfarache en el que el relato viene constantemente interrumpido por sermones o consideraciones morales. Relacionaba este tipo de organización con una práctica represiva vigente en aquella época : ante la muchedumbre que se había congregado con esta ocasión un clérigo despachaba un sermon que vertía sobre el crimen cometido por el reo a quien se iba a ahorcar : asi como los oyentes podían contemplar la horca, el lector tiene presente en la mente que lo que está leyendo fue escrito por el protagonista desde las mismas galeras a las cuales lo han sentenciado. La lectura del excelente estudio de Antonio Gómez Moriana sobre el impacto de las prácticas de la Inquisición en el Lazarillo de Tormés había llamado mi atención sobre este tipo de proceso. En la práctica ritual que yo estudiaba en el caso del Guzmán de Alfarache, el tema general consistía en afirmar que la misericordia de Dios se manifestaba por el rigor de su justicia. Se desprendía de esta observación una consecuencia importante para mí ya que tal articulación realizaba un avez más la oposición entre la justicia y la misericordia que tanto papel desempeña en la morfogénesis del texto. Como lo habrán observado, convocar a la pragmática en este caso es poco pertinente: ésta en efecto estudia la manera cómo dos interlocutores actúan el uno con el otro e implica dos sujetos que comparten la misma competencia linguística. Eso no tiene nada que ver con mi hipótesis del impacto objetivo (que no atañe a la conciencia clara ni a la intención) de un práctica social no sobre el individuo/lector sino sobre el proceso textual de la producción de significación y más precisamente sobre la morfogénesis.

C- La morfogénesis Textos semióticos e ideosemas se han de considerar como herramientas en servición de la noción de morfogénesis. Ésta es el proceso por el cual el texto codifica el proceso de transformación de las estructuras de la sociedad en estructuras textuales, merced a una mediación socio-discursiva. He tratado de demostrar varias veces cómo funciona este proceso. Este concepto es par mí un objeto nuevo que abre nuevas perspectivas de investigación. En ella interviene, como componente mayor, otro objeto nuevo, el sujeto cultural. No quiero comentar estos conceptos , bien conocidos por los congresistas sino, para terminar, insistir en la manera cómo resultan fraguados por la interrelación de varias disciplinas y una concepción bien determinada de la interdisciplinariedad , tal como la presenté a principios de esta exposición.La nocion de sujeto cultural procede de la herencia de la sociología y del marxismo por medio del estructuralismo genético (Sujeto transindividual Goldmaniano) pero herencia reconfigurada por su articulación con la semiótica y el psicoanálisis. Por lo que se refiere a la morfogénesis, sólo se puede entender en el contexto de esta nueva concepción del texto que evocaba más arriba ; es el producto de la intercomunicación de las tres epistemes evocadas también más arriba, y su producción de sentido resulta de un proceso de codificación formulada en una serie de estructuras abstractas.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

CROS, E. (1976), « Propositions pour une sociocritique », Les Langues modernes, n°6, pp.9-29.

FREUD, S., (1938) Abrégé de psychanalyse, re-editado en 1949, Paris, PUF,

HOLLIER, D.,(1973) Panorama des Sciences humaines, Paris, Gallimard, nrf, 1973, pp. 566-567.

KRISTEVA, J., Les mutations sémiotiques in Denis Hollier (1973).

MENDEL, G., (1998) La Psychanalyse revisitée, Paris, La Découverte.

SAUSURRE, F. de, (1915) Cours de linguistique générale, Paris, Payot.

TEL QUEL (1968) Théorie d’ensemble, Paris, Seuil.

Edmond CROS Conferencia de apertura del XII° Congreso del Instituto Internacional d Sociocrítica, 15-17 oct. 2009, Universidad de Granada

MARÍN ESCUDERO, Pablo (2016) Fausto en la nube. Sociocrítica del capitalismo tecnomágico. Madrid. Verbum.

El planteamiento estructural del libro comprende tres grandes bloques que atienden a la forma, el contenido y los silencios y buscan hallar la transcodificación de ciertos aspectos de una estructura social del momento actual del capitalismo tecnológicamente globalizado con raíces en la sociedad estadounidense contemporánea. El orden del análisis no es banal en concordancia con el principio lacaniano de la primacía del significante y la escucha de los silencios es un aspecto de la sociocrítica que nunca debemos dejar fuera de nuestro campo visual.

Este ensayo visibiliza la conexión de textos semióticos extraídos del análisis de un corpus de filmes de ciencia ficción con los discursos publicitarios de grandes corporaciones del mundo de Internet. La selección de películas proviene preferentemente del ámbito del cine más comercial de la industria de Hollywood, en buena parte adaptaciones de un grupo no muy extenso de escritores destacados del género como Philiph K. Dick, Arthur C. Clarck, Isaac Asimov o Stanislav Lem. El planteamiento estructural del libro comprende tres grandes bloques que atienden a la forma, el contenido y los silencios y buscan hallar la transcodificación de ciertos aspectos de una estructura social del momento actual del capitalismo tecnológicamente globalizado con raíces en la sociedad estadounidense contemporánea. El orden del análisis no es banal en concordancia con el principio lacaniano de la primacía del significante y la escucha de los silencios es un aspecto de la sociocrítica que nunca debemos dejar fuera de nuestro campo visual. Previamente un conciso capítulo introductorio recapitula oportunamente algunas definiciones básicas para entender la perspectiva sociocritica: texto, conciencia y estructura social. Se establece con claridad la necesidad de centrarse en una semántica de las relaciones entre signos, atentos en primer lugar el concepto de articulador semiótico (estructuración manifiesta en prácticas sociales o discursivas visibles en el pretexto o fuera de texto) y en segundo lugar el concepto de articulador discursivo (estructuración manifiesta en el texto). De este modo, el ideosema sería la relación entre ambos y la red de ideosemas una micro-semiótica intratextual. Sin dejar de valorar parte de sus aportaciones se marca no obstante distancia teórica con algunos de los presupuestos sociológicos de Manuel Castells, que se ha centrado en el estudio de la sociedad global digital, llamada sociedad red. Se hace un señalamiento en este sentido de la profusión de metáforas tomadas de la neurociencias y de la informática. El autor interpreta que se halla ante un discurso tendente a ocultar el carácter histórico y por tanto contingente de la matemática burguesa, para presentar conceptos de origen literario bajo apariencia de universalidad y objetividad, obviando el carácter alegórico de la ausencia de sujeto que sustenta el método científico y silenciando cualquier rastro que evidencie la realidad como constructo contingente. La divergencia teórica se manifiesta también si consideramos que Castells se refiere expresamente a una comunicación consciente y reitera además el concepto de actores sociales conscientes. Tanto el análisis fílmico como el análisis discursivo de las marcas multinacionales tecnológicas atraviesan tres redes significantes para cada una de las instancias del sujeto (preconsciente/consciente, no-consciente e inconsciente) y desvelan sus interrelaciones en el marco de la polifonía del signo. El análisis de la forma bajo la premisa, como decíamos, de la primacía del significante aborda la cuestión de la interfaz en el segundo capítulo del libro, desglosando los signos relevantes que en este nivel textual transmiten las marcas Twitter, Google y Facebook. El capítulo más extenso del ensayo es el que emprende la reconstrucción de los textos semióticos a través de un corpus extenso de filmes de ciencia ficción para mostrar el origen y el muy significativo peso de la ficción cinematográfica y en última instancia literaria en ciertas formaciones discursivas. Es importante la continuidad de la presencia de los mitos tanto en el espacio textual de la ficción como en el espacio textual de lo histórico, encarnado en la extensa penetración mediática de ciertos lugares comunes del marketing del ámbito tecnológico. La singular recurrencia textual de los monstruos de genealogía prometeica, del viaje en el tiempo como vía de acceso a la cuestión del libre albedrío o a la noción –aquí- protestante de predestinación, se interpretan en tanto que actualizadas al servicio de la legitimación del capitalismo cuyo aceleramiento de la actividad productiva encubre el apego individual a un rol pasivizado y victimizado. El subgénero de ciencia ficción llamado ciberpunk traslada a partir de la década de los 80 del s. XX un discurso de confrontación ante la visión optimista del futuro tecnológico, oponiendo una representación socialmente catastrófica de un futuro inmerso en consecuencias nefastas del uso de las tecnologías biológicas e informáticas. Parece un desplazamiento claro del fantasma de la guerra nuclear que impregnaba durante la Guerra Fría una parte considerable de los textos fílmicos del género fantástico. Este discurso pugna con su opuesto, el de la construcción de utopías positivas confrontando visiones dispares del capitalismo. La idea de la tecnología como extensión de los sentidos, como prótesis, por su fuerza y recurrencia, requiere también un enmarcado social e ideológico, tanto en su lectura positiva como en el contradiscurso antiautoritario que se le opone, en el que no se interpreta la tecnología como una superación sino como una expropiación alienante. Parece que la idea del poder democratizador de las tecnologías de Internet sería una de las realizaciones recurrentes de un mito de filiación mesiánica en la génesis de la concepción de la tecnología, una sobrevaloración de la capacidad antitotalitaria de la circulación de la información. En lo referente a determinadas constricciones relativas a los géneros cinematográficos y a sus prescripciones ideológicas implícitas no se dejar de observar la estructura narrativa de los tres actos aristotélicos del cine comercial, casi absolutamente hegemónica, y su pretendida universalidad dramatúrgica. La ontologización de similitudes metafóricas sobre el funcionamiento neuronal humano y el funcionamiento nodal de Internet y a su vez el funcionamiento social en red son también objeto de una necesaria contextualización ideológica en este ensayo. El modelo explicativo de conciencia de las neurociencias y la psicología cognitiva debe ser confrontado con la enseñanza freudiana, tantas veces obviada, sobre el aparato psíquico humano. Por otra parte se cuestiona la metáfora que identifica la comunicación en Internet como una mejora de la conversación recordando que Emmanuel Godo contrapone conversación en el sentido de una realización de la convivencialidad de Ilich, es decir, una dignificación de la humano, frente a conectividad, a saber, la interacción social bajo la forma del intercambio económico. El declive del patriarcado en Maffesoli es el debilitamiento del adulto fuerte y racional y de los principios que sostienen la modernidad: razón, individuo y progreso. Esta crisis lo es tanto de la fe papal como la de la Razón, la de la ciencia en última instancia. En la perspectiva de este autor lo jerárquico está siendo sustituido por lo fraternal-tribal, que reaparece tras su tachadura histórica gracias al rechazo de la unidimensionalidad de la función representativa, en su vertiente de espacio sagrado fuente de auctoritas. Digna de mención también es la conexión histórica entre la cultura cómica popular inscrita en lo carnavalesco medieval - recordando a Bajtin en sus estudios sobre Rabelais- y la socialidad electrónica, así como la capacidad de observar la realización de ciertos proyectos de algunas vanguardias artísticas del s. XX gracias a las nuevas tecnologías de Internet. Otro señalamiento ideológico destacable es la correspondencia discursiva que se establece entre el ciberespacio y una especie de reino del espíritu, libre de la corporeidad humana, así como la arquitectura del software como regulación política de la conducta del usuario. El ensayo dedica un capítulo específico a la escucha de los silencios, entre los que su autor destaca:

  • La genealogía de la magia -acudiendo al clásico de François Ribadeau- conduce al cuestionamiento de la división de pares opuestos ciencia/magia que se nos impone ideológicamente para prestigiar el discurso científico, sobre el molde de la distinción realidad/ficción.
  • Las brechas mundiales sobre el acceso a la tecnología.
  • El tránsito forzado del fetichismo de la mercancía al fetichismo de las redes sociales.
  • La ocultación de que los procesos de emancipación política implican conflictos no exentos de violencia entre grupos y clases sociales con intereses políticos, sociales y económicos enfrentados.
  • La ocultación del carácter contingente de la noción de futuro, formada a partir de los siglos XVI y XVII y la consecuente tachadura de otros futuros posibles a los del curso de los acontecimientos capitalistas.
  • La transformación que el capitalismo lleva a cabo del signo tiempo.
  • La presentación del carácter supuestamente neutral de tecnología y ciencia en tanto que colonización de lo no-consciente. Se propone la lectura de vampiros, zombis y cíborgs como metáforas del tardocapitalismo, apoyados reiteradamente en la figura de la viralidad tan querida por el discurso colonial acerca de la alterización de la barbarie. El signo cíborg juega un papel importante en la identidad contemporánea. Cierto feminismo ha esgrimido su potencial desestabilizador de lo identitario para integrarlo discursivamente con el fin de señalar que lo importante del monstruo de Frankenstein es que es hecho humano por otro. Cierta acentuación ideológica del signo ciborgización puede ser una herramienta de cuestionamiento del par natural/artificial, tan profunda e ideológicamente asumido en nuestra cultura. En las formaciones discursivas del llamado solucionismo tecnológico (Morozov) se promueve la connotación moral positiva de los primeros términos de los pares de signos eficacia/ ineficacia, perfección /imperfección, certeza/ incertidumbre. Proviniendo las formaciones discursivas de los modos y relaciones de producción se hacen visibles las formaciones ideológicas en torno a la ciencia actual sometida a un capitalismo que lucha por negar su propio agotamiento. El consumo ilimitado y el crecimiento ilimitado, son el índice del goce adictivo sin final y sin mediación simbólica, consecuencia del debilitamiento posmoderno de la función paterna en la economía psíquica relacionada con lo infraestructural neoliberal consumista. La retirada de la metáfora paterna conecta la pervivencia de sensaciones infantiles de omnipotencia (goce total) y establece una alianza simbólica fundamental con los discursos contemporáneos de la tecnología y la ciencia. Ciertas explosiones de nacionalismo o religiosas tratarían de restituir esta figura paterna debilitada. La evolución de la crisis financiera transcribiría el fin del patriarcado, entendida como abolición de los límites y la abolición del lugar sagrado donde se legitimaba la autoridad. En el marco globalizado la potestas sin auctoritas o la hipertrofia de la primera frente a la segunda pueden suministrarnos un referente válido en que apoyar las definiciones del civilizado y el bárbaro. Se confirma el hallazgo en diferentes niveles de textos de ciencia ficción y de divulgación científica de un campo morfogenético en torno a la oposición real/virtual en otros pares de opuestos como estabilidad/flexibilidad, limitado/ilimitado, obstáculos/fluidez, estrechez/libertad, regulación/desregulación, duración/instantaneidad. Finalmente la realidad prescrita por la ciencia en tanto que dispositivo de contención frente a la incertidumbre insoportable de lo Real que se enuncia en los sueños, torna crucial el concepto de lo fantasmático habida cuenta de que en la oposición entre sueño y realidad el fantasma está del lado de la realidad y es en los sueños donde hallamos lo Real traumático. El espejismo de lo que se presenta como objetivo, como cierto, a veces como evidente, es el fantasma que nos propone atravesar este ensayo, el de la posibilidad de leer –paradójicamente- el signo ficción científica en una rigurosa literalidad, referido ya no al carácter especulativo (incluso anticipatorio) de un tipo determinado de ficción como a la ciencia como una ficción singular y en ocasiones, coincidente con cualquier otra en su funcionamiento discursivo y social hegemónico.

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DEL CAPITALISMO FINANCIERO A LAS NUEVAS ESTRUCTURAS SIMBÓLICAS

Abstract : These two ideologemas (virtual reality and real time) whose structure does set an equivalence between the real and the virtual are, alike any ideologema, vehicules of historic material. They point in fact the process of a production facilities ‘s new economy becoming apparent more particularly with the upheavals which affected the modes and the relations of production and, ultimately, the psychic economy and the discursives modes of the representation.

El signo adquiere su estatus de ideologema gracias a su excepcional fluidez, o sea, gracias a la facultad que él tiene de infiltrarse en un momento determinado de la historia de una sociedad en todos sus campos discursivos. Asoma primero en uno de esos campos como producto de una actividad determinada y saca su significación original de un conjunto de condiciones objetivas que, sobre todo cuando se trata de un neologismo, le confieren una adecuada ubicación en el contexto de un sistema lógico y coherente. Atrae así la atención sobre sí mismo y sobre el nuevo referente que parece introducir. Luego sin embargo empieza un proceso que lleva a separar el signo del sistema original, facilitando su absorbción por otras asociaciones y otros campos semióticos. Desprendiéndose de su primer contexto, el signo, por otra parte, sufre una involución que lo deja falto de cualquier significación y esta aparente vacuidad convoca una materia idelógica vehiculada por su sentido literal desprendido de cualquier contexto. Este producto discursivo en efecto no ha surgido por casualidad. Cuando se entiende de manera literal, o sea, cuando se nos presenta desprendido de las condiciones objetivas que lo han forjado, este neologismo dice algo más de lo que el sistema ‘lógico y coherente’ evocado más arriba le hacía decir (Sobre la noción de ideologema, véase Cros: 2003, cap. 9). Véamos lo que pasa con las expresiones de Tiempo real o de Realidad virtual. La primera expresión viene empleada con significados distintos que dependen del campo discursivo convocado: en el campo de los medios (radio, televisión, internet, comunicación por satélite) vale por “inmediato”; se utiliza a veces también en la crítica literaria o fílmica para hablar de una ficción en la que la acción se desarrolla al compás de la lectura o del espectáculo. Pero, en realidad, se ha empleado por primera vez en el contexto de las investigaciones llevadas en el campo de la concepción asistida por computadora aplicada a las imágenes animadas. Sirve para distinguir la imágen pre-calculada de la imagen tiempo real, distinción hecha necesaria cuando se trató de perfeccionar la tecnología de las simulaciones de vuelo.

Los simuladores de adiestramiento necesitan tiempos de respuesta compatibles con el aprendizaje del comportamiento reactivo del aparato simulado. Pero los métodos de la réplica realista fundados sobre las leyes de la física llevan a unos tiempos de cálculo a veces muy largos frente a los tiempos de respuesta esperados en los simuladores de vuelo. Por eso se tuvo que imaginar por los años 60-70 materiales específicos […] para acelerar los diferentes tratamientos de la réplica. (Tisseau, Nédélec; ésta y todas las traducciones del francès son mías. E.C.).

Se nota pues por una parte que la expresión de tiempo real, limitada en su origen a un discurso tecnológico, remite a un progreso científico de alcance histórico y cómo, por otra parte, pierde su significación cuando viene transplantada en otro campo de actividad, transformándose en un ideologema. ¿Por qué y cómo? Porque así transplantada, ya no tiene ningún significado que sea de immediato perceptible: se nos aparece, cuando viene utilizada en la televisión por ejemplo, simplemente como un sinónimo de en directo pero, en el mismo momento en que pierde su contenido semántico original, esta misma vacuidad ocasiona la reactivación de otro significado que el sistema original había borrado. Esta expresión en efecto es un oxímoron, la noción de tiempo es un abstracción, el tiempo sólo existe por sus efectos o por la manera como viene empleado; de por sí, no tiene ninguna realidad concreta. De manera que, si nos atenemos a su contenido literal, significa en contra de la lógica, que la abstracción vale por la realidad. Al reproducir esta equivalencia, la expresión de tiempo real reproduce una ideología que cuestiona lo real valorando lo virtual y la abstracción. Se nota pues como la pérdida de sentido (del oxímoron) reactiva otro nivel de significado. Pero esta expresión no pasa de ser un elemento de un conjunto inmerso que nos incumbe reconstruir. ¿De qué horizonte pues procede este nuevo nivel de significación? El alcance y el contenido ideológicos de este oxímoro resultan más evidentes si contemplamos otra expresión muy similar, la de realidad virtual utilizada por primera vez en julio de 1989 por Jaron Lanier, responsable de la sociedad VPL Research, en el contexto de su estrategia de marketing sin tratar de dar ninguna definición del concepto. «Históricamente la noción de realidad virtual aparece en la encrucijada de diferentes campos de las tecnologías de la informática pero atañe sobre todo a la concepción asistida por computadora y a la informática gráfica que pretenden hacer cada vez más realistas las imágenes numéricas de síntesis.” (Tisseau, Nédélec, ibid.). El esquema de las dos expresiones es el mismo. Tiempo real // Realidad virtual: el mismo parelelismo acentúa el alcance de la equivalencia enunciada: lo real = lo virtual // lo virtual = lo real. Las dos expresiones pertenecen al mismo campo discursivo pero hay que notar la distancia temporal (decenio 1960-1970 vs 1989) y el desplazamiento, dentro del mismo contexto de actividad, desde el campo de las investigaciones avanzadas (simulaciones de vuelo) hasta la comunicación y el marketing que abren a un espacio y a un público mucho más amplios. El comentario de Tisseau y Nédélec, además es significativo: Lanier no trató de dar una definición precisa de la noción ! Otros tantos indicios que señalan que ésta ya ha derivado fuera del campo discursivo original. Tisseau y Nédélec precisan por otra parte que la expresión de realidad virtual se difunde a partir de 1970. Esta noción se plasma definitivamente con la aparición de los diferentes mundos virtuales creados artificialmente por programas informáticos que se extienden en el último decenio del siglo XX en diferentes sectores de la actividad social (juegos video, arquitectura, urbanismo, etc.). El sujeto viene constantemente solicitado por lo virtual que, poco a poco, lo va apartando de la realidad cotidiana. Aunque no están nunca definidas precisamente, dichas expresiones saturan en adelante el discurso social, en tanto que siguen cuestionando implícitamente la realidad. Si nos atenemos a las fechas límites (a quo y ad quem ) del proceso de su vulgarización (1970-1989), debemos examinar las condiciones sociohistóricas que puedan explicar el surgimiento de esta estructuración que ha dominado la imaginacón colectiva de los últimos tres decenios, asentada en un estado determinado del progreso tecnológico articulado directamente sobre el aparato productivo. Dicho aparato ha sufrido, desde la segunda mitad del sglo XIX, una evolución que se ha desarrollado en dos grandes fases. La primera, a veces calificada de “revolución tranquila”, empieza al final de la segunda guerra mundial y se corresponde con el período de los ”treinta años de gloria» que termina con el primer «choque del petróleo» (1945-1973). Se caracteriza por un alto crecimiento de la producción industrial alimentado por un desarrollo tecnológico igual de importancia. En Francia, por ejemplo, el índice de la producción industrial con precio constante (con base de 100 en 1938) pasa, desde 1947 hasta 1973, de 99 a 452 (se multiplica pues por 4,50); el crecimiento medio por año es de 5,9. Durante el mismo período ( por lo menos hasta 1971 y la presidencia de R. Nixon) el dólar convertible en oro con tasa fija, de resultas de las decisiones tomadas en la conferencia de Bretton Woods en julio de 1944, constituye una referencia hegemónica estable en el sistema monetario internacional. Es el apogeo del capitalismo industrial. Pero, en el trasfondo, está incubando otro tiempo histórico en torno a las investigaciones que se desarrollan esencialmente en el campo de la informática y de la comunicación que van a traer la subordinación de lo material a lo immaterial, como lo han observado Daniel Bell y Alain Touraine. La primera computadora aparece en 1946 (pesa treinta toneladas) y la comercialización de la informática empieza al final del decenio de los 70. Algo antes, en 1971, empieza un proceso que prepara el advenimiento del capitalismo financiero, con el fin del patrón oro y, luego, el principio de un proceso de especulación sobre las divisas nacionales. El apogeo del capitalismo industrial de los ‘treinta años de gloria’ oculta pues la dinámica que prepara el surgimiento de esta nueva fase del capitalismo. A lo largo del decenio (1970-1980) aparecen algunas nociones que señalan esta transición entre una continuidad y una ruptura: el postindustrialismo de Daniel Bell y Alain Touraine a principios del decenio, La Condition postmoderne: rapport sur le savoir de Jean-François Lyotard en 1979. Estas fechas son significativas en cuanto nos remiten a 1971 y a la desaparición del patrón oro. La equivalencia que se puede registrar entre el postindustrialismo y lo postmoderno señala que la modernidad coincide, en el plan de la imaginación social, con el proceso histórico de industrialización y luego con el capitalismo industrial. Este decenio que termina con la elección de Margareth Thatcher en Inglaterra, la de Ronald Reagan al año siguiente en los USA, y el advenimiento correlativo de las doctrinas neoliberales, constituye una línea divisoria que separa dos tiempos históricos. El impacto de todo lo que implica esta línea divisoria explica que se haya forjado la noción de postmodernidad. Se trata en efecto de una ruptura histórica mayúscula. Remito a mi comentario sobre el ideologema de postmodernidad:

«La expresión que se ha impuesto lo indica: no tiene sentido fuera de la relación a lo que precede; describe un período vivido como una espera, como una época de transición no estabilizada, que no puede ser definida nada más que por relación a la que la precede. El prefijo post sugiere a la vez un balance, una herencia y una fractura. Dicho de otro modo, un campo nocional estructurado alrededor de la continuidad y de la ruptura, lo que no era el caso de la modernidad que transcribía –o al menos parecía transcribir– una ruptura radical con el pasado. Porque “moderno” no es sinónimo de nuevo; lo nuevo tiene vocación de convertirse en antiguo y sugiere un movimiento cíclico. Lo moderno está connotado esencialmente como ruptura; no puede ser reemplazado más que por otro moderno (surgido él mismo de una fractura en relación al moderno precedente) o por lo postmoderno o, incluso, por un neo. Estos juegos de la semántica tienen una dimensión fascinante: la noción de neo que se ha impuesto desde los dos o tres últimos decenios, describe un espacio donde vienen a abolirse dos utopías contradictorias de las que vamos a volver a hablar: la utopía del progreso y la utopía de la tradición, la utopía del futuro y la utopía del pasado, conjunción significativa donde se inscribe de nuevo esta semiótica de la espera, de la perplejidad y, en cierto sentido, del vacío, pero igualmente conjunción de dos simulacros, el de la modernidad y el de lo antiguo, por mediación de la cual la semántica denuncia la inautenticidad y el emborronamiento que afecta nuestros puntos de referencia culturales.» (Cros: 2009, 224-225).

El concepto y la expresión de postmodernidad transcriben pues de manera perfectamente clara un período estructurado en torno a una problemática de la espera y de la perplejidad. De manera más o menos confusa e irracional nuestras sociedades han interiorizado los efectos que anunciaban esta ruptura histórica cuyas causas y consecuencias eran tanto menos perceptibles cuanto que sólo se han borrado progresivamente nuestros puntos de referencia. La desaparición de este punto de referencia fundamental que era el patrón oro ha instalado las esferas financiera, económica y social en la instabilidad. La pérdida de esta referencia no es únicamente un símbolo sino que se nos aparece como un elemento importante de un conjunto de causas que ha generado nuevos espacios económicos y sociales administrados por un nuevo sistema capitalista dominado por la especulación. En adelante, las monedas y el valor material de los bienes y productos ya no van a depender más de cualquier valoración objetiva sino de las fluctuaciones de los movimientos especulativos. La flexibilidad de los cambios monetarios, los nuevos modos de gestión de los flujos de la produccción y de los intercambios simbólicos, sociales y económicos están totalmente sometidos a la valoración de lo inmaterial. Esta ruptura no hubiera sido posible sin esta prodigiosa revolución tecnológica que trajo la informática. El capitalismo financiero surge de manera evidente de este período de gestación evocado má arriba como el producto de una estrecha símbiosis entre las investigaciones científicas y el aparato de producción cuyos efectos vendrán a ser perceptibles en un tiempo histórico algo desfasado en la superestructura ideológica con la constitución y la difusión de las doctrinas calificadas de neoliberales. En este contexto destacan dos características: la fluidez de los capitales y la globalización de los intercambios. La fluidez es la fuerza oculta manejada por el capitalismo financiero. Ateniéndose a la lógica de las ganancias especulativas de alto rendimiento, la inmovilización duradera del capital en los medios de producción o en proyectos de inversión a largo plazo es contraproducente. Lo cual explica la venta de los activos y la desindustrialización, los despedidos masivos, las subcontrataciones (le incumbe al subcontratista pagar el costo de la inmovilización del capital), la remuneración excesiva de los accionistas a 15% como mínimo en cuanto se debe integrar en el rendimiento de la producción el costo de la inmovilización del capital ya que, en esta perspectiva especulativa, el margen sacado por la actividad industrial tradicional no es suficiente. Liberados de todas las regulaciones nacionales gracias a la fluidez, los capitales pueden en efecto investirse en operaciones de mayor e inmediato provecho. El objetivo ideal es una empresa sin fábrica que sólo produce bienes inmateriales, vendiendo únicamente su patente o su sello tal como Nike que ya no produce nada concretamente y vende únicamente su nombre. (Véase: La domination du capitalisme financier: l’impératif de la fluidité in Wikiverts http//Capitalisme financier). Se nota pues cómo con lo virtual viene articulado lo inestable generado por la desaparición de todos lo puntos de referencia económicos y sociales. El caso de Nike se puede generalizar y se puede contemplar desde esta perspectiva la evolución del discurso publicitario en el que muchas veces las imágenes destinadas a provocar el deseo de comprar un objeto no tienen objetivamente nada que ver con el artículo que se trata de promover. En este caso sólo se solicita el deseo sin conexión directa con la realidad. El caso de las cotizaciones bursatiles es significativo: las ganancias o las pérdidas quedan virtuales mientras no se venda y cuando la especulación rebasa ciertos límites hablamos de una burbuja que estalla, o sea, de una película llena de aire; los inversionistas no tienen en cuenta la calidad de la producción de una empresa en la que invertir sino las perspectivas de progresión del precio de su cotización. El capitalismo financiero se caracteriza pues por la desconexión del sistema de producción. La rentabilidad financiera de las inversiones no depende directamente de la producción. El segundo parámetro es la globalización. Los intercambios internacionales no han dejado de crecer desde el descubrimiento del Nuevo Mundo pero en este transfondo hay que proyectar otro proceso que impactó sobre las superstructuras y los ‘imaginarios sociales’ de los diferentes países. Las dos dimensiones se articulan la una con la otra aunque con algunos desfases. Mientras que en los primeros decenios después de la segunda guerra mundial, con el impacto de los procesos de producción y comercialización estandardizados, la vida social se ha homogeneizado en las economías ‘avanzadas’, conforme al modelo imperial de los Estados Unidos, en los países emergentes al contrario, atrasados por el colonialismo y el neocolonialismo después de las supuestas independencias, los mercados interiores se han instituido y organizado tarde. Esta situación produjo una serie de desfases que han generado sociedades retrasadas que digamos en tiempos históricos que pueden calificarse de pre-modernas en la medida en que han sido las víctimas del saqueo organizado por el capitalismo industrial cuyo modo de intervención impidió la evolución de sus estructuras económicas y sociales internas. La impresión y la misma noción de modernidad corresponden con la interiorización por el sujeto cultural de los efectos que producen tales diferencias en el desarrollo de la producción, diferencias que son agentes de conflictos más o menos graves (Cros: 2003, 178-181). En esta perspectiva la noción de postmodernidad, que aparece al final de los años 70 remite, a mi modo de ver, más o menos directamente a una nueva fase del capitalismo que rebasa los límites anteriores de la modernidad y anuncia el fin programado del capitalismo industrial más allá del cual asoma un tiempo histórico que es imposible todavía de calificar y definir. En esta última fase del capitalismo no sólo se trata de una expansión de los intercambios comerciales de productos manufacturados y materias primas como se dio el caso, aunque con menos amplitud sin lugar a duda, con el capitalismo mercantil y el capitalismo industrial sino de una globalización financiera, o sea, de un mercado mundial de los capitales que genera transferencias instantáneas de un centro bursatil a otro con arreglo a las oportunidades y perspectivas de ganancias. No sólo se trata ya de la circulación de los productos materiales en un espacio/tiempo controlado sino de las ganancias y pérdidas que advienen de manera instantánea y que de momento no son más que virtuales ya que de un segundo a otro la ganancias se pueden metamorfosear en pérdidas. Esta manera de operar que acampa en el mismo corazón del sistema no deja pues de generar instabilidad con todas las consecuencias trágicas evocadas más arriba. Correlativamente acentúa la amplitud de lo virtual ya que estas cifras y estos mensajes que circulan por el mundo por antonomasia virtual de la informática se nos aparecen como totalmente desconectados de la realidad. Remito a lo que escribía yo referente al campo cultural europeo desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la primera guerra mundial (1850-1914) cuando notaba que éste se había organizado en torno a una estructura mayor: impresión vs sensación; tal como se presentaba tanto en el conjunto de las ciencias humanas y sociales como en los respectivos campos de la pintura y de la poesía, esta estructura era el producto del impacto del progreso científico y tecnológico en los campos respectivos de la Óptica fisiológica, de la teoría vibratoria o del descubrimiento de la electricidad (Cros 2011, 19-56). Cuando nos remontamos de las consecuencias a las causas, es este tipo de articulación programada en el campo de la producción, en el mismo centro de la infraestructura, el que observamos en el caso presente. El campo morfogenético que opera se organiza en torno a la oposición entre lo real y lo virtual que se concreta en formulaciones diferentes (estabilidad vs inestabilidad, limitado vs ilimitado, obstáculo vs fluidez, coacción vs libertad, duración vs intantaneidad, regulación vs desregulación). Es evidente que la evolución del capitalismo ha impactado directamente los modos y las relaciones de producción. Primero los modos de producción, o sea, “las fuerzas productivas que incluyen la fuerza de trabajo humano y el conocimiento disponible a un nivel tecnológico dado de los medios de producción (v. g., herramientas, equipamiento, edificios, tecnologías, materiales, y tierras fértiles).” Estos factores se han vuelto más complejos y en este plan la revolución de la informática desempeña un papel determinante implicando la función céntrica de la concepcón (en cierto modo todavía inmaterial) del objeto que producir y de las herramientas necesarias para la producción. En el caso de la concepción asistida por computadora el objeto es primero totalmente realizado de manera virtual en los gabinetes de estudio y realizaciones gráficas, trátese de programas industriales o arquitectónicos por ejemplo.La producción es primero virtual. Lo virtual es la primera forma visual de la realidad, o sea, la primera. forma en donde se concreta la imaginación. Desde este punto de vista, la noción de realidad virtual, aunque muy problemática en el plan de la lógica, transcribe perfectamente este proceso. Lo virtual se nos aparece como la primera forma en la que se plasman la abstracción y la imaginación. El estatuto del objeto programado es evidentemente muy distinto de lo que fue en el contexto de la época anterior cuando, en los gabinetes de estudios de los ingenieros, los esbozos gráficos del proyecto se limitaban a las dos dimensiones. La construcción semiótica en la que se desarrolla el concepto de virtual, o sea, el conjunto de las connotaciones y denotaciones estruturado por el concepto, resulta profundamente modificado. Notemos, detrás de la fachada inalterada del significante, el desfase que afecta al referente. Ya lo virtual no es lo que era. Lo que ha venido a ser acentúa su capacidad de adaptación a contextos semióticos distintos y multiplica sus posibilidades de diseminación y de intervención en los campos discursivos heterogéneos y complejos de los distintos sectores de la actividad humana. La desconstrucción que impacta el referente lanza el proceso de diseminación que como lo hemos notado en otras ocasiones caracteriza el funcionamiento del ideologema (Cros: 2009, c.9, 211-247). Pero esta evolución afecta también a las relaciones de producción, o sea, a las relaciones entre el capital y los asalariados (“estas relaciones son necesarias para poder llevar a cabo la producción de los bienes deseados, y son independientes de la voluntad de los agentes productivos.”) Estas relaciones de producción han sido transformadas por varios factores. Primero por la legislación del trabajo. Remito al decenio de los 70 en el que se prepara la instalación del capitalismo financiero para señalar que se legalizó el interín en Francia por la ley del 03 de enero de 1972 y el contrato temporal por una ley de enero de 1979, aunque la forma actual del CDD (contrato de duración determinada) es de 1990. Este movimiento se acentúa por una parte con la ley relativa a la movilidad y a los recorridos profesionales en la Función Pública (junio 2000) y por otra parte con la ley del 25 de junio de2008 refrente a la modernización del trabajo En el mismo contexto administrativo, este mercado viene pues sometido cada vez más a la instabilidad, que se nos presenta una vez más como el producto de lo virtual que, como lo notamos más arriba, es el resorte principal del capitalismo financiero. Las relaciones de produción se organizan en torno a las estructuras de dominación, por una parte tal como se organizan y se ejercen y, por otra parte, tal como son disputadas. Nos hemos de atener esenciamente a las empresas del CAC 40 trasnacionales ya que éstas imponen su modelo y sus leyes de funcionamiento à una multitud de subcontratistas por los motivos evocados más arriba. Las nociones de propiedad, responsabilidad, estabilidad que se atribuían al patronato tradicional en el capitalismo industrial ya no valen. El patrón era antes el que poseía y el que mandaba. En los día actuales, el PDG ya no posee nada directamente: sus ganancias no dependen forzosamente del resultado de las actividades de la empresa que lleva. Se dio el caso recientemente de unos PDG cuyos salarios habían sido aumentados a pesar de que sus errores de estrategias o su incompetencia habían perjudicado los intereses económicos de las empresas que dirigian. Una importante parte de sus recursos no es más que virtual ya que depende de la subida virtual de las acciones de la empresa ( los stock options). Esta misma acción no es cotizada con arreglo a la producción efectiva programada o realizada sino con arreglo a sus perspectivas de alza, o sea, de su rendimiento especulativo. La acción en la bolsa es en efecto un activo virtual. Los accionistas que en última instancia son los verdaderos proprietarios no son más que proprietarios virtuales naturalmente instables ya que en cualquier momento pueden decidir vender y privilegiar otras inversiones. Afirmar que estos bienes son virtuales no significa que son imaginarios o faltos de importancia o de interés sino, al contrario, que su misma naturaleza confiere a sus dueños un excepcional poder. Se trata de un poder ciego ya que el accionista desconoce totalmente la empresa en la que tiene invertido su capital y no se interesa por lo que pasa con ella. No se interesa por las perspectivas a medio o a largo plazo. Cuando surge un conflicto no se interesa por su resolución. Sigue exigiendo su rendimiento y nada más !A los partenarios sociales les incumbe hacer lo que sea para garantizar su ganancia! ¡Ser inaccesible es el resorte de su poder! Aunque exige un alto rendimiento a corto plazo, se queda fuera o por encima del campo de producción. La estructura de dominación se organiza pues en torno a un PDG que no es directamente responsable en cuanto la empresa puede perder dinero sin que a él le afecte esta pérdida y cuyo objetivo se cifra en la subida de los activos virtuales de los propietarios accionistas que no tienen una presencia identificable en la empresa. El PDG administra luego un sistema que le permite protegerse tras las exigencias de sus mandatorios anónimos cuyos objetivos comparte en provecho propio. Lo que es interesante notar en este tipo de funcionamiento es la ausencia cínicamente confesada de cualquier motivo racional que no sea el provecho inmediato. Es también y sobre todo la imposibilidad de identiticar a los verdaderos dueños que se supone que son los accionistas, considerados como una masa anónima que no participa nunca en las confrontaciones internas, aunque su presencia ejerce una presión irreprimible sobre la estrategia económico-social. En estas nuevas relaciones de producción y nuevo sistema de dominación, el poder es tanto más implacable cuanto que los que lo ejercen se quedan fuera de alcance y protegidos por el anonimato de la masa (los fondos de pensión por ejemplo). En tal contexto es evidente que la manera como el asalariado vive o contesta las estructuras de dominación, o sea, las modalidades de la confrontación de la lucha de clases ya no es lo que fue durante la fase final del capitalismo industrial. Al final de la segunda guerra mundial, en efecto, la presión sindical en Europa es fuerte: hay que reconstruir todas las economías, la mano de obra es insuficiente y el patronato francés hace una campaña de reclutamiento en África del Norte. En Francia la vida política se organiza en torno al programa del Consejo Nacional de la Resistencia redactado durante la guerra (final del 1943-comienzos de 1944) por representantes de la Resistencia (un comité que reúne a los ‘gaulistes’, los comunistas, los socialistas y los cristianos progresistas) y que pretende construir una verdadera ‘democracia social’ (planificación de la economía, control de los grandes sectores industriales y de los principales medios de producción y de intercambios). La aplicación de este programa no se llevó a cabo sin dificultades esporádicas (la huelga general de los mineros de 1948 reprimida ferozmente por Jules Moch y calificada por el gobierno de Henri Queuille de movimiento insurreccional organizado por el partido comunista). En el contexto de tensión de la guerra fría, la presión de la URSS sobre las políticas interiores de las naciones del oeste europeo interviene en el proceso de las relaciones sociales, cuanto más que parte del gran patronato se había comprometido con la ocupación alemana y los partidos europeos socialistas y comunistas habían participado activamente en la Resistencia. Las condiciones históricas no son propicias para el patronato, facilitando al contrario la construcción de un modelo social específicamente francés. Si comparamos el programa del Consejo Nacional de la Resistencia (CNR) tomando en cuenta sucesivamente cada uno de sus apartados en los campos económico y social se nota con arreglo a la situacón actual un contraste significativo e impresionante que observaba perfectamente Denis Kessler, responsable del sindicato del patronato francés en un editorial publicado por Challenge el 4 de octubre de 2007:

El modelo social francés es el puro producto del Consejo nacional de la Resistencia […] Ya es hora para reformarlo y el gobierno ha emprendido la tarea. Los anuncios sucesivos de las diferentes reformas por el gobierno pueden dar la impresión de un patchwork, de tan variadas como aparentemente son, de importancia desigual, y de distintos alcances: estatuto de la función pública, regímenes especiales de jubilación, reorganización del Seguro Social, paritarismo… Cuando se examina detenidamente se nota la gran unidad de este programa. ¿La lista de reformas? Es muy sencillo. Tomen todo lo que se organizó entre 1944 y 1952, sin excepción. Allí está. Se trata hoy en día de salir de 1945 y de deshacer metódicamente el programa del Consejo Nacional de la Resistencia!

Aunque la opinión de D. Kessler es muy significativa políticamente, no se ha de atribuir sin embargo esta iniciativa únicamente a Sarkozy que acababa de ser elegido como Presidente de la República en 2007. Su programa es un elemento constitutivo de un conjunto de datos que transcriben precisamente los efectos producidos por el capitalismo financiero, tales como los acabamos de evocar. De resultas de las nuevas condiciones económicas, el patronato lleva obviamente la ventaja. La fluidez es el mismo resorte de la creación de valor para el capital financiero en cuanto permite que se invierta en el acto en las operaciones más provechosas sin quedarse impedido por cualquier compromiso en proyectos industriales. Esta fluidez se expresa con la libre circulacón de los accionistas-propietarios y luego su estatuto y sus modos de intervención en las estructuras de dominación que organizan las relaciones de producción. Las estructuras de dominación son parecidas al hurón: están por todas partes pero no se ven nunca; aunque imposibles de encontrar imponen sin embargo sus implacables leyes. Vemos pues cómo el capitalismo financiero trastorna las relaciones de producción debido a sus dos características principales (fluidez y mundialización). Con el chantaje de la deslocalización y las amenazas del desempleo, las luchas sindicales ya no pueden más que fracasar. ¡Sarkozy se jactaba de haber acabado con las huelgas! El mundo asalariado queda totalmente desarmado. El capitalismo financiero pone por obra objetivamente en los días actuales el desquite del capitalismo que había sido obligado a transigir con las luchas sociales reguladas por las estrategias de los Estados/naciones al final de la segunda guerra mundial. Las relaciones de producción ya no tienen perspectiva de evolución en el contexto de este nuevo capitalismo. La evolución de las estructuras de dominación se ha de situar con arreglo a la nueva economía psíquica que en opinión de Charles Melman transcribe el fin del patriarcado (Melman: 2002). Referente a esta crisis de las referencias y correlativamente a la rebelión contra el padre (G. Mendel) puesta en escena en los ‘acontecimientos’ del 68, se podría evocar el fin del patrón oro de 1971 señalado más arriba. El fin del patriarcado es en efecto –y el paralelismo con el campo monetario es significativo– la abolición de los límites,la abolición de este espacio «desde donde se legitiman y se mantienen el poder y la autoridad..» (Ibid., 30):

«Cuando se apela a un poder, lo sabéis, sólo es por referencia a lo que sería una autoridad no forzosamente exhibida. Referencia de todas formas sobre la cual se asienta el poder. Hoy en día, con la desaparición de los límites que se evocaba, lo que constituye la autoridad parece venir también a hacer falta. En lo que era nuestra cultura la conjunción entre el espacio de la autoridad y el espacio de lo sagrado era lo normal. El espacio de la autoridad era juntamente donde estaba oculta la divinidad y el lugar desde donde los mandamientos podían sacar su legítimidad. Nadie cuestionaba su conjunción y, por lo mimo, por otra parte, el poder fue durante siglos teológico-político. La política era forzosamente teológica ya que el poder venía de Dios por delegación. Las repúblicas laicas no se han librado nunca de esta herencia.»(Ibid., 30).

El lugar de la autoridad es por razones históricas el lugar de lo sagrado y en este lugar es donde se ha instalado y se ubica el patronato tradicional. Por autoridad hay que entender el conjunto del campo semántico del latín auctoritas que concierne juntamente el derecho (el derecho de posesión), el derecho comercial (lo que establece la confianza), y la ética (un ejemplo o un modelo), otras tantas nociones que avalan y estructuran un campo institucional. Tratando de definir esta estructura antropológica y el espacio en donde acampa en el nivel simbólico debemos distinguir el poder y la autoridad. Es el puesto que ocupa en este espacio lo que le confiere al padre su autoridad: «El lugar del padre en efecto sólo depende del patriarcado. De otra forma el padre es ese tío de hoy, ese buenazo hasta ridículo. ¿De donde saca su autoridad si no es del valor que se da al patriarcado?” (Ibid., 154). En lo simbólico y en el contexto de la vieja economía psíquica inherente al capitalismo industrial, las estructuras de dominación sacaban también su autoridad y su legitimidad por reproducir el modelo del patriarcado. La disyunción que opera con al capitalismo financiero y los estatutos respectivos del PDG y del accionista lleva las estructuras de dominación fuera del campo de lo sagrado y luego de la autoridad. A ninguno de los dos se le considera como legítimo ya que ninguno de los dos representa una referencia estable: en cualquier momento los accionistas teóricamente pueden despedir al PDG y los accionistas pueden en cualquier momento también cambiar sus inversiones. Sólo impera el poder de los propietarios accionistas que, como lo notamos más arriba, no conocen nada de la empresa en la que han invertido su capital y no se interesan por su verdadera y concreta actividad. Quedándose fuera o más arriba de la empresa, el propietario/accionista saca su poder de su misma ausencia y su poder es tanto más fuerte cuanto que él resulta inaccesible. Por algo se habla de la «dictadura el mercado». En el comentario que hace de la nueva economía psíquica, Melman precisa que un padre no puede apelarse a sí mismo. «Y si quiere a todo trance apelarse a sí mismo se trata de un padre violento, brutal, de ésos a los que se denuncia a la justicia.” (153). Melman retoma la idea acorde a la cual la autoridad es lo que limita al poder. Si desaparece la autoridad, o sea, si desaparece el espacio sagrado de referencia, desaparecen los límites del poder. Esta afirmación explica por una parte la extrema agresividad de las estructuras de dominación del capitalismo financiero y por otra la relación que existe entre las estructuras simbólicas y las estructuras socioeconómicas. En esta perspectiva, la nueva economía psíquica se presenta como un producto indirecto de la desaparición del patrón oro que al nivel económico lleva a la pérdida de las referencias y al nivel psíquico al desvanecimiento de lo simbólico inherente al ocaso de la figura paterna y de las figuras de la ley. Melman recuerda el destino de esta figura, “la manera del todo sorprendente […] cómo nos dedicamos a caparla, cómo esta cada vez más prohibida, deshecha, desvalorizada.” (Melman, 26). Pero, en opinión de Lacan, el sujeto tiene aceso al lenguaje, luego a lo simbólico por la metáfora del nombre del padre. Cualquier daño que afecta a la figura del padre es un daño que afecta el orden simbólico ya que la instancia fálica es el pilar de lo simbólico. El ocaso del padre y del patriarcado se articula, pues, en el plano de la nueva economía psíquica, sobre el fin del patrón oro que interviene en la esfera financiera. Eso no significa que esta referencia sea el único factor que destacar aunque se nos presenta como un fenómeno significativo de lo que pasa en el proceso histórico. Junto con otros efectos que quedan por reseñar esta referecia atrae la atención sobre sí misma, remitiéndonos a un momento histórico en el que súbitamente todo queda trastornado. Como ya lo notaba más arriba no se trata sencillamente de un símbolo sino que la pérdida de esta referencia se nos aparece como un elemento entre otros más que han establecido nuevos espacios económicos y sociales administrados por un nuevo sistema capitalista dominado por la especulación. Con eso regresamos a aquel período de gestación que se ha desarrollado en el trasfondo de los “treinta años de gloria” durante el cual se incubaba el proceso que había de poner por obra la nueva economía del aparato de producción. Ésta se manifiesta más especialmete en las alteraciones de los modos y de las relaciones de producción y, en última instancia, de la economía psíquica. Queda sin embargo por precisar los efectos/trazas de esta economía en otro nivel de la superestructura que es precisamente el nivel del lenguaje y de la representación. Hemos notado cómo, considerados como dos ideologemas, las expresiones de realidad virtual y tiempo real son unos vehículos ideológicos de alcance histórico pero no son más que dos ejemplos entre otros más. Citemos a guisa de ejemplo ciertas características del discurso televisivo por ejemplo: contrasentidos en el empleo de las articulaciones linguísticas, contradiccciones entre lo que afirma la presentación de un tema y los detalles que vienen a continuación, acontecimientos trágicos evocados con una sonrisa, error o ausencia de puntuación en la dicción que lleva a veces a mezclar dos datos distintos que resultan por lo tanto difíciles de entender u, otras veces, a separar una afirmación de su desarrollo lógico. No se debe atribuir esos errores a tal o cual locutor sino a la evolución de una práctica discursiva específica debida a algunas condiciones determinadas. Son ejemplos aparentemente insulsos pero transcriben la disyunción que separa la realidad de su representación por el lenguaje. Ya no se distinguen los diferentes registros discursivos: lo trágico se confunde con lo trivial aunque las más de las veces se privilegia la emoción. Se mezclan todos lo registros: así es como, comentando la dimisión (?) o la renuncia (?) del Papa Benedicto XVI, una locutora francesa del canal Arte utiliza sucesivamente dos metáforas que proceden, la primera, del discurso deportivo sobre el boxeo (“il a jeté l’éponge”); la segunda, del juego de los naipes (“il passe la main”). Por otra parte, esta pérdida de las estructuras linguísticas que altera el sentido pervierte la misma naturaleza de la lengua. Mientras que en este discurso televisivo reina el caos donde todo está en todo, la lengua sin embargo es un sistema esencialmente organizado en torno a la diferencia, “no tiene ideas ni sonidos que preexistirían al sistema linguístico sino sólo diferencias conceptuales y diferencias fónicas que proceden de este sistema […] Un sistema linguístico es una serie de diferencias de sonidos combinados con una serie de diferencias de ideas."( F. de Saussure: 2007, 166, la traducción es mía, E.C.). El signo linguístico, que en la economía clásica, se utiliza para representar el objeto, ya no desempeña su función de metáfora, ya no hace las veces de, en cuanto el objeto ya está presente y no está representado por la lengua. La nueva economía psíquica “trata de sustituir la imagen a la palabra.» (Melman, 110). “Finalmente, es como si se estimase con este tipo de funcionamiento nuevo y las nuevas posibilidades que ofrece, que se puede abandonar la metáfora…” ( J.P. Lebrun in Melman, 29). “[…] el francés -escribe Melman-, viene a ser más icónico que verbal, la imagen […] ya no funciona como representación sino como presentación” (Ibid.) El ocaso de la función de representación del signo, la desaparición de su función metafórica implican una total confusión del signo y del significante ya que el objeto ya está presente antes de que la palabra lo represente. La nueva economía psíquica se caracteriza de esta forma por una regresión del orden de lo simbólico, que, con el sistema de la lengua estructura la realidad por medio de la diferencia, al registro de lo imaginario en el que (en el estadio del espejo por ejemplo) la noción de semejante desempeña un papel céntrico y en el que todo está en todo. El orden simbólico excluye en efecto la discriminación y la contradicción. De situar en este contexto las dos expresiones que nos interesan, (realidad virtual, tiempo real) pierden, digamos, su estatuto de oxímoron. No son más que dos productos de las nuevas estructuras simbólicas y por eso mismo su empleo, aunque es muy discutible, no llama la atención ni se cuestiona en una sociedad avezada a esta perversión de la palabra. Productos de la nueva economía psíquica son también y más directamente puros productos de la economía socioeconómica. Esta equivalencia es significativa ya que pone de relieve una vez más la estrecha articulación de la estructura ideológica sobre la infraestructura socioeconómica.

BIBLIOGRAFÍA

Cros, E., 2009, La Sociocrítica (Traducción del francés por Francisco Linares Alés y Carmen Ávila Martín), Madrid, Arco/Libros, Colección Perspectivas, Biblioteca de Teoría Literaria y Literatura Comparada. Cros, E., 2003, El Sujeto cultural, Medellín, Colombia, Fondo cultural, Universidad EAFIT. Melman, C., 2002, L’homme sans gravité, Denoël, Folio, Esais. Saussure, F. de, 1916, Cours de linguistique générale (Ed de Tullio de Mauro), Paris, Payot, 2007. Tisseau, J., A.Nédélec, A. “Réalité virtuelle: un contexte historique interdisciplinaire” http// Réalité virtuelle,http//wiki-les-verts…capitalisme financier

El Todo y las Partes - El texto como sistema complejo

Edmond Cros aborda, en tres apartados, dos nociones hasta ahora implícitas pero sí céntricas en su proceso epistemológico : las nociones de totalidad y de sistema. – 1 : La parte está en el Todo pero cuando ésta se articula con el Todo cobra un nuevo significado como se nota en el incipit del Lazarillo de Tormes que analiza E. Cros. - 2 : - El todo está en la parte lo cual nos remite a la problemática de la genética textual entendida como morfogénesis. – 3 : Considerado como un sistema, el Todo empieza a existir y a operar como Todo en cuanto se pone a funcionar la red semiótica que está construyendo y no deja de reorganizarse según y conforme va integrando nuevos elementos

XXV°Congreso del Instituto Internacional de Sociocrítica, Granada ( 29 de abril/1° de marzo 2016 Conferencia de apertura por Edmond Cros

El Todo y las Partes - El texto como sistema complejo

Al cabo de tantos años de investigaciones a veces empíricas ya tenemos que volver para atrás y examinar las opciones epistemológicas que abalizan el campo de la teoría y nos han permitido edificar la sociocrítica tal como es. Nuestra finalidad es muy sencilla : se trata de sacar a luz y explicar los procesos que operan en la transcripción por las estructuras textuales de las estructuras socio históricas y socio discursivas del contexto . Para cumplir con este proyecto la sociocrítica se vale de un aparato crítico organizado en torno a algunas nociones que nos remiten a ciertas posturas intelectuales e ideológicas que afectan las definiciones respectivas del sujeto y del texto y proceden de dos epístemes, el psicoanálisis y el materialismo histórico. Algunas de dichas nociones se nos presentan como categorías imprescindibles ; aunque hasta ahora no las haya comentado yo explícitamente constituyen la armazón de nuestro acercamiento teórico. Tal es el caso de las nociones de totalidad y de sistema.

  • La noción de totalidad es céntrica para el materialismo histórico, como ya lo afirmaba Georg Lukács según Lucien Goldmann : « No es la predominancia de los motivos económicos en la explicación de la historia lo que distingue de manera decisiva al marxismo de la ciencia burguesa, es el punto de vista de la totalidad. » Quisiera comentar rápidamente este punto de vista que es uno de los fundamentos imprescindibles de la sociocrítica. Se ha de señalar primero que el Todo no es la sencilla adición de todas las partes. Como ya lo sentó Aristóteles, la totalidad es algo más que la adición de las partes, afirmación que se completa con el principio siguiente : si la parte está en el todo, el todo está en la parte. La parte está en el todo pero con dos formulaciones distintas. Por una parte, sigue siendo lo que era antes de que se integre en la totalidad pero, por otra parte, en el mismo momento en que se integra en la materia semiótica de esta totalidad que la solicita, sufre las consecuencias de este impacto. Ya no puede, con este contacto, seguir siendo lo que era hasta ahora y de este contacto surge una nueva significación, a la cual Edgar Morin calificaría de « calidad emergente » por ser el producto de la organización de un todo capaz de retro impactar las partes. Para ejemplificar este proceso veamos lo que pasa con el incipit del Lazarillo de Tormes. Muchas veces se hace caso omiso de las primeras líneas del relato que evocan la vida del lazarillo antes de que empiece su vagabundeo con el ciego. Sin embargo es de notar que es el único momento en que se evoca el mundo del trabajo (fuera de algunas alusiones hechas como de paso) : su padre es molinero , su madre ya viuda « guisa de comer a ciertos estudiantes y lava[ba] la ropa a ciertos mozos de caballos del comendador de la Magdalena »; muerto el padre, el esclavo negro amante de la madre cuida de la caballeriza . Sin embargo, a pesar de que trabajan, tienen que robar para criar a sus hijos : (« …cuando otra cosa no tenía, las bestias desherraba y con todo esto acudía a mi madre para criar a mi hermanico… »). Perseguido por la justicia terminan desterrados o castigados de manera feroz « Al triste de mi padrastro azotaron y pringaron y a mi madre pusieron pena por justicia, sobre el acostumbrado centenario que en casa del sobredicho comendador no entrase ni al lastimado Zaide en la suya acogiese… ». Los tres personajes pasan por el mismo recorrido : el trabajo los lleva a la delincuencia y de allí a la represión. En contra de lo que afirma el dicho que ensalza el valor moral del trabajo y condena al ocio no es el ocio lo que lleva a la delincuencia sino su contrario, el trabajo. Por ser el incipit, este pasaje cobra un significado especial : se nos presenta como un punto de referencia presente en adelante en todo el tratado primero. Y este punto de referencia condena de cierta forma el trabajo. Destacado del contexto, contemplado de por sí antes de que forme parte de la totalidad textual, este discurso es subversivo por dar una versión negativa del trabajo. Sin embargo se da el caso que precede un relato que viene dedicado a la problemática de la mendicidad. Luego la noción de trabajo se articula juntamente por una parte con el ocio, (trabajo vs ocio) y por otra parte con la mendicidad ( trabajar vs pordiosear). El trabajo viene enfocado de manera interesante como una falsa solución, incapaz de solucionar el problema de la miseria social. Para sobrevivir pordiosear es el solo recurso que a los pobres les queda. La inserción de la problemática tradicional del trabajo en el contexto que se está construyendo convoca un nuevo significado que se refiere al estatuto de la mendicidad. Ésta se presenta como una alternativa positiva del trabajo. La articulación de las dos estructuras convoca una problemática en la que se plasma una totalidad, o sea la polémica que atañe a la concepción católica de la caridad cuestionada a principios del siglo XVI por la Reforma protestante. Recuerdo brevement lo que está en disputa. La incipiente burguesía del Norte de Europa necesita mano de obra para llevar a cabo sus proyectos de fomento y esta presión económica explica el cuestionamiento de la beneficencia. Se trata en efecto de poner a trabajar a la importante población que vagabundea y sólo vive de la mendicidad, lo cual acarrea una nueva concepción de la limosna. Hasta ahora, para la mentalidad católica, dar al pobre es prestar al Cristo pero los protestantes observan que, solicitando la caridad, el pobre apto para trabajar, compromete su propia salvación. El católico que da una limosna a un pobre que no se la merece sí se salva pero perjudica al pobre que se la ha pedido y la recibe. Con tal criterio los reforrmadores abogan por la generalización de un « pasaporte de pobre » que han de llevar en el pecho los llamados « pobres legítimos » y que les confiere el derecho de pordiosear. El mendigo ya no es una imagen crística sino que puede tomar en ciertos casos apariencias satánicas ya que casi todos pueden trabajar incluso el ciego. Se nota pues cómo se articulan las nociones de trabajo y de beneficencia en el discurso social del siglo XVI más epecialmente a mediados y al final del siglo. Y las trazas de esta polémica en el texto del anónimo. (Véase Cros, « Le folklore dans le Lazarillo de Tormes » in Cros/Gómez Moriana, Lecture idéologique du Lazarillo de Tormes, Montpellier, Co-textes n°8, 1984, pp. 1-20.) El todo está en la parte : tal es la hipótesis general de la noción de morfogénesis textual. Suelo decir que, en cuanto un texto empieza a construirse, construye sus regularidades, sus leyes de repetición, de las cuales surge un microsistema intratextual que programa el futuro del texto e impulsa la dinámica de la escritura. A lo largo de mis años de investigaciones propuse a partir de estos criterios una serie de estudios de textos de unas treinta líneas cada uno. Se trataba las más veces de un incipit, lo cual permitía sortear el problema de la objetividad de la selección. En otras circunstancias, los mismos estudiantes de doctorado habían seleccionado el texto que estudiar. En cada caso logré sacar a luz las modalidades de la transcripción por el texto de los datos del contexto y explicar su proceso genético. Para que mi presentación resulte más clara en lo que viene a continuación remito a los esudios que publiqué sobre el Guzmán de Alfarache y el Buscón. Estas modalidades se organizan todas en torno a un principio dialógico que maneja dos nociones contradictorias (dar vs intercambiar en Guzmán de Alfarache ; ocultar vs denunciar en El Buscón). En cada caso estas estructuras binarias se dan también en el contexto discursivo, más especialmente en los discursos contradictorios intercambiados con ocasión de ciertas polémicas que surgen en Castilla al final del siglo XVI (De auxiliis gratiae, Del Socorro de los pobres…). El análisis de estos discursos me ha permitido identificar los sujetos colectivos implicados en los dos textos (la artistocracia segoviana, los hacedores de paño, el capitalismo mercantil, los arbitristas) y precisar las modalidades del enfrentamiento de los intereses económicos y políticos de los diferentes agentes sociales. Recuerdo que en el caso de El Buscón la structura binaria procede del enfrentamiento de dos prácticas sociales, la práctica carnavalesca que invierte las representaciones del mundo y lo enmascara todo por una parte y por otra parte la inquisición que restablece el orden inicial y enderecha las aparencias. Este antagonismo transcribe el estado de la evolución, tal como éste se puede obervar en los primeros decenios del siglo XVII, del lento proceso histórico que terminará con la toma del poder por la burguesía. Cuando desplegamos, desmontamos, de esta forma, la arquitectura binaria vemos cómo la parte encierra el todo que es el texto y, con él, el todo histórico. Queda por aclarar una dificultad. En mi análisis del texto de Guzmán de Alfarache por ejemplo saqué a luz la dominación de un sujeto colectivo y en el trasfondo textual la presencia, aunque menos activa, de algunos más. Se me podría argumentar pues que hice caso omiso de unos amplios aspectos de la realidad histórica y de un número difícil de precisar de sujetos colectivos susceptibles de expresarse. Esta observación me da la oportunidad de comentar un aspecto importante del funcionamiento del sujeto cultural cuando lo contemplamos como un Todo. El sujeto cultural implica una serie de sujetos colectivos, serie que ya de por sí es un Todo constituido como un sistema que no se puede reducir a la sencilla adición de dichos sujetos. Sin lugar a duda, sin embargo, este sujeto cultural convoca a unos sujetos colectivos muy diversos, lo cual supone una gran variedad de visiones del mundo . Luego el sistema correspondiente comprende zonas de contradicciones que proceden de la manera como han sido interiorizadas las visiones del mundo respectivas de los sujetos colectivos implicados a lo largo de una existencia. Estas contradiccciones producen efectos que borran , pervierten y cuestionan el impacto inicial que hubiera provocado la interiorización de cada una de estas visiones del mundo si no hubiera chocado contra una vision diferente o hasta contradictoria ya presente en el todo ya constituido. En esta nueva configuración surgen nuevos significados que son los productos de las confrontaciones respectivas. Por lo tanto el Todo es algo más que la adición de las partes. De contemplar aquel Todo como un conjunto estático, estabilizado de manera provisional, el espacio semiótico correspondiente se nos presentaría como un espacio caótico con zonas de contradicciones y desprovisto de cualquier jerarquía. Esta contradicciones proceden de que en aquel espacio coexisten discursos específicos que remiten a unos agentes sociales cuyos intereses no coinciden forzosamente. Este espacio encierra el material semiótico destinado a ser utilizado en cuanto se exprese el sujeto. Pero para que el sujeto hable se ha de imponerse una jerarquía que organice el espacio semiótico en torno al discurso de un sujeto colectivo. Esta dominación, siempre provisional, puede ser compartida sin embargo y en este caso otras voces colectivas pueden ser oídas, articuladas con la voz dominante, creándose de esta forma un sistema más complejo. Sin esta reorganización del espacio semiótico en torno al discurso de un sujeto transindividual determinado no puede expresarse ninguna palabra coherente. En el caso del Guzmán de Alfarache por ejemplo más allá del discurso del capitalismo mercantil, y derivado de él, se oye un doble discurso juntamente abierto hacia el porvenir y atraido por la nostalgia. Otras estructuras binarias pueden ser formuladas (en el Lazarillo de Tormes : Misericordia vs justicia ; Yo vs él ; Caridad vs crueldad …) pero las estructuras binarias que el análisis me permitió sacar a luz ponen luego de manifiesto la dinámica del espacio semiótico : la « visibilidad social » del texto, o sea la capacidad que él tiene de dar cuenta de las circunstancias del contexto no puede abarcar la totalidad discursiva almacenada en la memoria semiótica colectiva. Aunque no se puede abarcar la totalidad del contexto de una época histórica determinada , la emergencia de esta estructura jerarquizada resulta significativa. El Todo es luego un Todo relativo. Incluye la estructura binaria pero no se reduce a ella. Entonces ¿qué se entiende por Todo ? Edgar Maurin plantea la cuestión en el último capítulo (« Pensée complexe et pensée globale") de su último libro (Penser global – L’homme et son univers (Paris, Lafont, 2015). Arremete contra « el pensamiento reduccionista, es decir el pensamiento que re duce el conocimiento de un todo, al conocimiento de los elementos que lo componen […] . Alguna gente dijo que frente a esta postura reducccionista […] debíamos oponer una postura a la que se llamó ‘holista’ de holos, el todo. Pero el defecto de la postura holista es que de por sí es reduccionista o sea que, aunque no reduce el conocimiento a los elementos constitutivos de un todo, sí por lo menos lo reduce al conocimiento de un todo. Pero […] el conocimiento de un todo exige el conocimiento no sólo de los elementos que componen este todo sino también de las acciones y retroacciones que hay entre las partes y el todo cuando este todo es activo cuando vive , cuando es un todo social, un todo humano. » Esta postura corresponde con mi propia práctica sociocrítica pero se necesita una precisión ya que en mi contexto teórico he de cuestionar la formulación de Edgar Maurin. En efecto, en contra de lo que él sugiere no podemos extraer estas acciones y retroacciones para estudiarlas de por sí. Hay un Todo antes de las retroacciones y otro Todo distinto, después ; la configuración semiótica no deja de cambiar conforme viene a integrarse un elemento nuevo, trátese de una acción o de una retroacción. Queda por aclarar la emergencia del todo. ¿Cuándo emerge éste ? ¿Cuál es su estatuto ? Es difícil definirlo cuanto más que no existe como tal, ya que, como lo acabamos de ver, sufre una constante re-configuración ; no se estabiliza nunca. Su existencia es virtual y sólo son perceptibles sus efectos. Ninguna estructura que lo abarcase todo puede dar cuenta de la complejidad de todas las estructuras binarias. El Todo brota como Todo cuando la auto organización y la auto regulación de sus elementos constitutivos impulsan el funcionamiento de la red semiótica del texto contemplado. Este funcionamiento es lo que llamo por mi parte el todo. Llamo Todo a la actividad de esta red semiótica. El Todo no es un estado sino, por una parte, un tipo de funcionamiento y, por la otra, una postura epistemológica. Para poder pensar la globalidad de la sociedad, prosigue Maurin, debemos tener en cuenta esta relación entre las partes y el Todo, que caracteriza lo que él llama el pensamiento complejo : « Para poder pensar la globalidad de la sociedad es necesario ver esta relación entre las partes y el todo, característica precisamente de la complejidad. Hay que cuestionar lo que es un sistema social. Es un conjunto de individuos que interactuan los unos con los otros. Por medio de estas interacciones se constituyó un todo social, que produjo un lenguaje, formó una cultura , luego después […] aparecieron los Estados… » (Ibid., 116) A Edgar Maurin se le podría tachar también de reduccionista. Se nota claramente en que nos distanciamos Sigue hablando de individuos mientras que hablo yo de sujetos colectivos. Hablando de un conjunto de individuos, él hace caso omiso del Nosotros. Pero el Yo se deriva del Nosotros. El Nosotros es una realidad primera anterior al Yo, históricamete y a nivel del sujeto. Los arqueólogos y los antropólogos nos han demostrado en efecto que la historia de la Humanidad no es la historia de los individuos sino la historia de las sociedades. Por otra parte, a nivel de la historia del mismo sujeto, éste nace con la adquisición del lenguaje, o sea con la adquisición de una relación social esencial. La Institución social me hace nacer como un sujeto que se expresa como un yo. Si se entiende por conciencia la capacidad que tiene el sujeto de comprender las condiciones históricas de su inserción en el todo social ( su campo de visibilidad social que digamos) la conciencia colectiva es superior a la conciencia individual. La existencia de un nivel de conciencia colectiva en cualquier individuo que atañe de un mismo sujeto transindividual es un descubrimiento capital de Lucien Goldmann. Este nivel de conciencia se concreta en sus nociónes de visión del mundo y de no-consciente. Goldmann ejemplifica estas nociones , cuando analiza en El Dios oculto (Le dieu caché) la expresión de la conciencia posible de los jansenistas y de los autores que la expresan (Pascal, Racine). Este nivel de conciencia que amplifica la visibilidad social de la conciencia real de los agentes sociales y que se concreta por medio de la extrapolación de una serie de tendencias observables en el sujeto colectivo correspondiente sólo emerge en un una obra literaria maestra. Este suplemento de conciencia procede, según Goldmann, de la manera como funciona el no consciente. El discurso dice siempre mucho más de lo que el sujeto quiere decir o cree decir. Se trata de un dato esencial para la sociocrítica, Un todo social constituido por un conjunto de individuos no es un todo social constituido por un conjunto de sujetos colectivos. La diferencia es capital ya que de ella depende una concepción radicalmente distinta de lo que es el lenguaje en relación con los discursos considerados como específicos de los sujetos colectivos. En efecto para mí las interacciones entre los discursos son los factores de la complejidad discursiva. El Todo no se puede definir por una estructura que incluya las estructuras binarias elementales. La misma estuctura binaria viene a ser un Todo en el mismo momento en que empieza a impulsar su dinamismo, en el momento en que adviene el sistema que está impulsando, o sea en el momento en que se auto-organiza la complejidad de la red semiótica.

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1599-1605 — Orígenes de la novela moderna en España

Con arreglo al sistema modelizador primero ( la lengua) cuya operación de denominación recorta sus elementos en la continuidad de la realidad, las diferentes prácticas discursivas cuyo conjunto constituye lo que llamamos la literatura ( poesía, ensayo, teatro, novela…) son unos sistemas modelizadores llamados secundarios por redistribuir un material verbal previamente recortado por la primera operación de denominación. Estos sistemas modelizadores secundarios se desarrollan dentro de sus respectivas instituciones. Se trata de macrosemióticas artificiales con trayectos de sentido que representan pasos obligatorios de los cuales no se pueden escapar los mensajes que transitan por ellas. Estos mensajes llevan el sello de sus coacciones. Para ejemplificar lo que son estas coacciones remito a lo que escribí en el caso del intercambio epistolar : solemos empezar nuestras cartas con un encabezamiento del tipo “Muy señor mío”, (“My dear friend” “Mon cher ami”) y terminarlas con una despedida como “ Su atento servidor” (Sincerely yours” “Votre dévoué”) o sea : Usted es mío y soy suyo; despidiéndome ya soy el señor mío de la respuesta que espero de usted. Lo que escribimos en este cuadro circula pues entre los dos polos de esta misma estructura que hace funcionar simultáneamente el deseo de poseer al otro y correlativamente de entregarse a él. No importa que se haga caso omiso de estas fórmulas o que vengan sustituidas por fórmulas menos explícitas : esta práctica social queda estructurada con arreglo y en torno al diálogo a solas de los dos corresponsales. (Cros, 1984 a) Supongo que cualquier género se distingue de los demás por una serie de indicios de diferenciación a los cuales podemos definir de manera idéntica como coacciones, como reglas del arte que digamos, interiorizadas y reproducidas de manera no-consciente por cualquier sujeto que quiera expresarse por este medio. Supongo también que tales coacciones se articulan con el contexto sociohistórico, sufriendo por lo mismo un proceso evolutivo. Estas coacciones confieren al género sus coordenadas sociohistóricas. Emergen juntamente con el género; éste surge de su configuración emergente. El término que va a servir para designar este género no es más que su cara visible, lisa y estaba por decir inocente. Pero esta configuración a la cual llamaré forma - estructura enigmática en la cual vienen codificadas las estructuras de la sociedad implicada - emerge en un momento preciso de la historia de la cual incorpora a su modo las problemáticas fundamentales.

Por ser una práctica social el género novelesco en efecto surge al conectarse entre sí una serie de datos sociales. Para entender mejor este proceso remito a lo que ocurre en el caso del rompecabezas que sólo empieza a significar cuando incorporo la última pieza : todo lo que hasta ahora no era más que una informe e insignificante yuxtaposición se hace sentido con esta última pieza, coinciden y se justifican cruzándose en ella unas direcciones que hasta ahora no conducían a nada, en ella los colores previamente sin forma se cuajan viniendo a ser objetos, elementos de paisaje, siluetas; lo que significa esta última pieza irriga todas las demás que la rodean restituyéndoles sus formas y sus significaciones primeras pero esta última pieza sólo construye su sentido a partir del ensamblaje y de la convergencia de todas las demás. De aceptar esta comparación podemos afirmar que la ficción novelesca confiere una significación a la misma Historia de donde sin embargo emerge.

Abordaré el problema de los orígenes de la novela europea en España a partir de estas premisas. Se suele decir que la novela es el prolongamiento de la épica y que su aparición está vinculada con la ascensión económica y política de la burguesía, afirmación que, así formulada, se contenta con hacer constar que son dos datos concomitantes sin cuestionar los procesos de esta articulación pero afirmación también que hace más complicada la aproximación al problema en el caso de España en donde en opinión de varios historiadores la burguesía se constituye tardíamente como clase.

Siento como hipótesis que la novela europea adviene entre 1599, fecha de la primera edición de la Primera Parte de Guzmán de Alfarache y 1605, fecha de la salida de la Primera Parte del Quijote. Esta tesis no es nueva : ya la había sugerido en 1967 en Protée et le gueux (Cros, 1967), observando que los textos de Mateo Alemán y de Cervantes entablan un diálogo contradictorio y conflictivo. Abarcarlos en un mismo corpus nos permite entender mejor los varios orígenes del género novelesco, portadores de su devenir manifiestamente plural.

Guzmán de Alfarache es para mí el ejemplo perfecto de la novela picaresca. Ya hice observar (Cros, 2001 a) que la estructura del texto de Alemán - la dialéctica de la misericordia y de la justicia - reproduce la estructura del Lazarillo de Tormes y que esta estructura transcribe los trastrocamientos que afectan el campo de la religión y de la ética religiosa de resultas de la evolución del nivel económico. Para desarrollar su actividad industrial Europa tiene que acudir a la reserva de mano de obra que constituye la población ociosa de los vagabundos y, por consiguiente, reglamenta la mendicidad , lo cual pone en tela de juicio la concepción católica tradicional de la caridad. Esta problemática que nace en la Europa luterana del Norte es literalmete importada en España con el De subventione pauperum de Vives editado en Ámberes en 1526. Al desajuste que separa el nivel económico dela península con arreglo al nivel de sus vecinos corresponde el desacoplamiento correlativo de sus respectivas mentalidades, de donde la polémica exacerbada que se arma en España cuando se trata de cuestionar uno de los puntos fundamentales de la ética católica. De esta dis (dys-)sincronía emerge la literatura picaresca. Esta afirmación fortalece aparentemente la opinión que asocía el origen de la novela al desarrollo de la burguesía pero debemos observar que el género que adviene remite a un espacio simbólico en donde las consecuencias sociales y socioculturales de esta ascension burguesa están puestas en tela de juicio. Si el género picaresco nace al proyectarse el Guzmán de Alfarache sobre el Lazarillo de Tormes, la configuración de las estructuras que lo generan ( justicia vs misericordia) transcribe una fractura histórica y un enfrentamiento que opone un valor auténtico, la misericordia, a la justicia o sea a un valor pervertido por estar en servicio de la expansión del capitalismo con el pretexto de luchar contra el ocio y el vicio. Tal sería pues la primera coerción ( confrontar valores auténticos y valores pervertidos). Generalizar esta observación nos llevaría a coincidir con la tesis que presenta Lukacs en Teoría de la novela (Lukacs, 1963), cuanto más que una confrontación similar opera en Don Quijote en donde los valores auténticos de la caballería vienen mediatizados por el valor pervertido que representa la imitación de Amadis (Girard, 1961)

El género novelesco adviene pues de venir a conectarse entre si una serie de datos:

  1. los procesos económicos y sociales y más especialmente el desarrollo de las vías terrestres de comunicación en la segunda mitad del siglo XVI, la necesidad de organizar los circuitos comerciales, el desarrollo correlativo del transporte por mulas, de las ventas, de las carreteras, de las poblaciones ( Braudel, 1966,TI, págs 140 y sg)…La arquitectura narrativa de los dos textos estriba en esta primera realidad ( el caminar de los respectivos protagonistas, las etapas en las distintas ventas durante las cuales se cuentan las novelas intercaladas, el esquema del “alivio de caminantes”, los personajes : arrieros, venteros, viajeros con los que se encuentran tanto Guzman como don Quijote, etc…)
  2. algunas situaciones conflictivas : la ascensión social de los mercaderes transcrita por Mateo Alemán (Cavillac, 1983), del “campesino rico”, en vías de asimilación a la nobleza como se nota en las novelas intercaladas del Quijote (Cros, 1984, págs 140y sg), tensiones entre diferentes estamentos de la nobleza…
  3. las formas de comportamiento y los sistemas de normas ( dinero, honor, honra, castidad, opulencia, miseria, ascetismo, distinciones entre los amores lícitos y los ilícitos, etc…)
  4. los modos de caracterización ( tipología de los pícaros, de los pobres, de los pajes, de las nacionalidades, de los humores etc..) Así es como, por ejemplo, la oposición entre “el humor cálido y seco” atribuido a Don Quijote y “el humor frío y húmedo”, atributo de Sancho, se artícula con la pareja Doña Cuaresma / Don Carnal contribuyendo de este modo a instituir un trayecto de sentido esencial de la intratextualidad (Cros, 1990)
  5. una serie de prácticas sociales ( la organización de la beneficencia, el sistema de los aparatos ideológicos de estado : la religión, la familia, la enseñanza…)
  6. algunos debates que, a su vez, transcriben la evolución de la infraestructura ( sobre la mendicidad, la reforma de los puentes y caminos, el lujo, el ocio etc…)
    El impacto y los efectos-signos (Ricœur) de estos diferentes elementos varían segun el texto que se contemple. Representan sin embargo un volumen de datos considerable que participan del génesis del género como historia incorporada en la ecritura.
  7. Queda por evocar un último elemento, o sea una práctica ideológica transhistórica que facilita una matriz específica a la producción de sentido ( la tradición literaria con sus clisés, sus reglas, sus ténicas…) El impacto de esta práctica es sin lugar a duda más inmediato y podemos pensar que participó de manera más activa que otros elementos en la impulsión de la dinámica genética (Cros, 1983). Algunos de estos aspectos atañen a uno o al otro de los dos textos y ya han sido correctamente estudiados, otros al contrario sólo los implican de manera complementaria o bien no han sido hasta ahora comentados. Observemos primero con Riley ( Riley, 1962 ) que, algo como ciento cincuenta años después de la invención de la imprenta, la literatura empieza a aparecer como un fenómeno social poderoso que ha generado un mercado ya bastante amplio del cual da fe precisamente la manera como viene difundido El libro del pícaro : mientras que la Primera Parte sale en 1599, su traducción al francés es editada al año siguiente lo cual constituye una verdadera hazaña; en 1606, sale la versión italiana de Barezzo Barezzi que inspira la traducción al inglés por James Mabbe en 1622 y la versión latina de Gaspar Ens en 1623 (Cros, 1967). Los problemas de la vulgarización de la imprenta ya han sido superados y la extensión del público se observa obviamente en las piezas liminares : en adelante los escritores se dirigen en sus prólogos no sólo al “discreto lector” sino también al “vulgo” o sea a “ la gente baxa o que sabe poco” (Covarrubias). Cualesquiera que sean las estrategias discursivas ocultadas detras de este encabezamiento ya asoma la silueta del futuro “gran público”. Este primer dato se articula con la actualidad de la crítica literaria al final del siglo XVI (Riley, 1962) y, en este contexto, con los debates sobre la posibidad de concebir una épica escrita en prosa. Don Quijote, como se sabe, aborda varias veces este tema y desde esta perspectiva, puede ser calificado de epopeya bufona. Guzmán de Alfarache al contrario no respeta este esquema ya que, en el corpus que tengo seleccionado, la línea divisoria correponde con el impacto de la Poética de Aristóteles, conocida en Italia a principios del siglo XVI y difundida más ampliamente a partir de 1548 por Robortelli. La primera traducción española es de 1626 pero el texto de Aristóteles viene comentado por López Pinciano en Filosofía antigua poética (1596). Cervantes, que vivió en Italia de 1564 a 1575, leía el italiano y tuvo muy posiblemente un acceso directo al texto. Por un lado pues la influencia de la Poética y la fascinación que ejerce la épica sobre Cervantes, por el otro El Libro del pícaro que acata estrictamente las normas de la retórica y del arte de la elocuencia (Cros, 1967). Entre los dos textos también el fin del reino de Felipe II, la subida al trono de Felipe III y un cambio radical en el ambiente de la Corte (Véase la fiesta de Carnestollendas en Valladolid en 1599).

No se podría imaginar orígenes más diversificados : Guzmán de Alfarache es la primera novela urbana y la ciudad es la protagonista típica de nuestra novela moderna como lo hacía observar Carlos Fuentes en una entrevista con Julio Ortega (“ porque es el lugar antinatural donde el género de la novela […] tiene que verse a sí mismo como un artificio…). En el Quijote al contrario prevalece la visión del campo : el campesino (que en Guzmán de Alfarache sólo aparece una vez y de manera fugaz y crítica) está en el centro del texto de Cervantes en el que además la dinámica social viene representada por la ascensión del campesino rico mientras que el narrador de Alemán privilegia el punto de vista de los mercaderes como vectores del proyecto de la burguesía (Cavillac, 1983 ). De abarcar juntamente los dos textos, podemos percibir en el trasfondo del texto cervantino la permanenecia de un modo de producción feudal falto de cualquier dinamismo y, como ya lo tengo notado, en las novelas intercaladas más especialmente, con la figura del campesino rico, los indicios precursores de su progresiva desaparición mientras que en el relato alemaniano sólo nos llegan las voces ruidosas de la ciudad y el bullicio activo generado por los modos de producción precapitalista y capitalista en las calles y plazas de las poblaciones. Contemplados por una visión sinóptica transcriben la totalidad de la formación social de su tiempo (Cros, 1984 b).

Sus respectivos índices de modernidad se nos presentan como literalmente invertidos : mientras que la escritura de Cervantes, aparentemente poco sensible al proceso de la historia, es sin embargo excepcionalmente moderna, la práctica discursiva de Mateo Alemán que, en otro plan, tiene una visión dinámica y profética de la historia (Cavillac, 1983), reproduce las normas de las artes poéticas medievales y de la retórica tradicional (Cros, 1967) … con una excepción sin embargo que no podemos pasar por alto : en efecto Mateo Alemán revoluciona las categorías aristotélicas con la introducción de la sermo humilis de san Agustín que rompe la rigidez de las clasificaciones de los estilos (alto, bajo y medio) oponiéndoles el mecanismo de la reversibilidad potencial de lo sublime y de lo humilde ( humilis/sublimis) a partir de la figura Crística (Dios/hombre). El impacto de la sermo humilis afecta las estructuras textuales y se nota en las circunstancias que construyen la instancia de enunciación ( un galeote que se presenta como “el atalaya de la vida humana”), en la interpelación recurrente por el yo narrador a un tú comunitario juntamente ”corpus christi” (sublimis) y “massa peccati” (humilis) o también - quizás sobre todo - con “este sintagma paradoxal”, la cumbre de todas las miserias” que desconstruye, invirtiéndola, la metáfora clásica de “el abismo de todas las miserias” y que sitúa la totalidad del itinerario de Guzmán “en una perspectiva ascendente, de las tinieblas abismales del pecado a las cumbres luminosas de la gracia” como lo escribe magníficamente Michel Cavillac (Cavillac, 1983, pags 84, 122 ). Esta reversibilidad que, de rebote, pone de manifiesto la trayectoria “del hombre abandonado al hombre nuevo” (Cavillac) transcribe de manera obvia el impacto genético de la sermo humilis. En la literatura profana española no existe, que yo sepa, un ejemplo anterior al texto de Alemán de tal recurso a la sermo humilis. Pero que tal deconstrucción de la práctica de escritura acompañe el nacimiento del género novelesco me parece representar un dato capital en la medida en que esta deconstrucción cancela la hipoteca que el decoro hacía pesar hasta ahora sobre la instancia de la enunciación y, borrando las jerarquías sociales, proyecta al narrador y al narratario en un espacio utópico de igualdad en el que en adelante acampará la ficción novelesca.

En el período que nos interesa no existe ningún término para designar aquello que más tarde se denominará novela. Las obras narrativas se titulan Historia..Retrato…Vida…Libro…etc…y este vacío es un indicio semiótico muy fuerte que significa precisamente que estamos en los albores de un modelo nuevo; nos señala en efecto que ninguna mirada crítica se interesa por las eventuales convergencias de todos aquellos textos a partir de las cuales se podría esbozar una poética. Sin embargo no pasa igual con la novela corta explícitamente reconocida como género por Cervantes en el prólogo a las Novelas ejemplares, cuando afirma, en 1613, que fue el primero en haber novelado en lengua española. No se le ocurre considerar como novela a Don Quijote. Hasta el siglo XVIII inclusive (Diccionario Español-Francés de Sobrino), el término de novela es sinónimo de patraña, cuento (Covarrubias) conseja (César Oudin) “fable, conte fait à plaisir” (Sobrino). Ni que decir tiene sin embargo que la novela corta ha participado en la aparición de la narrativa mayor : en Guzmán de Alfarache y en Don Quijote varias novelas cortas vienen intercaladas y tal sitemática se puede considerar como la inserción intartextual de un modelo, un punto de referencia con arreglo al cual la escritura viene a situarse, sin duda para mejor definir su especificidad.

Los puentes entre la novela corta y la novela atañen a la Poética. Veamos en efecto lo que dice el Diccionario de las Autoridades del término novela : “Historia fingida y texida de los casos que comúnmente suceden o son verisímiles”; la definición fluctúa entre dos nociones contardictorias: por una parte la ficción (“historia fingida”), por la otra la realidad (“cosas que comúnmente suceden”) y termina con un término medio, la verisimilitud (“ o son verisímiles”). Una idéntica contradicción se nota en la definición que da Covarrubias del término fábula : “Rematemos con que algunas veces damos nombre de fábulas a las cosas que fueron ciertas y verdaderas ( la realidad) pero en su discurso tienen tanta variedad que parecen cosas no acontecidas sino compuestas e inventadas de algún gallardo y lozano ingenio” (la ficción). Entre la realidad y la ficción, lo que permite pasar de la una a la otra atañe a la composición y a la disposición o sea a la retórica o/y a la poética [Cf “texer (Véase supra: historia finfida y texida …) metafóricamente vale componer, ordenar y colocar en método y disposición una cosa” Diccionario de Autoridades] Todas estas definiciones retoman, de otras formas, la oposición entre la Historia y la Poesía; o sea entre lo particular y lo universal o también entre lo que realmente ha sucedido (“ los casos que comúnmente suceden…, las cosas que fueron ciertas y verdaderas..”) y lo que podría haber sucedido.Juan de Mal-Lara alude a la necesaria colaboración de las dos nociones cuando en Descripción de la galera real del Ser° Sr Don Juan de Austria pinta una alegoría de la Retórica que tiene “en la una mano un libro abierto que es la Poesía de donde toma los colores de las palabras y en la otra otro libro que es la Historia de donde le vienen los colores de las cosas”.

Ahí está el punto de coincidencia entre la novela corta y la novela, sobre todo si se tiene en cuenta el que Mateo Alemán califica a su Libro del pícaro juntamente de fábula y de historia poética. Aludí varias veces a la importancia de esta noción de historia poética (Cros, 1967, 2001), la cual, en mi opinión, transcribe el sentimiento , compartido por muchos coetáneos, de que lo que está naciendo o está por nacer es algo que no se puede reducir a la sola Historia o a la sola Poesía. El mismo López Pinciano trata de conciliar los dos términos : “el objeto (de la poesía) no es la mentira, que sería coincidir con la sofística, ni la historia que sería tomar la materia al histórico; y no siendo historia, porque toca fábulas, ni mentira porque toma historia, tiene por objeto el verisímil que todo lo abraza” (López Pinciano, 1953, pág. I, 220).

Este neologismo aparentemente fraguado por Mateo Alemán es, para mí, la expresión más apropiada para definir la novela moderna.Cualquier relato novelesco es sin duda un discurso que sólo puede hablar del pasado pero en realidad hay que precisar de qué tipo de pasado se trata.. Distinguiré entre, por una parte, un pasado presentado y leído como algo que ha sucedido realmente, o sea un pasado que pertenece a la memoria colectiva y luego calificado de histórico, y, por otra parte, un pasado que puede haber ocurrido, presentado y leído como verisímil, el cual constituye la trama de la ficción. La relación con la Historia en la novela implica un vaivén entre estos dos tipos de materiales, lo cual nos remite a las distinciones arsistotélicas según las cuales la historia corresponde con lo que ha realmente sucedido, con el espacio de lo singular e individual mientras que la poesía al contrario atañe, en el campo de la ética, a lo que debe ser, o bien ,en el nivel de la representación de la diégesis, a lo que puede ser o haber sido e implica lo general y lo colectivo. La poesía atañe pues a lo posible. Lo posible se nos aparece, de esta forma , como una categoría capaz de ensanchar el campo de la representación de lo real en cuanto nos presenta, por extrapolar ciertas tendencias inscritas en las circunstancias concretas que justifican y explican la aparición del acontecer histórico, una continuidad y sucesividad distintas a las que han ocurrido concretamente. Sin embargo, las dos representaciones, la real y su doble que digamos, emergen de una misma totalidad y del mismo conjunto complejo de causas (Cros, 2001-b, págs 156-157);

Consta pues que la noción de historia poética permite superar las aparentes contradicciones que acabo de reseñar en la definiciones de novela y fábula por los distintos diccionarios, lo cual demuestra obviamente que dichas contradicciones han sido percibidas, o, por lo menos , interiorizadas, antes de que el cuestionamiento al cual se refieren haya sido rectificado por Mateo Alemán. El traductor francés Jean Chapelain reconoce esta rectificación cuando observa en su “Déclaration pour l’intelligence de ce livre” que, aunque es una ficción (“pièce poétique…fausse”), la historia que viene à continuación viene tratada de tal forma (“composition…façon de la traiter”) que desarrolla un encadenamiento de causas y consecuencias (“dont on rapporte tous les changements au vice et à la vertu..”) que reproduce la realidad de la vida cuotidiana (“il n’y a rien de si commun…”)

Or bien que l’auteur appelle cette pièce poétique, elle n’est poétique qu’en ce qu’elle est fausse, car en la façon de la traiter il n’y a rien de si commun afin que tu ne t’attendes pas de voir icy de grands accidents ni des événements inopinés et extraordinaires. Ce genre de composition qu’ils appellent le merveilleux, est à bon droit banni d’icy comme estant une histoire où l’on ne donne aucune part à la Fortune et dont on rapporte tous les changements et disgrâces au vice et à la mauvaise conduite seulement. (Chapelain, 1619)

El texto de Cervantes, a su vez, no deja de poner en tela de juicio las distinciones establecidas : todo el relato de las supuestas hazañas de don Quijote puede ser leído como una parábola que ilustra la supremacia de la historia como espacio de la verdad con arreglo a las mentiras de los libros de caballería y a las quimeras que éstos pueden generar. Pero su exaltación de “la verdad histórica” se compagina con el elogio a la mentira creíble:

Tanto la mentira es mejor cuanto más parece verdadera y tanto más agrada cuanto tiene de lo dudoso y posible. Hanse de casar las fábulas mentirosas con el entendimiento de los que las leyeren, escribiéndose de suerte que, facilitando los imposibles, allanando las grandezas, suspendiendo los ánimos, admiren, suspendan, alborecen y entretengan.( Don Quijote, P. I, c.47 )

En su estudio magistral E.C.Riley nota que Don Quijote no es historia ni tampoco Poesía : “su centro está entre las dos y las incluye a las dos” :

There is in the Quixote a practical solution to the problem which taxed the wits of italian theorists of Counter-Reformation : how to bring the universal and the particular into harmony[…] It is not history and not poetry : its centre is somewhere in between and it includes both of them. (Riley, 1962, págs. 177-178)

Llegamos, una vez más, a la misma conclusión : las categorías aristotélicas vienen cuestionadas y este cuestionamiento transcribe el fin de lo imaginario postmedieval debido al progreso alcanzado por las ciencias empíricas (Dubois, 1970)

Hemos dejado de lado hasta ahora un aspecto importante de cada uno de los dos textos y que se refiere al folklore, más especialmente al folklore carnavalesco cuya presencia en Don Quijote ha sido sacada a luz por Michael Bajtín (Bajtín, 1970, 1974). ¿ Qué significa, desde el punto de vista histórico, esta inserción? Recuerdo que las tradiones carnavalescas que originariamente pertenecen al campesinado han sido recuperadas, en toda Europa, por la burguesía urbana en los primeros decenios del siglo XVI. Este fenómeno corresponde con una fase del proceso histórico que impulsa la ascensión progresiva de la burguesía; ésta, en su lucha contra la aristocracia, lleva la ventaja en el plan económico pero tiene que seguir luchando en los planes político y cultural. Sin embargo, por carecer de memoria de clase, no tiene una cultura propria y se ve obligada a recuperar en provecho suyo las tradiciones populares o sea una cultura que no es la suya o de la cual se ha alejado progresivamente. La manera como funciona el material folklórico en el texto de Cervantes transcribe claramente esta usurpación (Cros, 1990).Eso no quita que este material, aunque redistribuido de manera específica en el Quijote, conserva la memoria de los trayectos semiótico-ideológicos originales que transcriben una visión del mundo irreductible al proyecto burgués y al contario concuerdan simbióticamente con la vivencia cuotidiana del campesinado. Estos trayectos organizan une serie de puntos de vista intratextuales que contemplan la sociedad “desde la otra orilla”, asumiendo por lo tanto la función subversiva de cualquier literatura carnavalizada.

Hagamos el balance de nuestras observaciones : cuestionamiento de los valores sociales y morales, y de las categorías aristotélicas, rectificación de las clasificaciones jerárquicas (sermo humilis), rechazo de la inverosimilitud debido al avance de las ciencias empíricas, inserción de otra mirada en el mismo seno de la instancia narradora…tales son las principales coacciones que emergen con el género novelesco y que todas corresponden con la manera como viene incorporada una totalidad impresionante de datos sociales. La novela se nos presenta por lo tanto como un material histórico incorporado de manera específica. Esta especificidad evoca para nosotros la desaparición de lo imaginario postmedieval y el advenimiento de un nuevo horizonte socioeconómico y sociocultural. En este plan no podemos dejar de notar que los dos protagonistas al final de sus existencias como personajes vienen a plasmarse en el molde de la figura poética del homo novus, trátese de Guzmán de Alfarache delincuente arrepentido visitado por la gracia o de Don Quijote que al morir abjura sus fantasmas y vuelve a ser don Quijano el bueno. Transcribiendo de este modo el rechazo del pasado, esta organización circular del relato no termina con un regreso a la situación inicial sino con un devenir distinto o, mejor dicho contrario de lo que fue y vector de valores nuevos como lo sugiere el conjunto de las connotaciones evocadas por esta figura poética. Este nuevo fenotexto (Cros,1983,1998) señala, en el nivel de la narratología, aquello que ya expresaban las distintas coacciones que acabo de sacar a luz o sea que adviene en la Historia algo radicalmente nuevo. Pero, a la vez, llama la atención sobre sí mismo y sobre el contraste que construye con otro esquema de la síntaxis narrativa es decir la organización relativamenre arcáica de los episodios ensartados. En efecto, cualesquiera que sean los méritos y el alcance de estas dos obras maestras nos consta que, en un primer nivel, la materia de la narración viene redistribuida las más veces sobre este último esquema : los capítulos que se suceden en cada relato desarrollan a través de modulaciones distintas y variaciones secundarias el mismo tema (los episodios delincuentes de Guzmán, las sucesivas manifestaciones de la locura de don Quijote) y pueden dar la impresión de no ser más que una sucesión de episodios inconexos. No se me escapa que, más allá de esta composición primaria, se puede observar una admirable progresión ( las evolucione respectivas de Sancho y don Quijote, la ascensión espiritual y el rescate de Guzmán). Dicha progresión, en los dos casos, anuncia la organizaci1on circular que caracteriza la novela moderna. pero la coexistencia de los dos esquemas, ya observable además en el Lazarillo, es otro índice del proceso de gestación que redistribuye los viejos modelos.

El núcleo genético en que se va fraguando la forma novelesca y vienen a deconstruirse los modelos anteriores (del romance burlesco al libro de caballería y a la novela, del Liber vagatorum a las patrañas etc…) es un espacio alimentado por tres fuentes mayores - la épica, la retórica y el folklore carnavalesco - y cruzado por las tensiones que suelen acompañar cualquier proceso histórico crucial. Su advenimiento es el producto de cierta fase de expansión de la burguesía pero ya en sus orígenes se nos presenta obviamente como un espacio conflictivo vector de un sistema de valores subversivos.

Edmond Cros

Institut International de Sociocritique

Bibliographie :

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Cavillac, M. Gueux et marchands dans Guzmán de Alfarache, 1599-1604- Roman picaresque et mentalité bourgeoise dans l’Espagne du Siècle d’Or, Bordeaux, Institut d’Etudes Ibériques et Ibéro-Américaines de l’Université de Bordeaux, 1983

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Cros E., 1984 b - ” Sur le caratère opératoire de la notion de formation discursive : le cas de Don Quichotte”, in Opérativité des méthodes sociocritiques, (Actes du Colloque organisé à Bruxelles par Ralph Heyndells), Imprévue, Montpellier, C.E.R.S, 1984-2, pp 129-145

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Dubois, C. G. Mythe et langage au XVIème siècle, Bordeaux, Ducros, 1970

Girard, R, Mensonge romantique et vérité romanesque , Paris, Grasset, 1961

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Bibliografía

Selección bibliográfica

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  • Ideología y genética textual, el caso del Buscón, Madrid, Planeta, 1980
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  • El sujeto cultural, Buenos-Aires, Corregidor, 1999
  • El sujeto cultural (nueva edición corregida y ampliada), Montpellier, CERS, 2002
  • El sujeto cultural (nueva edición corregida y ampliada), Medellín (Colombia) Fondo editorial Universidad EAFIT, 2002
  • Francisco de Quevedo, Historia de la vida del Buscón ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, edición de Edmond Cros, Madrid, Taurus,Temas de España, sección de clásicos, n°181, 1988
  • Francisco de Quevedo, Historia de la vida del Buscón ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, edición de Edmond Cros, Madrid, Taurus, Clásicos Taurus, 28, 1995
  • Francisco de Quevedo, Historia de la vida del Buscón, edición de Edmond Cros, Madrid, Ollero y Ramos, Clásicos comentados 2002
  • El Buscón como sociodrama, Granada, Editorial Universidad de Granada, 2006
  • «Sociología de la literatura» in Textos de teorías y crítica literaria (Del formalismo a los estudios postcoloniales literaria) Selección y apuntes introductorios por Nara Araujo y Teresa Delgado, Universidad Autónoma Metropolitana, México/ Universidad de La habana, México, 2003, pp. 671-698
  • Para una bibliografía más completa (Estudios anteriores a 1997) véase: Monique Carcaud- Macaire (édit.), Questionnements des formes, Questionnement du sens, Pour Edmond Cros, Montpellier, CERS, 1997, 2 Tomes [ Bibliographie: T. II, pp. 1023-1032]

Cultura y mundialización

La evolución del ideologema «cultura» transcribe elesvanecimiento de las burguesías nacionalistas y el cuestionamiento que afecta los fundamentos de su discurso ideológico.

Nuestro Congreso nos invita a examinar las relaciones que existen entre la cultura y la mundialización, lo cual a primera vista parece suponer que los contornos de las prácticas culturales están sufriendo, o no pueden dejar de sufrir en adelante, una serie de rectificaciones debidas al impacto del proceso de mundialización que se está desarrollando. El cuestionamiento se duplica en la medida en que debemos, primero que todo, tratar de definir las dos nociones o supuestas nociones que son o que serían la cultura y la mundialización antes de precisar sus sentidos y sus significados, doblete corrientemente empleado que sugiere, a mi modo de ver, que el sentido no es el significado, o sea que la significación de un vocablo no es lo que aparenta ser. ¿De qué se trata pues?

Cada uno de nosotros vive rodeado por un universo de vocablos en el que está totalmente y profundamente inmerso. Hemos interiorizado este universo y éste funciona como un velo de mediación que nos permite nombrar y por lo mismo reconocer la realidad o, mejor dicho, lo que creemos que es la realidad. Solemos dar por cierto que este universo semiótico es algo estable y, que digamos, perenne. Dicho de otra forma, actuamos y hablamos de manera no-consciente como si los vocablos que utilizamos en nuestra vida cuotidiana hubieran existido siempre y no cambiaran.

Sin lugar a duda, parte del vocabulario de una lengua se va perdiendo, surgen nuevas expresiones y la lengua se renueva constantemente. Es ésta una primera forma de renovación, la más fácilmente perceptible, que da cuenta de las modificaciones que intervienen en la infraestructura pero dichas modificaciones trastornan la semántica de otra forma mucho más solapada y de manera más radical. Es ésta la que me va a interesar.

En este caso, no cambian los significantes pero el sentido de los significantes sí evomluciona más o menos bruscamente o más o menos solapadamente. Como el Arcipreste de Hita comemos cada día pan pero el pan del Libro de Buen Amor no era exactamente el nuestro. En un ensayo anterior recordé la definición que Covarrubias da del item “trabajo”: “el cuydado y diligencia que ponemos en obrar alguna cosa, especialmente las que son manuales que por eso llamamos trabajadores a los que las exercitan”, definición que nos remite a la vez al campo de la ética y al campo del materialismo dialéctico en la medida en que evoca de manera absolutamente sorprendente el valor de uso que K. Marx opone al valor de cambio. De todas formas, esta definición dista mucho de lo que entendemos por “trabajo” en los días actuales. Supongo que podríamos hacer observaciones similares a propósito de gran parte del vocabulario que estamos manejando. cada día. Es evidente también que el término de “trabajo” no significa lo mismo para el desempleado, el jubilado, el ejecutivo de una empresa multinacional, el obrero, el funcionario, el policía, el deportista, el estudiante, el alumno, el profesor, el político, el abogado, el juez, el clérigo etc. Descartaré de momento estas representaciones generadas por la palabra en los respectivos sujetos transindividuales de un mismo período histórico. Lo que me interesa ahora en efecto es, por una parte, lo que un vocablo significa generalmente en la vida cuotidiana y, por otra, la manera cómo él se inserta en unas formaciones discursivas sucesivas, en la diacronía : qué adjetivos se le adjunta, con qué expresiones se le asocia, en qué práctica semiótica está empleado y en qué ocasiones etc. Esta reconstitución diacrónica de lo que ha significado un vocablo en las diferentes épocas del pasado resulta difícil y por lo mismo discutible por demasiado aproximativa ya que la precisión de esta significación depende de varios factores individuales y colectivos, pero se suele considerar que nos podemos fiar de las acepciones que proponen los diccionarios históricos por lo menos para tener una idea de su sentido.

Más allá de este universo de significantes supuestamente perenne y estable a primera vista, el flujo de la historia no deja nunca de moverse, ocasionando distorsiones entre significantes y significados. Los neologismos no son suficientes ni el renuevo perpetuo de la lengua para colmar estas brechas. Los referentes cambian pero la lengua no puede cambiar constantemente la red de significantes para adaptarse a las rectificaciones que afectan a los referentes. El continente del significante se aleja constantemente del continente del significado a más o menos alta velocidad con arreglo al ritmo del Todo histórico. Es evidente que este juego que se instala entre los dos espacios se presta a toda clase de manipulaciones, equívocos, confusiones o polémicas. Por lo general, dichas rectificaciones no son suficientemente evidentes para que las podamos percibir de inmediato o a corto plazo. No pasa lo mismo con las expresiones o las palabras que se refieren a los puntos clave de la vida social, entendida en un sentido amplio, o a las supuestas nociones encargadas de reproducir el conjunto de los valores morales o sociales. El proceso de rectificación semiótica es tanto más fuerte cuanto más en disputa está una problemática cuyo soporte aparente no es nada más que una palabra. Ciertas palabras en efecto condensan y cristalizan que digamos los grandes cuestionamientos que agitan una sociedad en un momento determinado de su inserción histórica. Tal es el caso en mi opinión de las dos palabras que nos interesan en este congreso.

Para mejor entender cómo funciona este proceso de rectificaciión remito a la manera cómo se puede desarrollar un abanico o abrir las páginas de un libro. Si abrimos de esta forma la portada de un vocablo vemos que éste se presenta con dos tipos de estructuraciones, una estructuración semántica y una estructuraciones de valores. Cualquier alteración que afecte a una de estas dos estructuraciones desestabiliza el sistema semiótico privativo de la palabra implicada, vaciando a esta palabra de todo contenido semántico antes de re-estructurarse y generar un ideologema o un nuevo ideologema. En adelante, este ideologema va a infiltrarse en el discurso social y funcionar en este discurso social como una placa giratoria que redistribuye en todas las prácticas semióticas su contenido que ya ha venido a ser esencialmente ideológico. (Sobre esta definición del ideologema, véase Cros 2003) Véamos lo que pasa con la “noción” de cultura.

El término no existe en el diccionario de Covarrubias (1611). Sólo vienen los ítemes cultivar y culto. Dice Covarrubias de cultivar: “Propiamente es labrar la tierra para que dé fruto, a colendo. Cultivado, cultura, agricultura. Cultivar el ingenio, exercitarle, a verbo colo, colis.” y de Culto: “Viene del verbo colo que sinifica pulir y adornar; así que el lenguaje culto es un modo de hablar bien trabajado y cultivado para el púlpito, digno de las materias altas y divinas que en él se predican, apacible al oído, honesto y casto, no mal sonante ni descomedido.”

Interesante es notar que el vocablo cultura que, a principios del siglo XVII, no parece existir todavía, va a surgir más tarde, convocado por el adjetivo culto, en el contexto de la oratoria sagrada y de una serie de valores morales (la castidad, la honestidad, la mesura) privativos de ”la gente honrada”.

En el Tesoro de las dos lenguas española y francesa de Caesar Oudin, de la misma época (la primera edición es de 1607), cultura está traducido por “:labourage, culture, cultivement” y, luego, parece excluir el empleo metafórico que sin embargo está presente en el caso de culto (“Culto por labrado: élaboré, orné, poly, accoustré proprement””). Caesar Oudin no conoce pues el término de culture en su sentido metafórico y la serie de sinónimos que propone por culto, aunque algo distinta de la serie de Covarrubias, incluye un adjetivo interesante (vestido con elegancia) que remata la descripción del grupo social al cual se atribuye la calidad de ser culto.

En el Dictionnaire de la langue française classique de J. Dubois et R. Lagane (Paris, Belin, 1960), que presenta el vocabulario vigente en el siglo XVII, viene el verbo cultiver con un solo sentido:” Entretenir de bonnes relations avec quelqu’un.”

En el Diccionario de la Academia de 1724 está reseñado el vocablo cultura y definido de la forma siguiente: “metaphoricamente es el cuydado y aplicación para que alguna cosa se perficione: como la enseñanza en un joven para que pueda lucir su entendimiento.”También está señalado «cultivo»con un sentido algo parecido:”metaphoricamente es la disposición de los medios para que alguna cosa llegue a su entera perfección.”En cuanto a culto, dice: ”se aplica regularmente al estilo puro, limpio, terso y elegante y al que le usa.- Por abuso se aplica al estilo afectado y a la persona que usa de voces peregrinas y poco intelegibles, huyendo de la pureza que debe tener un buen estilo”.

Francisco Sobrino, en su Diccionario Nuevo de las dos lenguas española y francesa (1733), no difiere de estas definiciones, cuanto menos que confiesa utilizar el diccionario de la Academia. Hay que observar sin embargo que Sobrino no menciona el francés «culture» en su sentido metafórico. En efecto, en la Primera Parte (español/francés) dice: “Cultura, “ metaph: le soin et application de perfectionner quelque chose.”Cultura:” culture, labourage.” [ Culture se entiende aquí como sinónimo de” labourage” ya que, si no fuera el caso, el sentido metafórico hubiera sido mencionado en el item anterior]“estilo culto:” manière de parler affectée et obscure”, “manière de parler nettement et élégamment.”“culto:” enseigné, instruit” En la Segunda Parte (francés/español):“cultiver en parlant des terres : cultivar, cultiver des plantes, des arbres, des fleurs: cultivar plantas, árboles, flores.”“Culture : façon qu’on donne aux terres, aux vignes.“

Cuando sale por primera vez en un diccionario en el siglo XVIII, el vocablo cultura reproduce pues fielmente, a nivel de la metáfora, su etimología; remite a una actitud moral y a una acción que está en servicio de la perfección. Me llama la atención lo parecido de esta definición con la definición que Covarrubias da del ítem ‘trabajo’ ([ “el cuydado y diligencia que ponemos en obrar alguna cosa \ ” el cuydado y aplicación para que alguna cosa se perficione”] : el trabajo y la cultura se nos presentan como dos modalidades de una misma virtud que sería indiferentemente el cuidado, la diligencia o la aplicación en servicio de la perfección. Su entorno semiótico viene abalizado por los adjetivos que definen culto : “puro, limpio, terso y elegante” pero proyecta también a un medio ambiente específico: “…terso y elegante y al que lo usa ”, lo cual conforta las observaciones de Caesar Oudin ( accoustré proprement” o sea: “vestido con elegancia”), que remite a una élite socioeconómica. El adjetivo culto, por otra parte, se ha desplazado del campo de la práctica religiosa al campo (nada alejado además en aquella época) de la educación , mientras que culto pasa de la práctica oratoria a la práctica literaria escrita.

En el siglo XX, (a mediados del siglo XX), el sema del mejoramiento se sustituye al sema de la perfección en el Diccionario analógico de Julio Casares en el que la cultura viene definida como: ”1-Mejoramiento de las facultades físicas, intelectuales y morales del hombre”. Ésta es la primera rectificación importante en la medida en que, con esta modificación, pasamos del plan de lo absoluto y de la ética al plan de lo relativo y del empirismo. Ya han desaparecido los últimos enlaces explícitos que ligaban la “noción” de cultura con el campo de la religión y de lo sagrado. Más importante sin embargo es lo que sigue. Prosigue en efecto Casares: “ 2-Resultado de este mejoramiento en el individuo y la sociedad.”, definición que se encuentra también además en el Diccionario de la Academia (ed. de1947): “Resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de afinarse por medio del ejercicio las facultades intelectuales y morales” y que se repite en el Diccionario de María Moliner aunque en este caso podemos observar algunas formulaciones específicas que examinaremos más adelante. Dice Moliner: “-conjunto de los conocimientos no especializados adquiridos por una persona mediante el estudio, las lecturas, los viajes etc.”

Hasta ahora la cultura se entendía como una virtud aplicada a construir un ideal de perfección; estaba orientada hacia un algo ideal que quedaba por edificar pero ahora, en el siglo XX, es algo ya edificado, ya construido cuya existencia precede al surgimiento del sujeto como tal. En adelante, en las democracias burguesas, la cultura va a funcionar como una realidad primera. Se le podría aplicar la fórmula utilizada por Althusser referente a la ideología y afirmar que ella me interpela como sujeto, fórmula que equivale, de hecho, a plantear la cuestión del advenimiento del sujeto y de su alienación por un ya/aquí ideológico, inscrito tanto en las prácticas sociales e institucionales como en el lenguaje.(Véase Cros, 2003)

Regresando a las definiciones de María Moliner, se nota con la mayor nitidez cómo el sistema semiótico-ideológico de la palabra resulta radicalmente transformado no sólo por la perversión del sistema que acabamos de ver sino también en otros aspectos. Las virtudes morales (aplicación, diligencia, cuidado, perfección) han desaparecido, sustituidas por el conocimiento, el estudio y la experiencia. Pero ella prosigue en el apartado siguiente: -”Conjunto de los conocimientos, grado de desarrollo científico e industrial, estado social, ideas, arte etc. de un país o una época. La cultura clásica. La cultura moderna.” Para mejor entender el alcance de este apartado remito a lo que propone Emile Littré en su Diccionario, de 1866: después de tres definiciones que se refieren, de una forma u otra, al cultivo agrícola, termina con una cuarta que dice brevemente lo siguiente: “La culture des lettres, des sciences, des beaux-arts”. Sobre este pasaje de Littré, dos observaciones: 1- la importancia mínima que concede a la acepción metafórica sugiere que el vocablo tiene, en su época, un índice de recurrencia relativamente bajo por lo menos si se compara con la recurrencia que presenta en los días actuales; 2- mientras que Littré sólo menciona los campos de conocimiento, Moliner, un siglo más tarde, evoca los conocimientos especializados o no especializados y el grado de desarrollo científico e industrial. En esta última parte de la definición, asoma la valoración de la producción industrial y del mercado mientras que, originalmente, nos estábamos moviendo en el campo de lo sagrado y de la ética. Pero este mismo apartado 2 de Moliner introduce otra dimensión cuando hace constar que en el siglo XX se entendía una cultura como privativa de un país o de una época. Efectivamente, una cultura, tal como se entiende el vocablo hoy en día, sólo existe en la medida en que se diferencia de las demás y sus límites vienen señalados por un sistema de diferenciación, cualesquiera que sean las divisiones y la tipología adoptadas (culturas nacionales, regionales, de clase etc.)

No pasemos por alto el último apartado: [ “-Se ha propuesto, sin que haya llegado a cuajar la idea, una distinción entre “cultura” y “civilización”, aplicando la primera palabra al grado de perfeccionamiento social o de las relaciones humanas y reservando la segunda para el progreso científico y material.”] que, a primera vista, contradice el contenido del apartado anterior en el que la cultura viene definida como el “conjunto de los conocimientos, grado de desarrollo científico e industrial[…] de un país o una época.” Esta definición en efecto, según el último apartado, correspondería pues a la ”civilización”. En realidad, no se trata de una contradicción sino de una ambigüedad significativa que da cuenta del proceso de deconstrucción semántica e ideológica que está operando, en la medida en que coexisten en algunas líneas, por una parte algo de la visión original humanista en la que se enraizó la “noción” a principios del siglo XVIII (“aplicando la primera palabra al grado de perfeccionamiento social o de las relaciones humanas…”) y, por otra, una dimensión materialista que ya se nos presenta como hegemónica y que relaciona explícitamente la cultura con el “desarrollo científico e industrial”.

En el Diccionario de María Moliner aparece pues perfectamente cuajado el ideologema cultura que operó a lo largo del siglo XX hasta, más o menos, el decenio de los ochenta, sin que, de momento, me parezca posible determinar con precisión el momento de su aparición. Un ideologema cuyo sistema semiótico: 1- presenta la cultura como un espacio preexistente al sujeto, con las consecuencias que evocaba yo más arriba, o sea la interpelación del sujeto por un ya/aquí (la adquisición en efecto implica la preexistencia de lo que se adquiere). Insisto en esta diferencia radical con arreglo a la definición dada en el siglo anterior, en la que se presentaba la cultura como una virtud aplicada a la búsqueda de un ideal de perfección. 2- Se estructura en torno a los semas de la instrucción, del progreso y del desarrollo industrial. En este plan, se notará entre Emile Littré y María Moliner o sea, más o menos en un siglo, la desaparición de los campos de la literatura y de las bellas artes así como la reducción de la concepción de las ciencias al “desarrollo científico e industrial” o al ”progreso científico y material”. Los tres semas puestos en escena aquí abalizan un horizonte fácil de identificar como el transfondo de la historia de nuestras sociedades desde la segunda mitad del siglo XIX (a partir del positivismo) hasta la segunda guerra mundial aproximadamente. 3- A pesar de que distingue dos niveles - el individual y el colectivo ( una persona, un país, una época) - pone de relieve y valora especialmente el sema de la diferencia; 4- relaciona la “noción” de cultura con la élite. Esta característica se puede descifrar también en el entorno semiótico del ideologema, con la definición del adjetivo culto que da el mismo diccionario:“Culto: ( ilustrado, instruido) Poseedor de conocimientos aprendidos por el estudio, la lectura. Aplicado a países en posesión de una cultura adelantada. Se aplica a las palabras o expresiones cultas usadas por personas cultas o en lenguaje literario; específicamente a las palabras o expresiones adaptadas del latín o el griego a un idioma que no han sufrido las modificaciones de la derivación popular.”[Más explícita todavía es esta concepción en el Diccionario analógico en el que Casares levanta la lista de las analogías siguientes: cultura, civilización, progreso, adelantamiento, mejoramiento, perfección (Instrucción etc. V. Enseñanza),sabiduría,ciencia,arte, cortesía, costumbres, luces, ilustracón helenismo, hispanidad, indigenismo, intelectualidad]

La distancia que separa, para un mismo significante, su contenido semiótico -ideológico original de lo que ha venido a ser, al final del siglo XX es, sin lugar a duda, impresionante. Pero hay que observar que el sistema de este ideologema, es, en el mismo proceso de sus rectificaciones, una construcción histórica en la que queda almacenada la memoria de la evolución socio-económica de nuestras sociedades. Se levanta en efecto sobre las fases sucesivas de una revolución tecnológica y científica así como sobre nuevas extensiones del capitalismo que han suscitado el mito del progreso debido al desarrollo de la ciencia y de la racionalidad aplicada a la producción, mito elaborado a partir de la filosofía positivista. a mediados del siglo XIX y que se ha prolongado más allá del final de la segunda guerra mundial. A lo largo de este período, se ha fortalecido el concepto de Estado-Nación que llega a su apogeo con el papel de regulador que le confiere Keynes en el plan económico y que está en servicio de los intereses económicos de las burguesías nacionales, manteniendo las barreras aduaneras, el orden y el respeto a la propiedad privada. En este contexto, la cultura cuya representación se estructura, como lo vimos, en torno a un sistema de diferenciaciones, desempeña un papel céntrico en la necesaria construcción de la cohesión y de la conciencia de una identidad nacional, sobre el esquema manifiesto de: «nosotros (lo andaluces, los españoles, los franceses etc.) somos todos semejantes pero distintos a nuestros vecinos o a las demás nacionalidades.» En efecto, la cultura, tal como la hemos entendido y la entendemos todavía, es el espacio ideológico cuya función objetiva consiste en enraizar una colectividad en la conciencia de su propia identidad. Repítámoslo: sólo existe en la medida en que se diferencia de las demás. Asume el papel objetivo de baluarte contra la doble amenaza que representan los elementos supuestamente antisociales en el interior y las eventuales y siempre posibles agresiones desde fuera, por lo cual se presenta a la vista como el sistema de representaciones más apropiado a la defensa de los intereses de las burguesías nacionales que imperan en las épocas correspondientes. En otro plan, funciona como una memoria colectiva que sirve de referencia y por consiguiente es vivida oficialmente como guardiana de continuidad y garante de la fidelidad que el sujeto colectivo debe observar para con la imagen de sí mismo que de este modo recibe. Como representación de algo que sería una esencia nacional o, de todas formas, colectiva, la cultura es el campo donde lo ideológico se manifiesta con mayor eficacia, tanto más cuanto que se incorpora a la problemática de la identificación donde la subjetividad es conminada a sumergirse en el seno de la misma representación que la aliena.

Desde hace más o menos tres decenios, este ideologema ha venido a ser sin embargo un espacio de disputa y polémica. Como sistema semiótico-ideológico resulta totalmente desestabilizado: en efecto, su estructura básica organizada en torno al concepto de diferenciación se ve puesta en tela de juicio ya que al vocablo “cultura” se le adjunta un adjetivo (“cultura mundial”, “cultura industrial”) o un determinante (“cultura de masas”) semánticamente contradictorios con las nociones de “especificidades” u “originalidades” que hacen que una cultura determinada sólo existe como tal por ser distinta a las demás. Desde este punto de vista, la defensa que hace el gobierno francés de la “excepción cultural” es emblemática, ya que lo que se reivindica en esta postura es la salvaguardia de las culturas nacionales. Se trata de impedir la mundialización de la cultura. Y, en efecto, no tiene sentido hablar de una cultura mundial ya que el sema de la diferenciación es incompatible con el proyecto de globalización. Por lo mismo, visto a través del ideologema que nos interesa (todavía vigente, aunque discutido) proponer una cultura mundial es en realidad proponer la muerte de cualquier cultura o, por lo menos, la negación de lo que es ( o lo que era) ésta hasta ahora y desde el siglo XVIII. Desprovistos sucesivamente, primero de su dimensión sagrada y luego, de su dimensión simbólica colectiva, los objetos y las prácticas culturales ya se nos presentan como atrapados en la red mercantilista y totalmente cosificados. Lo que nos amenaza entonces no es nada menos que la desaparición del nivel simbólico con todas las consecuencias que esta desaparición puede provocar en la imaginación del sujeto y en la vida social.

Esta desestabilización transcribe el relajamiento de los lazos de sujeción nacional: las sociedades industriales resultan cada vez más integradas en la economía mundial y las clases dominantes ya no tienen por qué interesarse por el bienestar colectivo a nivel de la nación. Ya se nota cuán claramente las rectificaciones sufridas por las estructuras del ideologema - en este caso, la pérdida de las representaciones de los lazos cívicos y nacionales - transcriben el desvanecimiento del poder de las burguesías nacionales en provecho de una verdadera burguesía mundial que está surgiendo.

Estamos pues en un momento de transición en donde coexisten el ideologema del siglo pasado y el proceso de su deconstrucción, lo cual facilita todo tipo de manipulaciones. A nivel explícito, lo que está en disputa es el alcance y el valor simbólicos de la cultura, frente a una concepción esencialmente mercantilista que la transforma en un producto de consumo, como los demás. Sin lugar a duda, así es en la realidad pero detrás de estas posturas se juega un enfrentamiento mucho más complejo y radical. Esta difracción entre el funcionamiento del ideologema y el funcionamiento del proceso de su deconstrucción, más allá de la portada lisa, inocente, y tranquilizadora del vocablo “cultura”, transcribe por lo mismo una de las fases más importantes del enfrentamiento geopolítico de la historia contemporánea.

Primero, un enfrentamiento de intereses económicos entre Europa y Estados Unidos. La cultura, en efecto ha venido a ser, merced a los enormes progresos técnicos de las comunicaciones y multimedias una fuente de acumulación considerable. Según la ONU, el volumen de los intercambios internacionales en este campo se ha incrementado, entre 1980 y 1991, de sesenta y siete a doscientos mil millones de dólares. En los Estados Unidos, la cultura es el sector más remunerador de las exportaciones del país (más de treinta mil millones de dólares en 1997). La industria del cine en los Estados Unidos cobraba, en 1998, el 50% de sus ingresos del extranjero (30% en 1980) y poseía el 70% del mercado europeo (56% en 1987), el 83% del mercado latinoamericano y el 50% del mercado japonés. Las películas extranjeras proyectadas en los Estados Unidos representan sólo el 3% del mercado. Y las concentraciones de las actividades culturales en torno a unas pocas empresas se aceleran tanto en la industria del cine como en la prensa o la televisión (Houtart, 2005,pp.79-80)

Estrechamente relacionada con este primer aspecto es la rectificación programada de los contornos del concepto de Estado-Nación cuya esencia, como lo vimos más arriba, está transcrita en el sema de la diferencia que constituye la estructuración céntrica del ideologema. Este sema implica una toma de concienca de una identidad nacional, constantemente revivificada en las prácticas culturales vigentes en todos los campos de la vida social de una colectividad determinada. Este elemento afecta las capas más profundas del sujeto en la medida en que éste se construye a sí mismo, en gran parte, en torno al punto de referencia vital que representa el sentido de pertenencia que constituye a nivel simbólico. Es verdaderamente éste, por lo mismo, un punto neurálgico que los discursos políticos explotan con efectos máximos, como lo acabamos de averiguar en las polémicas que se han desencadenado recientemente con ocasiones múltiples (campañas para la ratificación de la constitución europea, para preservar la concepción de los servicios públicos, “modelo europeo” de las relaciones sociales, o defensa de los componentes naturales del queso “fermier” francés hecho con leche no esterilizada etc. ). En todos estos casos, cuando se maneja el concepto de excepción, lo que está en disputa, no es nada más que el sema de la diferencia o sea que coincide con la defensa del contenido ideológico del ideologema.

Pero, precisamente, el Estado-Nación es uno de los últimos obstáculos que se levantan frente a la progresión triunfante de la globalización. En la fase anterior de extensión del capitalismo, la principal contradicción del sistema era la tendencia permanente a la surproducción (o al subconsumo) debida a la inadecuación entre el salario y el reparto del producto social. Bajo la influencia de Keynes, se resolvió parcialmente el problema recurriendo a la intervención política para proteger la paz social, necesaria para aumentar la producción y, luego, el consumo de masa. El Estado intervenía como regulador o árbitro en las negociaciones entre los sindicatos y el patronato. Ahora sin embargo el proceso de la mundialización y el control unilateral por parte de los monopolios técnicos y financieros de los centros dominantes tienden a aniquilar los efectos de las políticas nacionales. (Véase Houtart, p. 20) “La característica principal, escribe François Houtart, es que hoy en día, el espacio de la gestión de la acumulación ya no corresponde con los espacios sociales y políticos.” (ibid., p. 22) Las posibilidades de intervención del Estado son cada vez más limitadas. Aunque las empresas transnacionales necesitan instituciones que por una parte garanticen la propiedad y el orden y, por otra parte, se hagan cargo de las infraestructuras, su estrategia consiste en limitar en todo lo posible las intervenciones del Estado y obtener que éste se desista de las responsabilidades que le incumbían hasta ahora en el sector de los servicios públicos (educación, salud, transportes públicos, energía, correo), para tener nuevos campos de explotación en donde invertir. Escribe Riccardo Petrella, que “Una de las mayores características en la evolución de las sociedades europeas desde los anos setenta es el desmantelamiento graduado pero sistemático del contrato social en cuya base se edificó el Welfare State, una de las mayores conquistas sociales en la historia de la civilización occidental, o sea el seguro social como expresión de la solidaridad entre humanos y de la efiacacia del sistema mixto subyacente. El desmantelamiento del contrato social es muy avanzado en todos los países de la Unión europea.” (Citado por Houtart, p. 28) Por algo, el discurso de las corrientes neoliberales aboga por “menos Estado”y por la destrucción del “Estado-providencia”, tomando el pretexto de la deuda pública y la necesaria adaptación a las exigencias del mercado.

La disolución de la dimensión colectiva en la construcción de la identidad del sujeto tiene algo que ver con algunas características atribuidas a la llamada post modernidad o mundialización y señaladas por G. Bois tales como ”la desustanciación de la democracia” [ “la crisis de la política de partidos, papel creciente del dinero en la vida política, cuestionamiento de alternativa real entre derecha e izquierda, papel dirigente de los medios de comunicación, conversión del ciudadano en consumidor y mero espectador etc.”] ( Bois 2003, citado por Chicharro, 2005, pp..27-28) o “la disolución del lazo cívico y social” (Ibid.)

Lo que me llama más especialmente la atención es la coherencia objetiva que se va construyendo en este momento histórico en el que vivimos entre varios elementos que, a primera vista, se podrían considerar como simples epifenómenos: cuestionamiento del papel del “Estado-Providencia” y hasta del Estado-Nación, rectificaciones de la noción de cultura, demolición de las barreras aduaneras, descomposiciones de ciertas entidades nacionales, reagrupaciones de otras etc. Sin embargo, esta convergencia no es casual sino el resutado de la lógica del sistema que se va extendiendo desde el decenio de los ochenta del siglo pasado y que hemos nombrado sucesivamente postmodernidad, transmodernidad y ahora, de manera mucho más clara, mundialización o globalización. (Cros, 2003) Tales son las palabras en efecto que venimos usando para designar la última fase de expansión del capitalismo pero ¿qué realidad se oculta detrás de la palabra?

Sería muy ingenuo pensar que nos estamos encaminando hacia la construcción de una sociedad mundial de fraternidad donde se compaginarían ”la eficacia del mercado y la generosidad social” y reinaría una especie de auténtica “democracia planetaria”? Con estas etiquetas verbales escribe Antonio Chicharro en El corazón periférico (Chicharro,2005, pp. 25-26), tratamos de reconocer el

“proceso dominante en torno al cual se ordena la mayor parte de las transformaciones del mundo contemporáneo, en todas sus esferas de actividad, tanto materiales como culturales. Dicho proceso apareció a los comienzos de los años ochenta (con raíces naturalmente más antiguas) y no ha dejado de acelerarse después. Obtiene su fuerza en la convergencia de sus diversos resortes o procesos constitutivos (económicos, políticos culturales) y conduce al alumbramiento de una nueva sociedad postmoderna de caracteres radicalmente nuevos.” (Bois, 2003, p. 3, citado por Chicharro)

Este proceso pasa primero por la interpenetración económica que desconoce las fronteras tanto en el sector de los procesos de producción como en la comercialización, la financiación o la investigaciión científica. Un economista de Harvard, Robert Reich refiere varios ejemplos de dicha interpenetración que opera en todas las fases de la fabricación: así es como un coche deportivo, financiado por Japón, diseñado en Italia, y armado en el estado de Indiana (USA) México y Francia, lleva los más recientes componentes electrónicos concebidos en el estado de New Jersey y fabricados en Japón. (Citado por Houtart, 2005, p.18). En cuanto a las imbricaciones de empresas, Reich señala también que, a principios de 1991, el japonés Mazda produce coches de marca Ford Probe en la fábrica de Mazda en Flat Rock (estado de Michigan). Parte de la producción se exporta a Japón donde se vende con la marca de Ford. Otro vehículo concebido por Mazda se fabrica en la fábrica de Ford en Louisville (estado de Kentucky) y después es vendido en los depósitos de Mazda en los Estados Unidos. Nissan concibe un nuevo camión en San Diego (California): los camiones se arman en una fábrica de Ford en el estado de Ohio, con piezas de recambio fabricadas por Nissan en una fábrica de Tenessee y luego comercializadas por Ford y Nissan en los Estados Unidos y en Japón. Pregunta Reich: “¿Quién es Ford?¿ Nissan? ¿Mazda?” (Ibid.) El mismo estudioso precisa, referente a la nacionalidad de los obreros, que, en 1990, el 40% de los asalariados de la IBM son extranjeros y va creciendo esta proporción. Por otra parte, la mayoría de los 43.5000 asalariados de la Whirlpool que trabajan en 45 países diferentes son no-americanos. De las 40.000 personas que emplea la Seagan Technology, 27.000 trabajan en Asia. Sin lugar a duda podríamos multiplicar los ejemplos.

Con esta sencilla y rápida observación regresamos a lo que decíamos, más arriba, del desvanecimiento de las burguesías nacionalistas y del cuestionamiento que afecta los fundamentos de su discurso ideológico, tal como estaban grabados en el ideologema que nos interesa.

Pero ¿qué está pasando con este ideologema? Hemos visto que coincide de momento su funcionamiento con el funcionamiento del proceso de su rectificación, lo cual significa que lo que estaba y sigue transcribiendo se pone en tela de juicio y se cuestiona. Mientras tanto, el significante sin embargo circula en todas las prácticas semióticas ( cultura industrial, cultura de empresa, cultura del rap, cultura del internet etc.) y, las más veces, circula ya vaciado de su signifido anterior que se articulaba con un momento histórico determinado.Ya está atrapado en la red del campo léxico del mercado en busca de nuevas formas de estructuraciones.

(Conferencia leida en el Congreso de la Asociación Andaluza de Semiótica, Jaen, nov. 2005)

BIBLIOGRAFIA

Bois, G.(2003), “A favor de una aproximación histórica a la mundialización”, Izquiera y futuro,3, pp.3-4

Chicharro, A. (2005), El corazón periférico. Sobre el estudio de Literatura y sociedad, Granada, Universidad de Granada, Biblioteca de Bolsillo

Cros, E. (2003), “Para una nueva definición del ideologema” in El sujeto cultural. Sociocrítica y Psicoanálisis, Medellín, Colombia, Fondo Editorial Universidad EAFIT

Houtart, F., (2005) Délégitimer le capitalisme. Reconstruire l’espérance, Bruxelles, Colophon,

De la Independencia a los años 1960 en América Latina : los avatares de las conciencias de las identidades nacionales y culturales *

Este tema abre un campo de investigaciones muy amplio y complejo. Implica en efecto unos espacios heterogéneos sometidos a diferentes procesos que no han evolucionado al mismo ritmo y diversos estratos étnicos que no tienen la misma historia ni el mismo idioma ni, por lo mismo, la misma memoria colectiva. Tratar de abarcarlos a todos dentro de una visión global implica que tal diversidad se organice sin embargo, en última instancia, en torno a ciertas constancias o sea en torno a un encadenamiento de causas y efectos históricos. El primero de estos datos, el menos indiscutible es precisamente este que la convocatoria sugiere que se contemple, o sea que se trata de un conjunto de sociedades colonizadas, repartidas por el poder colonial en fronteras muchas veces artificiales que han alterado o mutilado su coherencia orgánica, de poblaciones deportadas de África o desplazadas de Europa por la miseria. La característica común que presentan es, primero que todo, eso: todas quedaron sometidas a un mismo sistema de opresión que procedía no sólo de otro espacio sino también, y sobre todo, de otro tiempo. Este choque de dos tiempos históricos me interesa ya que el tiempo que de esta forma interviene desde fuera del continente proviene de una fase bien determinada de una evolución sociohistórica propia. Esta fase es la que resulta importada no sólo en el « nuevo mundo » como lo llaman los conquistadores a partir de su perspectiva, sino también en un tiempo histórico y económico atrasado con arreglo a la evolución de la Historia del « viejo » continente. Dicho desfase o « dys-sincronía » constituye el dato fundamental del poblema que examinamos. En adelante estas sociedades no van a decidir de su porvenir que dependerá, durante más de tres siglos, de lo que se decida, en otra parte, sin intervención suya. En efecto, aunque la toma de conciencia de las élites criollas fue, sin lugar a duda, un factor de la liberación del yugo colonial, hay que subrayar que la Independencia fue también impuesta tanto al colonizador como al colonizado por la lógica de las fuerzas económicas del liberalismo. No nos olvidemos de que Sevilla era el único puerto que tenía el derecho de comerciar con las Indias. Esta lógica es determinante cuando el derrumbamiento del Imperio español lleva a todos estos conjuntos pre-recortados por la colonización hacia une evolución organizada por el mismo liberalismo y que consiste en transformarlos en naciones « en vías de construcción », creando, por lo mismo, otros tantos mercados distintos. Interviene la misma lógica, al servicio de los mismos intereses económicos y políticos, cuando después de la segunda guerra mundial, por los años 1950-1960, se inicia una estrategia que pone en discusión el concepto de Estado-Nación. En los dos períodos (Independencia / Plan de globalización) se trata de cambiar la división geo-estratégica, suprimiendo los obstáculos que dificultan la libre circulación de las mercancías. Sólo han cambiado la identidad de los participantes y la importancia de lo que se juega en los dos casos. La historia del continente americano queda vinculada estrechamente con el capitalismo, como ya lo había señalado Karl Marx.

«La historia moderna del capital empieza con la creación del comercio y del mercado de los dos mundos en el siglo XVI […] El régimen colonial abría mercados para las incipientes fábricas cuya posibilidad de acumulación se acrecentó merced al monopolio del mercado colonial. Los tesoros directamente sacados fuera de Europa por el trabajo forzado de los indígenas esclavizados, por la concusión, el saqueo y el asesinato convergían hacia la Madre-Patria para allí funcionar como capital.»

Modernidad y modernismo

¿Corresponde el tiempo que separa los dos períodos (más o menos: 1820-1950/1960) a lo que se suele llamar la modernidad? El término de modernidad es a la vez ambiguo y sin embargo significativo. Se refiere a los « tiempos modernos » (del Renacimiento a hoy en día) pero surge con otro sentido más preciso en Francia en los últimos decenios del siglo XIX. Para el diccionario de Littré por ejemplo, editado por los años 1866/1870, modernizar es un neologismo y este diccionario desconoce el vocablo ’modernismo’. Cuando la voz empieza a utilizarse (en la misma época) sirve para designar, con matices más bien despreciativos, un conjunto de doctrinas y tendencias que pretenden renovar la teología, la exégesis y la doctrina social de la Iglesia católica para ponerlas de acuerdo no solamente con lo que se cree que son las necesidades de la época, sino incluso y sobre todo con el estado de los conocimientos científicos. En una Francia que permanece, en su aplastante mayoría, rural, y donde el mito de la ciencia no opera nada más que para una pequeña minoría de intelectuales, los integristas se oponen a la interpretación simbólica del mensaje crístico que hace esta corriente de pensamiento, irónicamente calificada por ellos de ’modernista’. Este esfuerzo de adaptación hecho por unos para hacer coincidir un tiempo presente con las mentalidades ancladas en el pasado y, por otra parte, la imposibilidad en la que se encuentran los otros para aceptar esta actualización, trascriben con una gran precisión la diferencia que separa, en el campo de lo simbólico, dos momentos de la historia diferentes. Si la homogeneización que ha afectado a la sociedad francesa ha borrado las huellas de esta fractura, ¿cómo no ver que este debate se ha desplazado en el tiempo y en el espacio haciendo estallar la cohesión de las sociedades que permanecían hasta ese momento fuera del proceso de homogeneización económica y cultural? Con el distanciamiento que permite el tiempo, entendemos que esta re-configuración semiótica y conceptiva es, en última instancia, un efecto de la revolución tecnológica y científica que caracteriza la época y que procede de una nueva expansión del capitalismo. Corresponde ésta al desarrollo del imperialismo clásico fundado sobre la explotación de los países suministradores de materias primas por las naciones productoras de bienes industriales. Tal es el factor esencial que explica la aparición del modernismo hispanoamericano: una integración total y definitiva del subcontinente en el comercio internacional en tanto que suministrador de materias primas, pero una ausencia no menos total de todo verdadero mercado nacional. A continuación, la racionalización y la modernización que beneficia al sector primario, la reinversión de beneficios, no en el sector de la producción industrial, sino en la importación de los bienes de consumo [factores históricos que conllevan el desarrollo del sector terciario, de la inmigración europea; y también, de forma correlativa, la emergencia y la consolidación de las clases medias, la expansión y la organización de las grandes concentraciones urbanas], están en el origen de las profundas modificaciones que afectan a las prácticas y a las producciones culturales. América Latina queda atrapada en esta sincronía de lo dys-sincrónico cuyos impactos la afectan violentamente tanto en la Conquista como en la Independencia. [Las dos épocas del positivismo y del modernismo son, entre la Independencia y los años 1960, dos jalones importantísimos que no podemos pasar por alto]. Este nuevo valor que es la modernidad no puede surgir más que en el contexto de una modernización incompleta. No puede uno sentirse moderno más que en la medida en que los que están alrededor suyo no lo son; uno no puede aspirar a serlo más que cuando se siente atrasado en relación con los que están alrededor. Dicho de otro modo, sea cual sea el caso de la figura tratada, el concepto de modernidad no puede existir sin una toma de conciencia y una consideración previa de estas dys–sincronías. El modernismo, considerado desde esta perspectiva transcribe, mediante unas construcciones poéticas y unos sistemas semióticos, un proceso extremadamente complejo de interiorización por parte del sujeto cultural de esas dys-sincronías (esos desfases) que actúan sobre el imaginario social y remodelan sus representaciones. El hombre moderno es el que es, el que se cree o el que es percibido como diferente, no solamente con arreglo a sus contemporáneos, sino con arregglo todos los que le han precedido en la Historia. Si todos fuéramos modernos no habría modernidad. La extrapolación de esta indicación permite definir el período de la modernidad por el carácter incompleto de la modernización, dicho de otro modo, por la “sincronía de lo no-sincrónico es decir, por la coexistencia de realidades que emergen de diferentes momentos de la Historia. El proceso de Kafka realizaría esta estructura si nos atenemos a la lectura que de él hace Jameson:

«Joseph K. es un joven banquero que vive para su trabajo, un soltero que pasa sus tardes ociosas en una taberna y para el que los domingos son lamentables, cuando no los vuelven más lamentables todavía las invitaciones que le hacen sus colegas de trabajo para participar en reuniones sociales profesionales insoportables. En medio de este aburrimiento de una modernidad organizada, surge de pronto algo un poco diferente y es precisamente esta vieja burocracia arcaica que acompaña la estructura política del imperio. Tenemos así una coincidencia muy sorprendente: una economía moderna o al menos en proceso de modernización y una estructura política antigua.» (La traducción es de mí).

«Joseph K. is a young banker who lives for his work, a bachelor who spends his empty evenings in a tavern and whose sundays are miserable, when they are not made even more miserable by invitations from business colleagues to intolerable professional outings. Into this boredom of organized modernity, something rather different suddenly comes— and it is precisely that archaic, older legal bureucracy associated with the Empire’s political stucture. (Jameson 28)»

Los efectos de esta dys-sincronía son constantemente perceptibles en la producción ideológica de América Latina. Es un elemento que interviene de modo esencial en la organización de las identidades nacionales. Remito entre más ejemplos posibles a la problemática de la civilización y de la barbarie que obsesiona la literatura hispano-americana de Facundo a Doña Bárbara. (Sobre el ideologema de la modernidad, véase Cros, 2003 pág. 109-127)

Los conceptos de Nación y de Cultura

No se trata en este apartado de comentar el análisis de los historiadores respecto al nacimiento de la naciones europeas ni, por lo mismo, de explicar cómo ciertas provincias o zonas heterogéneas han sido reunidas progresivamente y después de una serie de luchas sucesivas bajo el poder de las coronas sucesivas de España, Francia o Inglaterra por ejemplo. Los conjuntos que resultaron así constituidos se presentaban a principios de la modernidad como colectividades organizadas en torno a unas estructuras políticas que hemos calificado a posteriori de ’naciones’. Sugiero más bien que examinemos las causas objetivas que expliquen por qué esta noción ha surgido en el campo del discurso, primero en Europa y, luego en América Latina y que tratemos de valorar su operatividad como factor de cohesión social. Esta noción viene a ser el fundamento de la toma de conciencia de una identidad colectiva que conlleva nuevas representaciones. Teniendo en cuenta las circunstancias de cuyo proceso surge el concepto, se nota que se trata de una construcción sociohistórica de cuya evolución dan cuenta los diferentes diccionarios. En España, por ejemplo, del Tesoro de la lengua española de Covarrubias (1611) al Diccionario de Autoridades (1726), el vocablo sólo designa los habitantes de un territorio (provincia, reino, país). En Francia, el Dictionnaire de la langue française classique dice :

" Nation: - Race, gens de la même profession (terme péjoratif) [Exemples donnés; nation des pédants, nation des poètes] - Chaque partie de la faculté des Arts: les Arts sont divisés en quatre nations, qui sont la nation de France, de Picardie, de Normandie et d’Allemagne ou des étrangers.«La constitución de la Revolución francesa de 1791 instituye por primera vez la noción al atribuir a una colectividad indivisible el poder supremo. Littré, en 1866, da constancia de esta definicion y precisa su campo semántico:»Nation: - Réunion d’hommes habitant un même territoire, soumis ou non à un même gouvernement, ayant depuis longtemps des intérêts assez communs pour qu’on les regarde comme appartenant à la même race.[…] - nation, peuple: dans le sens étymologique, nation marque un rapport commun de naissance, d’origine et peuple un rapport de nombre et d’ensemble. De là résulte que l’usage considère surtout nation comme représentant le corps des habitants d’un même pays et peuple comme représentant ce même corps dans ses rapports politiques. Mais l’usage confond souvent ces deux mots; et sous la constitution de 1791 on avait adopté la formule: la nation, la loi, le roi." (El subrayado es de mí)

José Joaquín Fernández de Lizardi repite la fórmula de la revolución francesa en 1812, al alabar la Constitución elaborada por las Cortes de Cádiz, en un artículo de El Pensador titulado “Sobre la exaltación de la nación española y abatimiento del antiguo despotismo”:

«La soberanía reside esencialmente en la nación. !Oh, bello epígrafe! […] Luego que por ambos hemisferios resonó el eco de este plausible periódico, cayó derrocado el despotismo del solio que por tantos años tenía usurpado a la nación: rompiéronse sus tiránicas prisiones y fue restituida como soberana a la antigua y justa posesión de sus derechos.» (Subrayado en el texto; Fernández de Lizardi 48)

Más recientemente (1987), el Larousse registra una nueva etapa en esta evolución semántica al insistir en la dimensión política del concepto (« constituyendo una comunidad política […] Entidad abstracta, colectiva e indivisible […] titular de la soberanía ». La traducción es de mí) Lo mismo se nota en los diccionarios de español más o menos contemporáneos:

Julio Casares, Diccionario Ideológico de la lengua española (2a edición, 1959): «Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno».

María Moliner: Diccionario del uso del español «Comunidad de personas que viven en un territorio regido todo él por el mismo gobierno y unidas por lazos étnicos o de historia. -Comunidad de personas de la misma raza con los mismos usos, particularmente el mismo idioma, que por alguna razón histórica ocupa un territorio dividido en varios paises. -Se aplica también, por ejemplo, al pueblo judío en su totalidad, aunque no esté reunido en un territorio».

Se notará que los criterios de lengua y cultura aparecen tarde en los dos casos (español, francés). Hay que precisar también que el concepto de cultura sufre una evolución muy similar. Remito a lo que tengo dicho en un estudio en el que analizo este concepto como un ideologema (Cros 2009):

La distancia que separa, para un mismo significante, su contenido semiótico-ideológico original de lo que ha venido a ser, al final del siglo XX es, sin lugar a duda, impresionante. Pero hay que observar que el sistema de este ideologema, es, en el mismo proceso de sus rectificaciones, una construcción histórica en la que queda almacenada la memoria de la evolución socio-económica de nuestras sociedades. Se levanta en efecto sobre las fases sucesivas de una revolución tecnológica y científica así como sobre nuevas extensiones del capitalismo que han suscitado el mito del progreso debido al desarrollo de la ciencia y de la racionalidad aplicada a la producción, mito elaborado a partir de la filosofía positivista a mediados del siglo XIX y que se ha prolongado más allá del final de la segunda guerra mundial. A lo largo de este período, se ha fortalecido el concepto de Estado-Nación que llega a su apogeo con el papel de regulador que le confiere Keynes en el plan económico y que está al servicio de los intereses económicos de las burguesías nacionales, manteniendo las barreras aduaneras, el orden y el respeto a la propiedad privada. En este contexto, la cultura cuya representación se estructura, como lo vimos, en torno a un sistema de diferenciaciones, desempeña un papel central en la necesaria construcción de la cohesión y de la conciencia de una identidad nacional, sobre el esquema manifiesto de: «nosotros (lo andaluces, los españoles, los franceses etc.) somos todos semejantes pero distintos a nuestros vecinos o a las demás nacionalidades.» En efecto, la cultura, tal como la hemos entendido y la entendemos todavía, es el espacio ideológico cuya función objetiva consiste en enraizar una colectividad en la conciencia de su propia identidad. Repítámoslo: sólo existe en la medida en que se diferencia de las demás. Asume el papel objetivo de baluarte contra la doble amenaza que representan los elementos supuestamente antisociales en el interior y las eventuales y siempre posibles agresiones desde fuera, por lo cual se presenta a la vista como el sistema de representaciones más apropiado a la defensa de los intereses de las burguesías nacionales que imperan en las épocas correspondientes. En otro plan, funciona como una memoria colectiva que sirve de referencia y por consiguiente es vivida oficialmente como guardiana de continuidad y garante de la fidelidad que el sujeto colectivo debe observar para con la imagen de sí mismo que de este modo recibe. Como representación de algo que sería una esencia nacional o, de todas formas, colectiva, la cultura es el campo donde lo ideológico se manifiesta con mayor eficacia, tanto más cuanto que se incorpora a la problemática de la identificación donde la subjetividad es conminada a sumergirse en el seno de la misma representación que la aliena.

Es muy significativo que los dos signos semiótico-ideológicos (Nación/ Cultura) hayan aparecido en el mismo momento histórico en el siglo XIX. Las representaciones que acarrean son los productos de circunstancias históricas específicas y están, en este caso, al servicio de la construcción de las nuevas naciones de América Latina. Dichas representaciones proyectan un espacio virtual destinado a crear una sociedad homogénea en torno a las estructuras importadas del Centro y más especialmente en torno a una lengua hegemónica promovida como vehículo de la Cultura y signo distintivo esencial. Esta imagen proyectada –y, como tal, su naturaleza es profundamente ideológica– tiene una función objetiva: provoca el desvanecimiento de todo lo que, en el campo de lo simbólico, es diferente, no conforme, heterogéneo y, luego, lo que en última instancia está fuera de las normas del imperio cultural que las élites políticas pretenden sin embargo abolir. Entre muchos ejemplos posibles remito a lo que pasó con Cuba: «La raza ha sido otro de los ejes típicos articuladores de la identidad nacional. La existencia de un pueblo y una nación se subordinó con frecuencia a una única raza y cultura; en el caso cubano, a una raza superior y blanca tenida como sinónimo de cultura y de civilización. Partiendo de esta concepción del pueblo y la cultura, el imaginario nacional creado en Cuba desde finales del siglo XIX y preservado hasta las primeras décadas del siglo XX excluyó a las restantes identidades culturales y étnicas presentes en la sociedad insular.»(Consuelo Naranjo Orovio, Blanco sobre negro. Debates en torno a la identidad en Cuba, citado por Maglia Vercesi, 2007, 188) Estas representaciones expresan la fuerza que va adquiriendo la fracción dominante de la colectividad nacional que sigue estrechamente dependiente, en los campos económicos y cultural, de los modelos de una metrópoli de la cual sólo descarta la dominación política. Este espacio virtual sigue siendo exogéno y literalmente importado. La dimensión linguística es esencial: reproduce los valores sociales y morales y los modelos de comportamiento, genera nuevas jerarquías sociales, organiza lo simbólico. El discurso literario se nos presenta por antonomasia, por lo mismo, como el campo de expresion privilegiado de las grandes polémicas socio-históricas. Veamos el ejemplo de la producción discursiva mejicana en la época de la Independencia; o sea en un momento en que la nacionalidad está por construir y de momento sigue algo confusa.

Como en todas las naciones que están en vías de construcción, en Méjico las élites empiezan por poner en tela de juicio los privilegios de los cuales gozan los representantes directos del poder imperial. Los criollos, por una parte, rechazan la dependencia del poder céntrico y, por otra parte, luchan por apoderarse de los privilegios atribuidos a los españoles nombrados por la metrópoli: «Debemos ahora hablar de las puertas que han tenido los americanos cerradas para los empleos y de la ninguna razón ni justicia con que esto se ha practicado.[…] Hasta esta época singular en el mundo y venturosa en las Indias, nos llamábamos españoles en el nombre; lo éramos en la realidad pero no gozábamos iguales privilegios.[…] Tal vez no faltará quien decididamente o niegue mis proposiciones o a lo menos pretenda persuadir que a los españoles americanos se les ha tratado siempre equitativamente, se ha atendido su mérito y han obtenido en premio de él cuantos puestos ya pingues, ya honoríficos les han concedido a los de la península la libertad de los monarcas.[…] [E]n México ha habido 27 arzobispos europeos y sólo 2 americanos; 16 virreyes de los primeros y sólo 3 de los segundos; como en Puebla no ha habido más de 4 obispos americanos y 17 europeos; en Lima, Buenos Aires y Santa Fe, entre virreyes y gobernadores, 110 europeos y ninguno americano; y así discurre por diferentes provincias de las Américas haciendo el cotejo de empleados de una y otra parte de la monarquía y siempre resulta el exceso en favor de los naturales de la península, con tanta desproporción como la que hemos visto.» (“Puertas cerradas”, El Pensador, 1812, en Basave Fernández del Valle 70-71) En todas las naciones en vías de construcción en América Latina, las élites embargan el sentimiento nacional y las masas quedan sometidas a un sistema que, a principios del proceso de la evolución, se reproduce sin ningún cambio significativo, al servicio de los nuevos beneficiarios. El campesinado y más especialmente los indios están relegados al margen del proceso de construcción, por lo menos hasta el sexenio de Lázaro Cardenas, si nos atenemos al testimonio del autor de Perfil del hombre y de la cultura en México (1934): «Es de suponer que el indio ha influido en el alma del otro grupo mexicano (el habitante de la ciudad) desde luego porque ha mezclado su sangre con éste. Pero su influencia social y espiritual se reduce hoy al mero hecho de su presencia. Es como un coro que asiste silencioso al drama de la vida mexicana.» (“El mexicano de la ciudad”, Samuel Ramos, en Basave Fernández del Valle 135) «Aun cuando la mayoría de la población la compone el indio, su estado mental no le permite todavía desprenderse de la naturaleza junto con la cual forma el ambiente de primitivismo que rodea al resto de la nación.» (“La cultura criolla”, Samuel Ramos en Basave Fernández del Valle 142) [Notemos que en Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano, en 1970, califica de nebulosa, la identidad latino americana]

En las citas que acabo de hacer de El Pensador, se habrá notado que el autor se identifica a sí mismo a veces como español, a veces como americano y otras veces como español-americano. Para él, la nación soberana incluye a los españoles y a los americanos: «En suma, nación soberana, respetable gobierno, el Pensador os hablará, sí, os hablará como hombre de bien» Fernández de Lizardi (76). La reivindicación de una doble pertenencia se manifiesta también en la relación que tiene Lizardi con la lengua y la cultura española. Aunque se sitúa en el contexto de la Institución literaria de la península, su práctica discursiva en El Periquillo Sarniento está salplicada de mejicanismos que al editor ficticio no se le ocurre traducir. Así se vislumbra un esbozo de toma de conciencia de la identidad nacional tanto más notable cuanto que un editor real del texto de Lizardi, en 1842, se empeña en traducirlos en notas al pie de página para los lectores de la ex-metrópoli (Cros, 1985). Más de un siglo más tarde, Samuel Ramos reivindica a su vez esta doble identidad: «Tenemos sangre europea, nuestra habla es europea, son también europeas nuestras costumbres, nuestra moral y la totalidad de nuestros vicios y costumbres nos fueron legadas por la raza española. Todas estas cosas forman nuestro destino y nos trazan inexorablemente la ruta. Lo que ha faltado es sabiduría para desenvolver ese espíritu europeo en armonía con las condiciones nuevas en que se encuentra colocado.» (Samuel Ramos en Basave Fernández del Valle 143) Cuando Samuel Ramos escribe (algo como ciento veinte años después de la Independencia), el proceso de evolución de la identidad nacional, entre la herencia hispánica y las especificidades americanas no está, pues, terminado.

¿ Cómo caracterizar entonces la fase en la que está? 1- La Cultura es la cultura de la burguesía esencialmente “En esta última parte de nuestro ensayo nos ocuparemos del grupo más inteligente y cultivado de los mexicanos, que pertenece en su mayor parte a la burguesía del país.” (“El burgués mexicano” (Samuel Ramos, en Basave Fernández del Valle 138). En opinión de Emilio Uranga, se trata de una cultura importada: "Lo que ha sucedido en el tránsito de un régimen feudal a un régimen de incipiente industrialismo y producción capitalista ha significado para la filosofía la definición de un tipo más humano, de un ser humano con oportunidades para realizar su vida mucho mayores que las que permitía el porfirismo. Este humanismo se ve hoy amenazado por las mismas cosas que primero lo promovieron; la burguesía no se identifica ya con el humanismo propiciado por la Revolución mexicana sino que pretende suplantarlo con un ‘humanismo’ importado de las metrópolis de que es dependiente económicamente.” (Samuel Ramos citado por Dessau 98) Esta opinión se puede considerar como confirmada por el proyecto que había presentado dos decenios más temprano Samuel Ramos: "México debe tener en el futuro una cultura “mexicana”; pero no la concebimos como una cultura original distinta de todas las demás. Entendemos por cultura mexicana la cultura universal hecha nuestra, que viva en nosotros, que sea capaz de expresar nuestra alma. Y es curioso que, para formar esta cultura “mexicana”, el único camino que nos queda es seguir aprendiendo la cultura europea. (En Basave Fernández del Valle 159)

El mercado interior está en vías de desarrollo, lo cual explica la estructuración de la ideología producida por la clase dominante tal como la reconstituyó Adalbert Dessau en su estudio sobre la novela de la revolución. Notando que la ideología de la burguesía mejicana en el Porfiriato se atiene al liberalismo clásico, Dessau estima que al adueñarse del poder, en 1938, debe imaginar nuevas estrategias para enfrentarse con el imperialismo por une parte y el proletariado por otra. En esta situación la operatividad de los dos conceptos de nación y cultura se nos presenta como la más eficiente en cuanto son los factores esenciales de la cohesión social. (Los mexicanos deben reunirse en torno a la nación, olvidándose de sus intereses de clase, para resistir a los advesarios del exterior y sobre todo al imperialismo yanqui). Se trata de oponerse a los diferentes niveles de dis-coherencia que proceden más especialmente del estatus de las masas indígenas marginalizadas y que, cualquiera que haya sido su estado de servitud en el pasado colonial, no han tenido un contacto humano auténtico con el colonizador. Con la presión de las fuerzas económicas supra-nacionales que, en esta fase de la evolución del sistema, privilegian la consolidación de los mercados interiores, las burguesías nacionales usurpan las identidades nacionales y culturales (Cros 1988) . El problema de la conciencia colectiva de identidad no está sin embargo solucionado. A principios de su evolución, en cualquier nación que se libera de la colonización y se construye a partir de raíces múltiples (bilinguismo o multilinguismo más especialmente) se plantea la cuestión de « ¿Quiénes somos? ». Es lo que le pasa también a Méjico. Por lo mismo, hay que insertar a Samuel Ramos en el contexto de la búsqueda ontológica que caracteriza el decenio 1950-1960: Agustín Yáñez: “El Pelado mexicano” Letras de México 1940; Octavio Paz: El Laberinto de la soledad, 1940; Emilio Uranga: Análisis del ser mexicano, 1952; Leopoldo Zea: Conciencia y posibilidad del mexicano, 1952. (Cros 1988: 168-169). Si nos remitimos, precisamente, al decenio 1950-1960, observamos que se inicia una doble evolución. Dentro de un mismo espacio nacional, las minorías étnicas ya son más visibles y reivindican su propia identidad, lo cual provoca una ruptura entre la conciencia nacional y la conciencia cultural. En realidad este proceso es también el resultado de un cuestionamiento sobre la cultura de clase de la burguesía. Ya se nota esta ruptura por los años 1920/1930, en los últimos años del modernismo, en la poesía afro-antillana de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo. En un momento en que la poesía hispano-americana se olvida de la realidad del continente y las elites se abren a la modernidad transnacional importada del Centro, despreciando la producción intelectual y artística de las regiones periféricas, se oye una voz que reivindica una conciencia de identidad cultural distinta de las identidades nacionales. Esta nueva identidad trastorna las representaciones nacionales tradicionales: «En efecto, la responsabilidad de la construcción del imaginario de nación en la Cuba de los primeros años de la República estaba en manos de una élite letrada, cuyo afán por edificar una representación monocroma del Estado naciente los llevó a elidir a las etnias subalternizadas del resplandeciente escudo de la patria. Naturalmente la población negra quedaba excluida de la comunidad imaginada de nación, aunque su innegable vitalidad circulaba por las calles, los cañaverales y los campos. La aceptación de la pluralidad étnica, considerada en un primer momento como un elemento descentrador de la identidad será tardía. […] Dentro del campo literario de la época, Guillén establece una toma de posición autónoma en relación con el campo del poder y construye una temprana identidad híbrida nacional como respuesta a la encrucijada histórica de una Cuba blanquada y enajenada por la situación neocolonial de la República.» (Maglia Vercesi 188-189). La identidad nacional parece enriquecerse con tal diversidad pero la noción pierde su eficacia política e ideológica que ya resultaba algo debilitada por la introducción, en el campo dicursivo, del concepto de conciencia de clase en el decenio anterior. Por otra parte esta evolución se acelera con el ultraliberalismo que pervierte la simbólica cultural transformándola en mercancía y poniendo en tela de juicio el concepto de estado-nacion que obstaculiza su extensión: Desprovistos sucesivamente, primero de su dimensión sagrada y luego, de su dimensión simbólica colectiva los objetos y las prácticas culturales ya se nos presentan como atrapados en la red mercantilista y totalmente cosificados. Lo que nos amenaza entonces no es nada menos que la desaparición del nivel simbólico con todas las consecuencias que esta desaparición puede provocar en la imaginación del sujeto y en la vida social. Esta desestabilización transcribe el relajamiento de los lazos de sujeción nacional: las sociedades industriales resultan cada vez más integradas en la economía mundial y las clases dominantes ya no tienen por qué interesarse por el bienestar colectivo a nivel de la nación. Ya se nota cuán claramente las rectificaciones sufridas por las estructuras del ideologema - en este caso, la pérdida de las representaciones de los lazos cívicos y nacionales - transcriben el desvanecimiento del poder de las burguesías nacionales en provecho de una verdadera burguesía mundial que está surgiendo. (Cros, E., « Cultura y Mundialización », http:// www. sociocritique.fr)

La identificación entre identidad nacional e identidad cultural queda ya definitivamente cuestionada y esta disyunción re-distribuye los espacios culturales sin tener en cuenta forzosamente las divisiones en territorios nacionales. Las dos nociones (de identidad nacional e identidad cultural) eran el producto de la partición de América latina heredada de la colonización en el siglo XIX. Sus funciones objetivas consistían en producir, reproducir y consolidar las representaciones que mantenían un consenso ideológico en torno a las élites respectivas de los distintos países. Se discutieron, a veces radicalmente, a lo largo de los años 1960-1970, de resultas de la revolución cubana que, como heredera de los grandes estrategas de la Independencia suramericana, tenía una visión continental de la lucha contra el yugo colonial. Remito al Informe de la delegación cubana a la primera conferencia de la O.L.A.S. (Organización Latino Americana de Solidaridad), conferencia abierta el 4 de agosto de 1967 en La Habana. Los catorce volúmenes de documentación que constituían este informe demostraban a partir de estadísticas de la ONU y la UNESCO que en América Latina seguía existiendo una situación política económica y social homogénea. Los cubanos no descartaban la existencia de particularidades nacionales en el subcontinente pero ponían de realce las similitudes que existían en todos estos países para llegar a la conclusión que en estas condiciones la revolución debía extenderse a toda América Latina. (K.S. Karol, 364) Esta postura y el cuestionamiento de las tesis leninistas que privilegiaban la revolución proletaria fueron más o menos abiertamente rechazados por los comunistas ortodoxos. En el informe se afirmaba en efecto que no se podía imaginar una revolución proletaria por ser el proletariado demasiado débil por falta de un verdadero proceso de industrialización. Por otra parte, la burguesía local estaba tan dependiente de las potencias económicas de los Estados Unidos que ya había abandonado toda aspiración a desempeñar un papel económico y político autónomo. (K.S. Karol 364-366) Con un proletariado casi inexistente y una burguesía nacional tan débil ¿cómo se podía contemplar la posibilidad de promover una « revolución democrática y burguesa » ? Para los castristas no había nunca existido la burguesía en América Latina y no iba a existir en adelante. No podemos pasar por alto el entusiasmo con que se acogió la aparición del regimen castrista en la escena internacional y la esperanza que levantó en los medios intelectuales latinoamericanos y europeos. En el Congreso Internacional que se organiza en La Habana del 4 al 11 de enero de 1968 acuden más de quinientos intelectuales que proceden de setenta países: «Des écrivains prestigieux comme Michel Leiris, Jorge Semprún, Max-Paul Fouchet, Arnold Wesker; des savants, comme Pierre Lehman, Gionanni Berlinguer, Amati, Vigier; des peintres comme Matta, Lam, Pignon; des “sociaux-scientistes” comme Miliband, Hobsbawm, Guerin, Axelos - et la liste est loin d’être exhaustive - devaient faire face à une “contestation” amicale des représentants du Tiers-monde, parmi lesquels les Latino-Américains et les Antillais - d’Aimé Césaire à Cortázar et Benedetti - étaient particulièrement nombreux. C’était donc une rencontre sans précédent, par sa composition et aussi par les thèmes soumis à la discussion/» (Karol 396-397).

Las representaciones colectivas vigentes hasta la fecha han sido sin lugar a dudas profundamente trastrocadas con la irrupción del castrismo en la escena internacional. Así es como el análisis muy lúcido que expresa el informe que acabo de evocar socavaba los fundamentos de las identidades nacionales y culturales tradicionales artificiosamente promovidas desde la mitad del siglo XIX. Con el distanciamiento que permite el tiempo, y dentro de la perspectiva enfocada por los castristas, estas identidades aparecen como lo que fueron o sea como unas representaciones proyectadas, sin relación con la auténtica realidad de las sociedades correspondientes. Sólo implicaban a una estrecha minoría de las poblaciones de los distintos países. En este vacío social el castrismo proponía, en el lugar de un consenso ideológicamente fantasmal en servicio de una minoría, otra identidad que, por una parte, estribaba en una conciencia de clase y que, por otra parte, se extendía a todo el subcontinente. Dicha identidad resultaba edificada a partir de una constancia (una sumisión compartida por todos) y, correlativamente, de un proyecto utópico que confería una nueva dimensión a la imaginación colectiva. Cualquiera que sea la opinión que se tenga sobre las razones objetivas y complejas que expliquen el fracaso de este proyecto y las derivas del régimen, el impacto de las posturas y del programa castristas sobre la re–configuración de las representaciones de las identidades nacionales y culturales en América Latina no deben ser subestimadas. Desde luego las conciencias nacionales siguen vigentes (aunque mucho menos apremiantes en ciertas categorías de las sociedades) pero ya se articulan con una dimensión auténticamente latinoamericana cuyo impacto no deja de manifestarse en el proceso de constitución del « sujeto cultural » correspondiente.

Bibliografía

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Cros, Edmond. Literatura, Ideología y Sociedad. Madrid: Gredos, 1986. [Versión en inglés: Theory and Practice of Sociocriticism. Minneapolis: University of Minnesota Press, 1988]

Cros, Edmond. “The Values of Liberalism in El Periquillo Sarniento” Sociocriticism 2 Montpellier, (1985, pág. 85-109).

Cros, Edmond. El sujeto cultural. Medellín: E.A F.I.T. 2003 . Cros, Edmond. La Sociocrítica. Madrid: Arco Libros - La Muralla, 2009

Cros Edmond. “Cultura y civilización” in: http://www.sociocritique.com/fr/

Dessau Adalbert. La novela de la revolución, México: Fondo de Cultura Económica, 1972.

Fernández de Lizardi, José Joaquín. Obras, III- Periódicos, El Pensador Mexicano, Recopilación, edición y notas por María Rosa Palazón y Jacobo Chencinsky, México: U.N.A.M., Centro de Estudios Literarios, 1972.

Jameson, Frederic. “Modernity after Postmodernism”. Sociocriticism, Vol. V, 2, Núm. 10 , Montpellier(1989): 23-41.

Karol, K.S. Les Guerilleros au pouvoir, Itinéraire politique de la révolution cubaine, París : Robert Lafont, 1970.

Maglia Vercesi, G. Identité culturelles vs Identités nationales dans la poésie post-coloniale des caraïbes hispanophones, Thèse Paris-Sorbonne IV, 2007 (inédite).

Edmond Cros Université Paul Valéry (Montpellier III) nstituto Internacional de Sociocrítica

* Este artículo ha sido publicado en : Lillo, Gastón y Leandro Urbina (eds). De Independencias y Revoluciones. Los avatares de la modernidad en América Latina. Santiago: LOM, Universidad de Ottawa y Universidad Alberto Hurtado, 2009. Agradezco a los editores por haberme dado permiso prar reproducirlo aquí

De la pintura figurativa a la pintura abstracta

Variante de los artículos El campo cultural de la segunda mitad del siglo XIX (Freud, Saussure, Poética, Pintura abstracta) y su articulación con la Historia. y El campo cultural de la segunda mitad del siglo XIX y su articulación con la Historia (Continuación).

La sociocrítica se interesa por sacar a luz la manera como lo socioeconómico se incorpora en las estructuras textuales, afirmando sin embargo que esta incorporación no es directa ni automática, ya que cada uno de los dos niveles implicados (la infraestructura y la superestructura) tiene su historia y su ritmo propios. Supone además que entre lo socioeconómico y lo cultural existen instancias intermediarias. Pero la noción de instancia intermediaria quizas sea demasiado abstracta y es necesario precisar lo que puede significar, acudiendo a un ejemplo concreto. Los dos artículos enfocan, con esta perspectiva, un período histórico relativamente amplio (la segunda mitad del siglo XIX hasta el primer decenio del siglo XX), poniendo de relieve cómo una instancia intermediaria, en este caso la Estética científica, articula sobre la infraestructura los principales campos culturales de la época implicada (Freud, Saussure, Poética, Ensayos teóricos de Kandinsky, Klee y Kupka ) (Continuación)

I – La pintura figurativa

Para tratar de entender el proceso mediante el cual el arte abstracto cuestiona la significación sugiero que contemplemos primero, en la pintura figurativa, las modalidades de la representación en relación con el lenguaje. En ésta, las líneas y los colores se articulan para constituir unidades significativas que remiten directamente a la realidad por su dimensión claramente representativa o mimética. Pero para apropiarme esta unidad tengo que reconocerla y para reconocerla instintivamente le doy un nombre, la llamo. En todos los casos, la contemplación convoca automáticamente el lenguaje ya que la mediación por el lenguaje es indispensable para que el sujeto organice su percepción del mundo, de las cosas, de los seres y de la vida. (Lemaire : 1977,136). De inmediato, inserto el objeto en el campo afectivo de mi experiencia, dotándole de cierta polisemia o pluriacentuación. La percepción visual « desencadena en el cerebro una imagen acústica correspondiente » (Saussure, 1900, 27-29), o sea la grabacón psíquica dejada en la memoria sensorial por el testimonio de los sentidos (Véase supra, artículo precedente). Las dos percepciones, la percepción visual del objeto (frente al cuadro) y la imagen acústica (el nombre que le doy al objeto y que se me ocurre automáticamente) son simultáneas, convocando un concepto.Ya en 1891, en su Contribución a la concepción de las afasias Freud había asociado la percepción visual del objeto a ‘la imagen sonora’ (la expresión es de él) de la palabra que lo designa y había representado el esquema psicológico de la representación de la palabra. En Sobre el mecanismo psíquico del olvido (Freud : 1984, 100-101) cuenta como al tratar vanamente de acordarse del nombre del autor del fresco de Orvietto se le presenta a la mente el recuerdo plástico del retrato del pintor.

« Pero el nombre del pintor se me escapaba y seguía imposible de encontrar. Apreté mi memoria, e hice desfilar delante de mi recuerdo todos los detalles del día que había pasado yo en Orvietto, resulté convencido de que no se me había borrado ni tampoco obscurecido el más mínimo detalle. Al contrario […] con especial agudeza estaba delante de mis ojos el autorretrato del pintor […] hasta que me encontré con un italiano culto que me liberó dándome el apellido: Signorelli . Pude entonces yo mismo añadir el nombre del hombre, Luca. El recuerdo demasiado claro de los rasgos de la cara del Maestro en su pintura se desvaneció poco a poco.» . ( in Huot :1987, 201. Todas las traducciones del francès son de mí)

Cuando la enunciación verbal se borra, la representación visual se agudiza pero, cuando vuelve a asomar, lo visual afloja su intensidad. No se trata de una sencilla equivalencia que le permitiría a uno de los dos niveles sustituirse al otro sino de una continuidad indivisible. Cuando uno de los dos niveles queda alterado o cuando se desintegra esta unidad ( constituida por la imagen visual del objeto y la’imagen sonora’ de la palabra) se trata en efecto para Freud de una « afasia simbólica ».

« El que unas perturbaciones que afectan los elementos ópticos de las representacines de un objeto puedan producir un efecto tan fuerte sobre la función del lenguaje se explica por ser las imágenes visuales las partes más sobresalientes y más importantes de nuestras representaciones de objetos. » (Freud :1983, 127, in Huot ;1987, 66))

En el trasfondo de la sensación que se va construyendo en la mente de quien contempla una forma de la realidad, asoma o se levanta la relacion entre este concepto y la imagen sonora (Freud) o la imagen acústica (Saussure) . (Tampoco hay que pasar por alto el imprescindible rótulo que acompaña el cuadro que a su vez inserta el objeto en un discurso determinado.) En la situación de comunicación que se va instituyendo pues con el sujeto que contempla el cuadro, el proceso de cognición pasa por la existencia de un mundo de referencias estables y universales ( los referentes, que en este caso son las formas reales) , el cual implica un sistema de relaciones entre significantes y significados. El proceso de cognición pasa por el lenguaje que está grabado en las formas de la realidad. Pero el objeto es un objeto proyectado o representado, lo cual plantea la cuestión del cómo o sea de la diferencia entre el campo semántico del objeto y su figura pictórica. Lo que se dice o se pinta representa una visión del mundo, la manera como se dice o como se pinta representa otra visión del mundo. Ya no se trata de un objeto sino de una figura; pasamos del lenguaje propiamente dicho al lenguaje simbólico o sea a un lenguaje creado en el que intervienen otros elementos tales como los colores y las líneas y sobre todo un conjunto de relaciones entre todos los signos, organizado en un sistema que instituye la significación auténtica del cuadro.

En este proceso hay que distinguir en efecto dos niveles o dos tipos de estructuraciones : 1-Una primera unidad significativa que es el objeto figurado, como producto de una primera estructuración y que atañe al lenguaje pictórico. Representar una forma de la realidad nos lleva a estructurarla en un espacio desplazado, que no es el espacio de nuestra experiencia cotidiana.

« Pintar figurativamente es en verdad apartarse, transformar la percepción ordinaria. El objeto figurado ya no es la reproducción exacta del objeto percibido ; las líneas y los colores ya no se articulan con la figura como en el objeto real. » (Sánchez Vázquez : 1974,16).

Dicho proceso implica relaciones que son distintas a las que imperan en la percepción ordinaria. Podemos reconocer sin embargo el objeto real de nuestra experiencia a pesar de las transformaciones a las cuales ha sido sometida nuestra percepción de él. Este objeto que es una forma de la realidad es por lo mismo el punto de contacto más inmediato con el lenguaje (entendido como macrosemiótica natural o sea el lenguaje preexistente al cuadro, y compartido por el sujeto cultural correspondiente a la gente que contempla el cuadro), por convocar una correferencia estable y universal que permite la comunicación. Cuando contemplo un objeto en el cuadro, me refiero al mismo concepto que el pintor y a la misma imagen sonora que él si comparto su competencia lingüística. En el caso contrario, mi experiencia me permite apropiarme de él en mi propria lengua. Lo importante es el recurso imprescindible a la expresión verbal. 2- Esta primera unidad significativa establece, a su vez , relaciones con los demás elementos del cuadro : colores, líneas, sombras, luces, signos diversos que, en sí mismos, no son significativos pero que integran el sistema estructurado que contribuyen a instituir. Este sistema transmite una significación nueva que procede « no sólo de la referencia a lo real, sino de un modo peculiar de presentar esta referencia. » (Sánchez Vázquez : 1974,5) El subrayado es de mí). En efecto, el cuadro/signo remite por una parte al objeto real pero por otra parte transcribe una atitud humana determinada hacia la realidad misma. La realidad figurada es « la manifestación del modo como el hombre se apropia un fragmento de la realidad. » (Sánchez Vázquez : 1974, 5). En este nivel semiótico funciona un lenguaje simbólico específico, creado por el mismo sistema, y, por lo tanto, falto de cualquier dimensión universal y estable. Toda la problemática abierta por la pintura abstracta en su relación con el lenguaje implica esta distinción entre estos dos tipos de lenguaje : un lenguaje que existe antes y fuera del cuadro y un lenguaje creado, específico. Para ejemplificar este aspecto tomaré prestados dos ejemplos de Adolfo Sánchez Vázquez, el primero de Giotto , el segundo de Velázquez.

« (Giotto) que se encuentra casi a horcajadas en las postrimerías de la Edad Media y en el alba del Renacimiento representa a los hombres y a los objetos con cierta desproporción. Pinta por ejemplo a los hombres desproporcionadamente grandes con respecto a las ovejas. Con ello quiere subrayar el valor del elemento humano frente a la naturaleza. La figuración responde aquí a cierta actitud hacia lo real que anuncia ya el humanismo renacentista. Y cuando pinta el rostro del Cristo lo que representa de verdad es el rostro de un hombre común cuyo sufrimiento inspira compasión. El modo como el pintor representa un rostro humano responde aquí a una visión de lo divino demasiado humana. La figura no es sólo signo de un rostro real sino también de una visión religiosa – prehumanista – del mundo y de los hombres. La línea, el color contribuyen a que la figura adquiera este poder significativo. La pintura de Giotto se convierte así en un medio para expresar y comunicar una nueva relación del hombre con las cosas, que se queda expresada en el modo de figurar o representar al Cristo y que difiere ya notablemente del Cristo medieval.[…] Es decir no ha tomado la forma real como una forma acabada con una significación objetiva, inmutable […] Se le ofrece como un objeto real que puede albergar, al ser transfigurado , nuevas e insospechadas significaciones. El objeto real, al ser reproducido o representado, está abierto a nuevas posibilidades significativas. […] Velázquez toma un rostro y un cuerpo deformes (el del enano favorito del rey, El Primo) y lo representa – lo transfigura- sobre un fondo montañoso de nubes para expresar y comunicar el doloroso aislamiento espiritual de los bufones de la Corte. Pero Velázquez va aun más lejos en esa transfiguración : ese rostro del enano, tristemente contenido, expresa a su vez la superioridad espiritual de este hombre deforme y sencillo sobre el mundo aparentemente tan alto y tan bello que lo rodea. » (Sánchez Vázquez : 1974, 7-9)

Es éste el nivel que interesa a la sociocrítica.

II- La pintura abstracta

Como lo vimos más arriba, en el arte figurativo, el referente es el objeto ; el nivel de las formas reales constituye el sistema de referencias que permite la comunicación para el sujeto cultural que contempla el cuadro. El arte abstracto rechaza la representación figurativa y, por lo mismo, el punto de contacto que tenía la pintura con el lenguaje. Remito a lo que escribe Kandinsky, referente al Objeto :

«Divisé de repente en la pared un cuadro de una hermosura extraordinaria, iluminado por una luz interior. Me quedé desconcertado, luego, me acerqué a este cuadro jeroglífico, en el que sólo veía formas y colores y cuyo contenido me resultaba incomprensible. Di rapidamente con la clave : era un cuadro de mí que había sido colgado en la pared al revés […] Entonces entendí terminantemente que los ‘Objetos’ perjudicaban a mi pintura.» (Kandinsky, 1946, 20, cit. por Etienne Jollet, 2003, 35; todas las traducciones del francès en este artículo son de mí;el subrayado es de mí)

Descartado el lenguaje preexistente grabado en las formas de la realidad, que era considerado hasta la fecha como una imprescindible mediación entre la creación y la recepción, sólo le quedaba a la pintura el lenguaje simbólico. Aunque los discursos semióticos fueran cada vez específicos e irreductibles de un cuadro a otro, quedaba por resolver la invención de un nuevo lenguaje o sea de un sistema en cuyo contexto y con arreglo al cual los signos pudieran ser entendidos. Anticipándome a mis conclusiones quisiera de una vez señalar que los teóricos como Kandinsky, Klee o Kupka, posiblemente sin tener una conciencia clara de la manera como se movían en un momento cultural mucho más amplio, re- descubrieron (entre 1912 y 1913) el desplazamiento de la problemática de la significación re-examinado casí en el mismo momento histórico (entre 1907 y 1911) en Ginebra por F. De Saussure : en efecto si, como lo dice Saussure, el signo se puede definir como algo que es aquello que los demás no son o no es lo que los demás son, si la lengua sólo es un sistema de diferencias, eso manifiesta que la significación es el resultado de una puesta en relación ; un signo aislado no significa nada, empieza a significar cuando lo relacionamos con otro signo. Freud acata un proceso intelectual perfectamente similar cuando procesa en oraciones una microsemiótica, Casero- Camisón- Cama- Ciudad- Carromato aparentemente desprovista de significación (Véase supra, cap.I). Pero esta ruptura epistemológica resulta esencialmente soportada por una actividad intelectual que va más alla de la simple percepción y que remite a una operación cerebral. Volveré a esta observación más tarde. Digamos de momento que pasar de una semántica del signo a una semántica de las relaciones entre los signos implica una concepción radicalmentente nueva de la percepción. La significación está codificada en la estructura. Escribe Klee en Escritos sobre el arte – I. El pensamiento creador (cit. por Roque : 2003, 384) :

«Para un pintor, ser abstracto no significa transformar en abstracciones eventuales correspondencias entre unos objetos naturales sino que consiste en sacar a luz, fuera de estas correspondencias eventuales, las relaciones creadoras que existan entre dichos objetos […] Ejemplos de relaciones creadoras puras : relaciones entre claro y oscuro, color y claroscuro, color y color ; largo y corto, ancho y estrecho, agudo y mellado, izquierdo y derecho, bajo y alto, delante y detrás, círculo, cuadrado, triángulo etc.»

La estructura en efecto descarta la semántica de los elementos y sólo se atiene a las relaciones que instituyen entre si los dichos elementos. El nuevo lenguaje es el lenguaje de las estructuras. Por eso mismo la abstracción pudo presentarse « como la lengua universal de una época en que culmina el fantasma esperantista de una Babel contemporánea …» (Rousseau : 2003, 19) [Notar de paso que Zamenhof crea el esperanto en su manual Lengua internacional, en 1887]

III —De un lenguaje ‘puro’ a un arte ‘puro’ o Del lenguaje poético a la pintura abstracta

El lenguaje verbal fue el modelo que a los pintores abstractos les permitió imaginar y teorizar el arte abstracto, más especialmente el lenguaje poético :

«Por lo que se refiere a la generación de los pioneros del arte abstracto fue sobre todo el lenguaje poético lo que les sirvió como modelo, ya que los precursores estaban fascinados por la función denotativa de las palabras y su fuerza expresiva intrínseca. Así como la poesía constituía un lenguaje ‘puro’, han concebido un ‘arte puro’ considerando las líneas y los colores de por sí, sin ninguna relación con la denotación de los objetos. Así fue como Kandinsky llegó a imaginar algo que se pareciera a una pintura abstracta. El cubo-futurismo ruso constituye un caso todavía más interesante por haber dado la oportunidad de una extraordinaria emulación entre poetas y pintores.» (Roque: 2003 a, 19-20. )

Se trata en realidad de un proceso radical de desemantización de los elementos básicos del lenguaje grabado en los objetos, de una auténtica destrucción del contenido significativo de las formas reales, un proceso concebido como el único e imprescindible proceso capaz de hacer surgir una nueva significación. Para que pueda advenir el nuevo lenguaje hay que destruir el sistema de comunicación pre-existente, aniquilando las relaciones que hasta la fecha existían entre la forma real y la manera como se la llamaba. « De la metáfora construida y motivada por el contexto se pasa a una poética donde ya no existe ningún anclaje en un plano de signifiancia primaria estable. » (Angenot : 1989, 821-822) En este contexto, la significación no se presenta como un dato inmediato de la percepción sino como un mensaje codificado en la estructura que exige que vayamos más alla de la impresión para tener acceso a una idea especulativa. En La creación en las Artes plásticas (Fecha de redacción 1910-1913, in Kupka:1989, 44) Frantisck Kupka distingue dos categorías de obras plásticas :

« ‘las que dan cuenta de la opción de simplemente captar la impresión transmitida por las formas de la naturaleza’ y aquéllas en que el artista ‘nos propone descifrar una idea especulativa que se traduce por una combinación de elementos plásticos o cromáticos. Aunque el intelecto funciona en los dos casos, prosigue él, en el primero ‘el artista se limita a concentrar su atención totalmenta pasiva sobre los datos de la percepción, sobre las impresiones suministradas por el mundo exterior, mientras que, en el segundo, transforma activamente en imágenes plásticas la expresión de sus propias reflexiones íntimas’ » ( Roque : 2003b, p.51, el subrayado es de mí).

Kupka repite una oposición que ya habíamos observado entre la simple impresión y la actividad cerebral (Véase más arriba), la cual, en esta última cita, viene evocada como la transformación activa de la expresión de sus reflexiones. En otro pasaje el mismo Kupka repite esta distinción con una formula todavía más significativa entre la impresión y la sensación describiendo a los sensacionalistas como « aquéllos que por haber reconocido la vanidad de la aspiración a restituir la naturaleza en las artes plásticas con una total objetividad tratan de expresar más bien las sensaciones que suscitan en su mente. » (Roque : 2003 b, ibid.)

La oposición así formulada (impresión vs sensación) es el signo/ traza de un discurso científico que nos remite a un contexto cultural y sociohistórico mucho más amplio. El « nuevo lenguaje » implica la perfecta autonomía del significante. Es ésta la condición imprescindible de su funcionamiento. La línea y el color sse hacen independientes del objeto y esta independencia les confiere una evidente densidad de significación. Cuando se limita a participar en la descripción del objeto, , el color sólo es uno de los atributos de este mismo objeto. Pero cuando se exime de esta esclavitud, existe plenamente de por sí y esta autonomía le devuelve su fuerza expresiva, haciéndolo perfectamente apto para integrar un sistema específico tal como una gramática de los colores, por ejemplo.. Esta postura ya se nota en los últimos años del siglo XIX en las « Notes sur la peinture wagnérienne et le salon de 1886 » de Téodor de Wizema (Revue Wagnérienne,t.III, 8 mai 1886, cit. por Roque:2003a, 377) :

« En efecto los colores y las líneas en un cuadro no son la reproducción de los colores y líneas, muy distintos, que están en la realidad. No son más que unos signos convencionales, hechos adecuados a lo que significan merced al resultado de una asociación entre las imágenes ; pero finalmente tan diferentes de los colores y de las líneas reales como una palabra difiere de una noción o un sonido musical de la emoción que nos sugiere. » ( Subrayado por mí)

Es de notar lo sugestivo de esta observación si se la pone en relación con lo que propone Saussure unos veinte años más tarde y que evocaba yo en el artícula precedente. Se habrá reconocido en efecto el esquema sausurriano Sdo/Ste detrás de estas nuevas formulaciones : Concepto/ Ste, Emoción/Sonido musical. La línea ya no es más la expresión convencional del límite de un cuerpo en el espacio, sino que viene a ser un trazo , o sea un signo de por sí. En La Creación en las Artes plásticas ( redactado entre 1910 y 1913) Kupka aborda una Gramática elemental de la línea (punto, línea, trazo, mancha, planos, volúmenes) ; Kandinsky propone, por su parte, en De lo espiritual en el Arte (1912), una Gramática del color. (Roque : 2003,381) Lo que llama la atención de Georges Roque es que muchos pintores abstractos hayan tratado en vano de conferir significaciones universales y estables a los componentes plásticos. Es evidente que había una contradiccion básica entre esta aspiración y la valoración de la estructura como el foco de un proceso de significacion ya que, de todas formas, en este proceso los elementos pierden sus valores significativos específicos, aunque fueran originariamente estables y universales. A partir de la estructura es evidente que no se puede remontarse hasta un sistema de referencias cualquier que sea.

III- Un ‘Gran Campo cultural’ que se articula sobre el’ Gran Todo histórico’

Esta valoración de los elementos que hasta ahora se consideraban como sencillos componentes materiales de una forma o de un significante faltos de cualquier sentido ( línea, color, pero también, precisamente, palabra) corresponde a una postura compartida por los pintores y los poetas. El caso de la vanguardia futurista rusa es significativo : la mayor parte de sus representantes son a la vez poetas y pintores ; Malevitch, Rozanova, Kandinsky, Bourliouk (Véase Roque : 2003a, 339).

El Tratado del verbo, de René Ghil (1886, con un Prefacio de Mallarmé) tuvo un impacto notable no sólo en el campo de la poesía sino también en los teóricos del arte abstracto. Su autor se interesa por la doble función de la lengua : a) ideográfica (signos de las ideas), b) poética (por la sonoridad de los vocablos). El vocablo tiene un valor plástico que constituye un signo de por sí ; el significante fonético tiene un significado. A partir del análisis del funcionamiento del vocablo en la poesía de Maeterlink es cuando se le ocurre a Kandinsky la noción de resonancia interior :

« El gran recurso de Materlink es el vocablo. El vocablo es una resonancia interior [Das Wort ist ein innerer Klang] Esta resonancia interior procede parcialmente ( si no principalmente) del objeto que el vocablo sirve para designar. Pero si no se ve el objeto y si sólo se lo oye llamar se va formando en la mente del oyente una representación abstracta, un objeto desmaterializado que en el acto despierta en el ‘corazón’ una vibración. Así, el árbol verde, amarillo, rojo en una pradera sólo es un caso material, una forma materializada fortuita del árbol que sentimos al oír el vocablo árbol […] Igualmente se pierde a veces el sentido hecho abstracto del objeto designado y sólo subsiste, desnudo, el sonido del vocablo.[…] Cuando Maeterlink lo utiliza, un vocablo a primera vista neutro, puede cobrar una significación siniestra. Una palabra sencilla (cabellos por ejemplo) puede en una aplicación convenientemente resentida, dar una impresión de desesperanza, de tristeza definitiva. Éste es el gran arte de Maeterlink.» (Kandinsky : 1989,84, cit. por Roque : 2003a, 325 ; subrayo el término de vibración ya que me parece remitir a la Estética ciéntifica que voy a evocar mas adelante)

Georges Roque observa que esta comprensión del uso poético de la palabra es determinante para el pensamiento de Kandinsky y para la analogía que, a partir de ellla, él va a deducir entre la palabra y el color. « Dicho de otra forma, prosigue Roque, cuando ya está separada de su significado usual y queda solo utilizada por su contenido de significación, la palabra adquiere una nueva resonancia y se encuentra asociada con otros significados, o, en palabras de Ghil, otros sensaciones, sentimientos o ideas. » ( Roque : 2003a, 328) Nos damos cuenta en efecto de la relación fundamental que se traba entre dicha concepción de la total autonomía de la palabra y el surgimiento de un nuevo lenguaje fundamentado en la puesta en relación de los signos y la definición de un sistema autoregulado. El mismo Roque subraya con toda razón el parentesco que se puede establecer entre las nociones de ‘imagen acústica’ de F.de Saussure y de ‘resonancia interior’ de Kandinsky, recordando la cita siguiente del lingüista (1907-1911):

« El signo linguístico no reúne una cosa y un vocablo sino un concepto y una imagen acústica. Esta no es el sonido material, elemento puramente físico sino la grabación psíquica de este sonido, la representación que nos da de ella el testimonio de nuestros sentidos ; es sensorial y, si casualmente la llamamos material, es sólo con este sentido y por oponerla al otro término de la asociación, el concepto, generalmente más abstracto » (Roque 2003,325 ; el subrayado es de mí)

Me parece sumamente importante subrayar la formulación de Sausurre : lo de imagen acústica puede prestarse a interpretaciones equivocadas : no se trata en efecto de una percepción auditiva sino del producto de un proceso cerebral en el que viene totalmente implicada la experiencia. (Lo cual, digamoslo de paso, permite relativizar la crítica que hace M. Bajtin del ‘objetivismo abstracto’ de Saussure en Marxisme et philosophie du langage). Es impactante el paralelismo que se nos ocurre hacer con la relación entre el sonido musical y la emoción de Téodor de Wizema (Véase más arriba) pero, en su comentario, Roque pasa por alto la aportación de Freud, aparentemente bastante anterior, a esta problemática. En los tres casos (Wizema, Freud, Saussure) podemos vislumbrar una formulacion en la que se contraponen la impresion y la sensacion referente a la cual decía yo más arriba que nos remitía a un contexto cultural y sociohistórico mucho más amplio. Nos remite efectivamente de manera más precisa a las investigaciones en el campo de la óptica fisiológica del alemán Hermann Ludwig von Helmhotz, cuyos trabajos ponen de relieve una nueva concepción, revolucionaria, de la percepción visual (Véase capítulo precedente) y, entre otras cosas, la diferencia que hay entre la impresión que es una grabación pasiva en la retina y la sensación que es el resultado de la transformación de esta impresión por una serie de mecanismos neurológicos en donde interviene también la memoria. (Roque : 2003b, 51).

Esta observación es de una importancia capital ya que en torno a este discurso se construye una coherencia conceptual que moldea el conjunto del campo cultural correspondiente.En los dos campos culturales de la poesía y de la pintura se trata de liberar la palabra, la línea o el color de su esclavitud por el referente. Se descompone la línea hasta el trazo y la palabra hasta la letra. Roque cita varios manifiestos que salen en 1913 cuyos títulos son muy significativos : La palabra como tal (Kroutchenykh y Khlebnikov), La Letra como tal, La Liberación de la palabra ((Livchits), Resurección de la palabra, publicado en 1914 (Chklovski) (Roque : 2003a, 340). Dichos manifiestos evocan lo que dice Saussure cuando, para dar a entender la naturaleza del problema semiológico, estima que hay que estudiar la lengua de por sí, apartando las varias concepciones tradicionales, del público en genetal pero también del psicólogo o del sociólogo : « y de esta suerte se pasa al lado de la meta, descuidando los caracteres que solo pertenecen a los sistemas semiológicos en general y a la lengua en particular. Porque el signo escapa siempre en cierta medida a la voluntad individual o social : es ése su caácter esencial pero es también el que menos aparece a primera vista. » ( Saussure : 2005, 33-35) Se nos aparece pues una ruptura epistemológica que afecta la naturaleza y el estatus del signo : éste ya no resulta reducido a su función ancilar en servicio del objeto y de la representación del mundo ; viene a ser un signo de por sí y por lo tanto dotado de un significado totalmente autónomo, disponible en adelante para entrar en cualquier sistema de asociaciones. Su valor significativo resulta desplazado. Solo va a tener el significado que los demás signos le van a proponer o a imponer.

Reseñemos pues los elementos principales en los que coinciden los discursos respectivos de Freud, Saussure y los teóricos del arte abstracto. 1- Una definición de lo que es la palabra : un sonido musical (Ghil), una resonancia interior (Kandinsky), una imagen acústica (Saussure), una imagen sonora (Freud). (Véase De la imagen sonora de Freud a la imagen acústica de Saussure en el artículo precedente). 2- La autonomía de la palabra . Lo acabamos de ver en los casos respectivos de Ghil, Kandinsky y Saussure. Re-insertadas en el contexto que vengo describiendo y re-examinadas a su luz, dichas observaciones transcriben el surgimiento de una refundación epistemológica que se extiende por el espacio europeo y afecta a todos los campos de la actividad cultural, más especialmente de la poesía y de la pintura sin duda, como lo acabamos de señalar. Pero dicha autonomía es también la clave del cuestionamiento de S. Freud cuyas observaciones clínicas han demostrado que la palabra de por sí puede ser patógena o muy al contrario servir en la terapia psicoanalítica para curar el cuerpo. En los dos casos la voz remite a un significado codificado por la experiencia patógena del enfermo y no tiene nada que ver con el sitio que ocupa en el sistema lingüístico.Su significado usual es una máscara detrás de la cual se oculta la patología y, por lo mismo, el significante se debe desconectar del significado; sólo puede significar si se pone en relación con otro significante, de momento desconocido, lo cual supone que, en la terapia, sea considerado como un espacio semiótico vacío, autónomo, abierto a todas las asociaciones, en espera de ser insertado en una relación, como puede pasar con cualquier trazo, cualquier color o cualquier vocablo poético. En La Luz y los colores desde el punto de vista fisiológico afirmaba Agustín Charpentier en 1888 que no percibimos la realidad sino solamente relaciones. (Charpentier :1888,295, cit. por Rousseau : 2003,23) 3- El advenimiento de un nuevo lenguaje fundamentado precisamente en una semántica de las relaciones producida por unas asociaciones de palabras o de signos dentro de un sistema organizaso y regulado por estas mismas relaciones.

Esta convergencia se nos aparece como el producto de un discurso científico que vemos operar temprano en los trabajos de Freud (1875-1882) y que se organiza en torno a : a) una nueva concepción de los procesos que actúan en la percepción, y que asocian la visión y el lenguaje (la palabra=imagen sonora o imagen acústica) b) la oposición entre la impresión y la sensación.

3- Una instancia intermediaria entre la infraestructura y la superestructura : la Estética científica

El panorama que acabo de abalizar esquemáticamente saca a luz un amplio espacio sociocultural, organizado de manera homogénea y coherente. En el caso contemplado vienen implicados no sólo la pintura y la poesía sino también la psicología, la linguística, la incipiente semiología y los albores del psicoanálisis. Hay que observar sin embargo que : a-los diferentes elementos de este campo cultural no se mueven de manera homogénea. Cada uno de ellos tiene su historia y su ritmo propios. Las historias respectivas de la linguística, del estructuralismo, de la psicología, de la pintura y de la poesía son en efecto distintas. b- Se articulan en última instancia sobre lo que llamo ‘el Gran Todo de la Historia ‘ y de manera más precisa sobre la infraestructura, por medio de unas instancias intermediarias que en este caso son los campos estrechamente relacionados de las investigaciones científicas y la tecnología aplicada, los cuales, a su vez, dan directamente cuenta del avance de las estructuras socioeconómicas de producción ( la invencion por Helmhotz de un oftalmoscopio, las investigaciones de Freud sobre la anatomia del cerebro que dependen del avance de la tecnología etc.). Desempeña esta función de instancia intermediaria, a mi modo de ver, en el período considerado, la Estética científica, en palabras de Charles Henry, que fue director del laboratorio de la fisiología de las sensaciones en la Sorbona y autor, en 1885, de una Introducción a una estética científica. El título de Charles Henry remite a un campo discursivo en el que dialogan biologistas, neurólogos, ingenieros, inventores, poetas y pintores. (Charles Cros, por ejemplo es juntamente poeta, ingeniero e inventor de varios instrumentos entre los cuales el fonógrafo). El discurso teórico sobre la pintura, y más generalmente sobre las artes, viene contaminado y hasta dominado por el discurso científico. La Estética científica, como corriente intelectual, resulta « tributaria de las lecciones de la fisiología experimental. » Muchas veces asociado a la Edad de oro del positivismo (1880-1910), es la fuente de las primeras pinturas abstractas para Pascal Rousseau, el cual señala con una serie de ejemplos cómo dicha estética « ha fomentado la emergencia de una reflexión sobre la autonomía expresiva de las líneas y de los colores, y, con ello, dado acceso a la posibilidad de una ‘pintura pura’, emancipada de la obligación mimética y descriptiva tradicional. » (« Un langage universel- L’Esthétique scientifique aux origines de l’abstraction », Rousseau : 2003,19). Prosigue P. Rousseau, hablando del « modelo mecanista de la percepción que obsesiona el siglo XIX":

« Estamos en efecto en una época en la que se cree firmemente que la fisiología experimental va a contribuir a la comprensión no sólo de los mecanismos de la sensibilidad sino también incluso a la comprensión del funcionamiento del pensamiento. La visión, los fenómenos de atención o de memoria tendrían una explicación unificada con la exploración del sistema nervioso, con el modelo de la transformación eléctrica de las sensaciones como paradigma dominante. » (Ibid., 27)

Hay que notar otro paradigma : el de la teoría de la vibración, desarrollada precisamente, por Charles Henry ; éste adopta su concepción vibratoria de la actividad cerebral de Charles Richet para quien el cerebro sería un disco en el que se grabarían las vibraciones electromagnéticas exteriores al modo del fonógrafo. Señalé más arriba la traza aparente de este discurso en la definición del signo, cuando Saussure habla de la « grabación psíquica de la palabra. » Las ideas circulan en efecto de un campo a otro. En 1853, más de medio siglo antes de que salga la edición del Curso de lingüística general, Helmholtz, para expresar la diferencia que existe entre un objeto del mundo exterior y la sensación que de él tenemos, compara los signos de la sensación visual con los del lenguaje, « haciendo observar a este respeto que la relación entre estos signos y el objeto inicial es tan arbitrario como la palabra cn relación con el objeto que designa. » (Roque, 2003,52). Es difícil imaginar que Saussure haya podido desconocer esta Teoría del signo, obra de uno de los mas famosos fisiologistas de la época, teniendo en cuenta la difusión de todos sus trabajos en Europa, más especialmente en Francia. La teoría de la vibración, que afecta directamente la concepción que hasta la fecha se tenía de la luz, del color y del sonido, el modelo mecanista de la percepción o el de la transformación eléctrica de las sensaciones constituyen otros tantos temas de comentarios y de debates cuyos impactos son perceptibles en los ensayos teóricos que se refieren a la música o a la pintura. Así es como, por ejemplo, para Kandinsky, los colores producen une efecto doble, físico y psíquico, lo cual nos remite al pasaje de Saussure que cité más arriba, y, primero que todo, a las propuestas fundamentales de la Óptica fisiológica, lo cual da cuenta de la gran permeabilidad de los diversos discursos. Referente al efecto psíquico, Kandinsky añade una observación también muy significativa cuando escribe que : «se llega al segundo resultado primordial de la contemplación del color que provoca una vibración del alma. » (Du spirituel dans l’art et de la peinture en particulier, el subrayado es de mí). La teoría vibratoria explica la importancia que tiene la noción de sinestesia en la producción discursiva de los tres últimos decenios del siglo XIX. « En este gran mundo de las vibraciones que constituye la base del universo » (Roque, 2003a), es muy sugestivo tratar de reducir a un mismo esquema explicativo todas las manifestaciones de las diversas impresiones de los cinco sentidos. En su « Memoria sobre los principios de la actividad cerebral » que presenta en la Academia de las ciencias, en1872, Charles Cros pretende que una vibración sonora es traducible a un fenómeno óptico : « Conocer un sonido por el oído, escribe treinta años más tarde Le Dantec, es actuar humanamente ; estudiarlo por medio del receptor de las formas visuales es actuar científicamente […] El sentido de la vista usurpa con mucho los campos de los demás y su eficacia crece cada día más, merced a la invención de aparatos perfeccionados ; uno se puede preguntar incluso si no va a llegar más tarde a darnos un conocimiento perfecto de los fenómenos […] No veo por qué negarse a admitir la posibilidad de la extensión a todos los fenómenos del estudio óptico directo. » ( Le Dantec : 1904, 19, 30-331, in Rouseau : 2003, 27)

La reorganización del saber referente al proceso de la percepción, cuya importancia es capital tanto en el advenimiento del arte abstracto como en la génesis del psicoanálisis, se nos presenta pues claramente como el producto del avance tecnológico. Trae dos consecuencias mayúsculas : un nuevo examen de la problemática de lo visible y « una nueva interpretación cognitiva de las relaciones entre el mundo exterior y el individuo exigida por las lecciones de la emergente fisiología, fomentando la influencia de lo subjetivo en la percepción de lo real. » (Rousseau :2003, 19). Pero esta nueva interpretación se expresa, en el nivel discursivo, por esta oposición que vimos operar, en cada uno de los diversos campos culturales contemplados, desde el psicoanálisis, la lingüistica general, la incipiente semiología hasta la pintura abstracta y la poesía contemporánea, entre la impresión - punto de contacto entre el mundo y el sujeto – y la sensación que es el producto de un proceso de cognición en el que intervienen la experiencia personal y la memoria..

Edmond Cros

Instituto Internacional de Sociocrítica

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Del contexto sociohistórico a las estructuras textuales- Interdiscurso y morfogénesisis

En este artículo Edmond Cros prosigue el examen de algunas nociones fundamentales de su teoría y más especialmente de la morfogénesis. Precisa que este término se refiere al proceso de transcodificación, en las estructuras textuales, de las estructuras socio discursivas que operan en el contexto. Con algunos ejemplos demuestra cómo el texto transcodifica un enunciado estructural inicial y programador en campos discursivos diferentes regidos por unas aplicaciones respectivas diferentes. A partir de un elemento embryonario único, este proceso produce entidades transformadas desemejantes llamadas fenotextos per Edmond Cros.

Palabras claves : Morfogénesis, Fenotexto, Transcodificación, Estructuras Textuales, Capitalismo mercantil, Saussure, Freud, Alemán, Guzmán de Alfarache

Las investigaciones de Hermann Von Helmotz en el campo de la Óptica fisiológica (Óptica fisiológica, 1856-1866) han llevado a una definición radicalmente nueva de los mecanismos de la percepción y, luego, a una nueva problemática de lo visible. En un estudio anterior (Cros : 2012) había observado yo cómo, de 1860 a 1914, una estructura céntrica del discurso científica (Impresión vs sensación), redistribuida por una instancia intermediaria, la Estética científica, articula los dos niveles de la infraestructura y del campo cultural ( aparición del psicoanálisis y de la semiología, principios del estructuralismo, poesía simbolista, pintura abstracta) Para una mejor comprensión de lo que viene a continuación, tengo que remitir a la primera parte de este estudio que se refiere a la relación que se tiene que hacer entre las nociones de imagen sonora de Freud y de imagen acústica de Saussure. A primera vista lo que llama la atención en este amplio panorama es la verdadera revolución que afecta la definición y el estatuto de aquello que Saussure va a llamar significante. Freud cuestiona la relación entre el objeto y el signo que lo designa al estimar que la representación consciente « asocia la representación de la cosa y la representación del vocablo correspondiente » y llama ‘afasia simbólica’ a la consecuencia de una alteración o de una ruptura de esta articulación. (Huot : 1987, 66) . En el relato que hace de sus estudios sobre la histeria observa atentamente la nitidez plástica de las representaciones que aterrrorizan a los enfermos y nota que estas representaciones se van esfumando conforme ellos las van describiendo. En su Contribución a la concepción de la afasia propone « un esquema psicológico de la representación de la palabra » que pone de manifiesto la indisolubilidad de los dos elementos que integran la misma entidad (imagen sonora del vocablo+ imagen visual del objeto) :

Comenta de la manera siguiente este esquema : « La representación de la palabra se nos parece como un complejo representativo cerrado, la representación del objeto en cambio como un complejo abierto. La representación de la palabra no está relacionada con la representación del objeto por todos sus elementos constitutivos sino sólo por la imagen sonora. De entre las asociaciones de objeto son las visuales las que representan el objeto así como la imagen sonora representa la palabra. » (Freud : 1983, Paris PUF,127 ; en este artículo todas las traducciones son de mí). No se trata luego de una sencilla equivalencia en la cual uno de los dos elementos podría sustituir al otro sino de una entidad indivisible. Cuando uno de los dos elementos está alterado o cuando esta entidad constituida por la imagen visual del objeto y la imagen sonora del vocablo se desagrega , se trata para Freud de una afasia simbólica. Esta definición por Freud nos remite a la definición similar que propone F. de Saussure el cual utiliza la expresión de ‘imagen acústica’ para definir lo que terminará por llamar significante :

El signo linguístico une no una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica. Ésta no es el sonido material, cosa puramente física, sino la grabación psíquica de ese sonido, la representación que de él nos da el testimonio de nuestros sentidos ; es sensorial y si a veces la llamamos « material » es sólo en este sentido y por oposición al otro término de la asociación, el concepto, generalmente más abstracto. El carácter psíquico de nuestras imágenes acústicas aparece claramente cuando observamos nuestro propio lenguaje. Sin mover los labios ni la lengua, podemos hablarnos a nosotros o recitarnos mentalmente un poema.Y porque las palabras de la lengua son para nosotros imágenes acústicas, hay que evitar hablar de los « fonemas » de que están compuestas. Por implicar este término una idea de acción vocal, no puede convenir más que a la palabra hablada, a la realización de la imagen interior en el discurso. (Saussure : 2005, 98 ; la traduccción y el subrayado son de mí)

Este pasaje ha sido muchas veces citado, sin que se haya sin embargo, que yo sepa, subrayado lo que en él me interesa, o sea la distinción que hace el autor entre el fenómeno físico ( el sonido material) y el espacio psíquico ( la grabación psíquica de este sonido) en el que se construye una « representación sensorial », una « imagen interior », o sea, literalmente, una sensación. La imagen acústica – el signo – es, para Saussure, un fenómeno psíquico. Las dos definiciones, del signo por Saussure y de la palabra por Freud, son perfectamente similares : en ellas se plasma la oposición formulada por la óptica fisiológica entre la impresión y la sensación : la grabación psíquica del sonido, « realización de la imagen interior en el discurso » y cuya naturaleza es sensorial da cuenta de un recorrido similar a aquel recorrido sacado a luz por la óptica fisiológica que a partir de la impresión en la retina produce esta « obra del cerebro » que es la sensación. Se trata para mí de dos microfenómenos discursivos que presentan una significación histórica especialmente densa. Más allá del discurso científico de Freud que de esta forma, comenta los resultados de sus investigaciones clínicas referente al funcionamiento del cerebro, la una y la otra remiten en efecto a un contexto socio discursivo más amplio y, por más señas, al discurso científico producido por la Óptica fisiológica. En el caso de Freud la filiación genética es evidente : hay que recordar que se dedicó a la investigación experimental durante seis años en el instituto de fisiología de Viena dirigido por el Doctor Brücke, el cual pertenecía a la escuela del gran fisiologista Hermann von Helmhotz cuya Óptica fisiológica (1856-1866) fue traducida al francés por E. Javal y E.T. Klein en 1867. Georges Roque observa que la óptica fisiológica se ha desarrollado de manera espectacular en la segunda mitad del siglo XIX, y más especialmente merced a los trabajos de Hermann von Helmholtz : Como lo ha explicado Georges Ghéroult, que tradujo al francés la Teoría fisiológica de la música, los rayos luminosos producen en el ojo ‘una impresión que los nervios de la retina transmiten al cerebro en forma de sensación. Hay que distinguir dos procesos distintos : la impresión, grabación pasiva por la retina, y la sensación, resultado de la transformación de esta impresión por una serie de mecanismos neurológicos en los que interviene la memoria. Otro discípulo de Helmholtz, Augusto Laugel, afirmaba más claramente todavía que la sensación no es la obra del nervio óptico sino del cerebro (Roque : 203b, 51 )

Freud toma parte pues en una investigación colectiva que llevará a cabo una concepción radicalmente nueva de lo que es la percepción y cuyos efectos se pueden rastrear en varios campos culturales de la época ( los últimos decenios del siglo diecinueve) y más especialmente en los ensayos teóricos que se refieren al arte abstracto. (Véase infra) Las expresiones de imagen sonora e imagen acústica remiten también a la noción de sinestesia cuyo término y cuya problemática aparecen por los años 1860, primero en los campos clínico y científico de las teorías de la percepción y después, en los ensayos teóricos que se refieren a la producción artística. Se evocan y comentan frecuentemente las correlaciones intersensoriales en los últimos decenios del siglo XIX. Marcella Lista señala, por ejemplo, que se debe el primer reparto de los colores por las grandes familias de los timbres al pintor y músico alemán Johann Leonard Hoffmann (Lista, 2003, 216). A principios del siglo XX, en 1904, el biologista Le Dantec piensa que « quizás la ciencia nos permita algún día conocer todos los fenómenos del mundo por medio de uno solo de nuestros sentidos » y a la noción anatómica de sentido sustituye la de lenguaje (lenguaje-color, lenguaje-timbre, lenguaje-palpar, lenguaje-olor, lenguaje-sabor). La reversibilidad de un lenguaje a otro permite concebir ‘una lengua universal de las sensaciones’. ( Roque 2003 y Rousseau, 2003). Para Kupka en La Creación en las Artes plásticas, « la realización de una obra plástica requiere la colaboración de todos los sentidos » y con la memoria de los sentidos « se alargan nuestras impresiones confiriendo de esta forma aspectos colorados a los olores, asimilando a los colores unos sonidos que los matizan, los vocalizan, los enriquecen por medio de semitonos cromáticos etc. » Cuando, en los últimos decenios del siglo XIX, está evocada una ‘armonía de los colores’ o una ‘música de los colores’ no se trata de sencillas metáforas sino de expresiones que debemos entender literalmente y que transcriben de otra forma lo que significan las expresiones de Freud o de Saussure que estoy comentando. En su Psicología natural (1898) escribe William Nicati que « las longitudes de onda de los principales matices forman en conjunto una progresión geométrica exactamente como las octavas en música.» Esta cita de Nicati pone de manifiesto que la noción de sinestesia se ha desarrollado merced a dos paradigmas dominantes : el modelo de la transformación eléctrica de las sensaciones y, sobre todo, sin lugar a duda, el de la teoría de las vibraciones divulgada precisamente, en 1853, por la Óptica fisiológica de Helmholtz. ( En este particular, véase Roque : 2003b y Rousseau : 2003). Para Saussure además, el signo linguístico « no es el sonido material, sino la grabación psíquica de este sonido. », lo cual evoca las investigaciones dedicadas a tratar de traducir de manera gráfica las sensaciones auditivas y que han desembocado en la invención, en 1877, por Charles Cros del fonógrafo . (Éste deposita el 18 de abril de 1877 en la Academia de ciencias de París un sobre sellado en el que describe el funcionamiento teórico del fonógrafo). Se puede reseñar por lo tanto una serie de realizaciones discursivas en las cuales resultan transcodificados los términos de un discurso científico con que se plasma una matriz semiótica (impresión vs sensación) : gramófono, imagen sonora, imagen acústica, Colour Music (Remington, 1912)… La re-organización de la concepción, hasta ahora vigente, del proceso de la percepción, cuyo impacto se puede observar en el advenimiento de la semiología, en el arte abstracto y en la génesis del psicoanálisis, es luego el producto, en gran parte por lo menos, del avance de las ciencias y, en última instancia, de la infraestructura. Provoca dos importantes consecuencias : una renovación de la problemática de lo visible y una « nueva interpretación cognitiva de las relaciones entre el mundo exterior y el individuo que imponen las lecciones de la fisiología naciente, valorando el imperio de lo subjetivo en la percepción de lo real » (Rousseau : 2009, 19) Pero esta nueva interpretación se expresa, al nivel discursivo precisamente, por la oposición que acabamos de ver varias veces operar en cada uno de los campos culturales evocados ( psicoanálisis, linguística general, o semiología, pintura abstracta, poesía simbolista) entre la impresión y la sensación que es el producto de un proceso cognitivo en el que intervienen la experiencia personal y la memeoria ( Cf Cros :2012) Se puede asimilar el funcionamiento de esta estructura al funcionamiento de la morfogénesis textual cuyo proceso operativo ya examiné en varios casos. Por lo mismo, al afirmar que el núcleo del foco morfogenético, en el caso del campo cultural implicado, se organiza en torno a la estructura impresión vs sensación, los microfenómens discursivos que vienen ser las definiciones del vocablo respectivamente dadas por Freud y Saussure por ejemplo (imagen sonora/imagen acústica) pueden calificarse de fenotextos y estos fenotextos transcodifican unos elementos fundamentales del discurso científico. (Véase infra la definición por Saussure de la imagen acústica) Se ha de recalcar la expresión de transcodificación ya que es un elemento esencial de mi postura sociocrítica propia. Remite en efecto a las polémicas sobre los modos de inscripción de la materia socio histórica en los textos literarios.Se le reprochó muchas veces con razón a la crítica marxista tradicional su planteamiento demasiado mecánico. Pero, precisamente, la sociocrítica ha respondido a esta crítica al optar por un planteamiento mucho más complejo del problema basado sobre la valoración de las mediaciones sociodiscursivas e institucionales que operan en la producción de sentido. El término de reflejo quedó rechazado y fue substituido por transcripción el cual vale si con él se evoca la significación que se le da en el campo léxico de la música « partitura adaptada a un instrumento, una voz o un grupo de instrumentos distintos del original o de los originales. » (El subrayado es de mí). Por su parte, Lucien Goldmann vacila entre transposición y homología cuando se refiere a la forma novelesca, la cual sería para él « la transposición en el campo literario de la vida cotidiana en una sociedad individualista edificada por la producción por el mercado. Existe una homología rigurosa, prosigue Goldmann, entre la forma literaria de la novela […] y la relación cotidiana de los hombres con los bienes, de manera general, y, por extensión, de los hombres con los demás hombres en una sociedad que produce para el mercado. » ( El subrayado es de mí) Esta observación es muy sugestiva pero se refiere a un problema algo distinto de lo que de momento me interesa. No se trata en efecto para mí de hacer constar que existe une relación directa entre dos elementos sino de observar, por una parte, el funcionamiento de un proceso de producción de sentido que implica una serie de instancias intermediarias y, por otra parte, el estatuto semiótico de las mediaciones que para mí son otros tantos sistemas, cada vez epecíficos, de codificaciones, diferentes los unos de los otros. Se me podría objetar sin embargo que los fenómenos producidos por una morfogénesis determinada son homólogos los unos de los otros , por lo menos si nos atenemos al significado que se da a la palabra homólogo en los campos respectivos de la fisiología [ « Órganos que tienen una estructura fundamental idéntica, un origen embrionario idéntico y las mismas conexiones pero cuyas funciones respectivas pueden ser diferentes. »] o de las matemáticas [« Se aplica en matemáticas al transformado de un elemento o de un conjunto por una aplicación determinada » (Diccionario Larousse : 1987 ; la traducción y el subrayado son de mí. María Moliner sólo menciona el uso en la química :’ Se aplica a los cuerpos que tienen funciones iguales y estructura semejante’].Veamos lo que pasa en el caso que nos interesa, reanudando con la definición que Saussure da de la imagen acústica : « Ésta no es el sonido material, cosa puramente física, sino la grabación psíquica de ese sonido, la representación que de él nos da el testimonio de nuestros sentidos ; es sensorial. » En esta definición Saussure no se aparta del campo del discurso científico, pero sabemos que muy pronto va a cambiar el término de imagen acústica por el de significante. Con este cambio de significante desplaza su definición a otro campo al cual va a llamar semiología y en el que se pierden el significado y el origen de la expresión original de imagen acústica. Si no se conoce el nuevo sistema del linguista el vocablo significante no tiene sentido y entre imagen acústica y significante no hay ninguna conexión semántica. La primera expresión describe un fenómeno científico complejo sin lugar a duda pero cuyos datos, tales como vienen presentados en la expresión, son claros. La segunda (significante) oculta este origen, transcodificando literalmente esta primera noción en un sistema que queda por construir y que va organizando sus propias regularidades. Significante y significado son, en efecto, en el sentido que les da Saussure en su época dos neologismos. Tomemos otro ejemplo : el esquema freudiano de la representación de la palabra (Véase más arriba). Se nota en este esquema una entidad de dos caras que no son disociables : la representación del objeto+ la representación de la palabra, de manera que cualquier alteración de una de las dos representaciones afecta también a la otra . La Óptica fisiológica, al cuestionar, por medio de la oposición entre la impresión y la sensación, el estatuto de lo visible, del objeto y, luego del significante que lo representa, lleva a destruir este objeto cuyos componentes (formas y colores) resultan desligados, y, por lo mismo, queda aniquilado el significado también. En adelante la palabra, ya desconectada de las « asociaciones de objeto » correspondientes, ya no tiene significado. Los valores plásticos del significante, del color o de la línea se pueden luego contemplar como unos transformados de la estructura implicada (Impresión/sensación) en los respectivos contextos de dos partiduras o de dos aplicaciones (Poesía/Pintura) que puedo calificar también de modelizaciones organizadas en torno a dos sistemas de codificaciones distintos el uno del otro. Para descartar cualquier ambigüedad, aunque sigo diciendo que los fenotextos son homólogos, opto por el término de transcodificación ( descartando el de homología), cuando tengo que evocar el proceso de adaptación de un enunciado estructural inicial y programador a un nuevo campo discursivo, por medio de una nueva aplicación que organiza las categorías formales que van a re-configurar el enunciado inicial. La transcodificación consiste en efecto en transformar una representación de informaciones organizada por una codificación determinada en otra representación organizada por una codificación diferente. ¿Es admisible sin embargo la reducción del foco inicial de la morfogénesis a una única relación estructural entre dos conceptos ? Tengo que recordar que, cuando estoy formulando una relación de este tipo, presentándola como un eje céntrico de la producción de sentido en un texto (o de la producción semiótica en un campo cultural, como se da el caso aquí) estoy formulando con ello el resultado de la convergencia de una serie de relaciones, calificadas de relaciones primarias constitutivas de una relación estructural más abarcadora que las incluye, definida por una oposición de conceptos. Veamos por ejemplo mi estudio de La Vida de Guzmán de Alfarache (España, 1599-1604) de Mateo Alemán cuya estructura genética inicial es para mí la diálectica de la Justicia y de la Misericordia. Cabe precisar que en el proceso de mi análisis fueron las conclusiones sacadas por un previo acercamiento semiótico del texto las que me llevaron a formular esta estructura, a la inversa de mi actual exposición que acata mis preocupaciones pedagógicas. Dicho de otra forma, fue despuès de sacar a luz una estructura considerada en adelante como genética de la producción textual cuando me interesé por el contexto sociohistórico para tratar de entender y explicar su origen. En este contexto observé las tres problemáticas siguientes : Esta formulación (Justicia vs Misericordia) se presenta como un producto reconstituido a partir de varios transformados de esta dialéctica o, mejor dicho, de la transcodificación de esta estructura básica en ( y por) tres sistemas que corresponden a las problemáticas siguientes cuyos importancia e impacto son manifiestos en el contexto sociohistórico de la aparición de La Vida de Guzmán en el último decenio del siglo XVI en Castilla (Cros : 1971) 1- un debate sobre el libre albedrio y la gracia, la querella De auxiliis gracia. En pocas palabras, se trata de opinar sobre si el hombre se salva porque se lo merece o por la sola misericordia de Dios, cuestionamiento que lleva a Santo Tomás a distinguir la gracia eficaz y la gracia suficiente. 2- Un debate sobre la reforma de la beneficencia que surgió en las sociedades luterianas del norte de Europa y que se transplantó en Castilla, particularmente por medio del libro de Vives, Del socorro de los pobres . En este debate se cuestiona la concepción católica tradicional de la limosna (dar al pobre es prestar a Dios), oponiéndole la postura de los protestantes que prohiben el pordioseo a cualquier pobre apto para el trabajo, ya que en el caso contrario el rico compra sus salud a expensas del pobre válido que, negándose a trabajar, pierde su salvación. 3- A nivel de la forma, ya había demostrado, en 1967 (Cros :1967), el impacto manifiesto de la Retórica en la composición y la escritura del texto de Mateo Alemán. Y la práctica discursiva judicial es por antonomasia el espacio en el que el fiscal que exige la justicia se confronta con el abogado que pide la misericcordia. Se trata de tres campos discursivos distintos administrados por tres aplicaciones, o tres voces, distintas que producen transformados respectivos distintos de un solo elemento embrionario. El objetivo de mi análisis consiste en tratar de identificar este elemento, que, en el caso presente, es precisamente la dialéctica de la Justicia y la Misericordia. Llamo morfogénesis al proceso complejo que opera la transcodificación de este elemento. Veamos entonces cómo , en cada uno de los tres casos que acabo de evocar,la transcodificación viene a desconstruir este elemento embrionario. En el primer caso, se trata de una relación individual con Dios ; la justicia es el producto de una relación entre la práctica de unos valores morales y religiosos y la salvación del alma . Dos tesis teológicas se enfrentan. La Misericordia y la Justicia son puros atributos de Dios y por lo tanto dos valores absolutos. El segundo caso tiene que ver con un problema de organización de la sociedad y aunque está implicada en última instancia la religión, se trata de dos valores relativos con arreglo a las circunstancias y a las personas implicadas. Son verdaderos instrumentos que permiten comprar su salvación y luego valores degradados. La dialéctica, por otra parte, presenta opciones contradictorias cuyos límites son dificiles de precisar : ¿en qué circunstancias soy más justo o más misericordioso con el pobre ? ¿cuando le doy una limosna o cuando me niego a dársela ? ¿Significa mi comportamiento de persona supestamente justa que critico a la persona misericordiosa ? Lo mismo pasa con la gracia : ¿cuándo pasamos de la gracia suficiente a la gracia eficaz ? ¿Cuándo pasamos de la misericordia a la justicia o de la justicia a la misericordia ? Las modalidades de las prácticas de estos dos valores son diferentes : en los dos primeros casos , ‘cada uno es hijo de sus obras’, aunque los considerandos son diferentes ; el destino del sujeto depende de sí mismo y, en última instancia , de Dios. En el tribunal es un juez quien ha de decidir despuès de escuchar al fiscal y al abogado. Se me podría objetar pues que las equivalencias que establezco son discutibles, más especialmente cuando asiento por ejemplo una equivalencia entre, por una parte la misericordia de Dios que perdona al pecador, la compasión del hombres piadoso deseoso de aliviar el sufrimiento de los pobres, la solicitud que aboga por la clemencia de los jurados, y, por otra parte, el mérito, intrínseco o no, del hombre, la recompensa en el más allá, el castigo de un crimen o una solicitud de clemencia. Pero precisamente no quiero asentar equivalencias de valores sino equivalencias de relaciones entre dos valores . Esta relación sigue igual en los tres casos ; sólo cambian los contenidos léxico-semánticos de las relaciones implicadas. Estas diferencias se explican por la presencia y la intervención de tres operaciones de transcodificación que remiten a tres prácticas sociales y discursivas diferentes. Estas constituyen espacios discursivos respectivos que no se confunden el uno con el otro : distribuyen los mismos significantes pero el mismo significante ( (justicia o misericordia por ejemplo) remite a significados distintos en el contexto de cada uno de los tres sistemas cuyo funcionamiento es cada vez específico. Es lo que acabamos de notar al distinguir la misericordia de Dios de la compasión cristiana y de la clemencia solicitada por el abogado. Cada sistema (religioso, social o judicial) organiza sus propias asociaciones de signos, sus propios trayectos semióticos y sus propias regularidades con arreglo a una verdadera clave de sol que precisamente hace posibles las adaptataciones a una partidura o a otra, a una voz o a otra. Remito a lo que decía arriba de los fenotextos homólogos. La estructura, que es siempre la misma, representa el elemento embrionario. Los contenidos que esta estructura organiza remiten a unos elementos que han servido para construir tres fenotextos distintos. Las relaciones calificadas de primarias son inferidas de los análisis respectivos y objetivos de cada uno de los tres sistemas. Ateniéndome a este tipo de funcionamiento en el análisis de la morfogénesis puedo identificar su punto de convergencia y definir a éste como una relación estructural dialéctica entre la misericordia y la justicia. La estructura fundamental que se concreta en las relaciones que califiqué de primarias sale a luz, se revela, gracias a la manera como estas relaciones se organizan entre sí. Se nota pues obviamente que este punto de convergencia no es el producto de un proceso argumentativo reductor sino que, al contrario, es un foco dinámico y polifónico que multiplica los espacios en que se graban los impactos de la inscripción de la materia socio histórica en el texto. Pero, precisamente, ¿ cómo explicar la coincidencia en el texto de Mateo Alemán de las trazas del impacto de estos tres campos discursivos (teológico, reformista, retórico) ?¿ Trátase de una postura teórica y subjetiva del analista o, éste, al contrario, tuvo simplemente que levantar acto de un tipo de funcionamiento semiótico propio de la producción de sentido ? Para construir mi argumentación seguí considerando hasta ahora esta estructura genética como un dato objetivo sacado a luz a partir de mis estudios anteriores y traté de examinar el proceso de transcodificación a partir de los contextos sociodiscursivo y sociohistórico de los cuales se supone que emerge esta estructura. Ahora hay que recorrer el camino a la inversa y tratar de demostrar su presencia y su estatuto en el mismo seno del foco intratextual que programa la morfogénesis. Queda por mencionar con esta perspectiva otra característica del texto que había sacado a luz en1973 en una conferencia leída en un congreso de la Sociedad de los Hispanistas Franceses (SHF) en Grenoble, o sea que el texto de Mateo Alemán transcribe el impacto del capitalismo mercantil. Esta sugerencia quedó confirmada por la excelente y nutrida tesis de Michel Cavillac (Cavillac :1983). Por mi parte, estudié con esta perspectiva ya en 1983 (y retomé este enfoque varias veces tratando cada vez de profundizar y precisar mis primeras observaciones) un pasaje de la Segunda Parte de La Vida de Guzmán de Alfarache. [La última versión de este estudio salió en El Sujeto cultural (Cros : 2005)] En este pasaje el narrador describe al verdadero amigo como quien lo da todo sin esperar ninguna compensación ; compara en este sentido al verdadero amigo con la generosidad de la Tierra , lo cual lo lleva a convocar y a desconstruir el mito de la Edad de Oro. Tal es el tema explícito desarrollado en unas veinte líneas. Pero para tratar este tema, el narrador maneja un material semiótico muy sorprendente en este contexto : la escritura en efecto emplea un conjunto organizado de términos y expresiones que proceden del campo léxico de la actividad comercial y del derecho mercantil. No se puede imaginar más evidente contradicción entre lo que se quiere decir y la manera como se dice. (Véase : www. sociocritique.fr Cros, E., « Towards a Sociocritical Theory of the Text »). Al te doy y tú me das que implica fundamentalmente el comercio se opone la abnegación y la verdadera generosidad del amigo que te lo da todo sin esperar ninguna compensación. Esta realización semiótica (Cambio vs Oferta gratuita) se puede examinar desde dos puntos de vista : por una parte añade una nueva relación primaria a las dos anteriores ( la práctica discursiva del mundo del comercio) ; es, por otra parte, el producto de la estructura que presenté más arriba como abarcadora. Podemos completar con ella nuestras dos series de valores : misericordia divina, compasión cristiana, clemencia solicitada por el abogado + auténtica generosidad vs mérito, recompensa en el más allá, castigo de un delito + intercambio en el contexto del capitalismo mercantil. Recuerdo sin embargo que es a partir de esta última oposición sacada a luz por el estudio semiótico del texto (Cambio vs Oferta gratuita) como convoqué en el contexto las otras tres . Pero, en esta perspectiva, el mérito, la recompensa, el castigo son unas manifestaciones diferentes de un significado idéntico, que es la justicia ; o, dicho de otra forma, un significado idéntico que es el te doy y tú me das que, obviamente, podemos relacionar con el capitalismo mercantil y el valor de cambio. La expresión dialéctica Cambio vs Oferta gratuita se presenta como un transformado del elemento embrionario identificado hasta ahora por la oposición entre la justicia y la misericordia. Sólo difieren las formulaciones y estas diferencias de formulaciones proceden de las diferencias que separan los códigos que operan en las prácticas socio discursivas respectivamente implicadas en los campos religioso, social, judicial o económico. Pero, en el transfondo de esta relación embrionaria asoma otro esquema en el que se oponen por una parte los valores auténticos (la compasión, la misericordia,, la indulgencia, la abnegación) y, por la otra, los valores degradados por ser utilizados como intrumentos en servicio de una finalidad, tales como el yo te doy y tú me das, en los cuales se plasma el valor de cambio que nos remite a un tiempo histórico específico dominado por el capitalismo mercantil en el contexto de la formación social correspondiente. Con esta formación social corresponde une formación discursiva dominada por el discurso del modo de producción dominante. La formación discursiva e ideológica que se articula sobre la formación social se estructura por lo mismo en torno a la dialéctica Cambio vs Oferta gratuita que viene a ser el elemento dominante del sistema a nivel de la superstructura y la dialéctica de la Justicia y de la Misericordia (que se plasma en torno a la querella De auxiliis gratiae, la polémica sobre la beneficencia y el arte de la Retórica) se manifiesta como el transformado de la estructura abarcadora. En este caso para dar cuenta del foco morfogenético es lícito vacilar entre dos formulaciones : valor auténtico vs valor degradado o bien : valor de uso vs valor de cambio ? ¿Cuál de las dos hay que privilegiar ? La una y la otra transcriben el mismo significado aparente, situado sin embargo en dos campos diferentes : el de la ética (valor auténtico vs valor degradado) y el de la economía (valor de uso vs valor de cambio). Pero, como lo acabamos de observar, esta aptitud para deslizarse de un campo a otro es un efecto del proceso de la producción de sentido. Este modo de funcionamiento presenta el valor de uso como un valor auténtico, articulando de esta forma lo ético y lo económico. Esta observación nos lleva a otro cuestionamiento teórico que se refiere al funcionamiento de la morfogénesis : ¿Cuáles son las consecuencias de estas contaminaciones fenotextuales ? Para tratar de contestar hay que evocar primero aquella red semiótica compleja que hemos solicitado más arriba. Una vez distribuidos por la escritura, los impactos de estas prácticas discursivas no actúan con arreglo a las regularidades de los respectivos campos de donde proceden. En el texto no existe ningún espacio en el que tal o cual campo podría operar, de manera autónoma, acatando su lógica interna. Los elementos que participaban hasta ahora de las microsemióticas de cada una de estas prácticas organizan en el texto nuevas asociaciones desconectadas de cualquier dependencia de su original organización y en el contexto de las cuales tal o cual significante puede ser atrapado por otros conjuntos de signos. Esta autonomía, que de cierta forma es aparentemente –y sólo aparentemente- caótica, concierne todo el material semiótico de los campos sociodiscursivos implicados, incluso los elementos más o menos explícitos de las problemáticas en torno a las cuales se han organizado inicialmente. Afirmar lo contrario nos llevaría a imaginar el espacio intratextual como un espacio inerto en el que estarían almacenados conjuntos semióticos milagrosamente conservados intactos que se podrían reseñar y recolectar, así, sin más. Con arreglo a estos fenotextextos el esquema estructural funciona a manera de un conmutador o cambio de agujas que provoca los deslices semióticos y la permeabilidad de los discursos. Eso se puede concretar , por ejemplo, en unos espacios en los cuales vendrían a coincidir elementos aislados procedentes de la problemática de la reforma de la beneficencia y otros del universo del comercio o del debate sobre la eficiencia de la gracia, otros tantos elementos que, en última instancia, remiten más o menos directamente a la fractura de la Reforma, que pone en tela de juicio la autenticidad de la fe y la degradación de las prácticas religiosas, y a la Contra Reforma. Como lo afirmaba más arriba, no se trata para mí de establecr equivalencias de valores sino equivalencias de relaciones entre valores. Es esta relación entre el uso y el cambio [o lo auténtico vs lo degradado] lo que, en el seno de la morfogénesis, es el elemento embrionario. Y esta dialéctica señala que en el texto opera una dinámica de la confrontación que cuestiona el valor de cambio desde el punto de vista del valor de uso o el valor degradado desde el punto de vista del valor auténtico. Cuestiona pues, en última instancia, el campo económico a partir de una postura teológica. Es este cuestionamiento el soporte fundamental de la inscripción de lo social en el texto en la medida en que transcribe una fase especialmente importante del desarrollo del capitalismo cuyos efectos son perceptibles en el campo de la espiritualidad y de lo religioso.

Bibliografía

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El Buscón como sociodrama

Luego de sacar a luz el impacto en la morfogénesis del Buscón de dos microsemióticas que funcionan a la inversa la una de la otra, como la cara y el envés de una misma representación (cabalgata de carnaval/ desfile de ajusticiados), este análisis trata de demostrar cómo dicho funcionamiento genera una serie de características textuales que, en resumidas cuentas, transcriben el enfrentamiento de la nobleza y de los burgueses segovianos fabricantes de paño a principîos del siglo XVI.

Después de la publicación de Protée et le gueux: recherches sur les origines et la nature du récit picaresque dans Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (Paris, Didier, 1967), la novela picaresca española fue uno de mis campos de investigaciones teóricas privilegiados, pero la Historia de la vida del Buscón es para mí un caso excepcional. En efecto, me dio la oportunidad de elaborar y afinar mi concepto de morfogénesis, entendido como un núcleo semiótico que se instituye en cuanto el texto empieza a constituirse, programando el trabajo de la escritura y el devenir textual en todos los niveles (tiempo, espacio, estatuto de los personajes, materia verbal, organización de la narración etc.).

Confieso que esta propuesta teórica puede ser difícil de entender y, todavía más, de aplicar. Sin embargo, precisamente, mi lectura del Buscón pretende demostrar su pertinencia y validez. Así es como unos microfenómenos discursivos como “angelico” o “tundidor de mejillas” y, de manera más general, los diminutivos y las metáforas supuestamente conceptistas y burlescas, encierran una codificación genética que, una vez descifrada, permite que nos remontemos hasta la situación sociohistórica productora de las estructuras textuales. Es esta relación entre las estructuras textuales y las estructuras sociohistóricas la que me interesa.

Por lo tanto, en la amplia bibliografía dedicada al Buscón este tipo de análisis es difícil de clasificar. En efecto no me interesa lo que significa tal o cual detalle, tal o cual párrafo, ni tampoco la presencia de tal o cual tópico literario sino la manera cómo estos elementos se integran en un sistema, y, sobre todo, lo que este sistema transcribe más allá de lo que podría significar. Estimo además que, por ser el texto una totalidad que se está construyendo, debemos proponer una argumentación capaz de reconstruir esta coherencia, o sea capaz de sintetizar en una arquitectura explicativa válida las múltiples observaciones que hayamos hecho en todos los niveles. En este caso, llevé a cabo, paso a paso, la reconstitución de este sistema, primero en L’Aristocrate et le carnaval des gueux: Étude sur le Buscón de Quevedo (Montpellier, C.E.R.S., 1975), luego en una versión corregida y bastante ampliada con el título de: Ideología y genética textual: el caso del Buscón (Madrid, Planeta, 1980) que dedicaba mucho más espacio al contexto sociohistórico y, por fin, en una serie de conferencias o artículos. Este trabajo de investigaciones se extendió de 1975 a 1988: en 1988, publiqué una nueva edición del texto, poniendo en tela de juicio las opciones de Fernando Lázaro Carreter y haciendo hincapié precisamente en las conclusiones que me habían llevado mis estudios anteriores. De manera que entre L’Aristocrate et le carnaval des gueux y la edición de 1988 (que renovaba radicalmente la cuestión referente a qué texto del Buscón hay que editar) se nota una continuidad que justifica esta nueva publicación (2006). Quisiera subrayar las diferentes fases de esta continuidad y la manera cómo cada una de estas fases contribuyó a llevar a cabo mi proyecto teórico.

I - L’Aristocrate et le carnaval des gueux, como lo señalé más arriba, no pretende interesarse por el sentido de la obra de Quevedo sino por aquello que el sistema semiótico transcribe de las estructuras sociohistóricas de la época correspondiente. Aplicando mi propia teoría referente a la morfogénesis textual que está expuesta y comentada en Literatura, Ideología y Sociedad (Madrid, Gredos, 1986), saqué a luz la presencia, como componentes mayores de lo que llamo el genotexto, en el núcleo programador del Buscón, de dos imágenes que funcionan a la inversa la una de la otra, como la cara y el envés de una misma representación que se deconstruirían la una en la otra y así se dejarían ver simultáneamente a la manera de una transparencia (cabalgata de carnaval/ desfile de ajusticiados). Trato de demostrar a continuación cómo dicho funcionamiento genera una serie de características privativas del Buscón (estatuto del signo y del discurso, organización narrativa, formación de los diminutivos y de las metáforas, construcciones adversativas etc.), haciendo énfasis en la yuxtaposición de dos discursos contradictorios relacionados cada uno con una de las dos imágenes constitutivas del genotexto. Esta última observación me llevó a formular los términos de una contradicción recurrente entre, por una parte, un discurso usurpado y disimulador y, por otra parte, un discurso rectificador o desilusionador. Pero ¿usurpado por quién? ¿Rectificado por quién?

Encontré la respuesta leyendo atentamente el incipit, tomando al pie de la letra el primer punto de referencia que éste nos propone: “Yo, señor, soy de Segovia” y haciendo constar que las metáforas burlescas (sastre de barbas, tundidor de mejillas, zurcidora de gustos) convocaban la presencia recurrente del medio ambiente de los “hacedores de paño”. Con esta primera clave de desciframiento, Pablos y su familia vinieron a ser “personajes substitutos” que, por una parte trataban de identificarse con este sector de actividad al cual sin embargo, por otra parte, estaban despectivamente asimilados. El sector de la actividad textil se pesentaba por lo mismo no sólo como un centro de atracción interna (visión del protagonista) sino también como un punto de repulsión visto desde la instancia narrativa que maneja la visión de las comparsas, . Esta imbricación de dos puntos de vista contradictorios resultó ser una recurrencia que tenía, a su vez, un impacto evidente en la producción de sentido, formando una especie de matriz que podemos imaginar bajo la forma metafórica de dos espejos que no cesarían nunca de invertir sus mutuas representaciones, lo cual cuadraba perfectamente con la presencia y el funcionamiento de las dos imágenes señaladas más arriba (Véase el párrafo anterior). En tal contexto, la instancia narradora venía a ser un espacio ocupado por un representante de las clases dominantes, cuanto más que los personajes supuestamente usurpadores estaban también asimilados a los cristianos nuevos de judíos.

Al final de esta primera fase observé que el Buscón , primero que todo, estaba transcribiendo el enfrentamiento de la nobleza y de los burgueses segovianos fabricantes de paño, caricaturizados como un grupo de personajes burlescos en el contexto de las prácticas carnavalescas, de ahí el título de mi primer ensayo ( L’Aristocrate et le carnaval des gueux). Me hacía falta todavía entender las razones por las cuales estaban implicados los dos códigos que estaban transformando la materia y los esquemas discursivos de forma tan coherente, o sea estas dos prácticas sociales específicas que son el Carnaval y la Inquisición. Si se podía entender que estuviera implicada la Inquisición tratándose de cristianos nuevos ¿Qué tipo de relación podía existir entre el Carnaval y los burgueses ( o mejor dicho los elementos de una burguesía que no se ha configurado todavía como clase) ?

II -P or casualidad me facilitó la respuesta la lectura del relato de Diego de Colmenares (Historia de Segovia, 1637), de las fiestas que se celebraron en Segovia entre el 12 y el 22 de septiembre de 1613, con ocasión del traslado de la estatua de la Virgen de la Fuencisla, patrona de la ciudad. Me fijé especialmente en las cabalgatas organizadas por los “nobles linajes” y los hacedores de paño que ocupaban sucesivamente las calles de la ciudad, proyectando en el simbolismo de las representaciones sus fantasmas respectivos de poder, sus valores y alianzas. El día 20 salen, con 32 participantes, los cuatro carros de la nobleza, los cuales, por demasiado voluminosos, no pueden circular por las calles estrechas de la ciudad. Al día siguiente, día de San Mateo, patrono de los mercaderes, lo cual ya es una señal bastante fuerte dirigida a sus adversarios, estas calles están invadidas por 550 personajes y 19 triunfos; 14 grupos de bailadores, cantadores y músicos constituidos por 122 representantes del campesinado, reclutados en los pueblos de la tierra de Segovia por algunos artesanos urbanos, ejecutan su folklore carnavalesco. Llaman la atención dos elementos que son esenciales para entender el alcance de esta escenografía: 1- los mercaderes están federando, bajo su control, las fuerzas del estado llano, convocando, sin lugar a duda, en la memoria colectiva el afrontamiento que se había verificado un siglo antes, entre los rebeldes de las Comunidades y el poder feudal y en el cual ya el sector converso de la actividad textil se había implicado gravemente; 2- el campesinado ya no es el actor espontáneo de su folklore sino que lo han reclutado, pagados por los fabricantes de paño, algunos empresarios (pelaires, tundidores, sastres etc.) que pertenecen a la población suburbana asociada al mismo sector de actividad, para que venga a ejecutar sus danzas carnavalescas. Esta apropiación por los burgueses de un folklore ajeno es un dato histórico testimoniado en la Europa del Norte ya en los primeros decenios del siglo XVI: en el proceso de su ascensión social, la burguesía, por no tener una memoria de clase, usurpa la cultura del campesinado para afrontar la dominación cultural de las clases dominantes (nobleza y clérigo) que le impiden el acceso a la hegemonia política.

De este relato de Diego de Colmenares se puede concluir que: 1- la práctica carnavalesca es un componente esencial del enfrentamiento clasista; 2- esta doble escenografía ( 20 y 21 de septiembre) representa un sociodrama nutrido por la memoria colectiva y una contradicción histórica clásica entre el poder político y el poder económico. Según y conforme el punto de vista que se elija y los componentes de la memoria colectiva que se reactiven, el hacedor de paño se puede presentar como un personaje simplement ridículo o, por el contrario, amenazador, cuya máscara no logra encubrir su esencia ni sus proyectos subversivos. Es lícito, en efecto, colegir que esta muchedumbre que invade las calles de la ciudad gritando cantando y bailando, bajo el control de una gente que ya tiene el poder económico y organiza una escenografía provocadora, haya podido representar una amenaza política que convocara para el partido de los nobles linajes el recuerdo de la rebeldía fracasada de las Comunidades.

Relacionar, como es debido, dicha escenografía con mi análisis del texto de Quevedo me lleva a considerar que el Buscón se puede calificar también de sociodrama, un sociodrama nutrido por un sentimiento de profunda angustia. Este sentimiento explica la presencia y el impacto de algunos ritos de exorcismo destinados a conjurar un Mal identificado, en este caso, con el fantasma de la subversión social y la pérdida de una identidad colectiva que se cifraría en la cohesión ideológica y religiosa.

Examino detalladamente esta fiesta segoviana en el capítulo V de esta edición (Universidad de Granada, 2006) mientras que, en el capítulo anterior, trato de situar en un contexto más preciso, capaz de dar cuenta de su génesis, la imbricación de los puntos de vista que provoca el juego recurrente de las inversiones de representaciones. Por eso, hago hincapié, primero, en la situación sociopolítica que impera en Segovia, a partir de los trabajos de J.P. Le Flem y F. Luis Martín referentes a la movilidad social que afecta al sector de actividad de la lana, antes de pasar al contexto más general y más amplio de Castilla. Las cartas de negocio intercambiadas entre Florencia y Medina del Campo por Simón Ruiz y Baltasar Suárez, publicadas y comentadas por Felipe Ruiz Martín dan fe de una relación dramatizada en la que la subordinación ideológica del mercader provoca en él una verdadera fascinación a pesar de la dominación económica efectiva que él mismo ejerce en la vida diaria sobre la clase dominante a la cual aspira a izarse: “Los disgustos que les daba a veces los nobles no les causaban resentimiento ni tampoco animosidad sino que tanto desprecio, tanta indiferencia, lejos de hacerlos aspirar a destruir el orden existente, provocaba en ellos un deseo vehemente de izarse hasta el rango de los privilegiados.” (Rodríguez Marín, p.LXVIII).Esta atracción que suscita comportamientos o fantasmas de imitación o de identificación tiene algo que ver con la fascinación que manifiesta el padre de Pablos con arreglo a los representantes de la industria textil. Sólo difieren los dos sentimientos en lo siguiente: el barbero se siente atraído por un estamento que es despreciable desde el punto de vista de la instancia narradora, o sea por un contravalor y, con eso, pasamos del prurito de imitación a la parodia, de la imitación a la farsa carnavalesca. De manera que para mí se hace evidente una continuidad semiótica entre, por una parte, la ridícula pretensión del barbero (“diciendo que él era tundidor de mejillas”), todos los comportamientos de imitación de Pablos, la cofradía de los falsos hidalgos, la proyección del relato entero en la representación carnavalesca etc. y, por otra parte, la fascinación que le impulsa al mercader a izarse al rango de la clase dominante.

En resumidas cuentas, la instancia narrativa parodia a la gente que trata de imitarla, proyectando de esta forma en la supuesta conciencia ajena una representación deliberadamente desfigurada de sí misma. Ahora bien! ¿Cuál es el alcance de esta mímesis desfigurada? Interviniendo de manera recurrente, directa o indirectamente, esta dimensión textual está profundamente grabada en la morfogénesis, articulándose con la presencia obsesiva del chivo expiatorio (rey del gallos, evocación de la figura Crística, cicatriz en la frente de Pablos, ceremonias inquisitoriales…). De acuerdo con René Girard (Girard, Des Choses cachées depuis la fondation du monde, Paris, Grasset,1978) en efecto la trasgresión del interdicto que afecta a la rivalidad mimética lleva a la mímesis del antagonista, o sea al sacrificio expiatorio. Más allá del caso del Buscón (pero sin descartarlo, sin embargo) esta observación abre una perspectiva nueva para reexaminar el significado auténtico de las prácticas inquisitoriales y especialmente del auto de fe, valiéndose de los recursos de la antropología o de ciertas tendencias de la sociología.

Vemos de esta forma el rol céntrico que desempeña el discurso carnavalesco, primero como componente esencial del enfrentamiento clasista en una situación de contradicción histórica y, luego, como integrante de un sistema de representaciones que implica la construcción (y/o la destrucción) de la cohesión colectiva nacional: mientras que la rivalidad mimética amenaza esta cohesión, el rito de exorcismo que la misma rivalidad mimética convoca automáticamente conjura esta amenaza. Así queda plenamente justificado tanto en el campo de la antropología como de la historia el funcionamiento en el Buscón de las dos prácticas sociales implicadas: Carnaval/Inquisición.

III - Cuando José María Díez Borque me encargó una edición y notas con estudio preliminar del Buscón para la colección Temas de España de la editorial Taurus, por los años 1983-84, yo no veía cómo podíamos prescindir de la edición crítica magistral de Fernando Lázaro Carreter pero este encargo me dio la oportunidad de volver a leer atentamente su Introducción así como el texto del manuscrito B, que en opinión del ilustre académico correspondía a una primera redacción escrita posiblemente entre 1603-1604 y retocada entre 1609 y 1614. Lázaro Carreter estimaba que esta redacción retocada y reconstituida por él a partir de las variantes reseñadas en dos manuscritos más y la edición de 1626 debía ser considerada como la definitiva. Me di cuenta de que sus argumentos referentes a la anterioridad de B no eran convincentes y opté por la tesis contraria pero lo que me interesó más fue lo siguiente: hasta la fecha sólo había utilizado yo la edición de Lázaro Carreter y había definido luego sólo a partir de ésta las regularidades textuales o sea las leyes de las cuales se dotaba el mismo texto. Ahora bien, constaté súbitamente que el manuscrito B acentuaba de manera notable el supuesto impacto de estas leyes, restringiendo todavía más las excepciones que había tenido, hasta ahora, que registrar en el caso de la supuesta edición definitiva de Lázaro Carreter. En mi perspectiva teórica esta conclusión es mucho más importante que el problema de la edición de por sí ya que me permite hacer énfasis, por una parte, en el interés del concepto de morfogénesis y, por otra, en la validez de mi lectura del Buscón, cuanto más que, a raíz de mi artículo de 1986 y desde mi edición de1988, ya los editores recientes, a partir de 1990 parecen haber compartido mi opinión. Los retoques hechos por el mismo Quevedo, lector de su propio texto, acatan en efecto las leyes de la programación genética!

Así y todo, esta nueva síntesis deja abierta una serie de cuestionamientos que implican varios campos de investigaciones distintos y más especialmente la historia, la historia de las mentalidades, la antropología cultural, en la medida en que yo mismo acudí, varias veces y de cierta forma, a sus recursos teóricos o sus avances en el proceso de mis reflexiones.

1- ¿Cómo explicar, por ejemplo, el comportamiento de los burgueses segovianos en su enfrentamiento político con la nobleza cuando parecen no sólo asumir sino hasta reivindicar su estatuto de conversos de judíos y su memoria religiosa?

2- Rivalidad mimética y exorcismo están muy presentes en el Carnaval. ¿No pasa lo mismo en el auto de fe? ¿Cómo se articula en este caso la rivalidad mimética, que implica la noción de “el pueblo elegido por Dios”, y el rito del exorcismo en el auto de fe?

3- Teniendo en cuenta la fuerte homología estructural que saqué a luz entre la fiesta religiosa segoviana y el texto del Buscón, ¿podemos imaginar que Francisco de Quevedo presenció estas ceremonias y escribió su texto a raíz de este evento? La hipótesis no es tan descabellada y, en este caso, las referencias temporales internas del relato podrían ser cuestionadas teniendo en cuenta la distancia que separa, en cualquier relato de estilo autobiográfico, el tiempo del actante del tiempo del narrador.

Ideología y génesis textual, el caso del Buscón está agotado desde hace ya más de veinte anos y confieso haber tardado mucho en proyectar una nueva edición. Concretamente, en El Buscón como sociodrama, corregí las erratas y los descuidos, traté de enmendar el estilo en busca de una expression más sencilla y más clara, y, sobre todo, centré de forma más sistemática mi argumentación, cambiando por eso no sólo el título general sino también los títulos de ciertos capítulos y apartados para subrayar el proceso de mi reflexión. Inserté en el capítulo V gran parte de una conferencia leída en Salamanca con occasion de un Homenaje a Quevedo en 1982 y en un apéndice la Introducción a mi edicion del Buscón de 1988 referente a la cuestión de la anterioridad del texto editado por Lázaro Carreter. Algunos apartados han sido añadidos o reescritos y, por fin, distnguí claramente dos Partes. La primera está dedicada a definir el sistema semiótico global del texto merced a una serie de aproximaciones lingüísticas y semióticas que me permiten formular el funcionamiento de la morfogénesis. En la segunda, se trata de dar cuenta de los orígenes de esta estructuración primero en un contexto sociohistórico y, a continuacón, , reconstruyendo a partir de una perspectiva antropológica un proceso de investigación que, luego de dar una significación histórica a una estructura textual previamente definida, se interesa por la manera cómo la representación imaginaria de este momento histórico reactiva unos esquemas arcaicos profundamente anclados en nuestra cultura judeocristiana.

Para que el lector pueda reconstituir paso a paso el proceso de mis reflexiones, sigo utilizando la edición de Fernando Lázaro Carreter, como en la edición original de Ideología y genética textual y opté por insertar la cuestión de los problemas textuales después del análisis del texto de Quevedo ya que precisamente las conclusiones a las cuales éste me había llevado me incitaron a poner en tela de juicio lo que hasta la fecha se pensaba generalment sobre este particular (Apéndice I: Quevedo lector del Buscón). Por el mismo motivo pedagógico conservo en el Apéndice II el estudio del incipit. ( Tomado de «Introducción» a El Buscón como sociodrama , Granada, Editorial de la Universidad de Granada, 2006, pp.17-28)

El campo cultural de la segunda mitad del siglo XIX (Freud, Saussure, Poética, Pintura abstracta) y su articulación con la Historia.

La sociocrítica se interesa por sacar a luz la manera como lo socioeconómico se incorpora en las estructuras textuales, afirmando sin embargo que esta incorporación no es directa ni automática, ya que cada uno de los dos niveles implicados (la infraestructura y la superestructura) tiene su historia y su ritmo propios. Supone además que entre lo socioeconómico y lo cultural existen instancias intermediarias. Pero la noción de instancia intermediaria quizas sea demasiado abstracta y es necesario precisar lo que puede significar, acudiendo a un ejemplo concreto. Los dos artículos enfocan, con esta perspectiva, un período histórico relativamente amplio (la segunda mitad del siglo XIX hasta el primer decenio del siglo XX), poniendo de relieve cómo una instancia intermediaria, en este caso la Estética científica, articula sobre la infraestructura los principales campos culturales de la época implicada (Freud, Saussure, Poética, Ensayos teóricos de Kandinsky, Klee y Kupka ) (La Bibliografía está al final del segundo artículo )

La sociocrítica se interesa más que todo por sacar a luz la manera como lo socioeconómico se incorpora en las estructuras textuales, afirmando sin embargo que esta incorporación no es directa ni automática, ya que cada uno de los dos niveles implicados (la infraestructura y la superestructura) tiene su historia y su ritmo propios. Dicha postura se fundamenta en la noción de formación social definida por Marx como constituida por la coexistencia de varios modos de producción (medieval, precapitalista, capitalista, en el caso del Siglo de Oro por ejemplo). Esta noción puede parecer poco adaptada a la evolución de las sociedades modernas cuyos modos de producción tienden a organizarse de manera homogénea pero su interés no deja de ser evidente si consideramos que, en realidad, la especificidad de cada modo de producción remite a un tiempo histórico preciso, de manera que la noción de formación social puede ser re-definida por la co-existencia, en un momento determinado de la historia, de varios tiempos históricos. Debemos considerar sin embargo que estos distintos tiempos históricos están vinculados entre sí, constituyendo por lo tanto un sistema gobernado por la hegemonía de uno de sus elementos, en este caso el tiempo presente. Es este sistema el que genera la formación ideológica correspondiente. No se puede imaginar en efecto que cada uno de los diversos tiempos históricos implicados intervenga directamente en esta formación. La complejidad de este proceso se nos aparece más evidente si recordamos que este segundo sistema (formación ideológica) no se mueve forzosamente al compás del primero, sino con relación con su propia historia. Y lo mismo pasa en cuanto a las relaciones que se establecen entre lo ideológico y el nivel discursivo en que se plasma en última instancia el material socio-económico. Como se habrá observado, el proceso de incorporación de la historia implica unos mecanismos de mediación, de translado, de desenganches y de adaptación. Lo más notable, a primera vista, es que, de todas formas, pasando de un sistema (infraestructural) al segundo (ideológico) y, de éste, al tercero (discursivo), nos hemos movido sucesivamente en el contexto de tres ritmos distintos o sea que hemos cruzado por tres tiempos históricos que sólo parcialmente coinciden . Dentro de cada uno de estos tres niveles y entre el uno y el otro debemos imaginar además una serie de instancias intermediarias que se presentan ya sea como perfectamente adaptadas al tiempo hegemónico del presente, o al contrario como atrasadas o avanzadas. Cuando cuestionamos el mecanismo que gobierna este flujo ininterrumpido de la historia, observamos que es la existencia de estos multiples desfases la que impulsa su dinamismo, en la medida en que las instancias adaptadas al tiempo presente o avanzadas atraen siempre a las instancias atrasadas. El plurisistema ( la totalidad de las tres formaciones) en efecto “se presenta en realidad como un dispositivo de producción que funciona movido por un régimen de desigualdad en el que los desequilibrios generan las mutaciones.” (Louis Althusser).

Pero la noción de instancia intermediaria quizas sea demasiado abstracta y me parece imprescindible precisar lo que puede significar, acudiendo a un ejemplo concreto. Quisiera, por lo tanto, enfocar, con esta perspectiva, un período histórico relativamente amplio (la segunda mitad del siglo XIX hasta el primer decenio del siglo XX), poniendo de relieve cómo una instancia intermediaria, en este caso la Estética científica, articula los dos niveles de la infraestructura y del campo cultural. Haré hincapie en las mayores manifestaciones culturales de la época implicada, desde Sigmund Freud y Ferdinand de Sausure hasta los manifiestos que atañen a la poética o al arte abstracto, tratando primero de reconstruir las regularidades de las prácticas discursivas a partir de algunos micro-fenómenos discursivos.

Freud y La Óptica fisiológica de Helmholtz

Para Freud la representación consciente asocia la representación de la cosa y la representación de la palabra correspondiente

«Para Freud la articulación del lenguaje con el universo de los ‘objetos’ sensibles pasa por el ojo (la imagen visual del objeto) y la palabra ( la imagen sonora de la palabra) y Freud llama ‘afasia simbólica’ a la consecuencia de una alteración o de una ruptura de esta articulación.» (Huot : 1987, 66, esta traducción y las demás en estos artículos son de mí))

Esta teoría referente a la imposibilidad de disociar la una de la otra de las dos imágenes ( la sonora y la visual) procede de su experiencia clínica que él evocó varias veces, como, por ejemplo en el pasaje siguiente sacado de su Contribución a la concepción de las afasias (1891) :

«Si el trabajo del pensamiento se cumple esencialmente en un hombre con ayuda des estas imágenes ópticas [ …] por lo mismo unas lesiones bi-laterales en la zona cortical óptica han de provocar también alteraciones en las facultades del lenguaje que van mucho más allá de lo que se puede explicar por la localización.[…] En un ‘hablante visual’ una lesión del element visual no sólo provocaría la ceguera de las letras sino que lo volvería incapaz de utilizar su aparato del lenguaje .» (Freud : 1983, 130, 149, in Huot : 1987, 28)

Hay que recordar que Freud se dedicó a la investigación experimental durante seis años en un laboratorio de Óptica Fisiológica (Véase infra) que desde luego repercutía los progresos de la tecnología, lo cual puede explicar, como lo sugiere Hervé Huot, que no haya dejado de utilizar como modelos de comparación con el aparato psíquico los instrumentos ópticos como el microscopio, el telescopio o el aparato fotográfico. » (Huot : 1987, 25). Toma parte en una investigación colectiva que llevará a cabo una concepción radicalmente nueva de lo que es la percepción y cuyos efectos se pueden rastrear en varios campos culturales de la época ( los últimos decenios del siglo diecinueve) y más especialmente en los ensayos teóricos que se refieren al arte abstracto. (Véase infra) [En su Bosquejo de una psicología científica, distingue, por ejemplo, los neuronas ‘permeables’ de la percepción de los neuronas ‘impermeables’ de los cuales dependen la memoria y los procesos psíquicos. (1895, in Huot :1987,67)] En el primer período de su carrera científica, Freud es un anatomista del cerebro que se interesa más epecialmente por la Óptica fisiológica. En 1885, está tres meses de pasante en oftalmología. « Cómo clínico, tengo que dedicarme al estudio de la histeria y hoy en día no se puede publicar nada en este asunto sin medir el campo visual. » (Carta a Carl Koller, del 13 de octubre de 1886). Su interés por la histeria lo lleva pues a estudiar los procesos de alteraciones del órgano de la vista en el caso de los comportamientos histéricos. Hay que recordar además, en este plan, que las dos primeras enfermas histéricas atendidas por Breuer (Anna O..) y Freud ( Emmy Von N…) tienen alteraciones de la visión. En la gestación de lo que va a ser al final el psicoanálisis, la segunda aportación, igualmente sumamente importante en el recorrido científico de Freud, procede de su encuentro con Charcot y la hipnosis, la cual, trátese de la patología o de la terapia, no puede dejar de examinar las relaciones que se traban entre la representación y la palabra, entre la visión y el lenguaje. «Cuando el hipnotizador dice « Su brazo se está moviendo » , Usted no lo puede dominar, el brazo empieza a moverse y se nota que el hipnotizado trata vanamente de inmovilizarlo. La representación que el hypnotizador ha comunicado al hipnotizado por medio de la palabra ha provocado este comportamiento psicocorporal que corresponde exactamente con su contenido.» (Freud : 1984, 15-16, in Huot : 1987, 31 ; el subrayado es de mí) Estudiando la fisiología del ojo es como Freud descubre la estrecha relación entre esta fisiología y la problemática del lenguaje. El discurso científico producido por el campo de experimentación clínica de la óptica fisiológica es por lo tanto un elemento capital en el recorrido de un pensamiento que se precisa y se enriquece a lo largo de los años que Freud dedica a la histeria. Georges Roque observa que la óptica fisiológica se ha desarrollado de manera espectacular en la segunda mitad del siglo XIX, y más especialmente merced a los trabajos de Hermann von Helmholtz : «Como lo ha explicado Georges Ghéroult, que tradujo al frencés la Teoría fisiológica de la música, los rayos luminosos producen en el ojo ‘una impresión que los nervios de la retina transmiten al cerebro en forma de sensacion. Hay que distinguir dos procesos distintos : la impresión, grabación pasiva por la retina, y la sensación, resultado de la transformación de esta impresión por una serie de mecanismos neurológicos en los que interviene la memoria. Otro discípulo de Helmholtz, Augusto Laugel, afirmaba más claramente todavía que ‘ la sensación no es la obra del nervio óptico sino del cerebro’»(Roque : 203b, 51 ) La Óptica fisiológica de Helmholtz (1856-1866) fue traducido al francés por E. Javal y N.T. Klein en 1867. Su influencia, directa o indirecta en las teorías de la pintura y de la música en la segunda mitad del siglo XIX es manifiesta y parece fundamental. Referente a los colores, supone que existen tres colores fundamentales, el rojo, el verde y el morado que corresponden con tres terminaciones nerviosas. A partir de sus análisis fisiológicos construye una teoría del conocimiento. Tenemos que situar a Freud en este contexto : de 1876 a 1882 trabaja en efecto en el Instituto de Fisiología de Viena dirigido por el Doctor Brücke quien pertenencía precisamente a la escuela de Hemholtz, interesándose por la anatomía del cerebro ; en 1879 propone nuevos métodos histológicos (« Nota sobre un método de preparación anatómica del sistema nervioso »). De 1882 a 1884 publica varios artículos científicos sobre el mismo asunto : « Estructuras de las fibras y de las células nerviosas del cangrejo de río. » (1882), « Un nuevo método para el estudio del trayecto de las fibras en el sistema nervioso central » (1884), « Un nuevo método para el estudio de las fibras nerviosas en el cerebro y la médula espinal. » (1884) (Huot :1987, 22-23).También se interesa por el proceso de la percepción visual, empezando por la localización del centro visual en el cortex y la función de este centro en las perturbaciones del lenguaje en los casos de afasias. Escribe en su Contribución a la concepción de las afasias (1891) :

« Una percepción visual debe ser relacionada en el cortex con la terminación central del nervio óptico, una percepción auditiva con la región donde se extiende el nervio acústico. Todo lo que va más allá, tal como la combinación de diversas representaciones para formar un concepto y otras cosas similares, es una operación de los sistemas de asociación que relacionan diferentes areas corticales entre ellas y luego no puede ser localizado en una area única. » Freud :1983,53, cit. por Huot : 1987, 21, subrayado por mí)

El concepto procede pues de un proceso cerebral complejo en el que intervienen varios elementos que se conectan. Ya están convocados en esta cita los elementos que, a partir de este esquema de cognición, organizará años más tarde F. de Saussure en torno a la articulación Significado/ Imagen acústica (o significante).

En 1885 durante su estancia en París, se entrevista con el oftalmólogo Parinaud, ‘el primer oftalmólogo de Nueva York Knapp’ y el físicooculista Cornu, quien trabaja sobre la velocidad de la luz y los rayos ultravioletas. (Huot : 1987, 22). Y, sobre todo, conoce a Charcot « el mayor investigador de la nueva ciencia de la neurología, el maestro de los neurólogos de todos los países. ( en palabras de Freud en una nota necrológica dedicada a Charcot). El encuentro es de una importancia evidente para la génesis del psicoanálisis : despuès de dedicarse casi nueve años a investigar la anatomía del cerebro va a pasar otros diez, de 1885 a 1895, a estudiar la histeria.

Un nuevo lenguaje

Esta re-definición de la percepción genera un nuevo lenguaje. Para definir lo que es este nuevo lenguaje remito a lo que escribe Freud referente al caso siguiente :

«A propósito de esto me acuerdo de una dama que desde hacía muchos años padecía de representaciones obsesivas y fobias, y que con respecto a la génesis de su padecer me remitió a su infancia, pero no sabía nombrar qué tendría ahí la culpa. Era sincera e inteligente, y ofrecía una resistencia conciente notablemente baja. (Puntualizo aquí que el mecanismo psíquico de las representaciones obsesivas tiene muy estrecho parentesco con el de los síntomas histéricos, y para ambos la técnica del análisis es la misma.) Al preguntarle yo si bajo la presión de mi mano había visto algo o le acudió algún recuerdo, respondió: «Ni una cosa ni la otra, pero de repente se me ha ocurrido una palabra». _ «¿Una palabra sola?». - «Sí, pero suena demasiado estúpida». - «Dígala usted lo mismo». - «Casero». - «¿Nada más?». - «No». - Presiono por segunda vez, y hete ahí que vuelve a acudirle una palabra aislada, que se le pasa por la mente: «Camisón». Tomé entonces nota de estar frente a una novedosa manera de responder, y por medio de repetidas presiones promoví una serie de palabras en apariencia carentes de sentido: Casero- Camisón- Cama- Ciudad- Carromato. «¿Qué quiere decir eso?», pregunté. Meditó un momento, y luego se le ocurrió: «Sólo puede tratarse de una historia que ahora me viene a la mente. Cuando yo tenía diez años, y doce la hermana que me seguía en edad, cierta noche tuvo ella un ataque de furia y fue preciso atarla y llevarla a la ciudad en un carromato. Sé con exactitud que fue el casero quien la dominó y luego la acompañó también al sanatorio». - Proseguimos entonces con esta modalidad de la busca, y nos enteramos por nuestro oráculo de otras series de palabras que, es cierto, no podían interpretarse como un conjunto, pero se valorizaron para proseguir aquella historia y para anudar una segunda.la significatividad de esta reminiscencia se obtuvo enseguida. La enfermedad de su hermana le había hecho una impresión tan honda porque ambas compartían un secreto; dormían en la misma habitación y cierta noche habían debido soportar ambas los ataques sexuales de una persona del sexo masculino. Ahora bien, con la mención de ese trauma sexual de la temprana juventud no sólo quedaba al descubierto el origen de las primeras representaciones obsesivas, sino también el trauma que tiempo después habría de ejercer efectos patógenos.. Lo raro de este caso consistió únicamente en el afloramiento de consignas aisladas que debimos procesar en oraciones; en efecto, la apariencia de no guardar relación y ser inconexas es propia de todas las ocurrencias y escenas que suelen acudir a la presión, tal y como sucedió con aquellas palabras pronunciadas a la manera de un oráculo. Persiguiéndolas, por regla general se descubre que las reminiscencias en apariencia inconexas están estrechamente enlazadas por unas ataduras de pensamiento y llevan por la vía más directa al momento patógeno buscado.» (128-129 ; el subrayado es de mí)

Se notan en este caso dos tipos de lenguajes : el primero es el discurso del analista que procesa en oraciones las palabras aparentemente inconexas de la enferma y arma un relato : « La enfermedad de su hermana le había hecho una impresión tan honda porque ambas compartían un secreto; dormían en la misma habitación y cierta noche habían debido soportar ambas los ataques sexuales de una persona del sexo masculino. ». Descifra de esta forma otro lenguaje cuyas ideas no tienen relación aparente entre sí ; en este lenguaje el signo no atañe a la semántica común ; sólo significa cundo se pone en relación con otro signo que, a primera vista, no tiene nada común con él ; sin embargo los dos tienen una correferencia que hay que buscar. Antes de que se descubra la naturaleza de esta relación, no significa nada, está vacío de cualquier significación, está en espera de quedar ocuoado por esta correferencia. Casero- Camisón- Cama- Ciudad- Carromato. constituyen una microsemiótica que se ha organizado en torno a una representación patógena. Todo eso implica que en este nuevo lenguaje el signo sea considerado como autónomo, expuesto a todas las formas posibles de asociación. El sentido está esencialmente en las relaciones que existan entre los signos. La noción de asociación, o sea de la puesta en relación, está en el mismo centro de este nuevo lenguaje.

Me interesa hacer hincapie en la tesis freudiana que consiste en articular estrechamente la visión y el lenguaje ; dicha tesis, a mi modo de ver, procede de un discurso científico específico que nos remite a las investigaciones de Helmholtz y que se nos aparece como estructurado en torno a la oposición entre la impresión grabada en la retina y la sensación « que no es la obra del nervio óptico sino del cerebro ». Si se examina Estudios sobre la histeria con esta perspectiva, damos con una estructura ( Exterior/Interior) que se presenta como el producto de esta oposición fundamental, con los fenómenos de difracción que afectan los tres componentes de cualquier relato : tiempo, espacio,punto de vista. Pero este relato ya está presente sintéticamente en la representación y en la palabra patógenas que, de esta forma, se nos presentan como verdaderos relatos de por sí. Esta observación nos remite a la imposibildad de discriminar los dos elementos constitutivos de una misma entidad : la imagen sonora de la palabra y la imagen visual del objeto de la percepción.

De la imagen sonora de Freud a la imagen acústica de Saussure

Esta tesis de Freud es sumamente importante en cuanto la podemos relacionar con la definición del vocablo por Ferdinand de Saussure :

«El signo linguístico une no una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica. Esta última no es el sonido material, cosa puramente física, sino la grabación psíquica de ese sonido, la representación que de él nos da el testimonio de nuestros sentidos ; es sensorial y si a veces la llamamos»material » es sólo en este sentido y por oposición al otro término de la asociación, el concepto, generalmente más abstracto. El carácter psíquico de nuestras imagenes acústicas aparece claramente cuando observamos nuestro propio lenguaje. Sin mover los labios ni la lengua, podemos hablarnos a nosotros o recitarnos mentalmente un poema.Y porque las palabras de la lengua son para nosotros imágenes acústicas hay que evitar hablar de los «fonemas » de que están compuestas. Por implicar este término una idea de acción vocal, no puede convenir más que a la palabra hablada, a la realización de de la imagen interior en el discurso.» (Saussure : 2005, 98 ; el subrayado es de mí))

Este pasaje ha sido muchas veces citado, sin que se haya subrayado, sin embargo, que yo sepa, lo que en él me interesa, o sea la distinción que hace el autor entre el fenómeno físico ( el sonido material) y el espacio psíquico ( la grabación psíquica de este sonido) en el que se construye una « representación sensorial », una « imagen interior », o sea, literalmente, una sensación. La imagen acústica – el signo – es un fenómeno psíquico. En efecto :

"Esta definición plantea una importante cuestión de terminología. Llamamos signo a la combinación del concepto y de la imagen acústica pero en el uso corriente, este término designa, generalmente, a la imagen acústica sola, por ejemplo una palabra (arbor, etc.). Se olvida que, si arbor es llamado signo, es sólo porque lleva en sí el concepto ‘arbol’ de tal modo que la idea de la parte sensorial implica la de la totalidad . (Ibid, 99, el subrayado es de mí))

Las dos definiciones, del signo por Saussure y de la palabra por Freud, son perfectamente similares : en ellas se plasma la oposición formulada por la óptica fisiológica entre la impresión y la sensación : la grabación psíquica del sonido, « realización de la imagen interior en el discurso » y cuya naturaleza es sensorial da cuenta de un recorrido similar a aquel recorrido sacado a luz por la óptica fisiológica que a partir de la impresión en la retina produce esta "obra del cérebro » que es la sensación. Examinemos ahora más detenidamente las dos expresiones, consirándolas como unos micro-fenómenos discursivos en los que está grabada una significación histórica muy interesante . La una y la otra nos remiten en efecto a un contexto discursivo más amplio, y, por más señas, a la noción de sinestesia cuyo término y cuya problemática aparecen por los años 1860, primero en los campos clínico y científico de las teorías de la percepción y después, en los ensayos teóricos que se refieren a la producción artística. Se evocan y comentan frecuentemente las correlaciones intersensoriales en los últimos decenios del siglo XIX. Marcella Lista señala que el pintor y músico alemán Johann Leonard Hoffmann es a quien se debe el primer reparto de los colores por las grandes familias de los timbres :

«el azul asociado a las cuerdas frotadas (viola, violín, violoncelo), el verde a la voz humana, los colores vivos (del amarillo a la púrpura) a los instrumentos de madera y de cobre (trompeta, corno , flauta, oboe, bajón). Este paralelo viene a ser letra poética en su homónimo, .T.A. Hoffmann, en el célebre pasaje de Kreisleriana evocado por Baudelaire en el que a merced de un estado especial que asocia el vino, la música y el adormecimiento de la conciencia, la sinestesia se desarrolla con un matiz onírico : « No es tanto en un sueño como en este estado de delirio que precede al sueño y más especialmente después de escuchar mucha música cuando percibo una armonía general de los colores, de los sonidos y de los perfumes. Todos me parecen manifestarse del mismo modo misterioso, como a través de un rayo luminoso para unirse en un maravilloso concierto.» (Lista, 2003, 216)

A principios del siglo XX, en 1904, el biologista Le Dantec piensa que « quizás la ciencia nos permita algún día conocer todos los fenómenos del mundo por medio de uno solo de nuuestros sentidos » y a la noción anatómica de sentido sustituye la de lenguaje (lenguaje-color, lenguaje-timbre, lenguaje-palpar, lenguaje-olor, lenguaje-sabor). La reversibilidad de un lenguaje a otro permite concebir ‘una lengua universal de las sensaciones’. ( Roque 2003 y Rousseau, 2003). Para Kupka en La Creación en las Artes plásticas, « la realización de una obra plástica requiere la colaboración de todos los sentidos » y con la memoria de los sentidos « se alargan nuestras impresiones confiriendo de esta forma aspectos colorados a los olores, asimilando a los colores unos sonidos que los matizan, los vocalizan, los enriquecen por medio de semitonos cromáticos etc. » Cuando, en los últimos decenios del siglo XIX, está evocada una ‘armonía de los colores’ o una ‘música de los colores’ no se trata de sencillas metáforas sino de expresiones que debemos entender literalmente y que transcriben de otra forma lo que significan las expresiones de Freud o de Saussure que estoy comentando. En su Psicología natural (1898) escribe William Nicati que « las longitudes de onda de los principales matices forman en conjunto una progresión geométrica exactamente como las octavas en música. » Esta cita de Nicati pone de manifiesto que la noción de sinestesia se ha desarrollado merced a dos paradigmas dominantes : el modelo de la transformación eléctrica de las sensaciones y, sobre todo, sin lugar a duda, el de la teoría de las vibraciones divulgada precisamente, en 1853 por la Óptica fisiológica de Helmholtz. Hay que detenerse también en otra fenómeno discursivo que está grabado en la definición que propone Saussure del signo linguístico, cuando precisa que la imagen acústica « no es el sonido material, sino la grabación psíquica de este sonido. » En este término de grabación se plasma una densa significación histórica que nos remite al mismo discurso científico ya que evoca las investigaciones dedicadas a tratar de traducir de manera gráfica las sensaciones auditivas y que han desembocado en la invención, en 1877, por Charles Cros del fonógrafo . (Este deposita el 18 de abril de 1877 en la Academia de ciencias de París un sobre sellado en el que describe el funcionamient teórico del fonógrafo). Tengo que señalar otro índice que atañe a la unidad indisoluble de la representación del objeto y del signo (oído y visión). Ya evoqué más arriba la postura de Freud pero comparte la misma opinión Saussure para quien el concepto, que es un « hecho de conciencia », está asociado a la representación mental de la imagen acústica, o sea del signo :

«Sean pues dos personas, A y B, que conversan […] El punto de partida del circuito está en el cerebro de una, por ejemplo A, en el que los hechos de conciencia, que llamaremos conceptos, se encuentran asociados a las representaciones de los signos linguísticos o imágenes acústicas que sirven a su expresión. Supongamos que un concepto dado desencadena en el cerebro una imagen acústica correspondiente : es un fenómeno enteramente psíquico, seguido a su vez por un proceso fisiológico : el cerebro transmite a los órganos de la fonación un impulso correlativo a la imagen ; luego las ondas sonoras se prolongan de la boca de A al oído de B : proceso puramente físico. Luego el circuito se prolonga en B en un orden inverso : del oído al cerebro, transmisión fisiológica de la imagen acústica ; en el cerebro, asociación psíquica de esta imagen con el concepto correspondiente. […] Sólo hemos tenido en cuenta los elementos considerados como esenciales ; pero nuestra figura permite distinguir de inmediato las partes físicas (ondas sonoras) de las fisiológicas (fonación y audición) y psíquicas (imagenes verbales y conceptos). Es, en efecto, capital señalar que la imagen verbal no se confunde con el sonido mismo y que es psíquico tanto como el concepto que está asociado a ella. El circuito, tal como lo hemos representado, puede dividirse todavía […] en una parte exterior (vibración de los sonidos que van de la boca al oído) y una parte interior que comprende todo lo demás.» (Saussure : 2005, 27-29, subrayado en el texto)

Cuando las insertamos en su contexto sociodiscursuvo, estas expresiones de Freud y de Saussure se nos presentan como unas realizaciones perfectamente similares de un mismo esquema conceptual. Cobran una evidente densidad de significación por dar cuenta de sus relaciones con la historia de las ideas y, más allá de esta historia, con la historia de la investigación científica y del progreso tecnológico, directamenta articulada con la dinámica de la infraestructura. Funcionan algo como unos ideologemas que, en última instancia, nos remiten a un período histórico que corresponde con el apogeo del positivismo. (1880-1910) Sale a luz de esta forma la arquitectura que organiza el funcionamiento de los diferentes niveles del Gran Todo Historico y el espacio donde se sitúa, en este conjunto, la totalidad de los varios campos culturales. Dentro de este sistema que se autoorganiza hay que observar en efecto que , por ejemplo, las prácticas discursivas del psicoanálisis y de la semiología que han tenido un impacto tan fuerte en todas las ciencias humanas a lo largo del siglo XX , son, en gran parte por lo menos, los productos del avance de las ciencias y, en última instancia, de la infraestructura. Entre los dos niveles (Infraestructura y cultura) actúan sin embargo unas instancias intermediarias que desempeñan un papel fundamental. La primera mediación es obra del discurso que ya hemos evocado varias veces y que está organizado en torno a una oposición principal entre el exterior y el interior o entre la impresión (huella que deja el exterior en el interior) y la sensación. Este discurso que vimos operar en las tesis de Freud y Saussure actúa en todos los campos culturales de la época y, más especialmente en los debates en torno al arte abstracto.. Conviene en efecto insertar este discurso científico en un conjunto discursivo mucho más amplio.

(Sigue en el artículo El campo cultural de la segunda mitad del siglo XIX y su articulación con la Historia (Continuación).)

El campo cultural de la segunda mitad del siglo XIX y su articulación con la Historia (Continuación)

La sociocrítica se interesa por sacar a luz la manera como lo socioeconómico se incorpora en las estructuras textuales, afirmando sin embargo que esta incorporación no es directa ni automática, ya que cada uno de los dos niveles implicados (la infraestructura y la superestructura) tiene su historia y su ritmo propios. Supone además que entre lo socioeconómico y lo cultural existen instancias intermediarias. Pero la noción de instancia intermediaria quizas sea demasiado abstracta y es necesario precisar lo que puede significar, acudiendo a un ejemplo concreto. Los dos artículos enfocan, con esta perspectiva, un período histórico relativamente amplio (la segunda mitad del siglo XIX hasta el primer decenio del siglo XX), poniendo de relieve cómo una instancia intermediaria, en este caso la Estética científica, articula sobre la infraestructura los principales campos culturales de la época implicada (Freud, Saussure, Poética, Ensayos teóricos de Kandinsky, Klee y Kupka )

(Continuación de El campo cultural de la segunda mitad del siglo XIX (Freud, Saussure, Poética, Pintura abstracta) y su articulación con la Historia..)

I – La pintura figurativa

Para tratar de entender el proceso mediante el cual el arte abstracto cuestiona la significación sugiero que contemplemos primero, en la pintura figurativa, las modalidades de la representación en relación con el lenguaje. En ésta, las líneas y los colores se articulan para constituir unidades significativas que remiten directamente a la realidad por su dimensión claramente representativa o mimética. Pero para apropiarme esta unidad tengo que reconocerla y para reconocerla instintivamente le doy un nombre, la llamo. En todos los casos, la contemplación convoca automáticamente el lenguaje ya que la mediación por el lenguaje es indispensable para que el sujeto organice su percepción del mundo, de las cosas, de los seres y de la vida. (Lemaire : 1977,136). De inmediato, inserto el objeto en el campo afectivo de mi experiencia, dotándole de cierta polisemia o pluriacentuación. La percepción visual « desencadena en el cerebro una imagen acústica correspondiente » (Saussure, 1900, 27-29), o sea la grabacón psíquica dejada en la memoria sensorial por el testimonio de los sentidos (Véase supra, artículo precedente). Las dos percepciones, la percepción visual del objeto (frente al cuadro) y la imagen acústica (el nombre que le doy al objeto y que se me ocurre automáticamente) son simultáneas, convocando un concepto.Ya en 1891, en su Contribución a la concepción de las afasias Freud había asociado la percepción visual del objeto a ‘la imagen sonora’ (la expresión es de él) de la palabra que lo designa y había representado el esquema psicológico de la representación de la palabra. En Sobre el mecanismo psíquico del olvido (Freud : 1984, 100-101) cuenta como al tratar vanamente de acordarse del nombre del autor del fresco de Orvietto se le presenta a la mente el recuerdo plástico del retrato del pintor.

« Pero el nombre del pintor se me escapaba y seguía imposible de encontrar. Apreté mi memoria, e hice desfilar delante de mi recuerdo todos los detalles del día que había pasado yo en Orvietto, resulté convencido de que no se me había borrado ni tampoco obscurecido el más mínimo detalle. Al contrario […] con especial agudeza estaba delante de mis ojos el autorretrato del pintor […] hasta que me encontré con un italiano culto que me liberó dándome el apellido: Signorelli . Pude entonces yo mismo añadir el nombre del hombre, Luca. El recuerdo demasiado claro de los rasgos de la cara del Maestro en su pintura se desvaneció poco a poco.» . ( in Huot :1987, 201. Todas las traducciones del francès son de mí)

Cuando la enunciación verbal se borra, la representación visual se agudiza pero, cuando vuelve a asomar, lo visual afloja su intensidad. No se trata de una sencilla equivalencia que le permitiría a uno de los dos niveles sustituirse al otro sino de una continuidad indivisible. Cuando uno de los dos niveles queda alterado o cuando se desintegra esta unidad ( constituida por la imagen visual del objeto y la’imagen sonora’ de la palabra) se trata en efecto para Freud de una « afasia simbólica ».

« El que unas perturbaciones que afectan los elementos ópticos de las representacines de un objeto puedan producir un efecto tan fuerte sobre la función del lenguaje se explica por ser las imágenes visuales las partes más sobresalientes y más importantes de nuestras representaciones de objetos. » (Freud :1983, 127, in Huot ;1987, 66))

En el trasfondo de la sensación que se va construyendo en la mente de quien contempla una forma de la realidad, asoma o se levanta la relacion entre este concepto y la imagen sonora (Freud) o la imagen acústica (Saussure) . (Tampoco hay que pasar por alto el imprescindible rótulo que acompaña el cuadro que a su vez inserta el objeto en un discurso determinado.) En la situación de comunicación que se va instituyendo pues con el sujeto que contempla el cuadro, el proceso de cognición pasa por la existencia de un mundo de referencias estables y universales ( los referentes, que en este caso son las formas reales) , el cual implica un sistema de relaciones entre significantes y significados. El proceso de cognición pasa por el lenguaje que está grabado en las formas de la realidad. Pero el objeto es un objeto proyectado o representado, lo cual plantea la cuestión del cómo o sea de la diferencia entre el campo semántico del objeto y su figura pictórica. Lo que se dice o se pinta representa una visión del mundo, la manera como se dice o como se pinta representa otra visión del mundo. Ya no se trata de un objeto sino de una figura; pasamos del lenguaje propiamente dicho al lenguaje simbólico o sea a un lenguaje creado en el que intervienen otros elementos tales como los colores y las líneas y sobre todo un conjunto de relaciones entre todos los signos, organizado en un sistema que instituye la significación auténtica del cuadro.

En este proceso hay que distinguir en efecto dos niveles o dos tipos de estructuraciones : 1-Una primera unidad significativa que es el objeto figurado, como producto de una primera estructuración y que atañe al lenguaje pictórico. Representar una forma de la realidad nos lleva a estructurarla en un espacio desplazado, que no es el espacio de nuestra experiencia cotidiana.

« Pintar figurativamente es en verdad apartarse, transformar la percepción ordinaria. El objeto figurado ya no es la reproducción exacta del objeto percibido ; las líneas y los colores ya no se articulan con la figura como en el objeto real. » (Sánchez Vázquez : 1974,16).

Dicho proceso implica relaciones que son distintas a las que imperan en la percepción ordinaria. Podemos reconocer sin embargo el objeto real de nuestra experiencia a pesar de las transformaciones a las cuales ha sido sometida nuestra percepción de él. Este objeto que es una forma de la realidad es por lo mismo el punto de contacto más inmediato con el lenguaje (entendido como macrosemiótica natural o sea el lenguaje preexistente al cuadro, y compartido por el sujeto cultural correspondiente a la gente que contempla el cuadro), por convocar una correferencia estable y universal que permite la comunicación. Cuando contemplo un objeto en el cuadro, me refiero al mismo concepto que el pintor y a la misma imagen sonora que él si comparto su competencia lingüística. En el caso contrario, mi experiencia me permite apropiarme de él en mi propria lengua. Lo importante es el recurso imprescindible a la expresión verbal. 2- Esta primera unidad significativa establece, a su vez , relaciones con los demás elementos del cuadro : colores, líneas, sombras, luces, signos diversos que, en sí mismos, no son significativos pero que integran el sistema estructurado que contribuyen a instituir. Este sistema transmite una significación nueva que procede « no sólo de la referencia a lo real, sino de un modo peculiar de presentar esta referencia. » (Sánchez Vázquez : 1974,5) El subrayado es de mí). En efecto, el cuadro/signo remite por una parte al objeto real pero por otra parte transcribe una atitud humana determinada hacia la realidad misma. La realidad figurada es « la manifestación del modo como el hombre se apropia un fragmento de la realidad. » (Sánchez Vázquez : 1974, 5). En este nivel semiótico funciona un lenguaje simbólico específico, creado por el mismo sistema, y, por lo tanto, falto de cualquier dimensión universal y estable. Toda la problemática abierta por la pintura abstracta en su relación con el lenguaje implica esta distinción entre estos dos tipos de lenguaje : un lenguaje que existe antes y fuera del cuadro y un lenguaje creado, específico. Para ejemplificar este aspecto tomaré prestados dos ejemplos de Adolfo Sánchez Vázquez, el primero de Giotto , el segundo de Velázquez.

« (Giotto) que se encuentra casi a horcajadas en las postrimerías de la Edad Media y en el alba del Renacimiento representa a los hombres y a los objetos con cierta desproporción. Pinta por ejemplo a los hombres desproporcionadamente grandes con respecto a las ovejas. Con ello quiere subrayar el valor del elemento humano frente a la naturaleza. La figuración responde aquí a cierta actitud hacia lo real que anuncia ya el humanismo renacentista. Y cuando pinta el rostro del Cristo lo que representa de verdad es el rostro de un hombre común cuyo sufrimiento inspira compasión. El modo como el pintor representa un rostro humano responde aquí a una visión de lo divino demasiado humana. La figura no es sólo signo de un rostro real sino también de una visión religiosa – prehumanista – del mundo y de los hombres. La línea, el color contribuyen a que la figura adquiera este poder significativo. La pintura de Giotto se convierte así en un medio para expresar y comunicar una nueva relación del hombre con las cosas, que se queda expresada en el modo de figurar o representar al Cristo y que difiere ya notablemente del Cristo medieval.[…] Es decir no ha tomado la forma real como una forma acabada con una significación objetiva, inmutable […] Se le ofrece como un objeto real que puede albergar, al ser transfigurado , nuevas e insospechadas significaciones. El objeto real, al ser reproducido o representado, está abierto a nuevas posibilidades significativas. […] Velázquez toma un rostro y un cuerpo deformes (el del enano favorito del rey, El Primo) y lo representa – lo transfigura- sobre un fondo montañoso de nubes para expresar y comunicar el doloroso aislamiento espiritual de los bufones de la Corte. Pero Velázquez va aun más lejos en esa transfiguración : ese rostro del enano, tristemente contenido, expresa a su vez la superioridad espiritual de este hombre deforme y sencillo sobre el mundo aparentemente tan alto y tan bello que lo rodea. » (Sánchez Vázquez : 1974, 7-9)

Es éste el nivel que interesa a la sociocrítica.

II- La pintura abstracta

Como lo vimos más arriba, en el arte figurativo, el referente es el objeto ; el nivel de las formas reales constituye el sistema de referencias que permite la comunicación para el sujeto cultural que contempla el cuadro. El arte abstracto rechaza la representación figurativa y, por lo mismo, el punto de contacto que tenía la pintura con el lenguaje. Remito a lo que escribe Kandinsky, referente al Objeto :

«Divisé de repente en la pared un cuadro de una hermosura extraordinaria, iluminado por una luz interior. Me quedé desconcertado, luego, me acerqué a este cuadro jeroglífico, en el que sólo veía formas y colores y cuyo contenido me resultaba incomprensible. Di rapidamente con la clave : era un cuadro de mí que había sido colgado en la pared al revés […] Entonces entendí terminantemente que los ‘Objetos’ perjudicaban a mi pintura.» (Kandinsky, 1946, 20, cit. por Etienne Jollet, 2003, 35; todas las traducciones del francès en este artículo son de mí;el subrayado es de mí)

Descartado el lenguaje preexistente grabado en las formas de la realidad, que era considerado hasta la fecha como una imprescindible mediación entre la creación y la recepción, sólo le quedaba a la pintura el lenguaje simbólico. Aunque los discursos semióticos fueran cada vez específicos e irreductibles de un cuadro a otro, quedaba por resolver la invención de un nuevo lenguaje o sea de un sistema en cuyo contexto y con arreglo al cual los signos pudieran ser entendidos. Anticipándome a mis conclusiones quisiera de una vez señalar que los teóricos como Kandinsky, Klee o Kupka, posiblemente sin tener una conciencia clara de la manera como se movían en un momento cultural mucho más amplio, re- descubrieron (entre 1912 y 1913) el desplazamiento de la problemática de la significación re-examinado casí en el mismo momento histórico (entre 1907 y 1911) en Ginebra por F. De Saussure : en efecto si, como lo dice Saussure, el signo se puede definir como algo que es aquello que los demás no son o no es lo que los demás son, si la lengua sólo es un sistema de diferencias, eso manifiesta que la significación es el resultado de una puesta en relación ; un signo aislado no significa nada, empieza a significar cuando lo relacionamos con otro signo. Freud acata un proceso intelectual perfectamente similar cuando procesa en oraciones una microsemiótica, Casero- Camisón- Cama- Ciudad- Carromato aparentemente desprovista de significación (Véase supra, cap.I). Pero esta ruptura epistemológica resulta esencialmente soportada por una actividad intelectual que va más alla de la simple percepción y que remite a una operación cerebral. Volveré a esta observación más tarde. Digamos de momento que pasar de una semántica del signo a una semántica de las relaciones entre los signos implica una concepción radicalmentente nueva de la percepción. La significación está codificada en la estructura. Escribe Klee en Escritos sobre el arte – I. El pensamiento creador (cit. por Roque : 2003, 384) :

«Para un pintor, ser abstracto no significa transformar en abstracciones eventuales correspondencias entre unos objetos naturales sino que consiste en sacar a luz, fuera de estas correspondencias eventuales, las relaciones creadoras que existan entre dichos objetos […] Ejemplos de relaciones creadoras puras : relaciones entre claro y oscuro, color y claroscuro, color y color ; largo y corto, ancho y estrecho, agudo y mellado, izquierdo y derecho, bajo y alto, delante y detrás, círculo, cuadrado, triángulo etc.»

La estructura en efecto descarta la semántica de los elementos y sólo se atiene a las relaciones que instituyen entre si los dichos elementos. El nuevo lenguaje es el lenguaje de las estructuras. Por eso mismo la abstracción pudo presentarse « como la lengua universal de una época en que culmina el fantasma esperantista de una Babel contemporánea …» (Rousseau : 2003, 19) [Notar de paso que Zamenhof crea el esperanto en su manual Lengua internacional, en 1887]

III —De un lenguaje ‘puro’ a un arte ‘puro’ o Del lenguaje poético a la pintura abstracta

El lenguaje verbal fue el modelo que a los pintores abstractos les permitió imaginar y teorizar el arte abstracto, más especialmente el lenguaje poético :

«Por lo que se refiere a la generación de los pioneros del arte abstracto fue sobre todo el lenguaje poético lo que les sirvió como modelo, ya que los precursores estaban fascinados por la función denotativa de las palabras y su fuerza expresiva intrínseca. Así como la poesía constituía un lenguaje ‘puro’, han concebido un ‘arte puro’ considerando las líneas y los colores de por sí, sin ninguna relación con la denotación de los objetos. Así fue como Kandinsky llegó a imaginar algo que se pareciera a una pintura abstracta. El cubo-futurismo ruso constituye un caso todavía más interesante por haber dado la oportunidad de una extraordinaria emulación entre poetas y pintores.» (Roque: 2003 a, 19-20. )

Se trata en realidad de un proceso radical de desemantización de los elementos básicos del lenguaje grabado en los objetos, de una auténtica destrucción del contenido significativo de las formas reales, un proceso concebido como el único e imprescindible proceso capaz de hacer surgir una nueva significación. Para que pueda advenir el nuevo lenguaje hay que destruir el sistema de comunicación pre-existente, aniquilando las relaciones que hasta la fecha existían entre la forma real y la manera como se la llamaba. « De la metáfora construida y motivada por el contexto se pasa a una poética donde ya no existe ningún anclaje en un plano de signifiancia primaria estable. » (Angenot : 1989, 821-822) En este contexto, la significación no se presenta como un dato inmediato de la percepción sino como un mensaje codificado en la estructura que exige que vayamos más alla de la impresión para tener acceso a una idea especulativa. En La creación en las Artes plásticas (Fecha de redacción 1910-1913, in Kupka:1989, 44) Frantisck Kupka distingue dos categorías de obras plásticas :

« ‘las que dan cuenta de la opción de simplemente captar la impresión transmitida por las formas de la naturaleza’ y aquéllas en que el artista ‘nos propone descifrar una idea especulativa que se traduce por una combinación de elementos plásticos o cromáticos. Aunque el intelecto funciona en los dos casos, prosigue él, en el primero ‘el artista se limita a concentrar su atención totalmenta pasiva sobre los datos de la percepción, sobre las impresiones suministradas por el mundo exterior, mientras que, en el segundo, transforma activamente en imágenes plásticas la expresión de sus propias reflexiones íntimas’ » ( Roque : 2003b, p.51, el subrayado es de mí).

Kupka repite una oposición que ya habíamos observado entre la simple impresión y la actividad cerebral (Véase más arriba), la cual, en esta última cita, viene evocada como la transformación activa de la expresión de sus reflexiones. En otro pasaje el mismo Kupka repite esta distinción con una formula todavía más significativa entre la impresión y la sensación describiendo a los sensacionalistas como « aquéllos que por haber reconocido la vanidad de la aspiración a restituir la naturaleza en las artes plásticas con una total objetividad tratan de expresar más bien las sensaciones que suscitan en su mente. » (Roque : 2003 b, ibid.)

La oposición así formulada (impresión vs sensación) es el signo/ traza de un discurso científico que nos remite a un contexto cultural y sociohistórico mucho más amplio. El « nuevo lenguaje » implica la perfecta autonomía del significante. Es ésta la condición imprescindible de su funcionamiento. La línea y el color sse hacen independientes del objeto y esta independencia les confiere una evidente densidad de significación. Cuando se limita a participar en la descripción del objeto, , el color sólo es uno de los atributos de este mismo objeto. Pero cuando se exime de esta esclavitud, existe plenamente de por sí y esta autonomía le devuelve su fuerza expresiva, haciéndolo perfectamente apto para integrar un sistema específico tal como una gramática de los colores, por ejemplo.. Esta postura ya se nota en los últimos años del siglo XIX en las « Notes sur la peinture wagnérienne et le salon de 1886 » de Téodor de Wizema (Revue Wagnérienne,t.III, 8 mai 1886, cit. por Roque:2003a, 377) :

« En efecto los colores y las líneas en un cuadro no son la reproducción de los colores y líneas, muy distintos, que están en la realidad. No son más que unos signos convencionales, hechos adecuados a lo que significan merced al resultado de una asociación entre las imágenes ; pero finalmente tan diferentes de los colores y de las líneas reales como una palabra difiere de una noción o un sonido musical de la emoción que nos sugiere. » ( Subrayado por mí)

Es de notar lo sugestivo de esta observación si se la pone en relación con lo que propone Saussure unos veinte años más tarde y que evocaba yo en el artícula precedente. Se habrá reconocido en efecto el esquema sausurriano Sdo/Ste detrás de estas nuevas formulaciones : Concepto/ Ste, Emoción/Sonido musical. La línea ya no es más la expresión convencional del límite de un cuerpo en el espacio, sino que viene a ser un trazo , o sea un signo de por sí. En La Creación en las Artes plásticas ( redactado entre 1910 y 1913) Kupka aborda una Gramática elemental de la línea (punto, línea, trazo, mancha, planos, volúmenes) ; Kandinsky propone, por su parte, en De lo espiritual en el Arte (1912), una Gramática del color. (Roque : 2003,381) Lo que llama la atención de Georges Roque es que muchos pintores abstractos hayan tratado en vano de conferir significaciones universales y estables a los componentes plásticos. Es evidente que había una contradiccion básica entre esta aspiración y la valoración de la estructura como el foco de un proceso de significacion ya que, de todas formas, en este proceso los elementos pierden sus valores significativos específicos, aunque fueran originariamente estables y universales. A partir de la estructura es evidente que no se puede remontarse hasta un sistema de referencias cualquier que sea.

III- Un ‘Gran Campo cultural’ que se articula sobre el’ Gran Todo histórico’

Esta valoración de los elementos que hasta ahora se consideraban como sencillos componentes materiales de una forma o de un significante faltos de cualquier sentido ( línea, color, pero también, precisamente, palabra) corresponde a una postura compartida por los pintores y los poetas. El caso de la vanguardia futurista rusa es significativo : la mayor parte de sus representantes son a la vez poetas y pintores ; Malevitch, Rozanova, Kandinsky, Bourliouk (Véase Roque : 2003a, 339).

El Tratado del verbo, de René Ghil (1886, con un Prefacio de Mallarmé) tuvo un impacto notable no sólo en el campo de la poesía sino también en los teóricos del arte abstracto. Su autor se interesa por la doble función de la lengua : a) ideográfica (signos de las ideas), b) poética (por la sonoridad de los vocablos). El vocablo tiene un valor plástico que constituye un signo de por sí ; el significante fonético tiene un significado. A partir del análisis del funcionamiento del vocablo en la poesía de Maeterlink es cuando se le ocurre a Kandinsky la noción de resonancia interior :

« El gran recurso de Materlink es el vocablo. El vocablo es una resonancia interior [Das Wort ist ein innerer Klang] Esta resonancia interior procede parcialmente ( si no principalmente) del objeto que el vocablo sirve para designar. Pero si no se ve el objeto y si sólo se lo oye llamar se va formando en la mente del oyente una representación abstracta, un objeto desmaterializado que en el acto despierta en el ‘corazón’ una vibración. Así, el árbol verde, amarillo, rojo en una pradera sólo es un caso material, una forma materializada fortuita del árbol que sentimos al oír el vocablo árbol […] Igualmente se pierde a veces el sentido hecho abstracto del objeto designado y sólo subsiste, desnudo, el sonido del vocablo.[…] Cuando Maeterlink lo utiliza, un vocablo a primera vista neutro, puede cobrar una significación siniestra. Una palabra sencilla (cabellos por ejemplo) puede en una aplicación convenientemente resentida, dar una impresión de desesperanza, de tristeza definitiva. Éste es el gran arte de Maeterlink.» (Kandinsky : 1989,84, cit. por Roque : 2003a, 325 ; subrayo el término de vibración ya que me parece remitir a la Estética ciéntifica que voy a evocar mas adelante)

Georges Roque observa que esta comprensión del uso poético de la palabra es determinante para el pensamiento de Kandinsky y para la analogía que, a partir de ellla, él va a deducir entre la palabra y el color. « Dicho de otra forma, prosigue Roque, cuando ya está separada de su significado usual y queda solo utilizada por su contenido de significación, la palabra adquiere una nueva resonancia y se encuentra asociada con otros significados, o, en palabras de Ghil, otros sensaciones, sentimientos o ideas. » ( Roque : 2003a, 328) Nos damos cuenta en efecto de la relación fundamental que se traba entre dicha concepción de la total autonomía de la palabra y el surgimiento de un nuevo lenguaje fundamentado en la puesta en relación de los signos y la definición de un sistema autoregulado. El mismo Roque subraya con toda razón el parentesco que se puede establecer entre las nociones de ‘imagen acústica’ de F.de Saussure y de ‘resonancia interior’ de Kandinsky, recordando la cita siguiente del lingüista (1907-1911):

« El signo linguístico no reúne una cosa y un vocablo sino un concepto y una imagen acústica. Esta no es el sonido material, elemento puramente físico sino la grabación psíquica de este sonido, la representación que nos da de ella el testimonio de nuestros sentidos ; es sensorial y, si casualmente la llamamos material, es sólo con este sentido y por oponerla al otro término de la asociación, el concepto, generalmente más abstracto » (Roque 2003,325 ; el subrayado es de mí)

Me parece sumamente importante subrayar la formulación de Sausurre : lo de imagen acústica puede prestarse a interpretaciones equivocadas : no se trata en efecto de una percepción auditiva sino del producto de un proceso cerebral en el que viene totalmente implicada la experiencia. (Lo cual, digamoslo de paso, permite relativizar la crítica que hace M. Bajtin del ‘objetivismo abstracto’ de Saussure en Marxisme et philosophie du langage). Es impactante el paralelismo que se nos ocurre hacer con la relación entre el sonido musical y la emoción de Téodor de Wizema (Véase más arriba) pero, en su comentario, Roque pasa por alto la aportación de Freud, aparentemente bastante anterior, a esta problemática. En los tres casos (Wizema, Freud, Saussure) podemos vislumbrar una formulacion en la que se contraponen la impresion y la sensacion referente a la cual decía yo más arriba que nos remitía a un contexto cultural y sociohistórico mucho más amplio. Nos remite efectivamente de manera más precisa a las investigaciones en el campo de la óptica fisiológica del alemán Hermann Ludwig von Helmhotz, cuyos trabajos ponen de relieve una nueva concepción, revolucionaria, de la percepción visual (Véase capítulo precedente) y, entre otras cosas, la diferencia que hay entre la impresión que es una grabación pasiva en la retina y la sensación que es el resultado de la transformación de esta impresión por una serie de mecanismos neurológicos en donde interviene también la memoria. (Roque : 2003b, 51).

Esta observación es de una importancia capital ya que en torno a este discurso se construye una coherencia conceptual que moldea el conjunto del campo cultural correspondiente.En los dos campos culturales de la poesía y de la pintura se trata de liberar la palabra, la línea o el color de su esclavitud por el referente. Se descompone la línea hasta el trazo y la palabra hasta la letra. Roque cita varios manifiestos que salen en 1913 cuyos títulos son muy significativos : La palabra como tal (Kroutchenykh y Khlebnikov), La Letra como tal, La Liberación de la palabra ((Livchits), Resurección de la palabra, publicado en 1914 (Chklovski) (Roque : 2003a, 340). Dichos manifiestos evocan lo que dice Saussure cuando, para dar a entender la naturaleza del problema semiológico, estima que hay que estudiar la lengua de por sí, apartando las varias concepciones tradicionales, del público en genetal pero también del psicólogo o del sociólogo : « y de esta suerte se pasa al lado de la meta, descuidando los caracteres que solo pertenecen a los sistemas semiológicos en general y a la lengua en particular. Porque el signo escapa siempre en cierta medida a la voluntad individual o social : es ése su caácter esencial pero es también el que menos aparece a primera vista. » ( Saussure : 2005, 33-35) Se nos aparece pues una ruptura epistemológica que afecta la naturaleza y el estatus del signo : éste ya no resulta reducido a su función ancilar en servicio del objeto y de la representación del mundo ; viene a ser un signo de por sí y por lo tanto dotado de un significado totalmente autónomo, disponible en adelante para entrar en cualquier sistema de asociaciones. Su valor significativo resulta desplazado. Solo va a tener el significado que los demás signos le van a proponer o a imponer.

Reseñemos pues los elementos principales en los que coinciden los discursos respectivos de Freud, Saussure y los teóricos del arte abstracto. 1- Una definición de lo que es la palabra : un sonido musical (Ghil), una resonancia interior (Kandinsky), una imagen acústica (Saussure), una imagen sonora (Freud). (Véase De la imagen sonora de Freud a la imagen acústica de Saussure en el artículo precedente). 2- La autonomía de la palabra . Lo acabamos de ver en los casos respectivos de Ghil, Kandinsky y Saussure. Re-insertadas en el contexto que vengo describiendo y re-examinadas a su luz, dichas observaciones transcriben el surgimiento de una refundación epistemológica que se extiende por el espacio europeo y afecta a todos los campos de la actividad cultural, más especialmente de la poesía y de la pintura sin duda, como lo acabamos de señalar. Pero dicha autonomía es también la clave del cuestionamiento de S. Freud cuyas observaciones clínicas han demostrado que la palabra de por sí puede ser patógena o muy al contrario servir en la terapia psicoanalítica para curar el cuerpo. En los dos casos la voz remite a un significado codificado por la experiencia patógena del enfermo y no tiene nada que ver con el sitio que ocupa en el sistema lingüístico.Su significado usual es una máscara detrás de la cual se oculta la patología y, por lo mismo, el significante se debe desconectar del significado; sólo puede significar si se pone en relación con otro significante, de momento desconocido, lo cual supone que, en la terapia, sea considerado como un espacio semiótico vacío, autónomo, abierto a todas las asociaciones, en espera de ser insertado en una relación, como puede pasar con cualquier trazo, cualquier color o cualquier vocablo poético. En La Luz y los colores desde el punto de vista fisiológico afirmaba Agustín Charpentier en 1888 que no percibimos la realidad sino solamente relaciones. (Charpentier :1888,295, cit. por Rousseau : 2003,23) 3- El advenimiento de un nuevo lenguaje fundamentado precisamente en una semántica de las relaciones producida por unas asociaciones de palabras o de signos dentro de un sistema organizaso y regulado por estas mismas relaciones.

Esta convergencia se nos aparece como el producto de un discurso científico que vemos operar temprano en los trabajos de Freud (1875-1882) y que se organiza en torno a : a) una nueva concepción de los procesos que actúan en la percepción, y que asocian la visión y el lenguaje (la palabra=imagen sonora o imagen acústica) b) la oposición entre la impresión y la sensación.

3- Una instancia intermediaria entre la infraestructura y la superestructura : la Estética científica

El panorama que acabo de abalizar esquemáticamente saca a luz un amplio espacio sociocultural, organizado de manera homogénea y coherente. En el caso contemplado vienen implicados no sólo la pintura y la poesía sino también la psicología, la linguística, la incipiente semiología y los albores del psicoanálisis. Hay que observar sin embargo que : a-los diferentes elementos de este campo cultural no se mueven de manera homogénea. Cada uno de ellos tiene su historia y su ritmo propios. Las historias respectivas de la linguística, del estructuralismo, de la psicología, de la pintura y de la poesía son en efecto distintas. b- Se articulan en última instancia sobre lo que llamo ‘el Gran Todo de la Historia ‘ y de manera más precisa sobre la infraestructura, por medio de unas instancias intermediarias que en este caso son los campos estrechamente relacionados de las investigaciones científicas y la tecnología aplicada, los cuales, a su vez, dan directamente cuenta del avance de las estructuras socioeconómicas de producción ( la invencion por Helmhotz de un oftalmoscopio, las investigaciones de Freud sobre la anatomia del cerebro que dependen del avance de la tecnología etc.). Desempeña esta función de instancia intermediaria, a mi modo de ver, en el período considerado, la Estética científica, en palabras de Charles Henry, que fue director del laboratorio de la fisiología de las sensaciones en la Sorbona y autor, en 1885, de una Introducción a una estética científica. El título de Charles Henry remite a un campo discursivo en el que dialogan biologistas, neurólogos, ingenieros, inventores, poetas y pintores. (Charles Cros, por ejemplo es juntamente poeta, ingeniero e inventor de varios instrumentos entre los cuales el fonógrafo). El discurso teórico sobre la pintura, y más generalmente sobre las artes, viene contaminado y hasta dominado por el discurso científico. La Estética científica, como corriente intelectual, resulta « tributaria de las lecciones de la fisiología experimental. » Muchas veces asociado a la Edad de oro del positivismo (1880-1910), es la fuente de las primeras pinturas abstractas para Pascal Rousseau, el cual señala con una serie de ejemplos cómo dicha estética « ha fomentado la emergencia de una reflexión sobre la autonomía expresiva de las líneas y de los colores, y, con ello, dado acceso a la posibilidad de una ‘pintura pura’, emancipada de la obligación mimética y descriptiva tradicional. » (« Un langage universel- L’Esthétique scientifique aux origines de l’abstraction », Rousseau : 2003,19). Prosigue P. Rousseau, hablando del « modelo mecanista de la percepción que obsesiona el siglo XIX":

« Estamos en efecto en una época en la que se cree firmemente que la fisiología experimental va a contribuir a la comprensión no sólo de los mecanismos de la sensibilidad sino también incluso a la comprensión del funcionamiento del pensamiento. La visión, los fenómenos de atención o de memoria tendrían una explicación unificada con la exploración del sistema nervioso, con el modelo de la transformación eléctrica de las sensaciones como paradigma dominante. » (Ibid., 27)

Hay que notar otro paradigma : el de la teoría de la vibración, desarrollada precisamente, por Charles Henry ; éste adopta su concepción vibratoria de la actividad cerebral de Charles Richet para quien el cerebro sería un disco en el que se grabarían las vibraciones electromagnéticas exteriores al modo del fonógrafo. Señalé más arriba la traza aparente de este discurso en la definición del signo, cuando Saussure habla de la « grabación psíquica de la palabra. » Las ideas circulan en efecto de un campo a otro. En 1853, más de medio siglo antes de que salga la edición del Curso de lingüística general, Helmholtz, para expresar la diferencia que existe entre un objeto del mundo exterior y la sensación que de él tenemos, compara los signos de la sensación visual con los del lenguaje, « haciendo observar a este respeto que la relación entre estos signos y el objeto inicial es tan arbitrario como la palabra cn relación con el objeto que designa. » (Roque, 2003,52). Es difícil imaginar que Saussure haya podido desconocer esta Teoría del signo, obra de uno de los mas famosos fisiologistas de la época, teniendo en cuenta la difusión de todos sus trabajos en Europa, más especialmente en Francia. La teoría de la vibración, que afecta directamente la concepción que hasta la fecha se tenía de la luz, del color y del sonido, el modelo mecanista de la percepción o el de la transformación eléctrica de las sensaciones constituyen otros tantos temas de comentarios y de debates cuyos impactos son perceptibles en los ensayos teóricos que se refieren a la música o a la pintura. Así es como, por ejemplo, para Kandinsky, los colores producen une efecto doble, físico y psíquico, lo cual nos remite al pasaje de Saussure que cité más arriba, y, primero que todo, a las propuestas fundamentales de la Óptica fisiológica, lo cual da cuenta de la gran permeabilidad de los diversos discursos. Referente al efecto psíquico, Kandinsky añade una observación también muy significativa cuando escribe que : «se llega al segundo resultado primordial de la contemplación del color que provoca una vibración del alma. » (Du spirituel dans l’art et de la peinture en particulier, el subrayado es de mí). La teoría vibratoria explica la importancia que tiene la noción de sinestesia en la producción discursiva de los tres últimos decenios del siglo XIX. « En este gran mundo de las vibraciones que constituye la base del universo » (Roque, 2003a), es muy sugestivo tratar de reducir a un mismo esquema explicativo todas las manifestaciones de las diversas impresiones de los cinco sentidos. En su « Memoria sobre los principios de la actividad cerebral » que presenta en la Academia de las ciencias, en1872, Charles Cros pretende que una vibración sonora es traducible a un fenómeno óptico : « Conocer un sonido por el oído, escribe treinta años más tarde Le Dantec, es actuar humanamente ; estudiarlo por medio del receptor de las formas visuales es actuar científicamente […] El sentido de la vista usurpa con mucho los campos de los demás y su eficacia crece cada día más, merced a la invención de aparatos perfeccionados ; uno se puede preguntar incluso si no va a llegar más tarde a darnos un conocimiento perfecto de los fenómenos […] No veo por qué negarse a admitir la posibilidad de la extensión a todos los fenómenos del estudio óptico directo. » ( Le Dantec : 1904, 19, 30-331, in Rouseau : 2003, 27)

La reorganización del saber referente al proceso de la percepción, cuya importancia es capital tanto en el advenimiento del arte abstracto como en la génesis del psicoanálisis, se nos presenta pues claramente como el producto del avance tecnológico. Trae dos consecuencias mayúsculas : un nuevo examen de la problemática de lo visible y « una nueva interpretación cognitiva de las relaciones entre el mundo exterior y el individuo exigida por las lecciones de la emergente fisiología, fomentando la influencia de lo subjetivo en la percepción de lo real. » (Rousseau :2003, 19). Pero esta nueva interpretación se expresa, en el nivel discursivo, por esta oposición que vimos operar, en cada uno de los diversos campos culturales contemplados, desde el psicoanálisis, la lingüistica general, la incipiente semiología hasta la pintura abstracta y la poesía contemporánea, entre la impresión - punto de contacto entre el mundo y el sujeto – y la sensación que es el producto de un proceso de cognición en el que intervienen la experiencia personal y la memoria..

Edmond Cros

Instituto Internacional de Sociocrítica

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El impacto del sujeto cultural en la novela española actual (1975-2000)

Difracción, confusión, fragmentación, regresión, etc., son otros tantos efectos producidos en las construcciones poéticas y narrativas más re- currentes del corpus [viaje iniciático, figuras del doble, del laberinto, del monstruo, de la máscara, del impostor, del hermano enemigo…] por los valores sociales y morales que configuran el campo morfogenético correspondiente. Luego de sacar a luz este sistema, Annie Busière propone una lectura psicoanalítica y sociocrítica de estos fenómenos en los que se plasman los contornos de la representación del sujeto cultural implicado.

Difracción, confusión, fragmentación, regresión, etc., son otros tantos efectos producidos en las construcciones poéticas y narrativas más re- currentes del corpus [viaje iniciático, figuras del doble, del laberinto, del monstruo, de la máscara, del impostor, del hermano enemigo…] por los valores sociales y morales que configuran el campo morfogenético correspondiente. Luego de sacar a luz este sistema, Annie Busière propone una lectura psicoanalítica y sociocrítica de estos fenómenos en los que se plasman los contornos de la representación del sujeto cultural implicado.

El impacto del sujeto cultural en la novela española actual (1975-2000)

Annie Bussière Institut International de Sociocritique

El corpus seleccionado está constituido por las once novelas si- guientes: Juan Goytisolo: Makbara (1981), Las virtudes del pájaro solitario (1988), El sitio de los sitios (1995) Javier Marías: Todas las almas (1989) Juan Marsé: El amante bilingüe (1990) Juan José Millás: La soledad era esto (1990) Volver a casa (1990) Antonio Muñoz Molina: Beatus Ille (1986), El invierno en Lisboa (1987), Beltenebros (1989) Manuel Vicent: Balada de Caín.

En un primer apartado, privilegio el análisis de algunas catego- rías textuales: sujeto de la enunciación, personajes, comparaciones, sintaxis y modalidades específicas de la escritura, para tratar de sa- car a luz el sistema semiótico en el que están codificados los contor- nos de la representación del sujeto cultural implicado.

Nótese primero que las estrategias textuales observadas en todo el corpus se organizan en torno a un juego de espejos y de difracciones. Tal es el caso de la instancia de enunciación cuya identificación viene problematizada por la alternancia de los relatos en tercera y en pri- mera persona en El amante bilingüe de Juan Marsé, por ejemplo, con la introducción del género epistolario en J.J. Millás (La soledad era esto, Volver a casa) y en la producción de Juan Goytisolo, donde la escisión del sujeto aparece ya en 1966 (Véase en Señas de identidad el uso del yo y del tú) y perdura a lo largo de la obra. Por otra parte, el juego de los pronombres personales es la clave de bóveda de la estra- tegia de desorientación enunciada de manera explícita en un fragmento de Juan sin tierra, titulado yo/tú:

«mudan las sombras errantes en vuestra imprescindible horma huera, y hábilmente podrás jugar con los signos sin que el lector ingenuo lo advierta» (Juan Goytisolo, 1977).

Dicho proceso de confusión entre las personas contamina todas las categorías textuales y, más especialmente, la representación del tiempo, produciendo por ejemplo en El amante bilingüe un enuncia- do agramatical del tipo de “Hoy se sentaba”, donde el presente de narración coincide con el imperfecto. Edmond Cros (1995) ha señala- do cómo funciona en Beatus Ille un proceso de confusión que afecta al sujeto de la enunciación y contamina todas las categorías textuales generando unos efectos que pueden compararse con el fundido en- cadenado en donde llegan a confundirse, el uno con el otro, el perso- naje y el narrador. Esta problematización de la identificación del na- rrador hace desviar la búsqueda de la identidad hacia la encuesta policíaca; así es como la intriga se construye en torno al asesinato del personaje de Mariana y los distintos testimonios discrepan hasta el momento en que coinciden todos para designar al autor del asesina- to. Para Edmond Cros esta sistemática atañe a la estructura del texto y es ésta la que convoca las coerciones de la novela policíaca. Beatus Ille mantiene el suspense hasta la anagnóresis final en que Minaya, que investiga para escribir la biografía del poeta repu- blicano desaparecido, descubre que todos los indicios y documentos que ha ido descubriendo a lo largo de su encuesta han sido forjados por el impostor Solana. Simultáneamente el lector se entera de que el narrador de Beatus Ille es el mismo Solana. Búsqueda de identidad, encuesta, enigma policíaca funcionan sobre el mismo esquema (con- fundir/enmascarar). Finalmente la novela se nos aparece como un simulacro de novela policíaca en la que la no-coincidencia no deja de cuestionar la coincidencia y socavar la búsqueda de lo verdadero, de tal manera que el texto se desvanece en esos efectos ilusorios en donde lo verdadero y lo falso vienen a confundirse. Es el caso también en El sitio de los sitios, que pone en escena la muerte de un misterioso viajero en un hotel de Sarajevo y la desapa- rición del cadáver, siendo el único indicio un manuscrito encontrado en una maleta. La biografía de este hombre, cuyas letras iniciales J. G. sugieren un parentesco con el autor, es aquello que los co-lectores de Las semanas del jardín (J. Goytisolo, 1997) tratan de reconstituir en sus veintiocho versiones diferentes. Planteando el problema de la identidad de J.G/Eusebio, este relato coloca la encuesta sobre el personaje, el narrador y el autor en el centro de un juego de pistas inextricable en donde los testimonios contradictorios y complementarios ponen de relieve el elemento mórfico coincidencia/no-coincidencia que pertenece al campo morfogenético de todo el corpus.

En Volver a casa la trama se organiza en torno a la desaparición del hermano gemelo de Juan, autor de una novela por acabar titulada «Volver a casa». Juan sale a buscar a su hermano para recobrar su propia identidad, que había cambiado antaño con la suya, e intercam- biar de esta forma el papel de personaje, al cual resulta condenado por el papel de autor del cual le ha despojado su hermano. El esquema a modo de laberinto adoptado en todo el corpus con- funde las pistas, posterga el resultado de la encuesta, difiere el desen- lace del enigma, acumulando las digresiones y las bifurcaciones de lo narrado, de donde el uso recurrente del paréntesis y el recurso a la práctica del fragmento. En Juan Goytisolo, por ejemplo, el hilo de la narración está sin cesar interrumpido y reanudado; la unidad del re- lato se construye a partir de los fragmentos, proceso éste irónica- mente puesto en escena en Paisajes después de la batalla, donde los trozos del texto diseminados por una explosión inicial no se reúnen nunca de manera definitiva conforme a un esquema ordenado y fijo. De manera general, la difracción del sujeto (narrador, personaje) está programada en la morfogénesis con la oposición entre el interior y el exterior, el adentro y el afuera. Así es como en Millás el uso recu- rrente de la focalización interna asociado con la escasez de diálogos pone de manifiesto la no-coincidencia del sujeto con la realidad exte- rior y su encarcelamiento en la fortaleza del cuerpo. J.C. Mainer des- taca este fenómeno cuándo observa que la novela llamada postmo- derna no refleja la sociedad y que su temática se reduce a unos pro- blemas de identidad y de relaciones del personaje con su ámbito más cercano. Comenta la importancia del espacio del cuerpo en Millas: Las imágenes fisiológicas de Millás, creo que reflejan muy cla- ramente el miedo a lo que está fuera, el miedo a salir al exte- rior y la necesidad de volver a su interior, aunque el interior sea dramático y terrible, pero bastante seguro. Esas inmersiones de Millás por su propia fisiología expresan una incapacidad de comercio con la realidad. (Mainer, 1998, pág.55) El mismo Mainer califica a Javier Marías de “introspectivo y ensi- mismado egoísta”. El estatus de la realidad está constantemente cuestionado por los personajes que evolucionan en campos limítrofes –entre vigilia y sue- ño, entre recuerdos y realidad, entre razón y locura– a modo de un border-line, de manera que una duda generalizada socava cualquier posibilidad de sentar lo verdadero y resolver el enigma inicial. En Beatus Ille, la memoria de Jacinto Solana introduce un filtro que cues- tiona la coincidencia de los datos objetivos y de los recuerdos: "No concuerda el tiempo exacto de los calendarios con el de la memoria". (pág.44). El protagonista de Volver a casa, por su parte, "se hallaba cerca de la frontera situada entre el sueño y la vigilia, en la trastienda de la realidad". En Las virtudes del pájaro solitario (J. Goytisolo, 1986) una pantalla de TV se interpone en el delirio del narrador protagonis- ta tendido en su cama de enfermo, mientras que en La Cuarentena (J. Goytisolo, 1991) el narrador, frente a la pantalla de su TV, incide en el sueño y se pierde en él sin que vengan a ser explícitos estos cambios ocurridos en el estatus de la realidad. Finalmente, estos es- tados limítrofes derivan muchas veces hasta el delirio de la persecu- ción (Beatus Ille, Volver a casa, El sitio de los sitios), bajo el efecto del alcohol en el caso de El amante bilingüe. Hablando del uso de la comparación por Muñoz Molina, Geneviève Champeau (1997, pág.107) subraya el juego de semejanzas y dife- rencias que produce esta figura de retórica y la tensión permanente entre los dos polos que se acercan el uno al otro sin confundirse ja- más; sin embargo, para mí la coincidencia de los dos opuestos apare- ce como una esencia o un valor auténtico que sirve de referencia, pero que no se realiza nunca. Esta semántica de la difracción en la que resulta rechazado lo que podría existir se extiende, en Millás, al léxico que así la realiza concretamente: des-componer, des-asosiego, des-esperación (Millás, 1990b, págs.125-126). Está presente, bajo otras formas, en las cons- trucciones donde alternan ya y todavía, previsto y resultar, previsto y recuerdo, prevenido y después de (Marsé, 1999, pág.9) o también en la antítesis de La memoria futura (Muñoz Molina, 1986), y en otras tantas duplicatas en las cuales cada término evoca dos tiempos que se presentan cada vez como desfasados el uno con arreglo al otro: presente y futuro en ya, previsto, prevenido; presente y pasado en todavía, resulta, recuerdo, después de, memoria. La misma semántica de la difracción se exhibe en el epígrafe de Muñoz Molina (1986): Mixing memory and desire, donde se encuentra repetida una vez más la coexistencia cuestionada de la inmanencia y de la remanencia; se realiza también en la sintaxis que, privilegiando los giros adversativos [la mitad vs la otra mitad, unos vs los otros, Millás 1988, pág.94] articulados por no…sino, sin embargo, introduce una escisión en el seno de la misma frase y genera una multiplicación de efectos especulares. El uso de la comparación aumenta este fenómeno. Por ejemplo, en Juan Marsé, el retrato de Norma –que, por otra parte, es la copia de una foto– resulta escindido por el articulador adversativo, lo cual pone de manifiesto la distancia entre el ser y el parecer y, por consiguiente, la impostura de la máscara:

"una combinación extraña, tan difícil de explicar en Norma: no que fuese fea, pero que lo pareciese –del mismo modo que no parecía una mujer rica, y sin embargo lo era, y mucho… (pág. 55) …. Las gafas de cegata le daban un aire de puta desvalida, sin recursos, pero esta aparencia era desmentida por la ten- sión del cuerpo, el poder mayestático de los huesos. "(pág.102)

Los giros adversativos [no…pero, no…sino, ni…sin embargo], la locución comparativa [del mismo modo que], el quiasmo que afecta ser/parecer, conjugan sus efectos para instituir una microsemiótica del simulacro. En todo el corpus se dan unas modalidades de escritura que bo- rran los indicios distintivos, especialmente entre el discurso directo y el discurso indirecto [guiones, incisos, rayas…], y privilegian el dis- curso indirecto libre, o sea, un discurso que media entre los dos dis- cursos clásicos (directo e indirecto). El discurso directo es minoritario y, las más de las veces, sólo produce un simulacro en el que un seudo- diálogo devela su auténtica naturaleza de monólogo.

Lectura psicoanalítica

Difracción, confusión, fragmentación, regresión, etc., constitu- yen pues otros tantos efectos producidos en todos los niveles textua- les contemplados en la construcciones poéticas y narrativas más re- currentes del corpus [viaje iniciático, figuras del doble, del laberinto, del monstruo, de la máscara, del impostor, del hermano enemigo…]. Se trata de unos efectos producidos por un conjunto de nociones o valores (sociales y morales) que constituyen un campo morfogenético cuyo dinamismo viene, las más de las veces, impulsado por el funcio- namiento de los dos opuestos coincidencia/no coincidencia. Ahora bien, esta misma oposición se nos aparece como esencial y básica cuando se analiza el proceso sicofisiológico de la fase del espejo des- crita por Jacques Lacan, la cual representa la clave de la construc- ción de la identidad. Remito a la problemática del advenimiento del sujeto tal como la plantea la teoría sicoanalítica a partir de un concepto céntrico, o sea el mecanismo de inversión del narcisismo en paranoia. Para Jacques Lacan, en efecto, en la fase del espejo vienen a coincidir dos tiempos distintos de la formación del Yo: el niño contempla por primera vez su imagen reunificada en el espejo; mientras que él sigue sintiendo su cuerpo fragmentado, su propio reflejo le parece, al contrario, gozar de un dominio total del suyo. Esta imagen lo fascina, se trata de la imagen ideal de sí mismo, la cual alimenta su narcisismo, pero se le presenta también como la representación de otra persona, como un extranjero que lo domina y lo amenaza, por lo cual su narcisismo se invierte en paranoia. La fase del espejo es una etapa decisiva en la historia del sujeto descentrado que, en adelante, se siente como ena- jenado con arreglo a sí mismo. De este drama entre la enajenación y la subjetivización surge como consecuencia una discrepancia defini- tiva entre el ser y el Yo. Este enfrentamiento entre el Yo y el Yo ideal (la superposición en el espejo del Yo y de su reflejo) genera una riva- lidad radical y el deseo de matar al otro. La presencia de un tercer término (el ideal del Yo) es imprescindible para normalizar las rela- ciones entre el Yo y su doble. Mientras que el Yo ideal es una proyec- ción imaginaria, este ideal del Yo representa una interiorización sim- bólica que se construye a partir del significante del padre y viene constituida por el conjunto de los valores sociales vigentes en la so- ciedad.

Nos consta, pues, que la fase del espejo se articula sobre el ele- mento mórfico que hemos calificado de dinámico [coincidencia/no- coincidencia o inmanencia/remanencia]; el niño en efecto se siente todavía como fragmentado pero ya se percibe como un cuerpo reuni- ficado. Caso de que no se haya superado, el componente negativo de la experiencia acarrea una regresión en la constitución del Yo, un déficit de subjetivizacion que produce la escisión del sujeto y genera una serie de dobles y máscaras. El sujeto puede ser indiferentemente Nadie, como Jacinto Solana en Beatus Ille o todos los demás; no tiene una identidad fija; la pérdida del otro como parte integrante de sí mismo constituye una herida sin remedio, como consta en todo el corpus. El sujeto no reconoce su imagen y ésta se transforma en una máscara amenazadora, en un impostor que usurpa la identidad del sujeto y lo persigue.

Durante la fase del espejo, en la inversión del narcisismo en pa- ranoia, surge la figura del hermano enemigo que señala una falla en la construcción del ideal del Yo.

Hemos observado que la figura del doble viene generada por la escisión del Yo que, en algunos casos patológicos de delirio de vigi- lancia, coincide con una instancia crítica hipertrofiada. Este super-Yo tiránico sustituye al ideal del Yo y opera por medio de la mirada. Aho- ra bien, en todo el corpus contemplado hemos puesto de manifiesto la presencia del ojo espía e inquisidor que acecha a su presa, la pre- sencia también de la mirada tachada o tuerta y otros tantos elemen- tos recurrentes que atañen a la percepción visual que hemos de in- terpretar en el contexto de una construcción identitaria perturbada y de una regresión a la vertiente negativa de la experiencia de la fase del espejo, entendida como nostalgia del paraíso perdido y de los territorios míticos de la relación fusional con la madre.

La instancia del super-Yo tiránico opera también en la melancolía y, estrechamente asociado al narcisismo, señala un fracaso en la construcción de la identidad, un funcionamiento pervertido del ideal del Yo como mediación entre el Yo y el Yo ideal (Freud, 1998). La pérdida de un objeto deseado y querido lleva a una identificación total del Yo con este objeto introyectado bajo la forma arcaica de la identificación oral; parte del Yo toma a la otra parte como objeto y la censura por medio de reproches severos y autodestructores. El corpus seleccionado ofrece una serie de sujetos que se han refugiado en sus respectivas fortalezas narcisistas y frente a la pérdi- da del ser querido reaccionan con un proceso de tipo melancólico: Jacinto Solana en Beatus Ille, Joan Marés en El amante bilingüe, Juan José en Volver a casa, el protagonista de El sitio de los sitios.

Lectura sociocrítica

Los efectos de la fase del espejo se articulan en última instancia con unos fenómenos sicofisiológicos de desfase que generan las imá- genes difractadas del sujeto que, a su vez, producen narcisismo y paranoia. Es imprescindible que el ideal del Yo sea suficientemente fuerte, con puntos de referencia estables y eficientes como para re- gular este sistema. Hemos observado en nuestra lectura psicoanalítica que las fallas del ideal del Yo en provecho del Yo ideal producen una perversión del funcionamiento en la constitución del sujeto. Aunque esta estructura psiquica básica [yo, Yo ideal, ideal del Yo] puede ser considerada como un invariante, su funcionamiento viene pervertido por la re-organización de un campo morfogenético debida a la evolu- ción del contexto sociohistórico; esta reorganización altera los con- tornos del sujeto cultural. Tal es la hipótesis que quisiera sentar y tratar de comentar a continuación.

Para mejor entender de qué se trata, acordémonos de que esta instancia (el sujeto cultural) viene definida como un espacio comple- jo de sedimentos heterogéneos cuyos estratos operan conforme a un ritmo y con arreglo a una historia propios, lo cual nos lleva a abarcar en una sola visión los contextos españoles que atañen a unos pe- ríodos históricos sucesivos (franquismo, postfranquismo y democra- cia) y un contexto posterior más amplio representado por el desarro- llo progresivo del ultra liberalismo. La superestructura ideológica a la cual me refiero y en la que las evoluciones de la infraestructura no repercuten de manera forzosamente inmediata y mecánica, revela, para el período contemplado (1975-2000), algunos trayectos semió- tico-ideológicos que proceden de estas capas heterogéneas y que se deconstruyen las unas en las otras. En el trasfondo del caos que cons- tituyen se puede divisar, sin embargo, una nueva estructura a la cual se deben atribuir los distintos fenómenos que acabo de mencionar en mi estudio semiótico anterior. El eje principal que me va a guiar y que no hemos dejado de observar a lo largo del análisis que precede, es la antítesis fundamental que opone la coincidencia a la no-coinciden- cia, la cual en mi estudio sociocrítico cobra la forma de unos fenóme- nos de dis-sincronía. Estos fenómenos caracterizan en efecto las modalidades de la articulación de la historia española con la historia de la Europa occidental, desde el franquismo hasta el postfranquismo y la institución de la democracia. Es notable el impacto del largo pe- ríodo 1936-1975, en el plano temático y en la producción de unas figuras poéticas (la figura de los hermanos enemigos por ejemplo) pero quizás y sobre todo en el campo de las estructuras profundas por medio del cuestionamiento del ideal del Yo, y de la figura del padre más precisamente. La dictadura franquista, en efecto, interio- rizada como un super Yo tiránico lleva a la desaparición de la figura del padre, de manera aparentemente paradójica. Se trata de un espa- cio constituido por un conjunto de nociones sociales y morales y, lue- go, por unos puntos de referencia cuya pérdida acarrea los procesos de confusión que hemos observado antes y, más especialmente, la confusión de los espacios respectivos de la madre y del padre sacada a luz por Edmond Cros en Demonios en el jardín de Gutiérrez Aragón (Cros, 1995). Esta indiscriminación resulta re-activada y acentuada con el desarrollo del ultraliberalismo, justificando las conocidas tesis de Gérard Mendel (1971).

El elemento principal de la producción discursiva y más repre- sentativo de la fase socioeconómica del franquismo transcribe, sin embargo, otra realidad: la de una España que, con arreglo a Europa, vive en otra época y conforme a un ritmo distinto –dicho con el eufe- mismo púdico que consiste en describirla como diferente– o, de ma- nera más explícita, en el debate político donde se enfrentan partida- rios y adversarios de su integración en la Comunidad Europea que sólo se realiza en 1986. La evolución de la economía de la península y la evolución correlativa de las estructuras mentales de los españo- les, alimentarán una toma de conciencia cada vez más fuerte de este «retraso» (o desfase) y de la necesidad de remediarlo, de tal forma que, en el seno de la sociedad, aparecen de manera cada día más evidente unas fracturas que oponen, en cada una de las dos orillas, aquellos que todavía viven en el pasado y los que ya están en el por- venir. Acudiendo a una fórmula de Marc Bloch, calificaremos a este enfrentamiento de sincronía de lo dis-sincrónico, o sea, de la coinci- dencia de la no-coincidencia:

"El esfuerzo de adaptación que hacen los unos por hacer coinci- dir un tiempo presente con mentalidades ancladas en el pasa- do y la imposibilidad para los demás de aceptar esta puesta al día transcriben con la mayor nitidez la distancia que separa en el campo de lo simbólico dos tiempos distintos de la historia. " (Cros, 1996, pág.20)

Las circunstancias de la postguerra civil convocan este cuestio- namiento tanto más fuertemente cuanto que obsesiona la imagina- ción colectiva («l’imaginaire social») desde hace más de un siglo. Sólo pierde su actualidad cuando el gobierno de Felipe González obtiene la integración de España en la Comunidad Europea. Notemos de paso que las mediaciones sociodiscursivas que nos interesan entre la pro- ducción literaria y la infraestructura no respetan forzosamente los límites de las fases históricas que solemos distinguir con arreglo a las evoluciones políticas. Así es como los efectos de la dictadura fran- quista (directos, indirectos y compensatorios) vienen a deconstruirse en los efectos de la integración de España en la lógica del ultralibe- ralismo. Ésta no reconoce más que la ley del mercado y del provecho, y sólo se atiene a la inmediatez del consumo y de la satisfacción de los deseos, de manera que ya no hay más espacio para los valores en que se fundamentan la autoridad y la transmisión. Tales consecuen- cias re-activan, dos o tres decenios más tarde, los efectos producidos por la dictadura.

Volvamos ahora un poco más atrás, al período llamado de la tran- sición, que es capital en todos los niveles: es capital para el proceso de «europeización» que acabo de evocar.

"De forma general, el criterio imperante en el discurso oficial español actual es el de «igualar a Europa» y el asunto principal es, a fin de cuentas, el llegar a «ser europeos»… España ha dejado de ser «diferente» y pretende ya ser parecida. En este sentido, el programa modernizador de los socialistas españo- les puede cifrarse en una palabra, que, posiblemente, nunca hayan utilizado sus dirigentes y que acuñó Costa a finales del siglo pasado: la ’europeización’ ". (Serrano, pág.49)

Pero es capital, también, para la construcción de «otra España». Habrán observado que el discurso que se refiere a la eventual adap- tación a Europa implica la dialéctica fuera/dentro, exterior/interior. Ya el calificativo utilizado es elocuente de por sí: no se trata de una ruptura ni de una continuidad sino de una transición, o sea, de un presente en el que coinciden el pasado y el futuro. Dicha coinciden- cia viene transcrita en el nivel de los microfenómenos que analicé como componentes de una semántica de la difracción (ya…todavía, es el ejemplo más recurrente y más evidente) en el nivel de la oposi- ción inmanencia vs remanencia, y por medio de la metamorfosis. Nos consta que dichos fenómenos se articulan con el discurso social del momento histórico implicado. Éste expresa una serie de preocupa- ciones y de debates obsesionados por la política del consenso, cuyas bases ideológicas se cifran y cuajan en las dos expresiones que se utilizan para designar y describir este período, siempre presentadas como sinónimos, o sea postfranquismo y predemocracia. González Casanova, hablando de esta zona ambigua en la que post y pre se superponen, o sea, de una zona conceptual donde la democracia está en el franquismo y el franquismo en la democracia, dice: "hablar de postfranquismo y no de democracia ya es una pista… Quiere decir que el postfranquismo y la predemocracia son dos formas contrapuestas pero en el fondo convergentes de definir una situación política de transición, lenta y suave, vista por la izquierda como una agonía prolongada de la dictadura y por la derecha como una cauta y temerosa adaptación a la temida democracia o poder político. Aparentemente la predemocracia sería la reforma y el postfranquismo la ruptura. Pero no es así. Ni los franquistas han reformado nada ni los demócratas han roto el poder editorial de los grupos políticos tradicionalmente dominantes en España." (1986, pág.328)

Ya se entiende perfectamente cómo tal falta de discriminación –cuyas realizaciones semióticas y semánticas acabamos de sacar a luz en la producción novelesca española implicada– pudo generar tanto una poética de la confusión como los efectos compensatorios que hayan tratado de contradecirla o rechazarla.

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[Tomado de Edmond Cros, El Sujeto cultural, Medellín, Fondo editorial EAFIT, 2002]

El sujeto cultural colonial - La no-representabilidad del otro

Interiorizando una “alteridad” irreductible a sus propias normas, la imaginación colectiva se manifiesta como una matriz que no puede producir más que figuras híbridas. Implantada en la conciencia, la “alteridad” no puede, en efecto, disolverse en ella. Con la emergencia de esta nueva instancia discursiva nace, pues, “el sujeto cultural colonial”, a la vez indisociable (colonizado y colonizador alternativamente, y simultáneamente sujeto de la enunciación y sujeto del enunciado) y sin embargo profundamente y para siempre difractado.

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El sujeto colonial: no representabilidad del otro

En su carta a Luis Santángel, con fecha 15 de febrero de 1493, Cristóbal Colón describe de la siguiente manera el paisaje de la isla de La Española:

"En ella ay muchos puertos en la costa de la mar […] y fartos rios y buenos y grandes que es maravilla; las tierras d’ella son altas, y en ella muy muchas sierras y montañas altíssimas, sin comparación de la isla de Tenerife, todas fermosíssimas, de mil fechuras, y todas andábiles y llenas de árboles de mil maneras i altas, i parecen que llegan al cielo; i tengo por dicho que ja- más pierden la foia, según lo pu[e]de comprender, que los vi tan verdes i tan hermosos como son por Mayo en Spaña; y d’ellos stavan florridos, d’ellos con frutos, i d’ellos en otro tér- mino […]. Y cantava el ruiseñor i otros paxaricos de mil mane- ras en el mes de Noviembre por allí donde io andava. Ay pal- mas de seis o de ocho maneras, que es admiración verlas por la diformidad fermosa d’ellas, […] así como los otros árboles y frutos e iervas. En ella ay pinares a maravilla e ay canpiñas grandíssimas, e ay miel i de muchas maneras de aves y frutas muy diversas. En las tierras ay muchas minas de metales e ay gente instimabile numero. La Spañola es maravilla: las sierras y las montañas y las vegas i las campañas y las tierras fermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para hedificios de villas y lugares. […] La gente d’esta isla y de todas las otras que he fallado y havido ni aya havido noticia, andan todos desnudos, hombres y mugeres […]. Ellos no tienen fierro ni azero ni armas, ni son para ello; no porque no sea gente bien dispuesta y de fermosa estatura, salvo que son muy temerosos a maravilla. […] Verdad es que, después que aseguran y pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo crería[n] sino el que lo viese. […] me quedan de la parte del Poniente dos provinsias que io no he andado, la una de las cuales llaman Auan, donde nasen la gente con cola. […] En todas estas islas me parece que todos los ombres sean contentos con una mujer, y a su maioral o Rey dan fasta veinte. Las mugeres me parece que trabaxan más que los ombres. Ni he podido entender si tienen bienes propios, que me parecio ver que aquello que uno tenía todos hazían parte, en especial de las cosas comederas. En estas is- las fasta aquí no he hallado ombres mostrudos, como muchos pensavan, mas antes es toda gente de muy lindo acatamiento […]. Así que mostruos no he hallado no noticia, salvo de una isla que es Carib, […] que es poblada de una iente que tienen en todas las islas por muy ferozes, los cuales comen carne umana. […] Son ferozes entre estos otros pueblos que son en demasiado grado covardes, mas yo no los tengo en nada más que a los otros. Estos son aquellos que tratan con las mugeres de Matinino […] en la cual no ay hombre ninguno. Ellas no usan exercicio femenil, salvo arcos y flechas […] y se arman y cobigan con launes de arambre, de que tienen mucho.«(»Carta a Santángel (1493)" en Cristobal Colón. Textos y documentos completos. Prólogo y notas de Consuelo Varela, Alianza Universal, 1984, págs. 219-222.)

Para expresar el asombro que siente ante el paisaje, Colón recu- rre a unos modelos discursivos que le permiten dar cuenta de una tierra y unos objetos desconocidos a partir de todo aquello que su destinatario conoce. La “alteridad” se moldea en un primer momento en lo semejante. Se trata, además, de lo que podría llamarse una similitud mítica. En efecto, aquí todo remite a lo paradisíaco: la acu- mulación de los superlativos, las características de esta tierra (fertili- dad, belleza, diversidad), sus productos (frutos, plantas, miel), la ar- monía que reina entre sus elementos (el agua, los bosques, las mon- tañas, el cielo), la suspensión aparente del tiempo (en pleno mes de noviembre el follaje de los árboles está tan verde como lo está en mayo en España; algunos de los árboles tienen frutos, otros están en flor, otros en una etapa distinta de la producción). Los habitantes, numerosos, son a su vez bellos, pacíficos, generosos y cándidos, suti- les. Lejos de ser idólatras, están dispuestos todos a convertirse. Sus costumbres corresponden más o menos a las costumbres de los espa- ñoles: “En todas estas islas me parece que los hombres se contentan con una sola mujer”. En fin, detalle significativo, no parece haber propiedad privada: “…me ha parecido que todos compartían lo que cada uno poseía, en particular el alimento”.

No obstante, en este primer discurso van insinuándose las hue llas de un discurso contradictorio. Lo diferente se desborda, al pare- cer, de lo semejante. El modelo discursivo no resulta apto para ex- presarlo todo y deja en sus orillas fragmentos de discurso, objetos, valores irreductibles; quizá porque ante todo esta realidad se presen- ta como la realización concreta de un mito. La palabra maravilla, tér- mino recurrente, alcanza aquí todo su sentido: Colón describe un mun- do en el que las estaciones se confunden, y este signo de lo extraño da a lo desemejante su estatuto de desemejante. Para enunciarlo, el narrador recurre a una expresión que podría considerarse absurda, sin sentido: “Hay palmeras de seis u ocho especies que son sorpren- dentes por su bella deformidad…”. Covarrubias nos recuerda, en efec- to, que deformidad, palabra que se aplica a todo lo que es despropor- cionado, y por ello mismo carente de una bella apariencia, puede ser sinónimo de fealdad. Por muy conjurado que aparezca, gracias a la presencia del adje- tivo bello, el sema de lo deforme y, de un modo general en la primera parte del texto, los semas del exceso, de la sobre abundancia, de lo maravilloso, convocan a las figuras de lo monstruoso, las cuales, ade- más, no tardan en aparecer entre los intersticios del discurso de la realidad reconstruida: “dos provincias que io no he andado, la una de las cuales llaman Avan adonde nasen la gente con cola […] En estas islas fasta aquí no he hallado ombres mostrudos […] Así que mostruos no he hallado ni noticia, salvo de una isla que es Carib […] poblada de una iente que tienen en todas las islas por muy ferozes, los cuales comen carne umana”. Colón hace aquí alusión a los caníbales de las islas Caribes, así como a la isla de la Martinica, de la cual se creía que estaba poblada únicamente por mujeres. Éstas no se dedican a ninguna de las tareas reservadas en el Viejo Mundo a las mujeres y sustituyen a los hom- bres.

En la evocación edénica del paisaje de la Española asoma, pues, un discurso mítico que tiende a poblar las tierras desconocidas de monstruos, conforme a una tendencia bien conocida. Quien habita otro mundo no puede ser mi semejante. Como lo escribe excelente- mente Roberto Lionetti, “la anomalía en cuanto subversión del orden clasificador encuentra su terreno de predilección más allá de los már- genes geográficos, en unas tierras misteriosas transformadas en le- janos horizontes oníricos en los que todo es posible". (R. Lionetti, Le lait du père, pág.139). De modo que estos fragmentos de discurso evidencian un potencial de re-inversión del discurso edénico en su contrario; si éste se actualiza, particularmente al principio del texto, puede en cualquier momento pervertirse o subvertirse por la actualización de su contra- rio, conforme a una ley fundamental de funcionamiento de las es- tructuras discursivas.

Me gustaría atenerme aquí únicamente a la descripción del in- dio, para tratar de mostrar cómo estas pocas huellas, aunque neutra- lizadas por la adjetivación (bella diformidad) o por la negación (no he hallado ombres mostrudos), van a organizarse, más lejos, en un sis- tema significativo en el que intervienen a la vez los semas de lo mons- truoso y de la inversión sexual para producir una figura que se inser- ta, además, en una continuidad folklórica y pinta al indio con los ras- gos de un hombre que amamanta a su progenie. En su estudio sobre Le lait du père, R. Lionetti relaciona este tema con ciertos textos pu- blicados entre finales del siglo XVI y el siglo XVIII. Así, a finales del siglo XVI, Renward Cysat, en su Relación verdadera sobre las islas y el reino del Japón descubiertos recientemente y sobre las Indias des- conocidas anteriormente, habla de “la existencia de una población de Brasil en la que los hombres estaban provistos de senos tan grandes e hinchados de leche que eran suficientes para amamantar y criar a sus hijos”; el naturalista polaco Jonston escribe sobre el mismo tema en Thaumatographia naturalis (1632): “Los que recorren el Nuevo Mundo cuentan que casi todos los hombres disponen de una gran cantidad de leche”. Estas fábulas siguen divulgándose en el último cuarto del siglo XVIII en el libro Investigaciones filosóficas sobre los americanos (1768-1769), del holandés Corneille de Pauw, lo cual mo- tiva los comentarios sarcásticos de un jesuita mexicano, Francisco Saverio Clavigero:

"¡Qué bellos materiales para una Thaumatografía! En verdad yo no sé qué admirar más: la temeridad y lo impúdico de estos viajeros que expanden tales fábulas, o la muy grande estupi- dez de los que las adoptan […] Y aquel que lea otras contradic- ciones y tonterías semejantes publicadas en Europa desde hace algunos años, ¿no se dará cuenta de que los viajeros, historia- dores, naturalistas y filósofos europeos han establecido en América el almacén de sus fábulas y sus habladurías y que para amenizar su obra con la novedad maravillosa de sus su- puestas observaciones, atribuyen a todos los americanos lo que ha sido observado en algunos individuos o, aún más, en ningu- no?"( Clavigero, Storia Antica del Messico, vol II, T. IV, págs. 169 y siguientes.)

Esta representación lingüística se conecta con algunas figuras de la iconografía de los Grandes viajes publicados en Francfourt por Boy entre 1590 y 1634, y que Bernadette Bucher analiza de manera atrac- tiva en La sauvage aux seins pendants. Esta iconografía puebla el Nuevo Mundo de figuras míticas heredadas de la tradición medieval, como los hombres sin cabeza cuya cara está dibujada en el pecho y que se hallan en un mapa de la Guayana, o como los paisajes y los animales fantásticos “que son reapariciones de las maravillas medie- vales retocadas por una imaginación barroca”. (B. Bucher, La sauvage aux seins pendants, pág.23). B. Bucher destaca un motivo “que reaparece con mayor frecuencia que los otros, a saber,

un tipo de mujeres […] que, frente al canon de las proporciones res- pectivas en la imagen de las otras indias, presentan un pecho falto de gracia con los senos colgantes, a veces asociado al aspecto de juven- tud robusta de las otras indias, a veces al contrario, a las viejas horri- bles y demacradas…”. (Ibidem, pág.46)

Relacionada con esta representación se en- cuentra, en la novena parte de los Grandes viajes, la representación de los indios cabelludos presentados como hermafroditas. Éstos llevan largas cabelleras ensortijadas y sueltas, según la representación icónica tradicional del sodomita en la Edad Media; su vestimenta es análoga a la que llevan las mujeres y se ocupan de tareas generalmente consideradas femeninas. (Ibidem, Pág.210) En otro grabado, acusados precisamente de sodomía por los conquistadores españoles, son entregados a los perros para que éstos los devoren.

Ya se trate del hombre que amamanta, de la ambigüedad sexual o de la mujer de los senos colgantes, están claros el alcance simbólico de estas diversas representaciones y su convergencia; se trata en el último caso (el de los senos colgantes) de un motivo tradicional “atri- buido a las mujeres maléficas, vampiros, brujas, demonios, encarna- ciones de la Envidia y de la Lujuria, representación de la muerte” (Ibidem, Pág.4, y también a la “mujer salvaje”. En cuanto a la confusión de los sexos, ésta es tradicionalmente el vehículo simbólico de lo satánico, en la medida en que lo híbrido es por antonomasia la figura de lo mons- truoso. Entre otros, remito al mito folklórico del hombre embarazado analizado por Roberto Zapperi y también a la descripción del mons- truo de Ravena que se lee en el Guzmán de Alfarache y que presenta, entre otras características, la de ser hermafrodita, por lo que fue in- terpretado en relación con la “sodomía y bestial bruteza”.

Lo que acabo de decir a propósito de estas diferentes representa- ciones lingüísticas e icónicas, marca y define un discurso potencial del que he hecho aparecer algunos fragmentos en el pasaje de Colón que estamos analizando. En el trasfondo de esta descripción edénica hay un discurso de lo satánico; tanto la una como el otro son, por lo demás, productos discursivos de la noción de lo desemejante, de lo diferente. Veamos, para confirmarlo, una lectura ideológica de estas repre- sentaciones. Son conocidas las polémicas que estallaron en España a mediados del siglo XVI entre Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria, por un lado, y Juan Ginés de Sepúlveda y fray Domingo de Betanzos, por otro. Uno de los primeros puntos de discusión se refe- ría a la naturaleza del indio. Betanzos sostenía que los indios eran bestias, que habían pecado y que todos debían perecer porque ha- bían sido condenados por Dios. (Sobre estos problemas, véase L. Hanke, La lucha española por la justicia en la conquista de América. Sepúlveda, por su parte, afirmaba que habían nacido para ser esclavos. Las Casas interviene violentamente contra esta concepción y no cesa de repetir que los indios son “hombres verdaderos”.

"El enemigo de la raza humana […] inspiró a sus satélites quie- nes, para agradarle, no dudaron en divulgar que los Indios de Occidente y del Sur y otra gente a quien ahora conocemos por primera vez se deberían tratar como bestias creadas para nues- tro servicio, pretendiendo que son incapaces de recibir la fe católica. Nosotros […] consideramos, sin embargo, que los In- dios son verdaderos hombres." (Citado por L.Hanke, ídem. pág.134; el subrayado es mío)

En su Democrates alter Sepúlveda estimaba, además, que los españoles tenían perfectamente el derecho de gobernar a los bárba- ros del Nuevo Mundo, dada su superioridad:

"Compara ahora estas dotes de prudencia, ingenio, magnani- midad, templanza, humanidad y religión con las que tienen esos hombrecillos en los cuales apenas encontrarás vestigios de humanidad que no sólo no poseen ciencia alguna sino que ni siquiera conocen las letras ni conservan ningún momento de su historia." (Citado por L. Hanke, pág.214)

Se deben destacar los términos utilizados para calificar al indio: hombrecillos, vestigios de humanidad. Para Sepúlveda, esta inferio- ridad es igual punto por punto a la del niño frente al adulto o a la de la mujer frente al marido. (F. de Victoria, Relectio de Indis o libertad de los indios, pág.31 Así pues, se asimila al indio con el animal y la mujer. Esta última asimilación es recurrente en Sepúlveda. Torpeza femenina, tenden- cia a la sensualidad y a lo irracional, cobardía, ineptitud, estupidez, etc., el indio comparte con la mujer todos los defectos que la menta- lidad misógina medieval atribuye a ésta; nos adherimos al punto de vista de R. Adorno cuando escribe: “este sujeto colonial produce un discurso estereotipado que representa los valores de la cultura mas- culina, caballeresca y cristiana”. (R. Adorno, “La construcción cultural de la identidad”, pág.56.) ¿No es la mujer “ministro de la idolatría” y devoradora, y por lo tanto antropófaga como el indio? (Sobre este punto, véase J. Delumeau, La peur en Occident, XIV-XVIIIe siècles, capítulo 10, y especialmente la página 319) Existe, pues, una convergencia perfecta entre estas representa- ciones y los discursos polémicos sobre los derechos de los indios. Desde este punto de vista, las figuras desvalorizadas, más o menos satánicas, de la salvaje de los senos colgantes, del andrógino sodomi- ta y del indio que amamanta, constituyen la puesta en imagen o la puesta en texto de posiciones extremistas como las expresadas por Sepúlveda y sus epígonos. Esas representaciones tratan de probar la supuesta degeneración racial de aquellos a quienes se quiere some- ter, con el fin de justificar objetivos de conquista. Sin embargo, esta lectura no es la única que debe tenerse en cuenta, puesto que el texto de Colón no podría articularse directa- mente con la polémica en cuestión y por esa misma razón, además, el texto nos invita a situarnos ahora en otra perspectiva. Recordemos, pues, que en la «Carta a Santángel» lo edénico es lo que convoca a lo satánico con la forma de lo monstruoso o con la de la inversión de los sexos, conforme a una ley estructural que organiza las relaciones entre la actualización y la potencialidad. Esta ley se comprueba en todas las nociones, incluidas las que habitualmente consideramos como más estables: así, por ejemplo, en los primeros tiempos del cristianismo, antes de que lo híbrido fuera el sema icónico de lo de- moníaco, había sido considerado como uno de los atributos de la divi- nidad. Hay otro elemento por considerar en el caso que nos ocupa: se trata de la incorporación de nuevos objetos en las normas clasificadoras. Estos objetos son, sin embargo, irreductibles a esas normas y de ahí las distorsiones que afectan a los modelos discursivos, distor- siones que producen ya sea la imagen de la denegación (lo que el nuevo objeto no es), ya sea la de la comparación. Es lo que se produce en la descripción de los paisajes de La Española, como vimos al prin- cipio. El mito del Edén no es suficiente para dar cuenta de lo que es: esos paisajes corresponden a una evocación paradisíaca, más otra cosa; pero otra cosa nueva, otra cosa que desborda los sistemas de organización del conocimiento, otra cosa que es irreductible a toda denominación y a cualquier comparación, otra cosa que es simple- mente Otra y que, por ser Otra, es irrepresentable. Dicho de otra forma: para definir este Otro, el paso obligado por la semejanza deja siempre un residuo de “alteridad”, un elemento irreductible a la nor- ma clasificadora. Para intentar decir lo indefinible no queda sino re- currir a los encabalgamientos de categorías, es decir, recurrir a las figuras de lo híbrido o a otras que son, de alguna manera, del mismo tipo, como por ejemplo las fórmulas antitéticas utilizadas en ese mis- mo texto (“una bella fealdad”). La semántica evidencia la valorización del tema del límite: ultra- mar, nuevo mundo, otro mundo, extraterrestres; todo lo que excede la esfera de lo conocido cae dentro de lo extrasistemático y de lo no representable. Pero no sólo se trata de los límites espaciales; se trata también, y tal vez sobre todo, de los límites fijados a las normas de comportamiento y, para ser más preciso, de los límites que organizan esos tabús. Así, en ese Nuevo Mundo, todos los tabús del Viejo Mun- do son transgredidos: desnudez, canibalismo, idolatría…, lo que con- voca, sin duda alguna, a la anomalía sexual, la cual “subvierte el orden de la naturaleza como el de la cultura”. (R. Lionetti, Le lait du père, pág.139 En la medida en que esta “alteridad” se define por medio de una serie de signos que remiten a lo que está fuera del límite, no es extra- ño que las representaciones de la “alteridad” se articulen con el es- pacio mítico de la transgresión, es decir, de lo satánico, ya que la representación de lo no semejante, de lo disímil, es filtrada una vez más por los modelos discursivos preestablecidos. Por eso, como lo recuerda Rolena Adorno, las caracterizaciones de los moriscos, de los judíos y de los indios coinciden. Según las teorías del siglo XVI sobre el origen de los indios, ¿no descienden éstos de Cam, uno de los hijos de Noé, supuesto antepasado de los pueblos asiáticos y de los sarra- cenos, maldecido por su padre por haberlo mirado desnudo cuando éste estaba borracho? “La distancia geográfica además del tiempo transcurrido después de los orígenes, de generación en generación, había provocado una ruptura de comunicación del indio con la ‘fuen- te de la verdad’ y había desencadenado en él un proceso de degene- ración”. (Véase B. Bucher; Le sauvage... págs.64-65, que se apoya en un estudio de Margaret T. Hopdgen, Early Anthropology in the sixteenth and Seventeenth Centuries, University of Pensylvania Press,1964. Sobre la asimilación del mundo musulmán, véase, entre otros, Weckmann, La herencia…, págs.229-230.)

Nos falta ahora ver cómo el Otro ha interiorizado su diferencia en dos campos de representaciones: el de la historia y el de lo sagrado. Por lo que al primer caso se refiere, Adorno analiza las crónicas de las conquistas de México y del Perú escritas por Fernando de Alva Ixtlilxochitl y por Felipe Guzmán Poma de Ayala respectivamente. En conclusión, Adorno estima que tanto en la una como en la otra, “el sujeto colonial americano borraba los retratos ajenos que lo identifi- caban con la naturaleza, la pasión, lo femenino, lo rústico y lo paga- no, para identificarse con los valores contrarios: la cultura, la razón, lo varonil, lo público, lo cortesano o caballeresco, lo cristiano…”.(R. Adorno, “La construcción cultural…”, pág.66)

Por lo que se refiere a la esfera de lo sagrado, sobre lo cual me gustaría insistir, debemos distinguir, por un lado, las estrategias de asimilación de los nuevos modelos y, por otro, el proceso de su inte- riorización individual y subjetiva. Serge Gruzinski ha analizado magistralmente el proceso y los modos de cristianización de la imaginación de los indios. “¿Cómo –escribe– dar a entender y pintar unos seres, unas figuras divinas, el más allá, sin ninguna equivalencia en las lenguas indígenas ni en las representaciones locales sino por aproximaciones que traicionaban la sustancia y la forma?”, (S. Gruzinski, La colonisation de l’imaginaire..., pág.241) es decir, con otras palabras, por medio del recurso, una vez más, a los códigos o filtros interpretativos preexistentes. Se podría entonces repetir lo que decíamos anteriormente, esto es, que esos modelos precolombinos de figuras sagradas no se adaptan al contenido que el evangelizador quiere propagar y dejan siempre, en los márgenes, un residuo de “alteridad” irreductible a una representación realizada por el Otro. Los ejemplos abundan: “el Mictlán nahua, seleccionado para representar el infierno cristiano, sólo era una de las moradas de los muertos y, lo que es más, era un lugar glacial”. (Ídem) In Tloque in nahuaque, “el señor de lo próximo y lo lejano”, elegido para definir tanto a Dios como a Jesucristo, designa originariamente al “señor de la dualidad”, y Tezcatlipoca y Quetzalcóatl eran dos de sus manifestaciones. Tonantzin, reservada para designar a la Virgen María, remitía a una de las representaciones de la diosa- madre. Sobre el lugar en que los aztecas veneraban a Toci, la abuela de los dioses, se erige un santuario para honorar a Santa Ana, la madre de José. Como se les describía generalmente como dos vieje- citos, San Simón y San José remplazan a Huehuetéotl, el dios viejo, el espíritu del fuego, y se les añade entonces el sufijo -tzin de venera- ción: Ximeontzin y Xoxepetzin. El Tepozteco es a la vez Dios del vien- to e hijo de la Virgen María.

Como vemos, las normas que en el pensamiento cristiano distin- guen a la divinidad de la santidad explotan y se encabalgan, produ- ciendo así lo híbrido. De manera completamente simétrica, los propios indios intentan reconocer en el Otro los signos que les permitan asimilarlo dentro de sus propias categorías. Por eso, desde el momento de la invasión y la conquista, Cortés será identificado como el dios Quetzalcóatl, los re- ligiosos españoles como los tzitzimime, es decir, los monstruos, que serán más tarde asimilados con los ángeles caídos de los cristianos. Esta última representación es interesante pues muestra cómo los dos antagonistas se satanizan recíprocamente. Satanás es el Otro y el Otro no puede ser más que Satanás. Precisamente en la segunda mitad del siglo XVI, la vida ejemplar de ciertos evangelizadores y los prodigios que llevan a cabo facilitan su asimilación con los curande- ros o brujos indígenas:

"Estos venerables invaden las campañas mexicanas con el rui- do de sus hazañas, dominan los elementos naturales, alejan las tempestades, traen la lluvia, gobiernan las nubes y las plan- tas, prenden o apagan a voluntad los incendios, se dedican a la profecía y a la adivinación. Sobre todo, multiplican las curacio- nes milagrosas antes y después de su muerte […] no es posible dejar de notar el extraño parentesco que aflora entre esos reli- giosos, muy a menudo de modesta condición, muertos en olor de santidad, de una indudable ortodoxia, y los curanderos indí- genas, los adivinos, los “conjuradores de nubes” que acaba- mos de citar. […] Se podría objetar que la analogía es superfi- cial, pero ¿sería tan superficial para los indios que interpretan esos fenómenos en su propio lenguaje, que ven a “brujos” en los venerables y a “santos” en los curanderos?" (S. Gruzinski, La colonization de l’imaginaire..., pág.240) Lo diabólico cristiano (el brujo visto del lado español) se metamor- fosea en figura santa y esta misma figura santa (el venerable para los cristianos) es vista por el indio como una forma que la evangelización considera diabólica (ya que está representada por la figura del curan- dero). La representación de lo diabólico se moldea en la de lo divino y la de lo divino en la de lo diabólico. Semejantes actitudes perduran y se generalizan; se perciben en la iconografía de origen popular de la época colonial. Para el proyecto de evangelización, que se enfrentaba con obstáculos considerables en el plano de la comunicación, era capital proponer apoyos visuales a la predicación. Los evangelizadores explicaban sus enseñanzas con ayuda de pinturas. Desde el final de los años de 1520, los indios formados en México por Pierre de Gand reproducen y difunden las pin- turas flamencas y españolas. Pero a la par de esta producción contro- lada por las autoridades coloniales, se desarrolla lo que S. Gruzinski califica de copie sauvage, de producción independiente “cuya imper- fección a menudo desacreditada se debe achacar más bien a la inter- pretación del lenguaje occidental que no a la torpeza indígena” (Ibidem, pág.243) y cuya hechura provoca la indignación de ciertos miembros del clérigo. “Es entonces indispensable comprender que la iconografía cristiana se difundió en los medios más modestos por medio del prisma deformante y recreador de una producción indígena”.

Dicho de otra forma, las imágenes cristianas se integran en la imaginación indígena en cuyo seno adoptan nuevos contornos; figu- ras autóctonas y figuras cristianas se deconstruyen las unas en las otras y hacen estallar los códigos interpretativos originales. Ya se tra- te de las estrategias de los evangelizadores o de la tendencia espon- tánea de los artistas populares indígenas a pervertir las representa- ciones originales de lo sagrado que les propone el colonizador, se observa una vez más que las normas conceptuales clasificadoras de unos y otros estallan, creando así unos productos híbridos que co- rresponden a unas prácticas generalmente consideradas como sincréticas.

Más allá de estas observaciones, que se aplican a una vivencia re- lativamente superficial, es posible interesarse por el nivel de la in- teriorización individual en el proceso de formación de la imagen del Otro que se instala en el centro de la experiencia subjetiva. Para de- limitar este tipo de problema disponemos del admirable análisis que Gruzinski hace de las visiones que tenían los indígenas y que fueron recogidas por los jesuitas en el período que va de 1580 a 1610.

"Los jesuitas utilizaban experiencias individuales que se considera- ban ejemplares para llevar la comunidad de fieles a estados de de- presión y de excitación profundos. Los jesuitas provocaban en los indios una incitación a la visión, una estandarización de sus delirios y de sus modelos de interpretación. Es evidente que se imponían los mismos esquemas sobre estados y desórdenes bastante distintos cuya especifici- dad se nos escapa la mayor parte del tiempo. Pero estos mode- los y estos escenarios se difunden y redifunden con una con- vicción tal que tenemos buenos motivos para pensar que los indios terminan por interiorizarlos y, en ciertos casos, repro- ducirlos de cerca. Codificación, estereotipos y delirios indígenas se superponen hasta tal punto que se confunden, si no en el espíritu de los visionarios, al menos sí en la mente de la co- munidad edificada y “transportada”.( Ibidem, pág.243

Pero, nos señala con sobrada razón Gruzinski, esas visiones se estructuran en torno al antagonismo entre el Bien y el Mal, mientras que en la idolatría original, cuyas representaciones perduran en la imaginación de los individuos, “domina […] la ambivalencia de los dioses, la permeabilidad de los seres y las cosas, las transformacio- nes sutiles, las combinaciones múltiples” (ibid).

Así pues, el indio interioriza en el seno de sus categorías origina- les las categorías que le son extrañas y que, en relación con las pri- meras, son contradictorias. Interiorizando esta “alteridad” irreductible a sus propias normas, la imaginación colectiva se manifiesta como una matriz que no puede producir más que figuras híbridas. Implan- tada en la conciencia, la “alteridad” no puede, en efecto, disolverse en ella. Con la emergencia de esta nueva instancia discursiva nace, pues, “el sujeto cultural colonial”, (Sobre la noción de sujeto colonial, véase Homi k. Bahabla, “The other question…) a la vez indisociable (colonizado y colo- nizador alternativamente, y simultáneamente sujeto de la enuncia- ción y sujeto del enunciado) y sin embargo profundamente y para siempre difractado. Condenado a proyectarse con la forma de lo se- mejante y de lo desemejante, condenado a interiorizar su “alteridad” y, por lo mismo, buscándose incesantemente a sí mismo en la medida en que, como decía anteriormente, la “alteridad”no puede represen- tarse puesto que la identificación con el Otro sólo puede producirse a través de mis propios modelos discursivos, producidos precisamente para expresar lo que soy, lo que sé o lo que imagino y no han sido producidos sino por eso; de ahí, su incapacidad para dar cuenta de todo lo que me es exterior y es exterior a mi universo.

Como contrapunto, tomemos el caso de un texto español de 1976, La perra vida de Juanita Narboni. Su autor, un tangerino de origen español que se refugió en Madrid tras la independencia de Marrue- cos, no puede integrarse en las condiciones de vida de la metrópolis y se encuentra exilado en su propio país. Dicho texto transcribe el des- tino de una comunidad en vías de desaparición, la de los judíos de Tánger, a través de la autobiografía de un travestido vivida como un largo monólogo interior, es decir, como una “expresión muda”, tradu- cida en este caso en una lengua original, la yaquetía, de la que me ocuparé más adelante. El yo que se expresa implica la proyección del narrador que lee el pensamiento del personaje. El verdadero sujeto, sede de esos pensamientos, se ha perdido para siempre y nos es inac- cesible. La relación de la autobiografía con el tiempo lineal o histórico es de la misma naturaleza. En efecto, el relato autobiográfico se cons- truye habitualmente a partir de un punto de vista que se supone abarca la totalidad del pasado para dar a ese pasado toda su significación. El presente inscribe en el relato el tiempo de la escritura, por oposición al tiempo del actante, regido completamente por las formas verbales del pasado. El texto de Vázquez no funciona según ese modelo: cada uno de los cincuenta y cuatro fragmentos que lo componen está es- crito en presente, un presente en relación con el cual el flujo de la conciencia es percibido en la inmediatez de su supuesto transcurrir, un presente que no se puede identificar en el tiempo histórico y que oculta las conexiones con el contexto, acentuado así los efectos de segmentación y de ruptura que imposibilitan el acceso al sujeto au- téntico. En este punto precisamente es donde interviene la práctica discursiva de la yaquetía, un español muy particular que no sólo ha conservado gran número de giros, palabras y expresiones desusadas en España, sino que ha añadido a esos arcaísmos numerosos préstamos del hebreo y del árabe dialectal marroquí…, lengua sabrosa y llena de imágenes cuya originalidad profunda se debe a que sus formas propias han nacido de las necesidades de la reali- dad cotidiana y se han amoldado a ellas mezclando con flexibi- lidad las tres lenguas en presencia. (Bendelac, 1992, pág.23) Esta supuesta transparencia del espíritu alimenta, efectivamen- te, una escritura que se instala en una red lingüística preexistente donde se han cristalizado unos valores y un destino colectivos, es decir, una red lingüística organizada enteramente por un sujeto cul- tural fuertemente afirmado, puesto que la yaquetía traduce exactamente y se amolda en todos esos hiatos menta- les y todas las articulaciones afectivas del pensamiento, a la vi- da, las creencias, los temores, las alegrías y los tabús de ese grupo humano tan particular. Estas características se tradu- cen no sólo al nivel de las palabras y de los giros, sino también en el tono con el que se profieren las palabras y las frases, hay una especie de canto de la yaquetía. (Ídem) En ningún otro lugar puede aparecer con mayor claridad que aquí la manera como el sujeto cultural en cuanto sujeto transindividual cierra el acceso al sujeto auténtico. La inaprehensible subjetividad viene a perderse en esta auténtica estructura social de formas vacías que están a la espera de ser asumidas por una instancia de discurso. Cualquier referencia identificatoria ha desaparecido. Pero, como ya he señalado, no existe yo sin tú y todo monólogo interior implanta un tú, que no es sino otro yo mismo, el otro que llevo en mí. Esta total interiorización de la mirada va acompañada, en Vázquez, por el silencio y el olvido a los que ha sido relegada la co- munidad marroquí indígena. El Otro auténtico no existe, y al pensa- miento no le queda otro recurso que dialogar consigo mismo. Esta ausencia del Otro auténtico, esta vuelta esquizofrénica hacia otro yo, esta pérdida de referencias identificatorias, en una palabra, esta es- critura de la incomunicabilidad y de la no representabilidad del Otro deben ser asociadas, a mi parecer, a la problemática general del suje- to cultural colonial, un sujeto que hubiera interiorizado, en este caso, una situación postcolonial vivida en el marco de una crisis de identi- dad; este sujeto descubre, de hecho, que en sí mismo se encontraba implantado, con la forma de un patrimonio paisajístico y, más en ge- neral, cultural y simbólico, un Otro radicalmente extraño y la única salida que encuentra es dialigar con su sombra. Asistimos aquí a una consecuencia –de un tipo diferente de la que creo haber revelado en Colón– de la interiorización de las contradicciones fundamentales que caracterizan al sujeto cultural colonial. Despojado de sus derechos, exilado para siempre de la que creía su patria hasta entonces, este sujeto descubre al mismo tiempo la vacuidad y la soledad que se venía ocultando a sí mismo detrás de los señuelos de un supuesto proceso de sincretismo.

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[Tomado de Edmond Cros, El Sujeto cultural, Medellín, Fondo editorial EAFIT, 2002]

En el margen de la escritura el sueño: a propósito de Viridiana de Luis Buñuel

Esquema narrativo de naturaleza doxológica que corresponde a un modelo infinitamente retransmitido, el texto cultural es un fragmento de intertexto de un determinado tipo. Interviene en la geología de la escritura según modos específicos de funcionamiento que implican una semiótica dispersa y fragmentaria. Esta misma fragmentación dota al texto cultural de una extraordinaria capacidad de condensación: condensa el sentido profundo de los esquemas narrativos de los que procede y, al mismo tiempo, condensa el sentido del texto englobante. En Viridiana la serie de textos culturales sacados a la luz remiten a un corpus homogéneo de cuentos de hadas que transcribe la sobredeterminación que, en la película ,afecta a la vez a la noción de culpa y al sema de la metamorfosis, elementos morfogenéticos esenciales de la película..

Por una aproximación al texto cultural

Definiremos el texto cultural como un fragmento de intertexto de un determinado tipo, que interviene según modos específicos de fun- cionamiento en la geología de la escritura. Se trata de un esquema narrativo de naturaleza doxológica en la medida en que corresponde a un modelo infinitamente retransmitido, el cual, como consecuen- cia, se presenta como un bien colectivo cuyas marcas de identifica- ción originales han desaparecido. Las incontables manipulaciones de que dicho esquema ha sido objeto provocan en su contorno incesan- tes rectificaciones de los componentes secundarios y originan series de variantes; éstas refuerzan paradójicamente la inalterabilidad de su núcleo semántico, constituido a su vez por concreciones semióticas que mantienen entre sí relaciones no susceptibles de sufrir altera- ción alguna. La invariabilidad del sentido de ese núcleo semántico estable está protegida por la extrema labilidad de los elementos pe- riféricos. La una da la medida de la otra. El texto cultural –tal como yo lo entiendo– no posee verdadera vida autónoma. No existe más que reproducido en un objeto cultural con la forma de una organización semiótica subyacente, que sólo se manifiesta fragmentariamente en el texto emergido a través de hue- llas imperceptibles, fugaces, susceptibles de un análisis sintomático en cierto modo. Su funcionamiento viene a ser como el del enigma: es enigma en sí y marca en el texto un enigma. Enigma en sí, en la medida en que juega con elementos –las relaciones entre concrecio- nes semióticas– donde se ha cristalizado y condensado la esencia de una significación, la cual sólo es accesible en el contexto de un con- junto estructural. Está cifrado en el texto en forma de una pregunta y su desciframiento es el primer elemento de un nuevo enigma. Aquellos a quienes interpela de este modo deben saber, conocer y reconocer al menor indicio; cuanto más débiles son los indicios, mayor es “el placer del texto”, más elevado el grado de adhesión a lo colectivo y la fusión entre el destinador y el destinatario en el seno del mismo sujeto. Conocemos esas conversaciones íntimas donde nos comprendemos con medias palabras y comunicamos al límite del si- lencio, charlas mundanas donde el juego implícito consiste en notar el menor indicio discursivo sin parecer prestar atención y en devolver la pelota en la medida de lo posible para hacer saber que hemos reci- bido el mensaje, codificar a nuestro turno para señalar nuestra perte- nencia al grupo. El funcionamiento del texto cultural forma parte de ese tipo de fenómenos.

En el margen de la escritura el sueño: a propósito de Viridiana de Luis Buñuel

Voy a analizar las modalidades del funcionamiento de este fenó- meno en una película de Luis Buñuel, Viridiana (1961), donde inter- vienen una serie de textos culturales.

1. Caperucita roja

Se trata de un “cuento de advertencia”. La mayoría de las versio- nes folklóricas precisan que los padres han advertido a la niña del peligro que representa el lobo. Al mismo tiempo que se refiere a la fiera, la palabra debe ser tomada en sentido figurado. En el texto de Perrault, la moraleja no permite dudas sobre este punto:

"Digo el lobo, porque todos los lobos “no son de la misma espe- cie” […] Pero, ¡ay! Quién no sabe que esos lobos zalameros son los más peligrosos de todos los lobos."

Como ha observado perfectamente Barchilon (1975), el autor juega hábilmente con esta ambigüedad:

"[…] Pero enseguida la ambigüedad se precisa. Seguramente ya se encuentra en la mayoría de versiones orales en las que el lobo le pide a la niña que venga a acostarse con él." (Soriano, 1968, págs.155-156)

Una madre que enuncia una prohibición (no salirse del camino, no correr por el bosque), una niñita que la transgrede, una abuela enferma a quien la niña debe llevar dulces y cuya cabaña constituye el objetivo a alcanzar, el correteo por el bosque y el encuentro con el lobo al que Caperucita roja indica dónde vive la abuela, la conversa- ción con el lobo que acaba comiéndose a la niña. En este esquema narrativo se inserta el diálogo entre la niña y el lobo que se ha disfra- zado de abuela tras habérsela comido. La niña se acuesta, y, extraña- da al ver que su abuela está desnuda, exclama: “Abuelita, ¡qué brazos tan grandes tienes! –¡Son para abrazarte mejor, hijita!”, contesta el lobo. Sigue una retahíla de preguntas y respuestas similares sobre las piernas, las orejas, los ojos y los dientes. Este diálogo adquiere una importancia desmesurada en relación con la que debería tener en la lógica del relato. El juego entre el que se esconde y el que intenta comprender se desplaza del campo de la experiencia al campo del discurso. El diálogo se convierte en un tor- neo oratorio. La manera de retrasar el desenlace así como la repeti- ción de los mismos sintagmas transforman el drama en un juego de escondite, a la vez infantil y erótico.

Varias concreciones semióticas se yuxtaponen de la misma ma- nera. La primera, centrada en torno a la transgresión y a su castigo, está al servicio del Orden familiar y de la Ley. Las fuerzas del mal únicamente pueden ser vencidas por la obediencia a la Ley; el lobo es el instrumento del Orden. La segunda se organiza en torno a un mal ocultado e implica la complicidad del espectador al cual van dirigidos verdaderamente los sobrentendidos maliciosos y de quien se supone que percibe la ingenuidad de la futura víctima. El Mal se esconde tras la apariencia del Bien (“Son para oirte mejor, para abrazarte, etc.”). El pretexto del Bien es la trampa que tienden las fuerzas del Mal. La tercera plantea el problema de la tentación y del deseo:

"A Caperucita roja se la ama universalmente porque aún siendo virtuosa está expuesta a la tentación; y porque su destino nos enseña que si confiamos en las buenas intenciones del primero que llega, cosa muy agradable, nos exponemos a caer de cabe- za en una trampa." (Bettelheim, 1976, pág.220)

Tentación de vagar por el bosque, pero también “mortal fascina- ción del sexo”, según Bettelheim.

"Esta “mortal” fascinación del sexo, sentida como una fuerte excitación comparable a la mayor de las angustias, es la que va unida a los deseos edípicos por el padre y a la reactivación de esos mismos sentimientos con formas diferentes durante la pubertad." (Bettelheim, pág.225 )

Esta interpretación del cuento coincide con la de Marc Soriano:

"El lobo no ha comido desde hace más de tres días, devora a la abuelita que es –hay que repetirlo aquí porque es indispensa- ble– el doblete de la madre. Se puede, pues, admitir sin dema- siada fantasía que ese lobo que devora (hace el amor con) la abuelita (la madre) es el propio padre…"(Soriano, pág.435. )

Hay que señalar, por último, el final feliz con que termina el cuento en ciertas versiones, como por ejemplo en la de los hermanos Grimm, recogida en el siglo XIX; llega un cazador, sorprende al lobo dormido, le abre el vientre y saca de él a la niña y a la abuela. De vuelta al mundo exterior, la niña se promete: “Nunca jamás en tu vida saldrás del camino para corretear por el bosque cuando tu madre te lo haya prohibido”. No podemos más que estar de acuerdo con el comentario de Bettelheim:

"Los niños comprenden de este modo que lo que “muere” de verdad en Caperucita roja es la niñita que se ha dejado tentar por el lobo; y que, cuando ésta salta fuera del vientre del ani- mal, la que vuelve a la vida es una persona completamente distinta." ( Bettelheim, pág.228.)

Esta fábula es perceptible en Viridiana, en el plano 31 del desglo- se de Luis Buñuel. La heroína aparece con un pañuelo en la cabeza y los hombros cubiertos con una especie de capa corta de lana; su si- lueta reproduce la representación tradicional de la protagonista del cuento. Cuando va del establo al gallinero, don Jaime, de espaldas, parece espiarla detrás de una balaustrada, y al verla la saluda; Viridiana le devuelve el saludo: “Buenos días, tío. ¡Cuánto madrugó usted hoy!”, a lo que don Jaime contesta: “Lo hago para verte más tiempo”. Vi- ridiana añade entonces: “Le voy a hacer un pastel de monja que se va usted a chupar los dedos”. Huellas sutiles, marcas ínfimas pero inconfundibles (silueta, es para, pastel…), semiótica que debe reconstruirse a partir de datos extremadamente fragmentarios, adivinanza o enigma. Las dos estructuras, la del texto cultural y la del texto cinemato- gráfico, se reproducen una a otra y se descifran recíprocamente. La madre superiora teme que la salud de don Jaime no sea buena; por eso ordena a la novicia que vaya a visitarlo, lo cual recuerda el motivo de la expedición de Caperucita enviada a ver a su abuela que guarda cama. Más tarde, Viridiana prepara un pastel para don Jaime. Al ale- jarse del remanso de paz que supone el convento, Viridiana se aven- tura en el mundo, espacio de toda clase de peligros en el pensamien- to religioso. Cae de este modo en la boca del lobo. Al final del plano 35 de la película, don Jaime manda preparar las píldoras que le per- mitirán dormir a su sobrina, y del plano 36 al 46 desarrolla una estra- tegia de conquista y posesión, haciendo que se ponga un vestido de novia, pidiéndole que lo despose, obligándola por último a conceder- le unos minutos. El espectador, como el auditor del cuento, ve cerrar- se la trampa sobre una víctima demasiado cándida. Pero, ¿se consu- ma la violación? La ambigüedad del desenlace en las distintas ver- siones de Caperucita roja (devorada/salvada por un cazador) señala el enigma central de la película.

Si tras estas observaciones relativamente superficiales que se apli- can a secuencias narrativas del cuento, se examinan las estructuras, esas relaciones son más evidentes todavía. El conjunto de la película de Buñuel es la imagen misma de la transgresión a todos los niveles: transgresión de tabús sociales y religiosos, de las normas de conduc- ta, de los valores más frecuentes. Por otra parte, Viridiana ajusta su conducta a la virtud de obediencia, obediencia debida a su Madre Superiora, que aplica al principio de la película (“Mi deseo sería no volver a ver el mundo, pero si su reverencia me lo ordena…”, plano 1), pero de la que se libera más tarde (“No voy a volver al convento, y por lo tanto no debo más obediencia que la de cualquier católico”, plano 77). Las peripecias de la acción, en fin, implican dos niveles de estructuras familiares: una metafórica, la del convento, dominada por una Madre Superiora, otra ordenada en torno a un sustituto del Pa- dre, don Jaime, que en cuanto tal, convoca al fantasma del incesto, aunque no se trate más que de un tío político; este grado de paren- tesco merece en todo caso ser examinado. El valor auténtico que se cuestiona en la película es efectivamente la Ley del Padre. (Cf. Bussière-Perrin, 1995.)

¿Qué decir en este caso de esta segunda concreción semiótica que he señalado en la parte dialogada del cuento, responsable de que el Bien (Es para… mejor) sea el motivo alegado por las fuerzas del Mal? ¿Cómo no ver que se nos remite así al centro de la problemática de la caridad tal como la plantea la película? Piénsese en esta otra fábula en la que Jorge libera, comprándolo, un desgraciado perro víctima del sadismo de su amo (plano 115): “amarrado bajo una ca- rreta, el animal se ve obligado a correr, sin respiro, entre las dos ruedas”, acto que debe asociarse al plano que sigue, en el que otra carreta pasa en el sentido contrario y “atado también entre las dos ruedas, otro perro trota lamentablemente”. La manera como Jorge juzga la actitud de Viridiana con los men- digos que ésta ha recogido (plano119) comenta explícitamente la fá- bula precedente: “Con socorrer a esos pocos entre tantos miles no arregla nada”. La condena del acto de caridad es evidente en Viridiana, pero si la caridad es condenada de esta manera es porque aparece concebida como un acto de redención. Viridiana ha decidido consa- grar su vida a socorrer a los menesterosos porque se siente culpable de la muerte de don Jaime. La conversación que mantiene con la Madre Superiora (plano 77) no deja dudas sobre este punto (“Sólo sé que mi tío fue un gran pecador y que yo me siento culpable de su muerte […] No tengo nada que reprocharme; sólo sé que he cambia- do. Con mis débiles fuerzas seguiré el camino que de aquí en adelan- te me trace el Señor. También se puede servir fuera del convento”).

El fracaso de su conducta caritativa puesta en escena con la re- belión blasfema y violenta de los menesterosos no debe verse como un testimonio de denuncia contra la ingratitud de los mendigos y la negrura del alma humana. La responsabilidad no incumbe a los por- dioseros sino al hecho de que Viridiana conciba la caridad como una práctica expiatoria. La caridad así instrumentalizada lleva en sí el germen de la rebelión, en la medida en que con el pretexto de hacer felices a los demás o de aliviar el sufrimiento (Es para… mejor), el caritativo compra en realidad su propia salvación. El Bien lleva en sí, en cierta manera, el germen del Mal. La parodia de la Cena alcanza pleno sentido en ese contexto; al intervenir como caricatura de la comunión, el símbolo más fuerte del acto de amor, señala con toda claridad el fondo de la cuestión. A la perversión de un valor auténti- co, asumida por Viridiana, responde como un eco la parodia organi- zada por los menesterosos. Ésta descifra y permite descifrar aquélla. Puede reconocerse en estos fenómenos textuales estructurales el impacto del pensamiento anarquista asimismo responsable de la con- dena –en Los olvidados y en Tristana entre otras– de la instrumen- talización similar del valor del trabajo cuando éste es concebido como medio de integración social o de redención. (Cf. Cros, Edmond, 1987.) Más adelante me ocuparé de la incidencia en el texto cinemato- gráfico de las dos últimas concreciones semióticas que marcan el cuento; la primera se organiza en torno al sema de la metamorfosis, la segunda en torno al deseo edípico.

La tentación (planos 8 y 9)

Mientras que don Jaime, con el rostro abstraído y en éxtasis, toca el armonio, Ramona espía a Viridiana por el ojo de la cerradura de su habitación. En el plano precedente Viridiana se ha desnudado, se ha quitado las medias negras con gestos más propios de una se- ductora que de una religiosa. Ramona comenta lo que ve:

“¡Se hizo la cama en el suelo, señor! En la maleta trae algo así como espinas. Su camisa de dormir es de lino muy basto; le debe arañar la piel… ¡Una piel tan fina!”. Jaime, que parece prestar atención de repente, continúa tocando [y le pide a la sirvienta que se retire] ¡Anda, anda! Retírate ya…” (Las cursivas son mías)

No hay duda de que los gestos de Viridiana no son perceptibles por don Jaime; no obstante se combinan con las palabras de Ramona en los efectos de sentido para reproducir la imagen de la seductora, mediatizada por la sirvienta. Por otra parte, el rostro extático de don Jaime, al igual que el recurso del armonio que connota la práctica religiosa, santifican en cierto modo al personaje, más aún cuando, en este contexto, la orden de retirarse que le da a Ramona en el momen- to en que ella lo tienta (una piel tan fina) resuena como un ¡Vade retro!. Conviene comparar estos dos planos con el plano 40 (gran acer- camiento de manos femeninas pelando una naranja). Semejante en- foque que deja el rostro en la sombra, así como la peladura que se desenrolla como la espiral de una serpiente, y el que ese plano siga de cerca a la escena de sonambulismo durante la cual Viridiana entra en la habitación de don Jaime, son otras tantas marcas más o menos legibles a través de las cuales se manifiesta un texto cultural. Tentación de Cristo por Satanás y de Adán por la coalición de la serpiente y de Eva. Así se inscriben en la película otros dos textos culturales según el modo habitual de la fragmentación y del esbozo apenas perceptible, al límite de la legibilidad. Ahora bien, estos nue- vos textos invierten los roles que parecen interpretar en otras esce- nas los dos personajes principales: la novicia seductora, representa- da en una escena desnudándose, se vuelve objeto de deseo, instru- mento de Satanás, con una forma o con otra, y por lo tanto, de cierta manera, diabólica. Nótese que también aquí semejante intercambia- bilidad del Bien y del Mal, de Jesús y de Satanás, confirma una vez más la influencia del pensamiento anarquista.

Como lo muestran los ejemplos que preceden, analizar el funcio- namiento del texto cultural resulta extremadamente interesante. En efecto, éste se articula con el texto superficial casi esencialmente por sus estructuras. El juego mutuo de sus estructuras respectivas es lo que permite en cierto modo comprobar su presencia y medir el im- pacto, lo cual tiende a confirmar la importancia que adquieren algu- nos elementos mórficos en el establecimiento de los campos mor-fogenéticos. (Sobre esta cuestión, veáse Cros, Edmond, De l’engendrement des formes). En el caso que nos ocupa, dos elementos aparecen como vectores estructurales fundamentales: la transgresión de la ley del Padre y la ambigüedad del Bien y del Mal.

2. Cenicienta

El plano 76 muestra el interior de la habitación de Viridiana: una cama de hierro, una mesa de madera blanca, un tocador sin espejo. Colgadas en la pared hay una cruz de madera y una corona de espi- nas. Viridiana está lavando el suelo. Ramona le trae una colación que se reduce a un plato de verdura, un vaso de leche y un trozo de pan. De pronto se oye en off el ruido de un automóvil que se detiene. Ramona mira al exterior por la ventana abierta, dos religiosas entran en el edificio. Una de ellas es la Superiora del convento de Viridiana. En este plano interfieren dos representaciones tópicas: a. la primera opone Marta, símbolo de la vida activa, a María, dedicada a la contemplación y al rezo. La película, desde este punto de vista, parece traducir la evolución de la protagonista desde el mo- mento en que se prepara a pronunciar sus votos (María) hasta el ins- tante en que decide consagrarse a la caridad activa (Marta). b. la figura de Cenicienta es connotada varias veces en otros pa- sajes: cuando Viridiana aparece en el rincón de la chimenea, cuando llena una cesta de ceniza o cuando don Jaime le pone un zapato de novia que le viene a la perfección. Esta figura parece tener un impac- to más importante que la precedente en la semiosis, en la medida en que sus efectos se manifiestan en el plano estructural.

Se me objetará que aquí no se ha respetado nada del esquema narrativo del cuento, pero precisamente el texto cultural, tal como yo lo concibo, no interviene a nivel de esos esquemas y ésto es lo que lo distingue del intertexto ordinario. [ Para que las cosas estén más claras, precisemos que ni La Cena de Leonardo de Vinci ni El Mesías de Haendel son considerados como textos culturales.] En Viridiana no son más que intertextos. Sólo conserva los sujetos lógicos de las funciones y las propias funciones, una vez eliminadas las variables semánticas o psicológicas. En ambos casos (Viridiana y el cuento) el poder es asumido por una madre falsa, ya se trate de una madrastra acompañada por sus dos hijas naturales o de una Madre Superiora escoltada por su hija espiritual. Y por encima de ese poder se ejerce un poder superior, el del Príncipe (Cenicienta) o el de don Jaime, Cristo y Satanás a la vez, que se presentan como otras tantas transformaciones de la figura paterna. El juego de esas concreciones semióticas de las que hablaba más arriba y de las relaciones que esas mismas concreciones establecen entre ellas aparece aquí claramente; señala una significación perfec- tamente reconocible en sus efectos: lo que está aquí en tela de juicio es justamente la problemática del poder en una estructura familiar desestabilizada como la de Cenicienta o la de Viridiana por la ausen- cia aparente del padre (madrastra, tío por alianza, abandono de los hijos naturales; en ciertas versiones de Cenicienta, el padre está com- pletamente sometido a los caprichos de su segunda esposa y abando- na a su hija). Las funciones que resultan de los esquemas narrativos originales tienen una trayectoria autónoma y se desplazan de un per- sonaje a otro. En el caso que nos ocupa, el impacto del cuento irradia y afecta a otras zonas textuales.

a- el zapato

La mayoría de los textos culturales privilegian lo que puede apa- recer a primera vista como detalles. Son esos detalles los que au- tentizan el esquema narrativo y garantizan con mayor eficacia su circulación; sin ellos, el esquema narrativo no podría ser reconocido, y al no serlo quedaría sometido a modificaciones que alterarían irre- mediablemente la significación. Las consideraremos, pues, como ele- mentos estructurales esenciales. Hemos visto lo que ocurría en Cape- rucita roja a propósito de la repetición del sintagma (¡Qué […] tan grandes tienes! – Son para […] mejor). En Cenicienta, el zapato tiene esta función: todas las jovencitas casaderas del reino se lo prueban y sólo le sirve a Cenicienta. Este simbolismo de la adecuación del zapa- to al pie debe ser retenido en el plano 18 cuando don Jaime, tras quitarse los suyos, intenta calzar uno de los de satín de doña Elvira, zapatos que lleva Viridiana en el plano 42 cuando aparece vestida de novia. La puesta en escena del zapato es significativa: sentado en posición de recogimiento, el rostro extático, don Jaime tiene el zapa- to en las manos abiertas y lo propone como en una custodia a un personaje ausente que podría ser doña Elvira o Viridiana o, más bien, que es doña Elvira y Viridiana. El fetichismo buñueliano del pie, cu- yos indicios en la película son recurrentes, se renueva de este modo en la semiótica dispersa del cuento.

b- la metamorfosis

Todo el cuento se ordena en torno a la metamorfosis de la calaba- za, de los ratones, del gato en carroza, en caballos o en postillón, pero además y sobre todo, metamorfosis de la joven pobre en bella prince- sa por obra de un poder sobrenatural. El término se impone, asimis- mo, a la mente en el caso de Viridiana, monja transformada en objeto de deseo y en instrumento (cf., más arriba, la tentación): “¡Ya no po- drás volver al convento! ¡Ya no eres la misma que salió de allí!”. El sema de la metamorfosis se articula, en la película, con el de la ini- ciación, y alimenta toda una micro-semiótica del tránsito, del um- bral, presentado como una frontera que franquear, destinada a ser franqueada o transgredida definitivamente. Nótese la coincidencia que se establece de este modo con la versión de Caperucita roja reco- gida por los hermanos Grimm (cf. supra).

c- el padre desalmado

Cenicienta, consignado por escrito por primera vez en China el siglo IX a. de J. C., es probablemente el cuento de hadas más difun- dido del mundo. En un gran número de variantes, Cenicienta huye de su padre que quiere desposarla: “En otro grupo de cuentos –escribe Bettelheim– es relegada por su padre que considera que ella no lo quiere tanto como él lo desearía”, esquema narrativo que Bettelheim interpreta como la copia exacta de las fantasías propias de todas las niñas en las que éstas querrían, sin sentir remordimiento alguno, que su padre las despose; al mismo tiempo pretenden no hacer nada para despertar sus deseos. Pero en el fondo saben muy bien que quieren que su padre las prefiera a ellas, no a su madre, y estiman que merecen ser castigadas por ello, de ahí en su fantasía, su huida, su destierro y la degradación de su existencia que se vuelve semejante a la de Cenicienta. (Bettelheim, págs.306-307.) La convergencia entre Caperucita roja y Cenicienta, que en este punto estamos sacando a la luz, define ambos cuentos como copias exactas de las fantasías propias de todas las niñas y vinculados a los deseos edípicos por el padre. En semejante sistema, el sema de la tentación está acentuado por la manera como son convocadas las escenas de tentación del Paraíso terrestre (la manzana de Eva) y de Cristo (Vade retro). Esta convergencia, como veremos, descifra el tex- to cinematográfico de un modo que no deja de ser interesante. Para intentar demostrarlo voy a referirme a otro texto cultural, el de La bella durmiente del bosque.

d- La bella durmiente del bosque.

M. L. Tenèze compara el cuento de Perrault con el Pentamerone de Basile y con dos obras anónimas del siglo XIV, la historia de Troylus y la bella Zellandine del libro III de Perceforest y el cuento catalán Frère de Joie, Soeur de Plaisir. En estas tres versiones, un sueño má- gico impide que la bella se dé cuenta de que hace el amor con el Príncipe Azul y da a luz mientras duerme. Marc Soriano asocia este tema a la situación de la Virgen María:

"Esta joven dormida en su pureza y que concibe sin darse cuen- ta, es decir sin placer y sin pecado, se encuentra en suma en la situación de la Virgen María, a la vez Virgen y Madre."(Soriano, págs.129-130.)

El plano 50 de la película de Buñuel ofrece una representación plástica de la bella durmiente del bosque. Don Jaime y Ramona han depositado a Viridiana sobre el lecho. Don Jaime cruza las manos de la joven sobre su pecho, le junta los pies, arregla los pliegues de su vestido. El texto del desglose de Buñuel precisa que “Viridiana parece una bella estatua yacente”. En el plano 52, “don Jaime no cesa de mirar el cuerpo inmóvil de la muchacha, acaricia sus cabellos y su frente y acercando su rostro, junta sus labios a los de ella en un beso dulce y prolongado”. Sabemos que Viridiana se ha dormido por obra de una pócima mágica (unas píldoras blancas en una taza de café) y, cuando se despierta, su tío pretende haberla poseído mientras ella dormía (“Tuve que forzar tu voluntad. Sólo así he podido tenerte en- tre mis brazos”).

El texto cultural que se manifiesta, irradia a su vez y convoca a la figura de la Virgen María para cuya representación el cojo pide posar a Viridiana; el Angelus del plano 127 recuerda precisamente que ha concebido por obra del Espíritu Santo, es decir, “sin placer y sin peca- do”.

Indiciada por una de esas marcas imperceptibles que he mencio- nado más arriba, la figura de la bella durmiente del bosque reactiva la pregunta que no cesa de formular el texto cinematográfico: nueva Virgen María o nueva bella durmiente, ¿Viridiana ha hecho el amor durmiendo… o soñando? Devuelta a la realidad, ¿se ha metamorfo- seado? (“Sé que he cambiado… Ya no eres la misma…”) ¿Cómo puede no haber hecho nada malo y sentirse culpable, sin embargo, de la muerte de su tío? El cuento acentúa de este modo el enfoque que pone en evidencia la problemática de la culpa en sus relaciones con el deseo.

La serie de textos culturales que he sacado a la luz –y que nos remiten a un corpus homogéneo de cuentos de hadas– muestra la sobredeterminación que en la película afecta a la vez a la noción de culpa y al sema de la metamorfosis. Ahora bien, otros enfoques críticos permiten considerar la una y el otro como elementos morfoge- néticos esenciales de la película.

Tomemos el caso de la culpa: decía que esta noción está sobrede- terminada en la medida en que cada uno de esos textos culturales la declina con formas múltiples (la culpa original de Eva, la victoria de Cristo sobre la tentación, la transgresión de Caperucita y su castigo, el castigo de la madrastra en Cenicienta, la inocencia de la Bella Dur- miente…). Ahora bien, esta misma noción se encuentra en todos los niveles del texto cinematográfico: Viridiana dice ser culpable pero se

  • 203 - niega a precisar los motivos de su sentimiento de culpabilidad. ¿Ha sido víctima del lobo feroz? ¿Ha sucumbido al deseo de ser devorada por su tío? A estas preguntas, los textos culturales implicados dan todos la misma respuesta. Sugieren asimismo un vínculo de paren- tesco más fuerte que el que une a una joven con su tío político y es esto lo que sin duda me ha conducido a hablar de incesto. ¿Podría ser Viridiana hija de don Jaime? (A. Bussière-Perrin, 1995.) Por otra parte, ¿debe atribuirse esta culpa –eventual– de Viridiana a una metamorfosis que ha sufrido? ¿Viridiana ha cambiado o ya llevaba dentro el Mal? Estas preguntas nos conducen de nuevo al pecado original y a la fundamental ambigüedad del Bien y del Mal.

Los respectivos enigmas de estos diversos cuentos, descifrados a este nivel como fantasías del deseo edípico, refuerzan la interpreta- ción que consiste en sugerir que la protagonista quiere expiar la cul- pa inconfesable de su deseo incestuoso. Pero esta interpretación se manifiesta solamente como posible, un posible centrado consecuen- temente en el enigma de la culpa.

Los enigmas de los textos culturales indican, pues, como puede verse el enigma mayor de la película: cuando se hallan insertos como textos culturales, los cuentos de hadas se convierten en las fábulas de otro relato, conservando al mismo tiempo su mensaje original. Al disfrazar sus significaciones en forma de relatos para niños, los cuentos plantean enigmas que el texto manifiesto (en este caso Viridiana) descifra a su modo, esto es, diciendo sin decir, lo que equivale a pen- sar –como escribía más arriba– que este desciframiento es, como he- mos visto, el primer elemento de un nuevo enigma. ¿Es inherente al texto cultural el no ser perceptible a simple vis- ta? ¿Estamos condenados a realizar un análisis de las estructuras textuales para comprobar su presencia? Todo conduce a pensarlo, y para convencerse basta observar de nuevo sus modos de funciona- miento tal como acabamos de examinarlos. Estos modos suponen, en efecto, una semiótica dispersa y fragmentaria; cada uno de sus ele- mentos aislados se integra en diversos conjuntos del texto englobante, los cuales intervienen en la semiosis y forman parte, pues, de la mor- fogénesis.

Esta misma fragmentación dota al texto cultural de una extraor- dinaria capacidad de condensación: condensa el sentido profundo de los esquemas narrativos de los que procede y, al mismo tiempo, con- densa el sentido del texto englobante. En todos los ejemplos que he aportado, veo tanto al uno como al otro (texto englobante y texto cul- tural) desplegarse simultáneamente ante mi vista, cualquiera que sea el que analice. Desde este punto de vista se habrá notado que el texto cultural funciona con relación al texto englobante de manera completamente semejante al modo de funcionamiento que opera en el sueño entre el texto latente y el texto manifiesto. Podría deducirse de ello que el interés que Buñuel manifiesto por los mecanismos del inconsciente es responsable de tales fenómenos y que las conclusiones que se deducen del análisis de Viridiana no son generalizables. Sin embar- go, yo sostengo la hipótesis de que sí lo son, admitiendo al mismo tiempo que el funcionamiento que saco a la luz en la película aparece de una forma excepcionalmente marcada. ¿Hay que concluir de ello que en toda escritura se abre un espacio de semiosis regido por los mecanismos específicos del sueño? A un inconsciente que funciona como el lenguaje parece responderle, como un eco, una escritura que funciona, al menos en parte, como el sueño.

Agradezco a Annie Bussière-Perrin y a Monique Carcaud-Macaire el haberme puesto tras la pista de Caperucita roja, de Cenicienta (A. B. P.) y de La bella durmiente del bosque (M.C.M.).

Bibliografía

Barchilon, Jacques, Les contes merveilleux français de 1690 à 1790, Paris, H. Champion, 1975.

Buñuel, Luis, Viridiana, prólogo de Georges Sadoul, México, Edicio- nes Era, S. A., 1966.

  • 205 - Bussière-Perrin, Annie, “Les liens inavouables” in Tigre, n°8, L’énigme, Grenoble (oct. 1995).

Bettelheim, Bruno, Psychanalyse des contes de fées, Paris, Robert Laffont, collection “Réponses”, 1976.

Cros, Edmond, “Formation discursive et déconstruction idéologique dans Los olvidados” in Luis Buñuel, Los olvidados, Montpellier, CERS, Co-textes n°12, mayo 1987, págs. 121-133.

Cros, Edmond, De l’engendrement des formes, Montpellier, CERS, 1990.

Soriano, Marc, Les contes de Perrault, Paris, Gallimard, NRF, 1968.

[Tomado de Edmond Cros, El Sujeto cultural, Medellín, Fondo editorial EAFIT, 2002]

Funcionamientos textuales I

Este artículo presenta algunas bases teóricas, tomadas de M. Bajtín y L. Goldmann imprescindibles para entender cómo funciona el proceso de transformaciones semióticas que articula les estructuras texuales con las estructuras sociales.

FUNCIONAMIENTOS TEXTUALES

I. PROCESOS Y CÓDIGOS DE TRANSFORMACIÓN

Una filosofía materialista del discurso

Todo texto literario es producto de un fenómeno de conciencia, o más bien de una serie de fenómenos de conciencia. Pero la conciencia no constituye una realidad preexistente, inmanente, sino, por el contrario, como escribe M. Bajtín, «un hecho socioideológico» que «sólo puede surgir y afirmarse como realidad mediante la encarnación material en signos» (Bajtín, M., Le marxisme et la philosophie du langage, essai d’application de la méthode sociologique en linguistique, París, Ed. de Minuit. 1977, páginas 27 y 30). Debe confundirse con el conjunto de marcas semióticas que la configuran y que hacen que exista. No hay conciencia fuera del signo entendido en sentido amplio, ya que también el material semiótico está constituido por «todo gesto o proceso del organismo: la respiración, la circulación de la sangre, los movimientos del cuerpo, la articulación, el discurso interior, la mímica, la reacción a los estímulos exteriores (por ejemplo, la luz), en suma, todo lo que se lleva a cabo en el organismo puede llegar a ser material para la expresión de la actividad psíquica, puesto que todo puede adquirir un valor semiótico, todo puede llegar a ser expresivo» (Ibid., págs. 50-51; cursiva en el texto) . La palabra es, sin embargo, el material privilegiado de la vida interior en la medida en que «Para un psiquismo, por poco desarrollado, diferenciado, que esté, es indispensable un material semiótico fino y ligero [en la medida en que] es preciso además que este material se preste a una formalización y a una diferenciación en el medio social, en el proceso de expresión exterior» . Ya esté o no organizada en torno a la palabra la operación semiótica que concreta, en un momento dado, la actividad mental, se considerará que esta expresión procede de todas formas del exterior de la conciencia y que sin esta aportación exterior del signo no habría sido posible ninguna actividad psíquica. Ahora bien, el signo es de esencia social; sólo pueden intercambiarlo individuos que procedan de una misma comunidad con estructuras específicas; materializa una comunicación y, al entrar en la conciencia, traza por consiguiente las marcas de cierto tipo de socialidad . Partiendo de esta hipótesis, y si nos atenemos únicamente al problema del lenguaje, supondremos en primer lugar tres niveles de conciencia (la conciencia clara, el no-consciente, el subconsciente) , esencialmente estructurados en torno a y por signos adquiridos, lo que no significa que cada uno de estos signos haya transferido intacta su valencia, sino que ésta, por el contrario, se ha redistribuido dentro de y por este nuevo sistema. En este sentido, se debe suponer que las expresiones semióticas sólo se constituyen como sistema a través de sus modalidades de asimilación. Fieles a lo que hemos dicho anteriormente, añadiremos, dejando aparte a Goldmann, que el sujeto transindividual invade las conciencias individuales de cada uno de los individuos que participan en él mediante microsemióticas específicas; pero estas microsemióticas transcriben en signos el conjunto de las aspiraciones, de las frustraciones y de los problemas vitales de cada uno de los grupos implicados; ofrecen en cierto modo una lectura de las modalidades de inmersión en la historia de cada uno de ellos. Cada uno de nosotros pertenece, e un determinado momento de su vida, a una serie de sujetos colectivos [generación, familia, origen geográfico, profesión…]; pasará por muchos a lo largo de su existencia, incluso si se siente marcado de manera especial por el que, en última instancia, condiciona el conjunto de sus actividades, a saber, su clase social. Estos diferentes sujetos colectivos nos proponen, en el momento en que pasamos por ellos, sus valores sus visiones del mundo a través de la materialización de las expresiones semióticas, gestuales o verbales, que los caracterizan (papeles sociales, sintagmas fijos, organización jerárquica de los ejes paradigmáticos, etc. …). Consideraremos, por un lado, que el conjunto de estas materializaciones estará disponible para organizar nuestra vida interior en la misma medida que nuestros circuitos de comunicaciones externas, y, por otro lado, que la expresión de todo fenómeno de conciencia moviliza algunos de estos signos en torno a una configuración específica, que responde a una situación particular. Sacaremos de esto una primera consecuencia que, aunque es evidente, merece destacarse si queremos basar un estudio critico del objeto cultural en una filosofía materialista del lenguaje: el texto no selecciona sus signos en el lenguaje sino en el conjunto de las expresiones semióticas adquiridas / propuestas por sujetos colectivos. (Veremos más adelante que deben precisarse otros centros de selección.) Esta breve evocación nos autoriza a refutar la distinción que introdujo Saussure entre lengua y habla o, más exactamente, los criterios que antepone a esta distinción:

«Al separar la lengua del habla, separamos al mismo tiempo: en primer lugar, lo social de lo individual; en segundo lugar, lo esencial de lo accesorio y más o menos accidental. La lengua no es función del sujeto hablante; es un producto que el individuo registra de manera pasiva […] El habla es, por el contrario, un acto individual de voluntad y de inteligencia en el que conviene distinguir, en primer lugar, las combinaciones mediante las cuales el sujeto hablante utiliza el código de la lengua con el fin de expresar su pensamiento personal; en segundo lugar, el mecanismo psicofísico que le permite exteriorizar estas combinaciones» (Cours de linguistique générale, 1922, pág. 30. La cursiva es mía).

El concepto de lengua es una abstracción que sólo existe para el historiador. El individuo no registra pasivamente una lengua, sino una multiplicidad de discursos asimilados esencialmente en los contextos de enunciación y con sus mutabilidades potenciales, estrechamente dependientes de la situación de comunicación que les sirve de vehículo y les confiere así su valencia social e ideológica. El signo se adquiere «en situación» y seguirá siendo portador de socialidad y de interacción: conserva en la memoria el espacio dialógico de donde proviene. El acto de habla es una respuesta individual a una circunstancia determinada, pero el habla en sí es esencialmente un producto derivado del Nosotros. Esto no significa que se pueda aislar un discurso del proletariado de un discurso burgués y que haya lenguas y gramáticas de clases, lo que estaría en total contradicción con la definición de lo que son las clases sociales («… la clase [… ] no puede captarse de manera estática, pasiva, en sí misma, sino en su relación con otras clases»… Jean Guichard, Le marxisme, théorie de la pratique révolutionnaire, Lyon, Chronique Sociale de France, pág. 193) y con la concepción del discurso que acabamos de recordar; el discurso, cualquiera que sea el sujeto colectivo de cuyas aspiraciones, frustraciones o valores es portador, transcribe con estos últimos, e incluso por medio de ellos, elementos contradictorios, contiguos o complementarios de otros sujetos transindividuales. No hay discurso, en el sentido en que lo entendemos, que sea ideológicamente puro, sino, más exactamente, huellas discursivas susceptibles de reconstituirse en microsemióticas significativas, que marca con mayor o menor fuerza un habla y son a veces susceptibles de darle una significación sociohistórica. En los espacios de contradicción que pone en juego, el discurso, sea cual sea, reconstruye, a su nivel y según modalidades propias, las contradicciones de la formación social de la que depende el sujeto colectivo al que corresponde. Ya he dado varios ejemplos de estos sistemas semióticos que se organizan de manera contradictoria en el seno de una misma habla ; me contentaré con recordar el de la taqiyya, o sea «el acto por el cual el musulmán aislado en un grupo social hostil se abstiene de practicar su religión, fingiendo adoptar exteriormente la religión que se le quiere imponer». L. Cardaillac cita a propósito de este ejemplo un texto aljamiado que reproduce la respuesta de un muftí de Orán a los moriscos de Granada que lo interrogan acerca de la práctica de su religión:

«¿Qué debe hacer el morisco cada vez que se vea obligado a renegar de su fe o a profesar la que no es la suya? Se consideran numerosos casos y a cada uno de ellos se le da una respuesta: si los cristianos, por ejemplo, obligan a los musulmanes a injuriar al Profeta, deberán pronunciar su nombre en la forma Hamed a la manera de los cristianos, y pensar no en el Enviado de Dios, sino en Satán o en un judío que se llama Muhammed (…) En cuanto a las oraciones, cuando el morisco se vea obligado a acudir a la iglesia a la hora en la que debiera realizar su oración musulmana, será dispensado de ésta y su culto le será contado como si hubiera realizado la prescripción coránica vuelto hacia la Meca. Del mismo modo, si se le impide que rece durante el día, que lo haga por la noche. La ablución ritual podrá ser reemplazada del mismo modo: según las circunstancias, se puede uno sumergir en el mar, o frotarse el cuerpo con una sustancia limpia, tierra o madera.» (Moriscos y cristianos, un enfrentamiento polémico, Madrid, FCE, 1979, cap. II. Se llama «aljamiado» un texto escrito en castellano con caracteres árabes)

Ahora bien, esta casuística está integrada en la contracasuística constituida por el Manual de los Inquisidores, que pone en guardia a los jueces contra todo lo que puedan ocultar las respuestas de los acusados:

«Los herejes sofistican las preguntas –y las eluden– de diez maneras: 1. La primera consiste en responder equívocamente. Si se les interroga sobre el verdadero cuerpo de Cristo, contestan sobre su cuerpo místico. Por ejemplo, si se les dice: «¿Crees que eso es el cuerpo de Cristo?», responden «Sí, creo que eso es el cuerpo de Cristo» (entendiendo por ello una piedra que ven, o su propio cuerpo, en el sentido de que todos los cuerpos son de Cristo porque son de Dios, que es Cristo)»… (Nicolau Eimeric, Francisco Peña, El manual de los Inquisidores, Introducción y notas de Luis Salas Molins, Barcelona, Muchnik Editores, 1983 [colección «Archivos de la herejía», por R. Muñoz Suay], pág. 148).

Estos dos discursos imbricados muestran claramente cómo una ideología dominante integra en su sistema de representaciones los espacios en que intenta infiltrarse la ideología dominada y –en el caso de la taqiyya– cómo ésta deja que se transparente la estructura dominadora. Así, cada uno de los dos discursos se vierte, respectivamente, en el espacio discursivo con el que se enfrenta, delimitando sus grandes componentes.

Pluriacentuación de las palabras y espacios dialógicos

Si nos adentramos en un análisis más detallado, veremos en la palabra, como M. Bajtín , un verdadero espacio de conflictos. Sabemos que Bajtín habla, con respecto a esto, de la pluriacentuación de la palabra «que le da la vida»,

«…los posibles contextos de una única y misma palabra están frecuentemente opuestos. Las réplicas de un diálogo constituyen un caso clásico. Aquí, una única y misma palabra figura en dos contextos en pugna. Es cierto que el diálogo constituye un caso especialmente evidente y ostentativo de contextos orientados de manera diferente. Se puede decir, sin embargo, que toda enunciación real, sea cual sea su forma, contiene siempre de manera más o menos clara la indicación del acuerdo con algo o del rechazo de algo. Los contextos no están simplemente yuxtapuestos como si fuesen indiferentes unos con respecto a otros, sino que se encuentran en una situación de interacción y de lucha tensa e ininterrumpida. La lingüística ignora totalmente el desplazamiento del acento de valor de la palabra de un contexto a otro […] Aunque los acentos de valor carezcan de sustancia, la pluralidad de acentos de la palabra es la que le da vida. El problema de la pluriacentuación debe ligarse estrechamente al de la polisemia» (Le marxisme… ed. cit., pág. 116. Sobre el mismo problema, véase también La poétique de Dostoievski, París, Ed. du Seuil, cap. V, «Le mot»).

El problema en este caso es la unicidad de la palabra cuando ésta, al entrar en la enunciación de un mensaje textual, sufre los efectos de una reducción semántica. ¿Cómo es posible, entonces, restituirle su pluriacentuación original cuando se halla inserta en un solo contexto? En realidad, se podrá conseguir a dos niveles; por una parte, por la elaboración de los sistemas semióticos y, por otra, por la reconstitución de las microsemióticas adquiridas por el sujeto hablante . Para ilustrar este problema, me remitiré a dos textos. Pongamos el ejemplo de Scarface, que no se refiere a una palabra, sino a un signo ; se trata de la cruz de San Andrés; esta cruz procede, a mi juicio, de una escritura periodística sensacionalista que tiene como objetivo desenmascarar los hechos y que representa uno de los modos de transcripción de una nueva cultura de inmigrantes, urbana, orientada a la acción colectiva y la comunicación de masas. Es al mismo tiempo, sin embargo, signo de prohibición y pertenece a una «retórica del silencio y de la ocultación» que materializa, en la película, la presencia de los censores del Hay’s code, instancia represiva que oprime a la producción fílmica y que es producto de las estructuras mentales de una vieja América rural, conservadora y protestante. Estas dos acentuaciones contradictorias de un mismo signo sólo pueden restituirse en la medida en que éste se restablezca en el contexto de las dos cadenas de significación que funcionan en el texto fílmico. Nos encontramos aquí, por consiguiente, en el punto de coincidencia de dos voces que dan prueba de una situación conflictiva, y que hablan en el texto a través de dos sistemas semióticos contiguos. El caso del Guzmán de Alfarache es más complejo . En este texto, la exaltación de la generosidad de la tierra comienza mencionando una serie de productos que ofrece espontáneamente al hombre [«ésta nos da las piedras de precio, el oro, la plata y más metales de que tanta necesidad y sed tenemos»]. El término «sed» entra en una microsemiótica que inscribe en la textualidad la marca de uno de los motivos tradicionales del tópico de la Edad de Oro, a saber la evocación de cómo vivían los primeros hombres en una naturaleza que les entregaba espontáneamente sus productos, teniendo ellos que satisfacer únicamente sus necesidades elementales. Este término se encuentra en el seno de esta microsemiótica con otros signos como «necesidad, hierbas, frutos, aguas, beber, oveja, leche, lana, etc. …». Pero pertenece a una segunda microsemiótica que nos habla de intercambios y de mercantilismo [oro, plata, comercio…], de productos de segunda necesidad [las telas de adorno…]; en este segundo contexto se insistirá en otro valor de «sed», a saber, la avidez. En él se cruzan, pues, dos pensamientos que, reproduciendo las palabras de Pierre Vilar, «coexistieron y lucharon entre sí» a propósito del papel que corresponde al oro y a los metales preciosos en la prosperidad de un Estado. ¿Es el oro el «único signo (…) de la grandeza de los Estados», o bien, por el contrario, «germen de disolución de las verdaderas riquezas, que sólo están en la producción de los bienes necesarios para la vida»? Aparentemente fijo, a primera vista, en una reducción semántica que la convierte en un signo de codicia y en el indicio textual de un discurso moral sobre el mercantilismo, la palabra se desestabiliza aquí de alguna manera en el marco de la semántica textual y dice también algo distinto, es decir, lo contrario de su significación primera. En este sentido, representa de hecho un cruce de voces, un espacio de conflictos. Lo que acabamos de decir de la palabra sigue siendo válido en cuanto a los conjuntos más amplios que entran en la combinatoria estructural del genotexto. Remitiré aquí al Buscón, donde, como veremos, la representación de la realidad sociopolítica pasa por la inscripción en el texto de las dos prácticas sociales que son respectivamente la fiesta del Carnaval y la instancia represiva de la Inquisición; estas prácticas se vierten en el texto mediante conjuntos semióticos que se basan a su vez en sistemas de valor contradictorios en la medida en que podemos considerarlos como proyecciones fantasmales de la Desestructuración y de la Reestructuración sociales. Al preguntarnos acerca de los mecanismos que permiten al sistema bascular de un conjunto semiótico a otro y, por consiguiente, de un espacio al espacio contrario, comprobamos que el punto de coincidencia resulta ser la pluriacentuación del concepto de máscara, máscara trágica tras la cual se ocultan, especialmente, ritos prohibidos, y que el procedimiento inquisitorial se esfuerza en suprimir, o disfraces festivos que permiten expresarse a los marginados. El hecho de que estas máscaras, en un contexto burlesco, reproduzcan los rasgos de las autoridades del momento, como sucede frecuentemente en época de Carnaval, o de que, en el caso de las mascaradas dramáticas de los «autos de fe», reproduzcan, porque se les obliga, las prácticas rituales de la sociedad dominante, muestra claramente cómo los espacios discursivos de la marginalidad coinciden con las estructuras que producen situaciones de exclusión (Cf. «Pratiques idéologiques et pratiques rituelles. Rendre l’illisible lisible», Imprévue, 19801, págs. 129-137 ). La comparación que acabamos de hacer entre este análisis y los análisis anteriores del signo en Scarface o de la palabra en el Guzmán de Alfarache me invita a generalizar mis observaciones: parece ser, en efecto, que todo elemento textual que se halle profundamente inserto en la producción de sentido no puede funcionar dentro de ella a no ser con una forma pluriacentuada. Si volvemos al problema central que nos ocupa, diremos que no es posible concebir discursos de sujetos transindividuales que funcionen de manera autónoma. Todo acto de habla pone en juego un interdiscurso que marca en el texto las huellas discursivas de una formación ideológica y nos remite así a una formación social. Por eso, esta habla debe considerarse a su vez como pluriacentuada, lo que implica la necesidad de que reconstituyamos trechos de sentido frecuentemente contradictorios, que transcriben los intereses sociales de los distintos sujetos transindividuales implicados. Estos distintos trechos de sentido recortan de forma múltiple una misma realidad y crean espacios de lectura polisémicos. Decir implícitamente, tal como lo hacemos, que los fenómenos de conciencia generadores de los textos no son reductibles a la categoría del individuo no implica el rechazo de la originalidad de una escritura en la medida en que el habla redistribuye siempre de manera especial estas distintas voces que han informado la conciencia de un modo único, dándole una configuración específica.

Funcionamientos textuales II

En el proceso de transformación de la realidad observable interviene no sólo un material de lenguaje ya elaborado sino también otras estructuras intermediarias que desplazan los signos y los homogeneizan en un mismo código de transformaciones. Este funcionamiento viene ejemplificado con los análisis respectivos de la primera secuencia de la película norte americana de Citizen Kane (Orson Welles, 1941) y de La Vida del Buscón (F. de Quevedo, 1626), evocando brevemente para terminar La región más transparente (Carlos Fuentes, 1958) la película de Litín Viva el Presidente sacada de El recurso del método de Alejo Carpentier (Cuba, 1975) y un cuadro de Velázquez (La Túnica)

PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN Y CÓDIGOS DE MEDIACIÓN

I -El caso de Citizen Kane

Pero la producción textual no es reductible a una serie de fenómenos de conciencia. Pone en juego procesos de transformación de sentidos complejos. En primer lugar, un material de lenguaje ya elaborado, un «ya dicho» que servirá de soporte a la significación al mismo tiempo que se desconstruye en ella, a todos los niveles: A nivel discursivo, primero (lo que nos remite al punto precedente) del preaserto, de los sintagmas fijos y de las lexías, en donde toda comunidad humana materializa las modalidades particulares de su inserción histórica, espacial y social. A nivel textual después, lo que nos remite a la conocida tesis de la intertextualidad (Cf. J. Kristeva, Σημειωτικn_, París, Seuil, 1969, págs. 191, 195, 255). Contrariamente a otros, como R. Barthes ( R. Barthes, Le plaisir du texte, París, Seuil, 1973) o M. Riffaterre (M. Riffaterre, Semiotics of Poetry, Bloomington et London, Indiana University Press, 1978) que enfocan el intertexto desde el punto de vista del lector («El engendramiento del poema, su lectura, consiste en una práctica de esta referencia, en una dialéctica memorial entre el texto que se descifra y aquéllos otros que se recuerdan»), lo situaré en el marco del trabajo de la escritura. Recogiendo, desde un punto de vista distinto del suyo, una sugerencia del autor de Semiotics of Poetry –que emplea un término de Charles S. Pierce –, precisaré que no es este intertexto el que va a desconstruirse, sino, más exactamente, su interpretante, es decir cierta idea de este intertexto; no es una antigua textualidad la que va a desconstruirse en la nueva, sino, de alguna forma, cierta manera de leer este primer texto. Pero esta descodificación queda asegurada en el marco de una gramática de la recepción, por medio del mismo dispositivo semiótico que, por otro lado, informa el interdiscurso, a menos que se suponga –y esto sería probablemente más exacto– que la descodificación que constituiría el interpretante no es más que un efecto de sentido producido por el genotexto. A nivel del mito ( In Literatura Ideología y Sociedad véase el análisis de un texto del Guzmán de Alfarache que reescribe los distintos componentes del mito de la Edad de Oro), de las tradiciones gestuales y del lenguaje del folklore ( En la misma obra véase in P.II, cap.II los estudios sobre El Buscón y La hora de todos), es decir de un «imaginario social» (un «imaginaire social»)más amplio . A nivel de esquemas arcaicos profundamente establecidos en el seno de un contexto cultural redistribuido como efecto de circunstancias históricas precisas (cf. en Sociocritique.fr: El Buscón como sociodrama).

Con respecto al interdiscurso (el habla), en el que veremos un sistema modelizante primario, diremos que estos preconstruidos –o más bien precoercidos– representan otros tantos sistemas modelizantes secundarios. No son éstos, sin embargo, los únicos media que intervienen en el proceso de transformación de la realidad observable, y parece necesario concebir, en otro estadio, la existencia de otras estructuras intermediarias que desplazan de alguna manera los signos y los homogeneizan en un mismo código. Pongamos como ejemplo la primera secuencia de Ciudadano Kane, es decir, la representación de la muerte del personaje. Después de haber mostrado el cartel que prohíbe la entrada al palacio, la cámara va subiendo a lo largo de la verja para introducirse en un jardín exótico; la silueta del palacio se alza al fondo; una ventana –la única que está iluminada– se apaga bruscamente, en el mismo momento en que se interrumpe la música. En el interior de la morada, descubrimos un cuerpo yacente y luego una casa cubierta de nieve encerrada en un globo de cristal sostenido por una mano que deja caer el objeto; éste rueda por unos escalones y se rompe. En un primer plano, unos labios pronuncian la palabra Rosebud; por una puerta, en una visión deformada, se acerca una enfermera que viene a cubrir el rostro del muerto.

Si intentamos ir más allá del nivel anecdótico, comprobamos que a lo largo de esta serie de imágenes existen los conceptos de paso, de tránsito o de transgresión: al franquear la cerca, primero, al irrumpir luego en la habitación en la que acaba de morir Kane, pero también, de forma más sutil y significativa, en la manera en que la mirada, presa en el seno de este microcosmos que es la bola de cristal, se libera para darnos una visión exterior de ella; en el discurso sobre el tiempo, por último, ritmado por dos flashs-back, de forma que el preciso instante de la muerte del personaje queda significado tres veces [luz y música interrumpidas-rompimiento del cristal-cubrimiento del rostro]. La imagen de la muerte se halla así ligada a la inversión del curso del tiempo, que, siendo lineal cuando la cámara avanza hacia el castillo, se refracta, por decirlo así, regresa al preciso momento en que se extingue la conciencia. En la medida en que esta recurrencia se percibe en el marco de una serie analógica, el flash-back oculta su función sintáctica (que consiste en coordinar imágenes) en beneficio propio. Sin duda invierte los acontecimientos, pero sobre todo dice que es él el que los invierte; llama la atención sobre lo que es él mismo, por naturaleza, desde un doble punto de vista metalingüístico y poético. Aquí, el concepto de tránsito viene dado por la evocación de una especie de tope con el que choca y en donde se rompe la linealidad temporal, que ya sólo puede desviarse hacia el pasado. El flash-back se integra, en este sentido, en un texto semiótico, aparentemente semantizado por lo anecdótico, que representa el óbito como un transitus mortis.

Tomaremos esta primera observación como indicio de una clave de descodificación que nos ofrece el texto y con respecto a la cual emergen otros hechos. Así, el acceso a Xanadu aparece como una irrupción en un universo encantado, vacío de toda presencia humana, habitado sólo por esa luz que pronto se apagará. Al destacar la clausura temporal que acabo de evocar, el encadenamiento de estos espacios cerrados [límites de la propiedad, altos muros del palacio, habitación del agonizante, globo de cristal] denuncia al mismo tiempo su vaciedad y representa un teatro evacuado por sus actores, una corteza definitivamente vaciada de todo contenido a partir del momento en que allí reinan las tinieblas. En este contexto de vacío es donde se debe percibir la imagen central del capullo de rosa, denso foco de una plenitud portadora de promesas. En estos fenómenos reconocemos fácilmente un simbolismo religioso tanto más claro cuanto que, a otro nivel, Rosebud inscribe en ellos el tema de la fugacidad, de la fragilidad y de lo efímero, mensaje reforzado por la silueta de este palacio inacabado e irrisorio que nos da a entender que, visto desde este punto de clausura, todo es sólo vanidad. Nos lo dice también, por otra parte, la bola de cristal que se estrella después de su breve caída por unos escalones, símbolo manifiesto de la rapidez con que el hombre alcanza el término de su existencia, y que evoca la metáfora clásica del camino de la vida. Esta primera secuencia se nos muestra así como una meditación sobre la muerte enteramente regida por el tópico cristiano, que volverá a aparecer, por lo demás, en las imágenes siguientes, evocadoras de un demiurgo cuyas orgullosas creaciones (imperios económico y periodístico, mansiones…) amenazan destruirse. Habría que destacar también que, en la segunda secuencia, The news on the march, este tópico se expresa de manera muy especial a través de los mitos del Génesis y de la Torre de Babel que se desconstruyen en ella. No es esto exactamente lo que tenemos en la primera secuencia. Aquí, como hemos visto, hay todo un estrato cultural que parece filtrar las imágenes, generarlas o desplazarlas. Este tópico se infiltra en el vacío del pretexto anecdótico, rechazando su lógica y su programación en provecho de las suyas propias. Así emerge lo que constituirá uno de los más importantes códigos de transformación del texto fílmico.

Lo que está en juego nos resultará más claro si reduzco el significado global del conjunto de las imágenes estudiadas a la formulación esquemática siguiente: «Muerte acaecida en su domicilio de X». Intencionadamente dejo de precisar la naturaleza de este domicilio; me vería obligado, en caso contrario, a plantear lo narrado en términos de enigma y a hipotecar así mi análisis introduciendo aspectos circunstanciales que no sé, por ahora, si pertenecen al relato o al texto [X muere aparentemente solo, en un suntuoso palacio: ¿está esta soledad en relación con el texto religioso que informa la película o bien con lo que, en el marco de la ficción, correspondería a la autenticidad de la experiencia del personaje?]. Relacionando la primera secuencia con esta fórmula, destaco el material visual y su disposición, utilizados para significar la muerte: en el primer punto, pues, una serie de símbolos (luz y música interrumpidas, rompimiento del globo, cubrimiento del rostro del muerto), pero estos mismos primeros símbolos, cuyo carácter neutro, trivializado y de algún modo «laico» es inútil subrayar, describen dos puntos de vista, al evocar no sólo la muerte contemplada (yacen te, el rostro del muerto cubierto por la sábana) sino también la muerte vivida, como invasión de la conciencia por el silencio y las tinieblas. Con esta llamada manifiesta a un proceso de identificación, el texto, que sobrepasa el simple pretexto anecdótico, me interpela, en la medida en que este primer significante (cf. la serie de símbolos citada más arriba) adquiere su autonomía: esta muerte ya no es la de X sino la mía, la nuestra… la textualidad se abre a otra dimensión. Lo imaginario, solicitado para sostener el relato, llama la atención sobre sí mismo y desarrolla a continuación, por contigüidad, su propio universo y su propio texto. Las imágenes elegidas para significar la muerte de Kane se transforman en significante de una concepción filosófico-religiosa de la vida, que se exterioriza por medio de las formas icónicas de la rosa y de la caída del globo, funcionamiento que representaremos así:

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Entre So1 y So2 opera una instancia ideológica para la que la comprobación de la muerte es la ocasión de meditar sobre la existencia humana y dar reglas de vida por medio de esta meditación. El código de transformación que evocaba antes corresponde a las modalidades de intervención de esta instancia ideológica en la producción de sentido. Pero esta instancia ideológica no se expresa únicamente en los niveles visual y de lenguaje elementales. Exige también la disposición sintagmática de los signos y vierte los puntos de focalización del relato, es decir, los puntos de referencia que la escritura se otorga a sí misma para organizar con relación a ellos la arquitectura de los signos. Así –como vimos ya– el acercamiento a Xanadu lo mismo que los funcionamientos respectivos del inserto y del flash-back realizan fenotextualmente el concepto de tránsito, semantizado por el punto de focalización anecdótica como modulación de la temática del transitus mortis.

Si vamos más allá del marco de esta primera secuencia, veremos cómo opera la misma voz, a través de intervenciones de naturaleza sensiblemente distinta. La reconstitución dada por el noticiario (The news on the march) se organiza en torno a la evocación del poder de Kane (sus manifestaciones, su magnitud, su origen), pero todo ello mediante un lenguaje figurativo significativo que se articula esencialmente en torno a dos mitos –ya lo dijimos antes–, el del Génesis y el de la Torre de Babel. Ahora bien, el primero de estos mitos, que se vierte explícitamente en el texto fílmico mediante un paisaje en que los límites entre el agua y la tierra se muestran como indistintos, se desarrolla como telón de fondo de una temática que trata de la construcción artificial de un universo secundario caracterizado por la acumulación de recursos, de medios económicos y de riquezas. Este texto sagrado, que se nos presenta en su origen como fundamento de cierto tipo de espiritualidad, funciona aquí como indicio de una referencia con respecto a la cual se nos invita a juzgar la empresa de Kane. La presencia de este texto y sus modalidades de desconstrucción denuncian en la organización de esta nueva arca de Noé la ausencia de toda referencia a Dios. La dimensión espiritual inscrita en el texto del Génesis revela lo que es condenable en este proyecto de cosificación; apunta, por un efecto de vuelta atrás, a lo que se planteaba con el concepto de vaciedad de las primeras imágenes. Una condena similar resulta de la textualización de la edificación de Xanadu, reconstituida en tres fases [creación de una montaña en un entorno geográfico –las extensiones llanas de Florida– que hace que aparezca como demencial, silueta de una torre de pisos, el palacio mismo]. Otra serie de indicios viene a reforzar la anterior: recordemos la naturaleza simbólica de la montaña, considerada como lugar de lo sagrado; la sistemática de los contrapicados, semantizados entonces por el conjunto del texto semiótico, cuyas imágenes organizan; la enumeración de los diferentes titulares –en todas las lenguas– de los periódicos del planeta; el aspecto inacabado de Xanadu, que, sin embargo, se resquebraja ya; el hecho de que este palacio se asimila, en dos ocasiones, a una tumba; la primera, explícitamente; la segunda, por analogía con las pirámides. El mito de la Torre de Babel funciona, en este caso, de manera inversa al del Génesis en el sentido de que, contrariamente a éste, que desempeñaba un papel contrastivo, coincide perfectamente, por analogía, con el proyecto de Kane. Descubre la cara oculta del primero, resolviendo sus eventuales ambigüedades. Así, la instancia ideológica duplica su mensaje al hacerlo pasar por uno y otro mito. Estos primeros fenómenos, una vez desvelados, aclaran el papel de la voz del comentarista del noticiario, el énfasis en el que se escuda, la distancia que toma con respecto a su objeto, su mirada crítica. Nos guardaremos de atribuir este mérito al periodista que se supone que presenta esta nota necrológica, recordando que todos los proyectos de Kane, ya fueran políticos o sentimentales, se arruinaron, y que sus predicciones (sobre la segunda guerra mundial, por ejemplo) resultaron falsas. Todas las creaciones de Kane llevan en sí la marca de su carácter disconforme con los criterios de la instancia ideológica y, por consiguiente, el signo premonitorio de la aniquilación a la que están destinadas. Vemos, pues, cómo interviene la instancia ideológica en la producción de sentido por medio de un código de transformación.

Sin embargo, hemos reagrupado hasta ahora fenómenos que no pertenecen a una misma categoría. Los primeros, en efecto, remiten a lo que es manifiestamente un lenguaje figurativo ya reconocido como tal; éste es el caso de los elementos míticos que hemos reconocido y que son portadores de la diegesis, según el esquema siguiente:

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Vemos así claramente cómo el lenguaje figurativo alimenta dos estratos de la textualidad, lo que permite aclarar el funcionamiento de la desconstrucción, en ambos casos. Al mismo tiempo que el texto se instituye, organiza los puntos de referencia ideológica que permitirán leerlo. Pero, como hemos visto, este lenguaje figurativo se vierte igualmente en el texto en forma de una especie de segunda simbolización que se nos mostró ya de manera muy especial en la primera secuencia y que sólo coincide con la primera a través de un foco interno de semantización. Así sucede, recordémoslo, con la caída del globo de cristal o con las palabras pronunciadas por el moribundo. Ya no se trata aquí de la mera reproducción de un código de simbolización que se repetiría como tal en el texto, sino de una nueva realización de este mismo código. Esto nos remite a una instancia textual que manipula este primer código, pero que no puede confundirse con él. Esta instancia es la que semantiza el eje sintáctico (cf. lo que decíamos antes del flash-back, del inserto, de los fundidos-encadenados) y entra en la combinatoria genética realizada por ella, entre otras cosas, al reproducir sistemáticamente la categoría de tránsitos, portadora implícita de la visión del transitus mortis. Por consiguiente, distinguiré la materia simbólica desconstruida (Génesis, Torre de Babel) del principio activo de su desconstrucción (instancia textual en cuestión). Opondremos, pues, el código de simbolización, entendido como lenguaje figurativo utilizado como material portador del significado, al código de transformación, manipulador del primero y foco activo de significancia.

Si esta distinción puede plantear problemas en el caso de Ciudadano Kane es porque los dos códigos coinciden en gran parte, por razones que convendría examinar. Las cosas estarán más claras si tomamos el ejemplo del Guzmán de Alfarache. El texto que estudié en Literatura Ideología y Sociedad ( Segunda Parte, Aplicaciones) utiliza, para significar la generosidad de la Tierra, el mito de la Edad de Oro y de una Naturaleza que ofrece espontáneamente sus productos a los hombres. Este lenguaje figurativo clásico es el vehículo de una visión nostálgica del pasado que condena especialmente la agitación y la actividad comerciales. Pero, después de haber hecho estallar sus elementos que, en adelante, tendrán vocación de autonomía, el texto de Mateo Alemán, bajo el efecto probable de un código de transformación que está por describir y definir, pervierte este código de simbolización inscribiendo en él temas portadores de modernidad (aventura de ultramar, por ejemplo) y transgrediendo la prohibición que, en todos los textos anteriores, pesaba sobre el negocio; este último llega así a ocupar todo el espacio textual.

II- El caso de La vida del Buscón

En el caso del Buscón, al que acudiremos una vez más, recordemos que los códigos de transformación de la semiosis están constituidos por dos prácticas sociales (Carnaval / Inquisición) vertidas en forma de prácticas textuales. Por lo tanto, todo elemento de estructuras mentales que puede proceder ya sea del interdiscurso ya sea, cuando se halla materializado en un texto, de la intertextualidad, todo material de lenguaje, todo referente soportará este doble trabajo de transformación antes de encontrarse codificado en estructuras textuales. Tomemos la realidad que constituye en este caso el origen del habla, a saber, la existencia de un hacedor de paño que representa un poder económico en Castilla a principios del siglo XVII y cuya integración sociopolítica es problematizada. El objeto (el hacedor de paño) está dominado por una estructura mental en el marco de un contexto de enunciación y de interacción que lo asocia a una comunidad reprobada por estar ligada a una heterodoxia religiosa (judíos conversos o nuevos cristianos) y amenazadora por partida doble, en el plano religioso y en el plano político, ya que se la ve como tendente a suplantar la hegemonía del grupo dominante (que se manifiesta por el interdiscurso). Tal es al menos el interpretante que la continuación de nuestro análisis nos lleva a reconstituir, en la medida en que este interpretante desaparece como tal, lo que representa ya un problema en sí y merecería desembocar en otros interrogantes. (¿Por qué este negarse a designar al adversario de otra manera que no sea indirecta?) Ahora bien, este mismo interpretante genera (o es generado por) una serie de asociaciones de significaciones: en cuanto converso, se supone que el hacedor de paño se oculta y oculta sus prácticas religiosas condenables; al tener el poder económico, imita el fasto de la nobleza.

Estos dos elementos, el ya dicho (hacedor de paño) y el interpretante, pasan a través de un primer medium, la retórica conceptista, que situaremos a nivel de la intertextualidad y en cuyo marco la instancia narradora asimila una expresión lexicalizada a esas perífrasis enigmáticas cuya moda, como observa Jean Molino, se extendió en esa época por toda Europa con los nombres de agudeza, witt, concetto, práctica tras la cual se reconocerá la norma del ornatus ciceroniano destinado a enriquecer el estilo noble y que funciona como un indicio de que el locutor ha seleccionado cierto tipo de lenguaje. En este caso se trata de valorizar un significado por medio de la translatio verbi sustituyendo el primer significante por otro que transfigura en cierto modo al referente. Pero, en el caso que nos interesa, resulta que, por una parte, esta translatio verbi se aplica a un referente incongruente, el objeto barbero, que no puede entrar en el campo de gravitación del estilo elevado, y que, por otra parte, los significantes de sustitución (tundidor de mejillas y sastre de barbas) corresponden también a signos peyorados degradados. Vemos entonces con claridad el efecto reflejo del uso de la perífrasis conceptista que capta al personaje en sus aspectos más degradados y ridículos: deseo de aparentar e inaptitud para manipular cierto tipo de discurso. La amenaza inscrita en la realidad referencial de ruptura de status social (el fabricante de lana aspira a la hegemonía política) se desplaza en la parodia, pero este desplazamiento supone una doble codificación, en una primera operación semiótica, que supone una voluntad de disfraz [Carnaval / Primer código de transformación], y luego en una segunda operación que implica una desmistificación [Inquisición / Segundo código de transformación]. De esta forma, la realidad observable sufre mutaciones sucesivas que le añaden una «plusvalía semántica».

Pero nuestra lectura sociocrítica sería incompleta si no nos preguntásemos por la naturaleza y el origen de estos códigos de transformación. Como se habrá observado ya, estos códigos son creaciones mismas del texto y por ello no parece posible establecer sus tipologías. He mostrado en otro lugar cómo estos códigos, en el texto de Quevedo, formaban parte del contexto inmediato del objeto que es el origen de la producción del texto. Esto era evidente en el caso de la Inquisición, cuyas evocaciones permanecen todavía ligadas a las persecuciones de que fueron objeto los nuevos cristianos en España, pero ¿qué sucedía con la práctica festiva? Ciertas investigaciones llevadas a cabo sobre documentos de esa época me han permitido responder a esta pregunta, ya que en la Segovia de principios del siglo XVII resultaba que esta burguesía urbana representada por los hacedores de paño desvió las tradiciones rurales folclóricas del Carnaval en provecho propio, como sucedió también en otros lugares de Europa. De esta forma, la situación sociohistórica generadora de una serie de fenómenos de conciencia dejaba como estela las modalidades que iban a presidir su textualización y determinaba fundamentalmente la escritura. De lo que se desprendía una nueva incógnita: ¿estas dos estructuras de mediación mantenían entre sí alguna relación aparte de la que las ligaba directamente al objeto pretexto del Buscón? Podemos, efectivamente, contestar de manera afirmativa, hasta tal punto que me gustaría poder decir que el Carnaval funciona en el Buscón como el interpretante de la Inquisición y la Inquisición como el interpretante del Carnaval. Si estas prácticas sociales operan en la producción textual, el texto, a su vez, hace hablar a estas últimas, las fuerza a realizar en la práctica de la escritura sus potencialidades latentes.

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La evidenciación de los códigos de mediación en el objeto cultural y la definición de ellos que propongo parecen ofrecer una respuesta a la irritante cuestión sin cesar planteada por la crítica sociológica de la literatura y nunca resuelta, al menos si nos negamos a considerar como aceptables las propuestas de L. Goldmann (recurso a la noción de visión del mundo y al concepto de homología).

Podemos deducir de lo anterior que las mediaciones se nos muestran en el texto a través de un conjunto de huellas semióticas concretas y perceptibles, cuyos modos de presencia son diversos, desde la simple transposición de ideosemas hasta el vertimiento de la semántica textual y de las estructuras por la ideología y el interdiscurso. Las estructuras de mediación que intervienen entre las estructuras de sociedad, por una parte, y, por otra, las estructuras textuales, son, pues, de naturaleza discursiva, ya se trate de textos culturales (tradiciones gestuales y de lenguaje de la fiesta carnavalesca, códigos de simbolización de prácticas sociales, por ejemplo) o de discursos específicos de sujetos transindividuales. Se muestran siempre en forma de huellas semióticas, conjuntos significantes y trayectos de sentido, que podemos calificar como microsemióticas intratextuales. Sin embargo, los análisis siguientes, así como las generalizaciones teóricas que hemos derivado de ellos, muestran cómo estas microsemióticas funcionan en los diferentes niveles del texto. En efecto, hay que considerarlas como conjuntos esencialmente dinámicos, generadores de las desconstrucciones que intervienen en los focos internos de producción textual. Estas desconstrucciones mismas constituyen lugares semióticos privilegiados en la medida en que esas microsemióticas intratextuales se desvelan en ellas y denuncian así sus puntos de origen ideológico. A fin de ilustrar esta operatividad, reagruparé cierto número de fenómenos, alguno de los cuales se desarrollará en la Segunda Parte. Esto me ha llevado a citar en varias ocasiones el caso de las desconstrucciones que afectan a la metáfora conceptista en el Buscón de Quevedo: la difracción en torno a la que se organizan esas desconstrucciones y que exige que, como telón de fondo de la expresión burlesca «sastre de barbas», descodifiquemos simultáneamente las huellas y el molde retórico del lenguaje noble, significa, como hemos sugerido, a la vez la existencia de este lenguaje y su apropiación abusiva por parte de un sujeto que no es capaz de dominarlo, es decir, a fin de cuentas, por un individuo que pretende ocultar su condición identificándose con un grupo social que, a su modo de ver, le es superior; pero esta apropiación abusiva se muestra como tal por efecto de la distancia existente entre la realidad referenciada (barbero) y la expresión que utiliza para describirla. El sujeto se desvela a sí mismo por su propia manera de intentar ocultarse. Podemos captar así la doble función (enmascaramiento vs. desenmascaramiento) del discurso en el conjunto del texto. Ahora bien, ya he intentado demostrar anteriormente, a propósito de los códigos de transformación, cómo en estos fenómenos de desconstrucción coinciden los efectos de dos prácticas sociales (práctica festiva y práctica represiva) captadas en el marco de sus dos textos culturales respectivos. Veremos igualmente, en la lectura que propongo de el pasaje ya evocado del Guzmán de Alfarache, cómo una semiótica intratextual, que inscribe en el texto las huellas de un discurso mercantil, remodela el mito de la Edad de Oro.

El comienzo de La región más transparente de Carlos Fuentes refleja un funcionamiento del mismo tipo. Vemos, en efecto, que la imagen crística de «coronado de espinas» se desconstruye en «coronado de nopales», donde coinciden dos tradiciones icónicas ligadas a textos culturales religiosos diferentes (religión cristiana / religión azteca). Al analizarlo, el concepto de sincretismo resultante aparece como producido por la manera en que opera en la novela de Fuentes una microsemiótica que transcribe en última instancia las líneas de fuerza fundamentales de la ideología de la burguesía mejicana posrevolucionaria. (Véase Literatura Ideología y Sociedad)

El hecho de privilegiar los modos concretos de la representación intratextual de las mediaciones nos permite aplicar el mismo procedimiento a objetos culturales distintos de la literatura. Tomemos el caso de Viva el Presidente de Litin, que se inspira en El recurso del método de Alejo Carpentier. En el eje de la transhistoricidad se desconstruyen cierto número de trazados ideológicos, entre ellos el positivismo. Ahora bien, en el momento en que el Presidente, que se dirige al frente en ferrocarril, se pone el traje oficial, vemos tras él lo que parece ser su divisa o la divisa de su país: «Dios, Patria, Orden», y no podemos dejar de reconstituir, más allá de ella, la del Comtismo, Orden y Progreso. La separación que aparece entonces entre la divisa original y aquello en lo que se ha transformado es sumamente significativa en la medida en que la nueva formulación inscribe valores contradictorios con respecto a aquellos en los que se basa el sistema de pensamiento así convocado. En efecto, el positivismo no sólo fue en su primera fase al menos ateo y predicó el amor a la humanidad, sino que también hay que subrayar que en cierto número de textos culturales Dios y Patria son contradictorios con la noción de Progreso. El comtismo se nos manifiesta así profundamente adulterado en esta nueva figuración. Pero este principio de adulteración, de inadecuación, de perversión, funciona constantemente en el texto y podemos relacionarlo con el pensamiento de Martí, que se integra a su vez en el pensamiento castrista que suscribe Alejo Carpentier y según el cual todos los sistemas de pensamiento importados del Centro resultan inadecuados en Hispanoamérica. Pero este pensamiento castrista aparece en la película, así como en la novela, a través de un conjunto de huellas discursivas y de trayectos de sentido que organizan una microsemiótica intratextual generadora de sentido. Tomemos un último ejemplo en el campo de la pintura, con La túnica de José de Velázquez. Dos conjuntos significantes mayores recorren este cuadro y convocan, respectivamente, a los conceptos de divinidad y de realeza, cuya coincidencia transcribe la equivalencia ideológica de esa época que identifica al monarca como el representante de Dios en la tierra. Según la retórica pictórica vigente en la época del pintor, la túnica debería ser representada convencionalmente de color rojo. Pero esta convención se desconstruye a favor de un color leonado que, en el marco de la misma retórica, es un indicio de realeza.

Funcionamientos textuales III

Este artículo examina cómo se articula el preconstruido (el «ya dicho», la intertextualidad…)se articula con el interdiscurso y los códigos de transformaciones semióticas utilizando los terminos de Julia Krisieva (Genotexto y Fenotexto) pero con un significado distinto que se aparenta a las nociones de genotipo y fenotipo de la Geografía Humana. E Cros ejemplifica este funcionamiento en Citizen Kane (Orson Welles, 1941), La Muerte de Artemio Cruz (Carlos Fuentes, 1962) y Guzmán de Alfarache, (Mateo Alemán, 1599-1604)

VI FUNCIONAMIENTOS TEXTUALES III GENOTEXTO Y FENOTEXTOS

Genotexto y fenotextos

Lo que antecede prueba, a mi juicio, que el estudio del problema sólo se puede seriar para comodidad de la exposición, al ser tan evidente que el fenómeno textual es el producto de un haz de elementos que operan de forma simultánea. Pero ¿cómo opera exactamente este haz de elementos, y a partir de qué lugar del texto? Utilizaré aquí una metáfora espacial, sugiriendo que se imagine el punto de intersección de dos ejes, un eje vertical y un eje horizontal. Situemos en el primero el interdiscurso, que materializa, repitámoslo, a la vez estructuras mentales y las formaciones ideológicas producidas por una formación social. En este eje se lee el discurso del tiempo sobre el tiempo o, dicho de otro modo, este interdiscurso traduce en operaciones semióticas, a través de múltiples trazados ideológicos, las condiciones sociohistóricas en las que se halla inmerso un locutor. De manera opuesta, situaremos, en el eje horizontal, el intertexto, el preaserto, el preconstruido, la precoerción, es decir, todo el material de lenguaje deastinado a materializar el sentido y a informarlo. En este nuevo eje, como en el primero, están señalados trayectos de sentido preestablecidos que van a ofrecer una mayor o menor resistencia a la modelización textual, en cuyo seno mantendrán islotes semióticos, microespacios de lectura susceptibles de engendrar, bajo el efecto del eventual proyecto monosémico de la instancia narrativa, zonas conflictivas. En este punto de intersección debemos imaginar el proceso de transformación de la realidad observable bajo el efecto de los códigos de mediación: la complejidad de los elementos que están en juego muestra con claridad a la vez la necesaria polisemia del texto ficcional, la importancia de su distanciamiento con respecto a la realidad referencial, así como la resistencia que presenta a la mirada crítica. En este crisol, sin embargo, surgen lineas directrices, centros de sentido en torno a los cuales se organizan nuevas operaciones semióticas, modelos semánticos, es decir, toda una combinatoria de elementos que contienen en potencia la textualidad; así se sitúa el dispositivo conceptual que asegurará la autonomía del texto / signo con respecto a la conciencia que se supone que l& produce y con respecto a la realidad originariamente instaurada.

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Tomaré aquí un término de Kristeva para describir este lugar de focalización de sentido, convirtiéndolo en un genotexto. El trabajo de la escritura consistirá en desconstruir sin cesar este mixto formando fenotextos destinados a realizar a todos los niveles textuales, en función de la especificidad de cada uno de ellos, la sintaxis de los mensajes programados de antemano. El empleo de estos términos puede causar problemas, en la medida en que, al utilizarlos, nosotros no los entendemos como propone J. Kristeva , que a su vez los toma de las teorías lingüísticas generativistas del soviético Saumjan-Soboleva . Para que las cosas queden claras, recordaré que Kristeva introduce estas nociones en el marco de una teoría de la significancia, entendida como proceso de germinación perteneciente a un semoanálisis, disciplina distinta de la semiótica, relegada a «reunir (…) la verdad significante». Para J. K., se trata de distinguir un estado de su engendramiento, una estructura significada de la operación de generación de este mismo significado. Si el término de fenotexto es claro en la medida en que remite al texto impreso, concebido como una de las posibles realizaciones de la lengua (el sentido saussuriano de la palabra), el de genotexto designa algo más complejo, por no decir más ambiguo. Se refiere, efectivamente, al mismo tiempo, a un funcionamiento que tendría lugar en la lengua, a un nivel abstracto del funcionamiento lingüístico, y a un estado:

«… el genotexto es el significante infinito que no podría “ser” un “esto”’, porque no es un singular; se designaría mejor como “los significantes” plurales y diferenciados hasta el infinito, con respecto a los cuales el significante presente, el significante de la-fórmula-presente-del sujeto-dicho no es más que un límite, un lugar, una ac-cidencia (es decir, un acercamiento, una aproximación que se añade a los significantes abandonando su posición)» ( Op. cit.pág. 283).

El concepto de genotexto para Kristeva, por consiguiente, sitúa la realización textual en un conjunto amplio e indiferenciado en la medida en que

«el genotexto puede presentarse como el dispositivo de la historia de la lengua y de las prácticas significantes que ésta es susceptible de conocer: las posibilidades de todas las lenguas concretas que existen y que pueden existir se “dan” en él antes de volver a caer, disfrazadas o censuradas, en el fenotexto» (pág. 284).

En cuanto a los textos impresos o fenotextos,

«habrá que considerarlos como fórmulas de la significancia en la lengua natural, como remodelaciones y refundiciones sucesivas de la trama de la lengua. Fórmulas que ocuparían un lugar paralelo y, si no más, al menos tan importante para la constitución y la transformación de la historia monumental como los descubrimientos matemático-lógicos.» (pág. 286).

Comprendemos mejor ahora por qué puede pretenderse que

«el semoanálisis se preserve del tematismo psicológico así como del idealismo estetizante, que se disputan actualmente el monopolio de lo que se ha podido llamar escritura» (Derrida, art. cit., pág. 279).

Todo lo que escribe sobre este punto J. K. es sumamente sugestivo, pero, como hemos visto, no quiero plantear el problema a este nivel. Al utilizar estas nociones, pretendo establecer un paralelismo riguroso entre dos estados de la enunciación peculiar de un texto; el primero opera con categorías conceptuales y corresponde a una enunciación no gramaticalizada, en el sentido de que esta enunciación aún no está incluida en una fórmula. No es una estructura, pero está llamada a serlo al estructurarse en las diferentes realizaciones fenotextuales de un mismo texto. Para nosotros, en efecto, el texto se abre en diferentes niveles (narratividad, conjuntos significantes múltiples constituidos, entre otros, por los personajes y los códigos de simbolización, cadena de significaciones de los significantes…) en que operan a la vez categorías propias de estos niveles y categorías lingüísticas en el marco de un proceso de significancia que tiende a realizar así, de forma aparentemente incoherente y dispersa, las latencias semánticas de un mismo enunciado, que designamos como genotexto. Así pues, este genotexto sólo existe en esas realizaciones múltiples y concretas que son los fenotextos, y corresponde a una abstracción que reconstituye el analista.

Entre estos dos estados del enunciado funcionan los que hemos llamado diversos códigos de transformación, es decir, el proceso de generación del sistema significante que queda englobado en parte, para J. K. (tenemos aquí otro desplazamiento de los términos con respecto a ella), por la noción de genotexto. Esta concepción del funcionamiento textual tampoco debe confundirse con la distinción que introduce la gramática generativa entre estructura profunda y estructura superficial. Chomsky, en efecto, postula la estructura profunda como el reflejo arquetípico de la performance, como observa muy acertadamente Kristeva:

«Los componentes de la profundidad son estructuralmente los mismos que los de la superficie y, en el modelo chomskiano, no es observable ningún paso de un tipo de componentes a otro, ni de un tipo de lógica a otro. Así, la gramática generativa no genera, propiamente hablando, nada en absoluto: sólo establece el principio de la generación postulando una estructura profunda, que no es más que el reflejo arquetípico de la performance.» (pág. 282).

Para ilustrar el tipo de relación que propongo que se establezca entre el genotexto y el fenotexto, sugiero que volvamos a Ciudadano Kane para extraer de la película, en una primera etapa, una serie de fenómenos que consideraremos como formas de referencia. Veamos, por ahora, tres de ellos: 1. El primero corresponde a una frase inscrita en un cartel que aparece en la secuencia del Noticiario dedicada a la muerte de Kane: «La semana pasada en Xanadu tuvieron lugar los funerales más importantes y más extraordinarios del año 1941». Recordemos, para comprender cómo funciona esta inscripción, que el rodaje de la película terminó el 23 de octubre de 1940; su montaje, a principios de febrero de 1941, y la primera presentación pública estaba prevista para mediados de febrero (este estreno se retrasó a causa del escándalo provocado por W. R. Hearts, que pretendía ver en la película una caricatura de su propia biografía, y no tuvo lugar hasta el 9 de abril). El primer público de la película se encuentra, en el marco de un Noticiario, ante la reconstitución del pasado de Kane, proyectada a su vez sobre su propio futuro (el fin del año 1941, implicado en la fórmula elegida: «…más importantes del año…»). Sin duda podríamos observar que la película se nos presenta así como ficción pura, si esta fórmula, en la que el Pasado y el Futuro se confunden en el tiempo Presente del espectáculo, no fuera perceptible en otros aspectos, en otro lugar. 2. En efecto, la secuencia que, en el relato de Bernstein, evoca el paso de un equipo de periodistas del Chronicle al Inquirer de Kane se puede reducir a un esquema similar. Estos periodistas aparecen en un grupo de dos filas en una foto expuesta en el escaparate del Chronicle, ante el que pasan Leland, Kane y Bernstein. Pero, brutalmente, esta foto se descompone, liberándose cada personaje de la pose que tenía. La intervención de Kane nos hace comprender que se trata de una foto hecha en los locales del Inquirer. Entre los dos instantes de la diegesis que se evocan han transcurrido seis años. Pero en realidad, sin duda fugazmente, se ha constituido un efecto de lectura que nos ha trasladado a una zona de anterioridad con respecto a la primera foto. Este efecto de lectura nos hace pasar del instante en que la foto n.° 1 se percibe como ya hecha al momento en que se hace, es decir, de un momento [2] a un momento [1], antes de abolirse en un nuevo efecto que nos hace comprender que esta anterioridad no es sino una falsa anterioridad en la medida en que este momento [1] está, en realidad, unido a la foto n.° 2. Ahora bien, el primer efecto de lectura tiene en común con la foto n.º 1 el hecho de corresponder a una imagen del pasado portadora de un futuro ya transcurrido en el momento en que se percibe dicha imagen. Así, pasado y futuro se funden en cierto modo en un punto que implica el presente de la visión. Inscrito en el pasado, el futuro aparece como un «ya ahí». 3. Esta coincidencia del futuro y del pasado en un solo punto, semánticamente focalizada en su categoría de presente, volveremos a hallarla realizada en el diálogo en repetidas ocasiones. Sólo citaré dos casos: el primero sólo es legible en el contexto de la serie analógica que estamos reconstituyendo: «No soy, no he sido nunca, ni seré más que un simple ciudadano americano». El segundo, por el contrario, apenas necesita ser explicitado; se trata de las palabras pronunciadas por la voz en off del periodista del Noticiario para describir los últimos años que pasó Kane en Xanadu: «Solo en su palacio nunca terminado (futuro) y ya (presente) agrietado (pasado), retirado del mundo, recibiendo sólo raras visitas». Tres formas de referencia, como decíamos, pero también tres niveles del texto fílmico si aceptamos distinguir el montaje (caso n.° 1) de la utilización in situ de la sintaxis de las imágenes (aquí, el fundido-encadenado del caso n.° 2), que tienen cada uno su propio sistema de significación y sus propias reglas de funcionamiento, y que, en el interior de un mismo texto, no desempeñan el mismo papel. Estas formas de referencia, sin embargo, dicen lo mismo, y esto mismo que dicen corresponde a un enunciado del genotexto. Este enunciado se halla desconstruido y redistribuido por los componentes específicos de cada uno de los tres niveles que estructuran a su manera su modelización fenotextual. En el caso de Ciudadano Kane, este enunciado, en la forma esquemática que le es propia, nos repite –como acabamos de ver en estos tres casos– que «lo que va a suceder ya está aquí», concepto que, en el plano de otra categoría textual, la narratividad, está realizado por el sistema de prolepsis y el conjunto de signos premonitorios de lo que será, en última instancia, el destino de Kane (sus fracasos sentimentales y políticos, su falta de visión política al predecir que no habrá guerra…). Lo mismo podría decirse a propósito de los códigos de simbolización elegidos (Torre de Babel, Pigmalión…), en los que están inscritas, en el seno de los proyectos emprendidos, en el momento en que Kane los emprende, las marcas de sus fracasos futuros. ¿Acaso no nos dice la intriga misma, por un efecto de vuelta atrás, que la respuesta a nuestro eventual interrogante y, en cualquier caso, a la cuestión que la película pretende resolver (¿Quién o qué es Rosebud?) estaba ya presente en las primeras secuencias? Sin embargo, donde es más interesante delimitar este punto de coincidencia es en el caso del lenguaje figurativo que interviene en el discurso de las primeras imágenes. Recordemos que la evocación de la muerte de Kane se reconstruye en la perspectiva de un transitus mortis, concretizado por el recurso a una temática del espejo, entendido como el doble lugar poético de la transgresión y de la difracción; esta temática, como explicábamos, constituye el soporte figurativo que informa el texto fílmico generando así una sistemática de la fragmentación. Pero el espejo funciona aquí, contradictoriamente, como símbolo de un umbral que hay que franquear y como superficie reflectora, una especie de tope donde se rompe la linealidad temporal que ya sólo puede desarrollarse hacia atrás y en donde, de esta manera, se confunden pasado y futuro. Así, por vías múltiples, volvemos constantemente a nuestro primer enunciado, que hemos calificado como genotextual. Este genotexto se considerará, a su vez, como producto ideológico. En el caso de Ciudadano Kane será preciso relacionar este primer estado de enunciación («lo que va a suceder ya está aquí») con las teorías sobre la predestinación («lo que debe suceder ya está aquí») de una sociedad puritana.

Para girar a la izquierda — Edmond Cros y las líneas de fuerza de nuestro tiempo: cultura y política, Norte/Sur, una Europa social

IyF: ¿Cómo se inició su interés por la cultura española y latinoamericana?

R: Empecé a descubrir y estudiar el español relativamente tarde o sea después de salir del liceo.,… aunque el primer libro que tuve y que hablaba de España me lo regalaron como premio del fin del año. En aquella época, en efecto, cada colegio (que no se había generalizado todavía el término de liceo; sólo a los colegios de las grandes urbes se les llamaba liceos y yo me crié en una pequeña ciudad), cada colegio pues organizaba una ceremonia oficial en el mayor salón del municipio. Los profesores llevaban su vestido largo, negro, con la escarpela de color distinto, acorde a la disciplina que enseñaban, En el estrado, ellos rodeaban a los notables que supuestamente habían costeado la compra de los libros y que tenían derecho por lo mismo a sentarse junto al alcalde y al director. Entonces empezaba la lectura de los galardones, desde el primer año del bachillerato hasta el último. Los alumnos premiados subían al estrado a recibir los libros que les correspondían. De entre los que me dieron aquel año venía una presentación de las maravillas arquitectónicas de España ricamente encuadernada y la empecé a hojear en cuanto llegué a casa. Era al final de los años cuarenta y España no era todavía un destino turístico sino sólo, a lo mejor, una etapa para los pieds noirs franceses que vivían en Marruecos y cruzaban por España para venir a veranear en Francia. En mi colegio en aquella época no se enseñaba el español. Después del bachillerato casi al final del primer año de la clase preparatoria al concurso de entrada en la Escuela Normal Superior, se me ocurrió estudiar un nuevo idioma extranjero. Empecé con el alemán pero no me gustó el profesor y fui a las clases de principiantes de español. El profesor que daba estas clases era también responsable del recién creado departamento de español en la Universidad de Lyon en donde apenas había una decena de estudiantes especialistas y él estaba reclutando que digamos. Además él era dinámico, excelente hispanista y supo despertar en mí una vocación algo tardía. Pensé que enseñar el español debía ser mucho más atractivo que dedicar toda su vida a la enseñanza del latín y del griego como tenía planeado. Así fue como vine a ser hispanista y, a partir del verano de 1951, fecha de mi primer viaje a España que fue una vuelta a todo el país, regresaba cada año, compartiendo el tiempo entre descubrir sus paisajes y su gente e investigar en el archivo de Simancas o, las más veces, en la Biblioteca Nacional de Madrid. Me especialicé en el Siglo de Oro y, más tarde, me doctoré con una tesis sobre el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. Pero en la universidad de Montpellier el director del departamento me confió las clases que versaban sobre las sociedades y literaturas medievales e hispanoamericanas, lo cual me incitó a crear y organizar, a principios de los años setenta, un departamento específico de estudios hispano-americanos y me llevó a viajar con relativa frecuencia a América latina, a México más especialmente.

IyF: ¿Qué razones han existido para que los estudios sociocríticos hayan desarrollado una posición crítica y política?

R: Primero una postura personal que, supongo yo, orientó mis preferencias bibliográficas hacia una filosofía marxista de la historia. Esta me convenció de que la literatura no se puede estudiar sin tener en cuenta el flujo de la totalidad histórica en el cual está inmersa. Remito al decenio de los años sesenta que fue un período de efervescencia teórica al final del cual empecé a formular mis propias proposiciones, período en el cual sobresalen, en el campo de la lingüística y la crítica literaria, una serie de personalidades científicas comprome-tidas (Althusser, Balibar, Barthes, Chomsky, Foucault, Goldmann etc.) que han influido mucho en mi formación. Se impone una concepción del texto radicalmente nueva que sustituye al criterio de verdad por el de validez. La noción estrecha que se tenía de lo que es el sentido como algo estable y unívoco se cuestiona a partir de las posturas freudiana, lacaniana y marxista. Este decenio está en su apogeo en lo que se llamó “el movimiento de 1968”, en el cual me comprometí personalmente como responsable sindical y que impulsó, entre más efectos, una serie de experiencias pedagógicas de alcances cívicos a veces. Por mi parte organicé fuera del recinto universitario se-minarios semanales de crítica fílmica para los estudiantes de maestría y abiertos a todos. Además, y creo que esto es lo esencial, mis proposiciones teóricas implicaban la necesidad de tratar de sacar a luz los trayectos ideológicos que están en el trasfondo de los textos de ficción y que no somos capaces de entender a primera vista, aunque sí tienen un fuerte impacto a nivel del no-consciente. Y claro que esta perspectiva se podía y se puede aplicar a cualquiera de los discursos periodísticos o políticos que nos abruman diariamente. Así la sociocrítica se les presenta a los estudiantes como una formación capaz de enseñarles cómo liberarse de las enajenaciones ideológicas. Esta dimensión cívica puede explicar el interés que suscitamos en los medios intelectuales y universitarios en América Latina.

IyF: ¿Qué significan para usted palabras como ‘postmodernidad’ y ‘mundialización’?.

R: Para mí, son dos ideologemas que remiten a lo mismo aunque pertenecen a dos contextos semióticos distintos. La propia expresión de postmodernidad indica que su significación depende de lo que precede, o sea de la modernidad. El prefijo post sugiere juntamente un balance, una herencia y una fractura o sea un campo nocional estructurado en torno a la continuidad y la ruptura, lo cual no era el caso de la noción de modernidad ya que ésta describía, o por lo menos parecía describir, una ruptura radical con el pasado. Moderno en efecto no significa nuevo: lo nuevo está destinado a transformarse en viejo y sugiere un movimiento cíclico; lo moderno está esencialmente connotado como ruptura..Además este nuevo valor de la modernidad sólo puede surgir en el contexto de una modernización incompleta. Sólo te puedes sentir moderno cuando aquéllos que te rodean no lo son. En un mundo donde todos fuéramos modernos ya no habría más modernidad. La extrapolación o generalización de esta observación nos permite considerar el período de la modernidad como una modernización incompleta, no compartida, o sea como la coexistencia, a nivel mundial, de unas realidades que surgen de diferentes momentos de la historia. El sentimiento de modernidad corresponde, pues, a la interiorización por el sujeto cultural de los efectos producidos por estas diferencias en el desarrollo económico, que son factores de conflictos más o menos graves. En este sentido, el fin de la modernidad sería el fin del proceso de homogeneización. La expresión de postmodernidad transcribe la inte-riorización por el sujeto cultural de una visión del porvenir que corresponde a este punto final del proceso que conduce hacia una homogeneización socioeconómica y sociocultural total. La forma que digamos negativa de la expresión (“postmodernidad”=”ya no es la modernidad”) se nos presenta como una alusión a un período que no sabemos cómo designar, algo que se presiente… o se oculta y… se revela descaradamente en el otro ideologema que es la palabra “mundialización”. El ideologema “postmodernidad” funciona de esta forma en el discurso social de los últimos treinta años como el prolegómeno de este otro que es el término de “mundialización”. Éste último además está saturando el discurso social actual, desde hace unos diez años mientras que, si no estoy equivocado, se empezó a hablar de la “postmodernidad” a principios de los años setenta. De manera que, para mí, la palabra “mundialización” revela lo que se agazapaba en el trasfondo de la anterior. Estos juegos semánticos son muy elocuentes pero el que “mundialización” se haya sustituido a “postmodernidad” traduce la evolución del proceso, una marcha inexorable hacia la globalización. Sin embargo, aunque se presentan como estre-chamente vinculados entre sí, como todos los sinónimos se insertan en contextos semióticos distintos: “postmodernidad” evoca más bien el plan cultural y además surgió en el campo arquitectural, difundiéndose a partir de éste en toda la intelectualidad norteamericana antes de irrumpir en Europa. “Mundialización” pertenece obviamente al campo económico y connota de manera significativa otros términos que precisamente pone en tela de juicio como “nacionalización”..En este plan, no se puede pasar por alto la amenaza a los servicios sociales nacionales. Podemos imaginar que, a corto o a mediano plazo, ya no quedará en las democracias europeas ninguna empresa nacionalizada. ¿A quién se le podría ocurrir hoy en día nacionalizar una empresa? ¡Hay que privatizar al contrario a todo trance! ”Mundializar” significa primero “privatizar”. La oposición con la cual nos estamos familiarizando entre el concepto de nación y el falaz concepto de mundo me parece mucho más peligrosa de lo que parece a primera vista ya que acompaña el desprestigio que afecta a la esfera de lo político y revela que ya el poder no está más en el estado sino en las fuerzas económicas. El éxito de la mun-dialización pasa por la destrucción de las estructuras estatales, tales como las conocemos por lo menos hasta ahora. Pero estas estructuras estatales, aunque no son satisfactorias, son el producto histórico de luchas sociales y en ciertos campos sociales (salud, enseñanza, servicios públicos…), ya nos damos cuenta de que constituyen, hasta ahora, un dique contra la codicia capitalista.

IyF: ¿ Cómo interpretar la dialéctica Norte/Sur?

R: Precisamente en el contexto que acabo de describir. Norte y Sur no están económicamente en el mismo tiempo histórico y el sistema capitalista saca su dinámica de esta fractura, haciendo producir los bienes industriales en países del Sur donde el precio de la mano de obra es baratísima y transportar después estos bienes a las zonas de consumo, lo cual, además de que tales flujos continuos y nutridos de transportes contribuyen gravemente a la contaminación del planeta, destruye, en el Norte, millares de puestos de trabajo y genera crisis económicas y sociales generalizadas. En contra de lo que a veces se pretende, los que se benefician de estas “deslocalizaciones” no son los trabajadores del Sur cuyos salarios no crecen y que siguen tan explotados como antes, amenazados a su vez al contrario por nuevas des-localizaciones, caso de que se organicen para defender sus derechos. Es que siempre hay una zona más “interesante” para des-localizar. Lo vimos recientemente con el caso de las maquiladoras mexicanas que quedaron afectadas por las condiciones de producción Excep-cionalmente “interesantes” ofrecidas por China. Para contrarrestar ese proceso quizás se tendría que establecer o re-establecer impuestos aduaneros suficientemente altos para que resulte más caro producir fuera que dentro de la zona de consumo. Pero ¿a quién se le va ocurrir esta solución totalmente contraria a la visión del neo-liberalismo? No sé, por mi parte, además, si es posible esta solución y hasta si sería moralmente aceptable; lo único que quiero señalar es la total coincidencia que así se ofrece a la vista entre los intereses del capitalismo y un discurso ideológico que se organiza en torno a una sistema de nociones coherente (mundialización por medio de la demolición de las barreras aduaneras, desprestigio que afecta a los conceptos de nación o de estado etc.). Hay que observar además que si las mercancías circulan libremente a pesar de las consecuencias que dicha libertad provoca, la circulación de los seres humanos entre el Norte y el Sur es cada día más limitada. Que yo sepa, esta separación entre zonas de producción y zonas de consumo es algo nuevo, en la historia de la economía: decía Ford que él fabricaba coches para que sus obreros los comprasen. En efecto ¿por qué fabricar bienes económicos si la gente no los puede comprar? De generalizarse el empobrecimiento de las poblaciones en las zonas de consumo, antes de que se enriqueciesen los consumidores potenciales de los países llamados del “Tercer Mundo”, el capitalismo se encontraría en una situación de contradicción total en donde estaría condenado a desaparecer. Entonces ¿qué perspectivas tenemos a más o menos largo plazo? Claro que es muy preocupante la situación de pobreza y, a veces de extrema pobreza, de los países del Sur pero todos los discursos oficiales o contradiscursos de los “altermondialistas” no me parecen plantear la cuestión de manera clara: para los países del Sur lo único que se puede “esperar”, en las circunstancias actuales, es la constitución, en los países calificados de “emergentes”, de una burguesía artificialmente creada, o sea una burguesía que no haya surgido del proceso histórico interno sino una burguesía creada e “instrumentalizada” por el capitalismo internacional en servicio de sus intereses.. Se trata en realidad de una nueva forma del neo-colonialismo instituido y manipulado por los Estados Unidos en el cual participan los europeos.

IyF: Además de una Europa de mercados ¿es posible una Europa social?

R: Observar el proceso de la construcción de Europa dentro del contexto que acabo de privilegiar puede provocar graves preocupaciones ya que cada estado está abandonando poco a poco los diversos campos en que hasta ahora ejercía su soberanía y cada vez se debilita más como estado. Por otra parte, y de manera correlativa, se va desarrollando una campaña que pone en tela de juicio y que tiende a restringir sus capacidades de intervención como “Estado benefactor”. Notemos de paso que los dos calificativos que se emplean corrientemente hoy de “estado pro-videncial” o “estado bienhechor” ya remiten a un punto de vista crítico ya que tanto el uno como el otro significan que se le otorga al ciudadano - un ciudadano irresponsable y pasivo- algo que no se merece, mientras que, en la segunda mitad del siglo XX, este “estado benefactor” ha sido impuesto por una serie de luchas sociales, ha protegido (aunque mal o de manera no satisfactoria) a la gente humilde y ha funcionado como un dique que se oponía al egoísmo de las clases dirigentes. De manera que asistimos a una delegación de soberanía a otra instancia que es la Comunidad Europea. Lo malo es que esta instancia, de momento, sólo existe como mercado y las coerciones específicas del mercado, con el pretexto de favorecer la competencia económica en la zona europea, lleva a destruir, a más o menos largo plazo, los servicios públicos nacionales subvencionados por “el estado bienhechor” ¿Qué empresa privada va a aceptar llevar el correo o la electricidad a los rincones más retirados de nuestros países ya que esos servicios no son rentables? Estamos construyendo una entidad, socialmente y polí-ticamente vacía, enteramente sometida al neoliberalismo. Mientras no se cambien radicalmente las perspectivas políticas, no podemos imaginar el advenimiento de una Europa social. De momento, hay una contradicción total entre la realidad de lo que es la Comunidad Europea y el concepto de una Europa social. Por eso, antes de que sea tarde, sería urgente elaborar una constitución muy distinta a aquélla que se malogró recientemente o sea elaborar una constitución que sentara las bases necesarias para construir una Europa social, tratando de salvar y mejorar los avances que las luchas sociales han permitido lograr. En este plan, cuando contemplamos el panorama político europeo donde dominan los conservadores, tanto en el parlamento europeo como en los gobiernos de varios paises ¿cómo podría uno ser optimista?.Ni siquiera se ha podido lograr una política fiscal común y sin embargo los impuestos constituyen el mejor instrumento que tenemos para organizar una mínima redistribución de los recursos!

IyF: ¿Cómo ve la realidad española?

R: Me parece haber evolucionado de manera impresionante en los dos últimos decenios o sea desde su incorporación en la Comunidad Europea en 1986 y no como resultado de la política del Partido Popular. Hay que recordar que España fue, y todavía es, con Irlanda y Portugal, una de las principales beneficiarias del reparto de los fondos especiales europeos. Fuera de la tasa de desempleo que es una de las más altas de Europa ( aunque de 1998 a 2001 ha bajado de 18,80% a 13,10%) todos los criterios económicos son positivos ( en 2001, el PNB por habitante había subido a 15.620 dólares y entre 1998 y 2001 las inversiones extranjeras se han duplicado).El nivel de los precios ha subido bastante, aparentemente más rápidamente que los salarios. Creo observar que la concentración urbana se ha acentuado mucho más que en Francia por ejemplo. Lo que me preocupa personalmente, sin embargo, es la evolución política hacia una regresión a cierta forma de un neo-franquismo que coincide en algo con la amenaza que representa Le Pen en Francia o la actual vigencia del partido de Berlusconi en Italia.

IyF: Usted, que conoce extraer-dinariamente bien América desde el Norte al Sur, ¿cree en las posibilidades cognoscitivas y políticas de lo que se ha llamado post-colonialismo movido por el motor de la ideología post-occidentalista?

R: Es evidente que hay una continuidad entre el período del colonialismo y el panorama mundial actual y, desde este punto de vista, el término de “postcolonialismo conviene perfecta-mente. Lo podemos relacionar con el ideologema de “postmodernidad”, ya que históricamente la modernidad corresponde efectivamente a la expansión del colonialismo. En la mayor parte del planeta las identidades “nacionales” son el resultado de una serie de perversiones provocadas por las rivalidades de las potencias coloniales: en 1494, en Tordesillas, los reyes de España y Portugal se reparten las tierras descubiertas y por descubrir mediante una línea imaginaria trazada de polo a polo y así nacen los contornos geográficos de Brasil; Francia e Inglaterra han recortado de manera irracional el continente africano y el mapa actual exhibe las trazas de las guerras del siglo XIX etc. Las más graves crisis internacionales actuales, en Afganistán, en Irak, en Palestina, los problemas de la inmigración, de la “integración”, de las relaciones Norte / Sur… son otros tantos productos, indirectos -y, a veces, directos- del colonialismo. No se pueden abordar fuera de este contexto. Ahora bien ¿de qué horizonte discursivo, y, luego ideológico, surgen estos ideologemas construidos a partir del mismo esquema post? Este prefijo post- transcribe, a primera vista, un vacío, una ausencia de definición; sirve para introducir definiciones negativas [“ya no es el colonialismo” “ya no es el oxiden-talismo”] pero, sin embargo, en estas expresiones, el colonialismo y el occidentalismo siguen funcionando como puntos de referencia, lo cual significa que sus efectos siguen todavía vigentes, como lo acabo de señalar además. Para mí, el vacío semántico que implica post- oculta una realidad que es la realidad del neo-colonialismo. Por otra parte, es difícil decir lo que significa “postoccidentalismo”. Supon-go que se refiere a la necesaria diversidad de los puntos de vista, oponiéndose de esta forma a las metáforas del centro y de la periferia previamente utilizadas. Pero, también en este caso, detrás del ideologema está una realidad muy distinta que es la realidad del unilateralisme norteame-ricano. Habría que considerar, además, el contexto discursivo en que se emplean originariamente las dos expresiones: en efecto el término de “postoccidentalismo” tiene una dimen-sión crítica que, aparentemente, no está en “postcolonialismo” y que plantea el problema fundamental del imperialismo occidental, sugiriendo una organización plurilateral del mundo. Yo veo una contradicción entre las respectivas visiones políticas que sugieren, (ocultación de la realidad en el primer caso, reivindicación geopolítica en el segundo), contradicción usual en la formación discursiva de cualquier época. Pienso que el análisis semiótico de esta serie de ideologemas y de la manera cómo se han sustituido los unos a los otros en los últimos decenios nos puede ayudar a entender mejor el proceso de la evolución histórica y de este punto de vista tienen un valor cognoscitivo.

IyF: ¿y África?

R: La presencia del neocolonialismo es más aparente en África que parece tan dependiente de Europa.

IyF: ¿Qué es ser de izquierda hoy?

R: Le voy a confesar que me siento incómodo a la hora de contestarle porque su pregunta me interpela como individuo y ciudadano. En efecto, implica una postura intelectual y un compromiso personal. Le podría decir que ser de izquierda significa, más que todo, compartir una serie de valores morales como la tolerancia, la justicia, la generosidad etc. pero pienso que tal profesión de fe no es privativa de la llamada izquierda y podría ser compartida por un humanista o una gente auténticamente religiosa, por ejemplo. Ser de izquierda debería implicar estos valores pero las nociones de derecha o de izquierda no atañen, directamente por lo menos, a la esfera de la moral sino a la esfera de la praxis política. Y a nivel de la praxis hay que distinguir, dos izquierdas, una izquierda reformista y una izquierda revolu-cionaria. La primera descarta la noción de lucha de clases, piensa que no se puede ir en contra de las leyes del mercado pero que sí se puede tratar de limitar sus efectos en el campo social. Una mayoría de los militantes de los Partidos Socialistas español y francés, por ejemplo, proceden de esta corriente mientras que una minoría se siente atraída por posturas más radicales, de donde las dificultades que tienen para proteger su cohesión interna, cuanto más que, para llegar al poder, estos partidos tienen que proponer un programa que pueda atraer a los sectores moderados del “centro-izquierda”. Lo malo es que, caso de que hayan llegado al poder, sus objetivos políticos, ya relativamente limitados, se ven contrarrestados por las mismas leyes del mercado que, precisamente, decidieron aceptar y su electorado resulta frustrado y decepcionado. En realidad, en efecto, lo político está sometido a las fuerzas económicas y a la lógica del neo-liberalismo a las que rechaza al contrario la izquierda revolucionaria. Entonces ¿podemos aceptar una izquierda que sea simplemente reformista? Si la propia derecha, en Francia por lo menos, maneja diariamente el concepto de reforma, que hasta ahora era privativo de la izquierda, aplicándolo sin embargo a preocupaciones y objetivos radical-mente distintos. Por otra parte ¿es la izquierda revolucionaria utópica? ¿Es ella la verdadera izquierda? Y, si es pura utopía, ¿cuál es su función objetiva en la praxis política? En efecto, después de la caída del muro de Berlín y de los fracasos de las diversas experiencias comunistas ¿existe una alternativa al capitalismo? ¿Es posible “otro mundo”? Frente a estas contradicciones ¿cuál puede ser mi compromiso o nuestro compromiso personal? La solución, a largo plazo, pasa, a nivel del planeta, por una toma de conciencia colectiva, que tratan de promover los militantes altermundialistas. En un nivel mucho más limitado y de mucho menos alcances, la sociocrítica, por tratar de enseñar a los estudiantes cómo funciona la enajenación ideológica, aspira a participar en este movimiento de emancipación.

Por una semiótica del blanco y de lo vacío

Por una semiótica del blanco

La sociocrítica se interesa más que todo por sacar a luz la manera como lo socioeconómico se incorpora en las estructuras textuales, afirmando sin embargo que esta incorporación no es directa ni automática, ya que cada uno de los dos niveles implicados (la infraestructura y la superestructura) tiene su historia y su ritmo propios. Dicha postura se fundamenta en la noción de formación social definida por Marx como constituida por la coexistencia de varios modos de producción (medieval, precapitalista, capitalista…). Esta noción puede parecer poco adaptada a la evolución de las sociedades modernas cuyos modos de producción tienden a organizarse de manera homogénea pero su interés no deja de ser evidente si consideramos que, en realidad, la especificidad de cada modo de producción remite a un tiempo histórico preciso, de manera que la noción de formación social puede ser re-definida por la co-existencia, en un momento determinado de la historia, de varios tiempos históricos. Debemos considerar sin embargo que estos distintos tiempos históricos están vinculados entre sí, constituyendo por lo tanto un sistema gobernado por la hegemonía de uno de sus elementos, en este caso el tiempo presente. Es este sistema el que genera la formación ideológica correspondiente. No se puede imaginar en efecto que cada uno de los diversos tiempos históricos implicados intervenga directamente en esta formación. La complejidad de este proceso se nos aparece más evidente si recordamos que este segundo sistema (formación ideológica) no se mueve forzosamente al compás del primero, sino con relación con su propia historia. Y lo mismo pasa en cuanto a las relaciones que se establecen entre lo ideológico y el nivel discursivo en que se plasma en última instancia el material socio-económico. Como se habrá observado, el proceso de incorporación de la historia implica unos mecanismos de mediación, de translado, de décrochements, de adaptación. Lo más notable, a primera vista, es que, de todas formas, pasando de un sistema (infraestructural) al segundo (ideológico) y, de éste, al tercero (discursivo), nos hemos movido sucesivamente en el contexto de tres ritmos distintos o sea que hemos cruzado por tres tiempos históricos que sólo parcialmente coinciden.

Ahora bien. Dentro de cada uno de estos tres niveles y entre el uno y el otro debemos imaginar unas series de instancias que se presentan ya sea como perfectamente adaptadas al tiempo hegemónico del presente, o al contrario como atrasadas o avanzadas. Citemos rapidamente algunos ejemplos. En el período postindustrial en que vivimos, el obrero que trabaja en una fábrica de automóbiles no vive exactamente en el tiempo histórico de la informática, en su espacio de trabajo por lo menos, y esta distancia es todavía más evidente y más importante si aludimos al campesino o al artesano. Dentro de un mismo campo de producción existen similares diferencias, por ejemplo entre, por una parte, el obrero que trabaja en una empresa poderosa de construcciones que emplea centenares de trabajadores así como materiales generalmente preconstruidos y, por otra, el abañil que trabaja por su cuenta, solo o bien ayudado por algunos pocos empleados; o entre el que pregona sus mercancías en las calles y el cajero que atiende a los clientes en un supermercado etc. Pero la totalidad histórica no deja nunca de moverse, atraída por la necesidad proclamada por todos los responsables políticos de todos los paises, de fomentar el crecimiento económico, cuyo estancamiento, cuando se produce, o parece estar para producirse, se denuncia como un acontecimiento grave y hasta peligroso para la economía asi afectada. Cuando cuestionamos el mecanismo que gobierna este flujo ininterrumpido de la historia, observamos que es la existencia de estos multiples desfases la que impulsa su dinamismo, en la medida en que las instancias adaptadas al tiempo presente o avanzadas atraen siempre a las instancias atrasadas. El plurisistema ( la totalidad de las tres formaciones) en efecto “se presenta en realidad como un dispositivo de producción que funciona movido por un régimen de desigualdad en el que los desequilibrios generan las mutaciones.” (Louis Althusser). Lo hueco, lo vacío, el desfase, la ausencia, se nos aparecen, por lo tanto, como abalizando un espacio de nociones que vale la pena explorar. El nivel discursivo que es el que nos interesa aquí se articula en efecto sobre esta dinámica y, a partir de este punto de vista, se nos aparece como el producto de una ausencia, lo cual implica que el tejido textual tenga huecos, blancos, lagunas, escorzos y que tengamos que leer los textos aplicándonos a descifrar aquello que están silenciando y no solamente lo que sí expresan. No se me escapa que es un objetivo que segui privilegiando en mis análisis anteriores pero creo que ya podemos sistematizar y teorizar de manera más general y más eficiente estos hipótesis generales, dentro del contexto que estoy elaborando del sujeto cultural.

Volvamos primero precisamente a esta noción. Repetí varias veces que se debía contemplar como un espacio complejo de sedimentaciones, pero quiero hacer énfasis ahora en el hecho de que cada una de estas sedimentaciones implica un tiempo histórico específico a nivel del mismo individuo . Claro que en un momento determinado de su existencia este sujeto pertenece simultáneamente a varios sujetos colectivos pero el proceso por el cual está pasando implica también, por una parte, que estos diversos sujetos, por estar articulados sobre la totalidad social, evolucionan al compas del plurisistema, y, por otra parte,que el mismo sujeto entra a participar en nuevos sujetos colectivos. Hay que añadir que cada modificación de una sedimentación produce una nueva configuración de la totalidad subjetiva. Dentro de la perspectiva que estamos manejando, estas sugerencias implican una serie de blancos que poceden de multiples horizontes. Veamos lo que pasa a un nivel, de momento, puramente superficial. Un recuerdo de la infancia convoca en mi presente un pasado relacionado con determinados sujetos colectivos; un proyecto referido a un viaje o al desarrollo de una carrera futura convoca el porvenir; de tal modo que podemos considerar que el sujeto cultural funciona de manera similar en torno a la presencia simultánea de múltiples tiempos históricos. El ultimo cuestionamiento que nos interesa ahora sería si existe entre ellos un elemento que, como es el caso en el flujo de la totalidad histórica, sería el vector dinamico del sistema. Quizas el concepto del deseo (colectivo o individual) sea el elemento más apto a operar como puente y articulación entre el nivel de la totalidad histórica y el nivel del sujeto cultural propiamente dicho. En efecto, se puede considerar que la fuerza atractiva de una instancia avanzada depende directamente del deseo manipulado o espontáneo, consciente o no-conscientemente compartido, por los individuos de una colectividad que se mueve en una instancia retrasada y anhela superar sus condiciones socioeconómicas actuales y, como tales, frustrantes. El deseo, orientado hacia el pasado o hacia el porvenir, es también lo que no deja de gobernar la vivencia cotidiana a lo largo de la existencia. Pero el deseo es el índice de una ausencia, de una carencia, de un blanco: no se puede desear algo que se tiene; solo deseo algo que no tengo. Esta observación se aplica a cualquier sujeto colectivo cuyo discurso, contemplado como práctica social específica, expresa, a nivel del no-consciente, el conjunto de sus frustraciones y de sus aspiraciones. De manera que la competencia discursiva del sujeto cultural que tengo definida como un mosaico de prácticas discursivas específicas ( o sociolectos) presenta un panorama exactamente similar al panorama que se nos ofrece cuando contemplamos el flujo de la totalidad histórica, o sea un panorama hecho con múltiples instancias interiorizadas separadas por blancos, los cuales remiten, por medio de las multiples representaciones del deseo, a una multiplicidad de carencias que podemos asimilar a otras tantas ausencias.

Pero la noción de sujeto cultural se nos presenta con dos dimensiones imbricadas la una en la otra. La primera se nos ofrece a la vista con tal que nos distanciemos de ella y se nos acerquemos a ella con un punto de vista crítica. De ésta acabamos de hablar. La otra es la cara oculta que nos remite al sujeto del inconsciente. Esta ultima noción se debe explicitar ya que muchas veces se la maneja de manera errónea. Jacques Lacan llama sujeto del inconsciente a una estructura organizada en torno a una cadena de significantes almacenados y vinculados entre sí por una relación de metonimia;.Estos significantes ya construidos (pasado) o por construir (futuro) repiten siempre un mensaje idéntico a pesar de su aparente diversidad o heterogeneidad. Cada uno remite a un momento distinto de la vida del individuo y por lo tanto se articula, digo yo, con la totalidad histórica. Esta cadena delega constantemente al margen del sistema uno de sus elementos que, de esta forma, funciona provisionalmente como su representante metafórico. El proceso opera como una especie de noria perpetua pero se notará que su dinamismo procede esencialmente del vacío dejado por el significante así delegado. Este significante así delegado es el síntoma que, procediendo del pasado del sujeto, surge en su presente y que podemos observar en su comportamiento, en su discurso o en el tejido textual. Este síntoma expresa un malestar que interpela al sujeto y que éste expresa con palabras o metáforas inesperadas en el contexto en que se producen; este malestar se manifiesta pues en el discurso bajo la forma de una desaveniencia o discordancia, fuera de cualquier intencionalidad o toma de conciencia. ¿Qué tipo de relacion podemos establecer entre el impacto del blanco en los niveles que estudiamos antes (totalidad historica y cara externa del sujeto cultural) y el mecanismo que gobierna el funcionamiento del sujeto del inconsciente?

Antes de tratar de contestar, no podemos dejar de mencionar la importancia que tiene el deseo o sea el concepto de carencia en las posturas freudiana o lacaniana, como elemento-clave de la argumentación. Recordemos que para Lacan el deseo corre a lo largo de la cadena de los significantes, desplazado y postergado del uno al otro y reactivado por la imposibilidad de quedarse satisfecho. Las observaciones hechas a principios de esta exposición nos llaman la atención sobre la presencia constante del vacío en la postura psicoanalítica, más especialmente en la fase básica que es el surgimiento del inconsciente, cuando, con el acceso al nivel simbólico, el signo se sustituye a lo vivido cuya realidad desaparece, se desvanece en la red semiótico-ideológica del sujeto cultural, quedandose el sujeto “verdadero” enajenado, ausente de sí mismo. En la medida en que nos hemos adherido a las tesis lacanianas para definir lo que ahora llamo “la cara oscura” del sujeto cultural” éste es un dato que no podemos descartar de nuestro cuestionamiento. La totalidad historica (expresion que hasta ahora, utilicé excluyendo al sujeto por motivos obviamente pedagogicos pero que en realidad lo incluye) saca pues su dinamismo en todos los niveles ya sea de la presencia de un desfase, el cual implica un hueco entre los elementos implicados- hueco que la fuerza atractiva va a llenar - ya sea, directamente, de la presencia de un silencio o de una carencia Estos huecos o estas carencias repercuten en el tejido textual bajo la forma de deconstrucciones, de rupturas discursivas, de desavenencias semióticas, de escorzos que pueden convocar tanto, directamente, el proceso del flujo de la historia como, dentro de este proceso, las problemáticas específicas del sujeto cultural.

Sociopsicoanalisis y sociocrítica por Annie Busssiere

Este artículo relaciona los estudios por Edmond Cros de un pasaje de Guzmán de Alfarache y del Periquillo sarniento con la tesis de Gérard Mendel presentada en la Révolte contre le père (1968) y Crise des générations (1969), examinando la variaciones que afectan la relación estructural de las figuras respectivas del padre y de la madre con arreglo a las circunstancias históricas. La pareja madre/padre constituye, en efecto para Annie Bussière una unidad semiótica insecable. Este enfoque permite observar que el ocaso de la figura del padre, que no se vislumbra en Guzmán de Alfarache, sí se vislumbra en la novela de Lizardi con la evocación del liberalismo que promueve la individualidad a expensas de los enlaces familiales y el desarrollo de la tecnología.

Sociopsicoanálisis y sociocrítica : Gérard Mendel y Edmond Cros

Se trata en este artículo de comparar las posturas teóricas de Gerard Mendel y de Edmond Cros que se refieren al socioanálisis del inconsciente, y de señalar que el impacto de la Historia sobre el sujeto del inconsciente se nos aparece en las variaciones que afectan la relación estructural de las imagos respectivas de los padres en relación con las circunstancias históricas. A partir de una doble crítica de las teorías de Freud y de Marcuse, Gerard Mendel pretende articular un núcleo genético antropomórfico, que se libre a la vez de la esfera biológico-animal y de la esfera sociohistórica apoyandándose esencialmente en la base freudiana modificada sin embargo por un anclaje socio-histórico. El sujeto cultural de Edmond Cros es un espacio intra-psíquico de tres dimensiones que en realidad operan juntas : el consciente, el no consciente y el inconsciente. No existe la consciencia clara como tal ya que no puede librarse de las influncias conjugadas del inconsciente y del no consciente. Tampoco el inconsciente y el no consciente son entidades distintas por estar estrechamente imbricados el uno en el otro. ( es de notar que la expresion de sujeto cultural designa juntamente el conjunto de las tres instancias y el sujeto del no consciente). En cuanto adviene el sujeto en el mismo momento en que tiene acceso a lo simbólico, no deja de construirse y rectificar sus contornos, asimilando en palabras de Edmond Cros, «datos semiotico-ideológicos variados, heterogéneos y contradictorios encontrados en las diferentes prácticas e instituciones que atraviesa. La Historia se graba, por lo tanto, en la substancia del sujeto, en el seno mismo de las estructuras del sujeto del inconsciente. » Edmond Cros observa el funcionamiento del sujeto cultural en los productos culturales y más especialmente en los textos cilturales. Remito a sus análisis por una parte de un pasaje de Guzmán de Alfarache y por otra parte de El Periquillo Sarniento sugiriendo una perspectiva diferente de la suya en cuanto quisiera yo cuestionar las imágenes respectivas de la madre y del padre que en dichos textos se pueden observar sacando a luz la manera cómo el discurso del inconsciente integra datos semiótico-ideológicos. El texto de Mateo Alemán deconstruye el mito de la Edad de Oro cuyas anteriores expresiones se han organizado en torno a dos modelos distintos y contradictorios. En el primero de estos modelos, se alaba la propiedad colectiva y la generosidad de la Tierra, que todo se lo da al hombre sin que éste tenga que granjeárselo por su trabajo. El secundo exalta las faenas agrícolas y la necesidad del trabajo para ganarse la vida. Los dos modelos descartan la actividad del comercio y la aventura marítima. Cros observa el proceso de deconstrucción del modelo en la misma materia discursiva del texto contemplado. Éste en efecto haca la apología del comercio y de la ganadería a expensas de la industria y de la ganadería : descarta la evocación tradicional de los donativos de la Tierra (miel, frutas silvestres) en provecho de los metales preciosos (« piedras de precio, oro plata y otros metales.») y por medio de una como censura hace desaparecer una parte importante de la realidad económica afirmando que « (la Tierra) nos da telas ». Es de notar tal ocultación en cuanto hace caso omiso del proceso de transformación material y de la actividad de un campo de producción que, en la época, es de una importancia esencial., precipitando en el nivel de lo no-dicho la industria y la agricultura, o sea la parte céntrica del mito original, cualquier que sea el modelo anterior. Observamos de esta forma la articulación de unos intereses socio-económicos que impulsa el mecanismo de la represión : el discurso dominante de un sujeto transindividual abogando por el fomento del comercio y de la ganadería, discurso que podemos considerar como privativo del capitalismo mercantil, hace callar el discurso de otro sujeto transindividual que podría ser el medio ambiente de los reformistas, prefisiocratas, los cuales denuncian el estado pésimo del campo castillano debido precisamente a la ganadería y a los privilegios concedidos por la corona a la poderosa corporación de la Mesta. (La industria textil por su parte está afectada por la exportación a Flandes. de la mejor lana, la de los merinos ). Pero Mateo Alemán pertenece o ha pertenecido a los dos sujetos transindividuales : al primero por su ascendencia familial (por el lado de su madre) y por sus propias actividades y al segundo por su compromiso social (Véase su relación con el arbitrista Pérez de Herrera, padre de la reforma de la beneficencia en España). De manera que esta contradicción discursiva es una contradiccion interiorizada por y en un mismo sujeto cultural, lo cual impulsa un conflicto psíquico o sea un auténtico proceso de represión que justifica la perspectiva que estoy proponiendo, cuanto más que Cros nota que el discurso reprimido (de los reformistas) reaparece en el mismo texto a nivel del inconsciente. Si, en efecto, el mito de la Edad de oro convoca originalmente el pasado, en el texto de Alemán el mito resulta totalmente vuelto al revés ya que exalta la aventura marítima silenciando las faenas agrícolas o la cosecha de las frutas silvestres. Descartada pues del primer término en el texto de Mateo Alemán, la nostalgia del pasado vuelve a surgir en otra parte , o sea en una evocación de la muerte y del deseo de regreso al regazo da la tierra : (« Últimamente, ya después de fallecidos y hediondos, cuando no hay mujer, padre, hijo, pariente ni amigo que quiera sufrirnos y todos nos despiden, huyendo de nosotros, entonces nos ampara, recogiéndonos dentro de su propio vientre donde nos guarda en fiel depósito para volvernos a dar en vida nueva y eterna. ») El tema del regreso al regazo materno señala el trabajo mortífero de la pulsión de muerte mientras que la expresión de « nos guarda en fiel depósito » que atañe al discurso jurídico del universo mercantil denuncia al sujeto transindividual correspondiente. Para expresarse el sujeto del inconsciente se plasma pues en el discurso mercantil. Resulta además que es el sema de la contradicción el que estructura juntamente el discurso del sujeto del inconsciente y el del sujeto cultural.Ya sabemos en efecto que la noción de conflicto psíquico que opera en la oposición entre la pulsión de muerte y la pulsión de vida rige el inconsciente freudiano. El discurso mercantil resulta por lo mismo asociado a la pulsión de vida por medio de la evocacción de la aventura marítima y el discurso reformador a la pulsión de muerte por medio de la regresión al regazo materno. Quisiera, en cuanto a mí, hacer hincapie en la coexistencia contradictoria en el seno del sujeto cultural de las imagos de la madre y del padre. Observo en el particular una presencia importante de la imago materna que ocupa casi la totalidad del espacio y que, de conformidad con el concepto de ambivalencia, se difracta asociada ya a la aventura marítima y por lo tanto al comercio y a la ganadería, ya a la nostalgia de la Tierra y al regreso al estado fetal. Peroo la aventura marítima supone un proceso dinámico conforme con la fase prefálica de emancipación del niño con arreglo a su madre. Ya interesado por el mundo exterior, éste está ansioso por actuar ; es la época del fort/da en la cual aprende a dominar sus afectos con arreglo a la presencia o la ausencia de la madre ; ya no sigue dominado por ella sino que él la domina a ella. Al contrario, el regreso al estado fetal en el seno de la Tierra/madre denuncia un fracaso en el desarrollo psíquico del sujeto ; remite a la fase arcáica del desarrollo psíquico en la que el niño considera a su madre ya como la que satisface todas sus necesidades, ya como la gran frustratoria que le inspira angustia y agresividad. Esta relación de fusión que perdura resulta mortífera ya que prohibe el acceso al estatuto de sujeto autónomo.. Lo notable en este caso es que está realizado en el sujeto del inconsciente el elemento morfogenético Actividad/pasividad que opera en el sujeto cultural. Frente a esta imago materna sobredeterminada no podemos dejar de preguntar ¿ Pero dónde está el padre ? Sólo puede estar en el espacio de lo no-dicho, asociado al discurso reprimido prefisiocrata que aboga por la agricultura y la industria perceptible en la brecha abierta en la trama del texto. En este proceso se me aparece la transcripción del discurso mercantil dominante que descarta el valor del trabajo y del esfuerzo desvalorizando por lo mismo la imagen del Padre-social en provecho de la Madre –Naturaleza. El Periquillo Sarniento nos permite apreciar la distancia que hay entre dos sujetos culturales : el primero que es el producto de la sociedad castellana del Siglo de oro, el otro a principios del siglo XIX, como producto de una sociedad mexicana colonial. Nos permite también observar la intricación, en el mismo seno de la estructura genética, de las dos dimensiones del inconsciente y del no consciente. De sintetizar brevemente en el análisis de Cros lo que me interesa en mi propia perspectiva, he de recordar que, para él, el texto de Fernández de Lizardi es esencialmente un testamento dirigido por un padre a su hijo en el que vienen expresados :

  • Unas concepciones económicas determinadas y la transcripción crítica de la situación colonial;
  • una estructura testamentaria ;
  • el tema problemático de las identificaciones a las imagos de los padres. El texto evoca un circuito económico de tipo colonial entre una colonia y su metrópoli (en este caso entre México y España).Denuncia la ilusión que provoca la abundancia de las riquezas naturales, especialmente de las minas de plata y oro, y aboga por un futuro de independencia económica con arreglo a la metrópoli que sólo se puede conseguir merced a la industria y al trabajo. Frente a la estructura colonial que mantiene al pueblo en la pasividad afirma que las colonias deben asumir su destino adquiriendo los instrumentos de la autonomía y de la acción. Edmond Cros relaciona la oposición conceptual Conquista del acto. Pasividad con la oposición Adquisición/Transmisión que opera en la crítica por El Periqillo sarniento del modelo hegemónico testamentario. Se trata para él de dos realizaciones de un mismo genotexto. El Periquillo en efecto propone un nuevo modelo de la práctica testamentaria que aprecia el valor del ser humano con arreglo a sus cualidades propias, sus méritos y su trabajo. Es la figura céntrica del Padre la que cuestiona la noción de herencia, de tal modo que el conflicto histórico socioeconómico y político se proyecta sobre el conflicto entre las dos figuras de los padres. El padre hace una severa crítica del comportamiento de la madre que satisface todos los deseos del niño sin pedirle nada de retorno mientras que debería fomentar sus capacidades para el trabajo y el esfuerzo para que él pueda granjearse su autonomía : « Ay ! Lágrimas de mi madre, vertidas por su culpa y por la mía. Si, a los principios, si en mi infancia, si cuando yo no era dueño de los resabios de mis pasiones, me hubiera corregido los primeros ímpetus de ellas, y no me hubiera lisonjeado con sus mimos, consentimientos y cariños, seguramente yo me hubiera acostumbrado a obedecerla y respetarla. » ( (Lizardi :115, apud Cros). Cros recurre en este punto al sociopsicoanálisis de Gérard Mendel para sacar a luz la interiorización por el narrador de las imagos de los padres y señalar la ambivalencia de la imago materna. Ésta en efecto fluctúa entre la Madre Buena que satisface todos los deseos y la Madre Mala toda poderosa que ahoga los esfuerzos del niño por lograr su autonomía.. Frente a la actitud arbitraria de la Madre arcáica, la función mediadora del padre fuerte, libre, benévolo que encarna el ideal del Yo es la única capaz de libertar al niño del dominio de la madre : « Sin embargo rara vez deja de servir de cierto freno la presencia del padre, pero, si éste muere , todo se acaba de perder. Roto el único dique que había, aunque débil se sale de caja el río de las pasiones… » (Lizardi :265, apud Cros). Cros asimila las minas de oro y plata de las Indias, en el espacio ideológico del texto a unos símbolos del poder de la Madre-Nturaleza y luego a unos instrumentos de dominación cuya herencia, por ser fuente de enajenación, es conveniente descartar con ayuda de la mediación del padre. Ésta es el producto terminal de una evolución transmitida por las Instituciones socioculturales por las cuales transitan los ideales liberales a principios del siglo XIX y las condiciones del desarrollo de la ciencia y de la tecnología. Me parece pertinente prolongar la lectura que hace Cros de los dos textos relacionándolos para sacar a luz la manera cómo las imagos respectivas de los padres, entonadas con las circunstancias socioeconómicas y políticas, se nos aparecen como realizaciones del elemento morfogenético Actividad/Pasividad, poniendo de relieve por lo mismo la articulación del sujeto del inconsciente con la Historia. En Guzmán de Alfarache la alabanza del comercio y de la ganadería transcribe el conflicto de interés entre el sector mercantil dominante y el sector prefisiocrata de los reformadores. El discurso dominante está asociado con la figura de la Madre-Naturaleza-Todo-Poderosa encarnada en las riquezas de las minas que afluyen desde América y reprime en lo no-dicho del texto la imagen del padre productor de las riquezas agrícolas e industriales. Por el contrario en El Periquillo sarniento se invierte toda la situacón de dominación. El elogio a la autonomía de la colonia con arreglo a la metrópoli transcribe el conflicto de interés que opera en los planes económico y político. Se trata de un discurso liberal que concierne el capitalismo industrial.. La figura céntrica es el padre y viene valorizada como ideal del yo mientras que la figura de la madre aociada a la metrópoli que engulle pasivamente las riquezas procedentes de las colonias está descartada como contra-modelo que corresponde con la Madre arcáica. En Le Conflit des générations (Mendel :1968) los análisis de Mendel conciernen el siglo XX (Véase supra) ; estriban en la idea de que el Poder de la Tecnología se identifica con la imago de la Madre arcáica, señalando por lo mismo el ocaso de la figura del padre. El sistema económico que le corresponde excluye en efecto todos los valores y más especialmente los valores del esfuerzo y del trabajo. Lo que impera hoy en día, es lo virtual improductivo del mercado y de la especulación desconectado de la realidad material, otras tantas características del capitalismo financiero. A partir de esta aserción hemos de regresar a la lectura « cruzada » de los dos textos contemplados ya que tenemos de esta forma tres puntos históricos de referencia que permiten trazar un proceso de evolución referente a las imagos de los padress y entonada con lo socioeconómico.

Digamos para concluir que :

  • la pareja padre-madre constituye una unidad semiótica insecable : aunque no viene mencionado en Guzmán de Alfarache, el padre sí está presente y las modalidades de la representación que lo conciernen ( en el espacio reprimido) constituyen el elemento dinámico del conflicto psíquico, luego de la morfogénesis.
  • Su ausencia del discurso expresado y su presencia correlativa en el discurso rechazado perceptible en el transfondo de la brecha de la trama textual reorganiza en torno a él una serie de evocaciones de las cuales participa él, luego, constitutivamente. En el discurso rechazado, la figura del padre, los campos de producción respectivos de la industria y de la agricultura así como el segundo modelo del mito (que consiste en granjearse por su trabajo los bienes de la tierra) comparten sigificativamente el mismo estatuto.
  • Este proceso implica que la figura del padre es suficientemente fuerte como para reconstituir su universo en el espacio sumergido del texto y actuar como la fuerza céntrica que provoca, por su resistencia el conflicto psíquico.
  • El Periquillo sarniento conforta la lectura que hago yo de este texto de Guzmán de Alfarache. En él en efecto está explicitamente descrito el proceso que estructura las representaciones de las dos imagos , obligatoriamente imbricadas la una en la otra. Es como la última pieza de un rompecabezas que confiere su significión al conjunto del entablado. En la evocación de la imago del padre sin embargo se barrunta el esbozo de un movimiento de decadencia que anuncia las alteraciones que la van a afectar a lo largo del sigloXX. Es interesante, desde este punto de vista, la crítica de la práctica testamentaria en El Periquillo sarniento tal como la analiza Cros. En efecto, poner esta práctica en tela de juicio lleva lógicamante a imaginar o a desear su abolición. El rechazo de la herencia y de la heredad implica la desconexión del sujeto de su anclaje familial y, más especialmente, su separación simbólica del padre, en provecho de la reivindicación de su individualidad, lo cual corresponde a la postura ideológica del liberalismo. La alteración correspondiente de la imago del Padre se vislumbra además en la manera cómo este padre, que se describe a sí mismo como un dique levantado contra las pasiones del hijo, llega a confesar que no ha podido librarse completamente de su mujer, una mujer presentada en otros pasajes del relato como el paradigma de la Madre arcáica : « Muy bueno y muy justo es que los hombres amen a sus mujeres y que les den gusto en todo cuanto no se oponga a la razón ; pero no que las contemplen tanto que por no disgustarlas, atropellen con la justicia, exponiéndose ellos y exponiendo a sus hijos a recoger los frutos de su imprudente cariño, como me sucedió a mí. » ( Lizardi 116, apud Cros ; el subrayado es de mí)
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  • Queda entonces por remitir a la relación que puede existir entre el desvanecimiento progresivo de esta imago y el desarrollo de la tecnología responsable en palabras de Gerard Mendel de esta evolución.

Referencias Bibliográficas

CROS, E. (1990) De l’engendrement des formes, Montpellier, C.E.R.S. CROS, E. (1995) Le sujet culturel.Sociocritique et psychanalyse, Montpellier, C.E.R.S. MENDEL, G., (1968) La révolte contre le père. Une introduction à la sociopsychanalyse, Paris, Payot MENDEL , G (1969) La crise des générations.Etude sociopsychanalytique,, Paris, Éditions Payot. MENDEL, G.,(1992) La société n’est pas une famille.De la psychanalyse à la sociopsychanalyse, Paris, Éditions La Découverte. MENDEL, G. (1988, 3e édition)., La psychanalyse revisitée, Paris, Éditions La Découverte.