El Todo y las Partes - El texto como sistema complejo De la estructura binaria a la morfogénesis

, por Edmond Cros

Edmond Cros aborda, en tres apartados, dos nociones hasta ahora implícitas pero sí céntricas en su proceso epistemológico : las nociones de totalidad y de sistema. – 1 : La parte está en el Todo pero cuando ésta se articula con el Todo cobra un nuevo significado como se nota en el incipit del Lazarillo de Tormes que analiza E. Cros. - 2 : - El todo está en la parte lo cual nos remite a la problemática de la genética textual entendida como morfogénesis. – 3 : Considerado como un sistema, el Todo empieza a existir y a operar como Todo en cuanto se pone a funcionar la red semiótica que está construyendo y no deja de reorganizarse según y conforme va integrando nuevos elementos

XXV°Congreso del Instituto Internacional de Sociocrítica, Granada ( 29 de abril/1° de marzo 2016
Conferencia de apertura por Edmond Cros

El Todo y las Partes - El texto como sistema complejo

Al cabo de tantos años de investigaciones a veces empíricas ya tenemos que volver para atrás y examinar las opciones epistemológicas que abalizan el campo de la teoría y nos han permitido edificar la sociocrítica tal como es.
Nuestra finalidad es muy sencilla : se trata de sacar a luz y explicar los procesos que operan en la transcripción por las estructuras textuales de las estructuras socio históricas y socio discursivas del contexto . Para cumplir con este proyecto la sociocrítica se vale de un aparato crítico organizado en torno a algunas nociones que nos remiten a ciertas posturas intelectuales e ideológicas que afectan las definiciones respectivas del sujeto y del texto y proceden de dos epístemes, el psicoanálisis y el materialismo histórico. Algunas de dichas nociones se nos presentan como categorías imprescindibles ; aunque hasta ahora no las haya comentado yo explícitamente constituyen la armazón de nuestro acercamiento teórico. Tal es el caso de las nociones de totalidad y de sistema.

  • La noción de totalidad es céntrica para el materialismo histórico, como ya lo afirmaba Georg Lukács según Lucien Goldmann : « No es la predominancia de los motivos económicos en la explicación de la historia lo que distingue de manera decisiva al marxismo de la ciencia burguesa, es el punto de vista de la totalidad. » Quisiera comentar rápidamente este punto de vista que es uno de los fundamentos imprescindibles de la sociocrítica.
    Se ha de señalar primero que el Todo no es la sencilla adición de todas las partes. Como ya lo sentó Aristóteles, la totalidad es algo más que la adición de las partes, afirmación que se completa con el principio siguiente : si la parte está en el todo, el todo está en la parte.
    La parte está en el todo pero con dos formulaciones distintas. Por una parte, sigue siendo lo que era antes de que se integre en la totalidad pero, por otra parte, en el mismo momento en que se integra en la materia semiótica de esta totalidad que la solicita, sufre las consecuencias de este impacto. Ya no puede, con este contacto, seguir siendo lo que era hasta ahora y de este contacto surge una nueva significación, a la cual Edgar Morin calificaría de « calidad emergente » por ser el producto de la organización de un todo capaz de retro impactar las partes. Para ejemplificar este proceso veamos lo que pasa con el incipit del Lazarillo de Tormes.
    Muchas veces se hace caso omiso de las primeras líneas del relato que evocan la vida del lazarillo antes de que empiece su vagabundeo con el ciego. Sin embargo es de notar que es el único momento en que se evoca el mundo del trabajo (fuera de algunas alusiones hechas como de paso) : su padre es molinero , su madre ya viuda « guisa de comer a ciertos estudiantes y lava[ba] la ropa a ciertos mozos de caballos del comendador de la Magdalena »; muerto el padre, el esclavo negro amante de la madre cuida de la caballeriza . Sin embargo, a pesar de que trabajan, tienen que robar para criar a sus hijos : (« …cuando otra cosa no tenía, las bestias desherraba y con todo esto acudía a mi madre para criar a mi hermanico… »). Perseguido por la justicia terminan desterrados o castigados de manera feroz « Al triste de mi padrastro azotaron y pringaron y a mi madre pusieron pena por justicia, sobre el acostumbrado centenario que en casa del sobredicho comendador no entrase ni al lastimado Zaide en la suya acogiese… ». Los tres personajes pasan por el mismo recorrido : el trabajo los lleva a la delincuencia y de allí a la represión. En contra de lo que afirma el dicho que ensalza el valor moral del trabajo y condena al ocio no es el ocio lo que lleva a la delincuencia sino su contrario, el trabajo. Por ser el incipit, este pasaje cobra un significado especial : se nos presenta como un punto de referencia presente en adelante en todo el tratado primero. Y este punto de referencia condena de cierta forma el trabajo. Destacado del contexto, contemplado de por sí antes de que forme parte de la totalidad textual, este discurso es subversivo por dar una versión negativa del trabajo. Sin embargo se da el caso que precede un relato que viene dedicado a la problemática de la mendicidad. Luego la noción de trabajo se articula juntamente por una parte con el ocio, (trabajo vs ocio) y por otra parte con la mendicidad ( trabajar vs pordiosear). El trabajo viene enfocado de manera interesante como una falsa solución, incapaz de solucionar el problema de la miseria social. Para sobrevivir pordiosear es el solo recurso que a los pobres les queda. La inserción de la problemática tradicional del trabajo en el contexto que se está construyendo convoca un nuevo significado que se refiere al estatuto de la mendicidad. Ésta se presenta como una alternativa positiva del trabajo. La articulación de las dos estructuras convoca una problemática en la que se plasma una totalidad, o sea la polémica que atañe a la concepción católica de la caridad cuestionada a principios del siglo XVI por la Reforma protestante. Recuerdo brevement lo que está en disputa. La incipiente burguesía del Norte de Europa necesita mano de obra para llevar a cabo sus proyectos de fomento y esta presión económica explica el cuestionamiento de la beneficencia. Se trata en efecto de poner a trabajar a la importante población que vagabundea y sólo vive de la mendicidad, lo cual acarrea una nueva concepción de la limosna. Hasta ahora, para la mentalidad católica, dar al pobre es prestar al Cristo pero los protestantes observan que, solicitando la caridad, el pobre apto para trabajar, compromete su propia salvación. El católico que da una limosna a un pobre que no se la merece sí se salva pero perjudica al pobre que se la ha pedido y la recibe. Con tal criterio los reforrmadores abogan por la generalización de un « pasaporte de pobre » que han de llevar en el pecho los llamados « pobres legítimos » y que les confiere el derecho de pordiosear. El mendigo ya no es una imagen crística sino que puede tomar en ciertos casos apariencias satánicas ya que casi todos pueden trabajar incluso el ciego. Se nota pues cómo se articulan las nociones de trabajo y de beneficencia en el discurso social del siglo XVI más epecialmente a mediados y al final del siglo. Y las trazas de esta polémica en el texto del anónimo. (Véase Cros, « Le folklore dans le Lazarillo de Tormes » in Cros/Gómez Moriana, Lecture idéologique du Lazarillo de Tormes, Montpellier, Co-textes n°8, 1984, pp. 1-20.)
    El todo está en la parte : tal es la hipótesis general de la noción de morfogénesis textual. Suelo decir que, en cuanto un texto empieza a construirse, construye sus regularidades, sus leyes de repetición, de las cuales surge un microsistema intratextual que programa el futuro del texto e impulsa la dinámica de la escritura. A lo largo de mis años de investigaciones propuse a partir de estos criterios una serie de estudios de textos de unas treinta líneas cada uno. Se trataba las más veces de un incipit, lo cual permitía sortear el problema de la objetividad de la selección. En otras circunstancias, los mismos estudiantes de doctorado habían seleccionado el texto que estudiar. En cada caso logré sacar a luz las modalidades de la transcripción por el texto de los datos del contexto y explicar su proceso genético. Para que mi presentación resulte más clara en lo que viene a continuación remito a los esudios que publiqué sobre el Guzmán de Alfarache y el Buscón.
    Estas modalidades se organizan todas en torno a un principio dialógico que maneja dos nociones contradictorias (dar vs intercambiar en Guzmán de Alfarache ; ocultar vs denunciar en El Buscón). En cada caso estas estructuras binarias se dan también en el contexto discursivo, más especialmente en los discursos contradictorios intercambiados con ocasión de ciertas polémicas que surgen en Castilla al final del siglo XVI (De auxiliis gratiae, Del Socorro de los pobres…). El análisis de estos discursos me ha permitido identificar los sujetos colectivos implicados en los dos textos (la artistocracia segoviana, los hacedores de paño, el capitalismo mercantil, los arbitristas) y precisar las modalidades del enfrentamiento de los intereses económicos y políticos de los diferentes agentes sociales. Recuerdo que en el caso de El Buscón la structura binaria procede del enfrentamiento de dos prácticas sociales, la práctica carnavalesca que invierte las representaciones del mundo y lo enmascara todo por una parte y por otra parte la inquisición que restablece el orden inicial y enderecha las aparencias. Este antagonismo transcribe el estado de la evolución, tal como éste se puede obervar en los primeros decenios del siglo XVII, del lento proceso histórico que terminará con la toma del poder por la burguesía. Cuando desplegamos, desmontamos, de esta forma, la arquitectura binaria vemos cómo la parte encierra el todo que es el texto y, con él, el todo histórico.
    Queda por aclarar una dificultad. En mi análisis del texto de Guzmán de Alfarache por ejemplo saqué a luz la dominación de un sujeto colectivo y en el trasfondo textual la presencia, aunque menos activa, de algunos más. Se me podría argumentar pues que hice caso omiso de unos amplios aspectos de la realidad histórica y de un número difícil de precisar de sujetos colectivos susceptibles de expresarse. Esta observación me da la oportunidad de comentar un aspecto importante del funcionamiento del sujeto cultural cuando lo contemplamos como un Todo.
    El sujeto cultural implica una serie de sujetos colectivos, serie que ya de por sí es un Todo constituido como un sistema que no se puede reducir a la sencilla adición de dichos sujetos. Sin lugar a duda, sin embargo, este sujeto cultural convoca a unos sujetos colectivos muy diversos, lo cual supone una gran variedad de visiones del mundo . Luego el sistema correspondiente comprende zonas de contradicciones que proceden de la manera como han sido interiorizadas las visiones del mundo respectivas de los sujetos colectivos implicados a lo largo de una existencia. Estas contradiccciones producen efectos que borran , pervierten y cuestionan el impacto inicial que hubiera provocado la interiorización de cada una de estas visiones del mundo si no hubiera chocado contra una vision diferente o hasta contradictoria ya presente en el todo ya constituido. En esta nueva configuración surgen nuevos significados que son los productos de las confrontaciones respectivas. Por lo tanto el Todo es algo más que la adición de las partes.
    De contemplar aquel Todo como un conjunto estático, estabilizado de manera provisional, el espacio semiótico correspondiente se nos presentaría como un espacio caótico con zonas de contradicciones y desprovisto de cualquier jerarquía. Esta contradicciones proceden de que en aquel espacio coexisten discursos específicos que remiten a unos agentes sociales cuyos intereses no coinciden forzosamente. Este espacio encierra el material semiótico destinado a ser utilizado en cuanto se exprese el sujeto. Pero para que el sujeto hable se ha de imponerse una jerarquía que organice el espacio semiótico en torno al discurso de un sujeto colectivo. Esta dominación, siempre provisional, puede ser compartida sin embargo y en este caso otras voces colectivas pueden ser oídas, articuladas con la voz dominante, creándose de esta forma un sistema más complejo. Sin esta reorganización del espacio semiótico en torno al discurso de un sujeto transindividual determinado no puede expresarse ninguna palabra coherente. En el caso del Guzmán de Alfarache por ejemplo más allá del discurso del capitalismo mercantil, y derivado de él, se oye un doble discurso juntamente abierto hacia el porvenir y atraido por la nostalgia. Otras estructuras binarias pueden ser formuladas (en el Lazarillo de Tormes : Misericordia vs justicia ; Yo vs él ; Caridad vs crueldad …) pero las estructuras binarias que el análisis me permitió sacar a luz ponen luego de manifiesto la dinámica del espacio semiótico : la « visibilidad social » del texto, o sea la capacidad que él tiene de dar cuenta de las circunstancias del contexto no puede abarcar la totalidad discursiva almacenada en la memoria semiótica colectiva. Aunque no se puede abarcar la totalidad del contexto de una época histórica determinada , la emergencia de esta estructura jerarquizada resulta significativa. El Todo es luego un Todo relativo. Incluye la estructura binaria pero no se reduce a ella. Entonces ¿qué se entiende por Todo ?
    Edgar Maurin plantea la cuestión en el último capítulo (« Pensée complexe et pensée globale") de su último libro (Penser global – L’homme et son univers (Paris, Lafont, 2015). Arremete contra « el pensamiento reduccionista, es decir el pensamiento que re duce el conocimiento de un todo, al conocimiento de los elementos que lo componen […] . Alguna gente dijo que frente a esta postura reducccionista […] debíamos oponer una postura a la que se llamó ‘holista’ de holos, el todo. Pero el defecto de la postura holista es que de por sí es reduccionista o sea que, aunque no reduce el conocimiento a los elementos constitutivos de un todo, sí por lo menos lo reduce al conocimiento de un todo. Pero […] el conocimiento de un todo exige el conocimiento no sólo de los elementos que componen este todo sino también de las acciones y retroacciones que hay entre las partes y el todo cuando este todo es activo cuando vive , cuando es un todo social, un todo humano. » Esta postura corresponde con mi propia práctica sociocrítica pero se necesita una precisión ya que en mi contexto teórico he de cuestionar la formulación de Edgar Maurin. En efecto, en contra de lo que él sugiere no podemos extraer estas acciones y retroacciones para estudiarlas de por sí. Hay un Todo antes de las retroacciones y otro Todo distinto, después ; la configuración semiótica no deja de cambiar conforme viene a integrarse un elemento nuevo, trátese de una acción o de una retroacción.
    Queda por aclarar la emergencia del todo. ¿Cuándo emerge éste ? ¿Cuál es su estatuto ? Es difícil definirlo cuanto más que no existe como tal, ya que, como lo acabamos de ver, sufre una constante re-configuración ; no se estabiliza nunca. Su existencia es virtual y sólo son perceptibles sus efectos. Ninguna estructura que lo abarcase todo puede dar cuenta de la complejidad de todas las estructuras binarias. El Todo brota como Todo cuando la auto organización y la auto regulación de sus elementos constitutivos impulsan el funcionamiento de la red semiótica del texto contemplado. Este funcionamiento es lo que llamo por mi parte el todo. Llamo Todo a la actividad de esta red semiótica. El Todo no es un estado sino, por una parte, un tipo de funcionamiento y, por la otra, una postura epistemológica.
    Para poder pensar la globalidad de la sociedad, prosigue Maurin, debemos tener en cuenta esta relación entre las partes y el Todo, que caracteriza lo que él llama el pensamiento complejo :
    « Para poder pensar la globalidad de la sociedad es necesario ver esta relación entre las partes y el todo, característica precisamente de la complejidad. Hay que cuestionar lo que es un sistema social. Es un conjunto de individuos que interactuan los unos con los otros. Por medio de estas interacciones se constituyó un todo social, que produjo un lenguaje, formó una cultura , luego después […] aparecieron los Estados… » (Ibid., 116)
    A Edgar Maurin se le podría tachar también de reduccionista. Se nota claramente en que nos distanciamos Sigue hablando de individuos mientras que hablo yo de sujetos colectivos. Hablando de un conjunto de individuos, él hace caso omiso del Nosotros. Pero el Yo se deriva del Nosotros. El Nosotros es una realidad primera anterior al Yo, históricamete y a nivel del sujeto. Los arqueólogos y los antropólogos nos han demostrado en efecto que la historia de la Humanidad no es la historia de los individuos sino la historia de las sociedades. Por otra parte, a nivel de la historia del mismo sujeto, éste nace con la adquisición del lenguaje, o sea con la adquisición de una relación social esencial. La Institución social me hace nacer como un sujeto que se expresa como un yo. Si se entiende por conciencia la capacidad que tiene el sujeto de comprender las condiciones históricas de su inserción en el todo social ( su campo de visibilidad social que digamos) la conciencia colectiva es superior a la conciencia individual. La existencia de un nivel de conciencia colectiva en cualquier individuo que atañe de un mismo sujeto transindividual es un descubrimiento capital de Lucien Goldmann. Este nivel de conciencia se concreta en sus nociónes de visión del mundo y de no-consciente. Goldmann ejemplifica estas nociones , cuando analiza en El Dios oculto (Le dieu caché) la expresión de la conciencia posible de los jansenistas y de los autores que la expresan (Pascal, Racine). Este nivel de conciencia que amplifica la visibilidad social de la conciencia real de los agentes sociales y que se concreta por medio de la extrapolación de una serie de tendencias observables en el sujeto colectivo correspondiente sólo emerge en un una obra literaria maestra. Este suplemento de conciencia procede, según Goldmann, de la manera como funciona el no consciente. El discurso dice siempre mucho más de lo que el sujeto quiere decir o cree decir. Se trata de un dato esencial para la sociocrítica,
    Un todo social constituido por un conjunto de individuos no es un todo social constituido por un conjunto de sujetos colectivos. La diferencia es capital ya que de ella depende una concepción radicalmente distinta de lo que es el lenguaje en relación con los discursos considerados como específicos de los sujetos colectivos. En efecto para mí las interacciones entre los discursos son los factores de la complejidad discursiva.
    El Todo no se puede definir por una estructura que incluya las estructuras binarias elementales. La misma estuctura binaria viene a ser un Todo en el mismo momento en que empieza a impulsar su dinamismo, en el momento en que adviene el sistema que está impulsando, o sea en el momento en que se auto-organiza la complejidad de la red semiótica.

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